La Voz de Motul

Editorial

EL WAAY PEK

Valerio Buenfil y Manuel Can May

El Wáay Peck es uno de los wayes conocidos en la ciudad. La creencia se rescató entre los matadores del rastro municipal que en los años sesentas (1960) del siglo XX acudían todas las noches a ese sitio ubicado en las afueras de la ciudad.

El Wáay Peck no es un ser maligno. No mata, no lastima, no agrede. Sólo asusta. No existen reportes de agresiones. Se trata de brujos que se quitan la cabeza y la sustituyen por una de perro, cobrando una forma sobre humana que cuando se presenta a las personas las asusta. Son seres justicieros o vengativos que tienen una misión.

El reporte principal es de su labor chocarrera y burlona. Su tarea primordial es fastidiar a las personas. Don Juan Chan, matador de cerdos en el rastro contaba algunas de esas historias de apariciones. Otro de los reportes es el de “Musa”, un personaje que cobró fama como Wáay Peck a fines del siglo XX.

Esto sucedió a una familia motuleña hace unos 20 años, cuando por la actividad a que se dedicaban, fueron a vender a Huhi.

Ellos se dedicaban a la venta de artículos por abonos en el método de cambaceo, por lo que en esa ocasión les tocó ir a vender a Huhi, nos relata Cristina que fueron en la camioneta de su hermano Pepe, ella fue con sus hijos y su esposo, al concluir con su labor por la tarde, al intentar retornar del poblado,  la camioneta falló y no arrancó, se encontraban a la salida del pueblo, como eran varios intentaron arrancarla empujándola, pero avanzaron y nada, como ya había caído la noche, optaron por dormir ahí, es por ello que su esposo regresa al pueblo a comprar algo para que comieran.

De regreso sintió como que alguien lo observaba  pero a pesar que era una de esas noches sumamente obscuras en que no hay luna, al voltear a ver hacia el monte pudo observar como un enorme perro negro con unos ojos rojos como de fuego que lo observaba parado en dos patas, por lo que lleno de pánico corrió hacia la camioneta donde se encontraba el resto de la familia. Al llegar todos subieron a la cabina y vieron como aquel enorme animal “era del tamaño como de un caballo, totalmente negro y con ojos rojos, nos rodeó y acechaba por la ventanilla, después de tres vueltas se internó nuevamente en el monte, yo tenía tanto miedo que cerraba los ojos para no verlo” nos relató.

Al poco rato un viejito que venía caminando hacia el poblado, se detuvo y nos dijo “eso que ustedes vieron no es un animal, es un brujo que se encuentra transformado en Huaay pec, no les hará nada si ustedes no le hacen nada” dicho esto prosiguió su camino”.

“Esa noche casi no pudimos dormir de la impresión, al día siguiente reparamos la camioneta y retornamos, pero lo visto esa noche jamás se nos va a olvidar a todos aquellos que vivimos esa terrorífica experiencia” concluyó.

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