La Voz de Motul

Editorial

La Fiesta de la Carne: El Carnaval de Motul

Artículo publicado en la edición 408 del 5 de marzo del 2014. 

Por: Valerio Buenfil 

El carnaval es una de las fiestas populares más antiguas que existen en la ciudad, su origen se remonta al tiempo de los mayas, nuestros ancestros. De acuerdo a las distintas crónicas, los mayas celebraban una fiesta similar llamada los “uayeyabes”, o días aciagos. Eran 5 días dedicados a los excesos carnales con interminables borracheras. Estas creencias y prácticas se mezclaron y fundieron con las creencias de los cristianos católicos que trajeron las prácticas del carnaval de Europa.

     La esencia de ambas fiestas es la tolerancia y el cambio. Es un periodo de cierto libertinaje tolerado. Los excesos son parte del carnaval, la fiesta que se vive en el cuerpo y la carne. El carnaval como libertinaje tiene 2 expresiones; una en lo político, que simboliza la libertad para la crítica y la sátira, incluso los excesos; y otra, en lo cultural, que significa la libertad para el surgimiento de las distintas expresiones sociales, una de ellas la homosexualidad, una minoría que aprovechó siempre la oportunidad del carnaval para expresar su propia esencia.

Machismo

De acuerdo a varias teorías sicológicas todos tenemos una parte femenina, incluyendo a los hombres, se dice popularmente  que “hasta los más machos tiene su putito dentro”. Una parte femenina que los machos aborrecen, sólo en el carnaval se asoman a ese mundo desconocido queriendo darle una probadita. Cada año vemos caras nuevas de “machos” que debutan como “putitos” durante el carnaval.

     Nunca falta el pariente o el tío muy macho que durante el carnaval siente cosquillas en el cuerpo y con unos alcoholes encima, agarra valor y se montan en sus tacones, se pinta los labios, se enfunda un vestido o un hipil y debuta primero en la casa como una señorita, haciendo reír a la familia con sus “puterias” y horas más tarde en la calle como una ramera ofrecida.

     Basta recordar los famosos martes de carnaval en la “Flor de Mayo”, en el que han debutado destacadas personalidades de la ciudad, entre ellos Roger Aguilar y Jorge “Pollo” Montañez, “Nani” Andueza, Omar Sosa Castillo “Mincho” y muchos más.

     Se cuenta que el año pasado uno que tuvo valor fue el famoso Mario “Borgoch” Cuevas, destacado líder deportivo, hombre bragado y duro, hecho en la lucha, un macho en toda la extensión de la palabra, dicen que incursionó en el mundo de la fantasía y la belleza femenina. Se enfundó un elegante vestido, se pinto los labios y se puso tacones. Provocativamente vestida, como una autentica caballona, recorrió por varios minutos su calle. Los que relatan afirman que se veía curioso, causaba enorme gracia y con su carácter alegre hacía empatía con la gente, “estaba chula”, pero grandota. Aseguran que aguantó más de media hora, hasta que corrió asustada a su casa para liberarse.

    Existe una creencia que cuando alguien se pone un vestido de mujer corre el riesgo de quedar atrapado en ese gusto y cambiar a la moda de los vestiditos y las muñecas. Si finalmente decide asomarse, investigue de algún conjuro para liberarse.

Homosexualidad

Como expresión social la homosexualidad se manifestó en la ciudad en 1968, en esos años irrumpía en el mundo las luchas de las minorías que buscaban respeto, entre ellos el movimiento hipi y los homosexuales. “Jaimito” relató que “la lucha empezó en 1968, fue un movimiento fuerte, tuvimos que enfrentarnos a una dura sociedad machista que nos cuestionaba y nos marginaba, en esos años éramos cerca de 20, entre ellos: Miguel Andueza “Miguelito”,  Dennis Andueza, Fernando Ojeda “La Pelona”, José Luís “La Perra” Jiménez, Juan Manuel Tzec Trejo “La Tzeca”, Chabela Ortega de Dzemul, Jorge Antonio Martín Cruz “La Martina”, los Sacmises “Pepe” y “Nando”, “La Chana”, El Osito” Gómez, Mendiburo, Fito, Raúl Sosa, Elías Kú Domínguez”, Román Tamayo “La Tosca”.

     En su testimonio “Jaimito” dijo “aprovechamos los martes de carnaval para vestirnos de mujer. Soy modisto de vocación, siempre invertía mi dinero en buenos vestidos, caros, yo misma la confeccionaba con materiales de alta calidad, vestidos finos, no vulgaridades, sin abrazoteos y besos en la calle, sin groserías, nos dábamos a respetar, con decencia, alegría y buen gusto.

     Era tradicional la tardeada en los bajos del palacio municipal, lástima que se perdió. Un tiempo no se vendía cerveza. En esos años los conjuntos de moda eran “Los Auténticos”, “Chicken y Sus Comandos”, “Los Corsarios”, “Los Dinner´s”.

    El grupo que gustaba vestirse de mujer y salir a la calle lo conformaban: Miguel “Miguelito” Andueza, “Jaimito”, “Chabelo” Pacheco Ortega, “Pepe” y “Nando”, “La Chinta”, “La Martina”, “La Bisca”, “La Pelona” y “La Chencha” de Santa Cruz que se vestía de machorra con pistolas.

    A principios de los setentas (1970), salían a desfilar con sus vestidos por las principales calles del centro de la ciudad, al mediodía hacían irrupción en medio de gritos y chiflidos de asustados caballeros, todos se arremolinaban a las puertas de sus casas para disfrutar espectacular desfile, nunca faltaron los golpes.

     Existen varios testimonios que relatan las sangrientas peleas protagonizadas a media calle, los homosexuales llegan a ser muy violentos, uno de ellos fue “Miguelito”, otro es “La Tosca”, quien en una ocasión hace muchos años abofeteó a un caballo de un coche de caballito, sólo porque él choco con el animal.    

     En 1985 fueron decayendo los carnavales porque los presidentes municipales ya no le pusieron interés porque no es un negocio redituable. Ahora la gente se pregunta qué pasó con la diversión del carnaval que era muy importante”. IMG_1706IMG_1702IMG_1707 IMG_1703IMG_1704

“Jaimito”

El miércoles 25 de febrero recibimos la visita de Jaime Bacelis Pech “Jaimito”, quien es modisto de vocación para platicar sobre la historia de los carnavales, comentó que nació en 1953, actualmente tiene 60 años. Aceptó platicar sobre su vida:

    “desde niño tuve tendencia a ser mujer, lo traigo en la sangre, desde los 6 años me di cuenta por mis gustos de jugar con muñecas a las que les hacía sus vestiditos. Nunca jugué canicas y juegos de hombres. Mi papá se dio cuenta y me llevó con el Dr. Laviada en Mérida y me empezaron a inyectar hormonas masculinas para matar las femeninas, pero no dio resultado, sólo me sacó bello”.

     El doctor le explicó a mi papá “está sano y salvo, es tu hijo, acéptalo como es, dale su lugar para que lleve una vida normal, si lo desprecias, acabará en una cantina pudriéndose, llevando una vida desastrosa, y si un día lo quieres aceptar, él te va despreciar, quiérelo es tu hijo”.  Tuve el apoyo de mi papá, de mi mamá y de mi familia.

     “En la pubertad, a los 12 y 13 años experimenté cambios en el timbre de voz, las facciones, y desarrollé más el gusto por lo femenino, los perfumes, el maquillaje y el movimiento al caminar. Soy toda una mujer, tengo cimentado lo que soy, me quiero y me acepto, no cambiaré.”

Conciencia

Aprovechó la ocasión para hacer un llamado de conciencia a todos los homosexuales, para advertirles que “no vale la pena vivir 10 años de felicidad con inyecciones de aceite de coche o de comida y pastillas de “Permotal” para desarrollar hormonas, es mortal, no me arriesgaría, acéptense como son”.

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