La Voz de Motul

Editorial

La Ouija

Cuando el hombre se abre a buscar respuestas en el campo de  lo sobrenatural, sólo hay dos caminos: Dios y el demonio

Su origen se remonta a Grecia hace 2500 años. La palabra Ouija viene de una mezcla alemán francesa que significa: Oui (sí) y Ja (sí), que significa “si”. La Ouija es un tablero de madera en el que se encuentran grabados en la parte de arriba todos los caracteres del alfabeto y los números de 0 a 9, y en los lados el Sí y el No; así como en la parte de abajo “adios”.

Como guía se utiliza una tablita acabada en punta o flecha que indica las respuestas. En la actualidad se venden en tiendas esotéricas las de fábrica, pero las “buenas” son de origen beliceño afirman sus adeptos; ya que se fabrican con madera de caja de muerto y “consagran” con sangre humana durante una misa negra.

Su juego tiene como fin el contacto de las personas con supuestos espíritus y almas de familiares o en pena para platicar o pedir consejos mediante otro espíritu “amigo”. Consiste en poner las manos sobre la guía que se desplaza lentamente sobre las letras inscritas en el tablero a través del “espíritu amigo” cuando se le pregunta algo.

Pero realmente lo que se logra es el contacto con demonios y no con ningún familiar. Las Sagradas Escrituras nos exhortan: “Practiquen el dominio propio y manténganse alerta. Su enemigo el diablo ronda como león rugiente, buscando a quién devorar. (I Pedro 5,8)”. Esta advertencia es necesaria porque el demonio realmente existe y realmente tiene acceso a nosotros por diversos medios. Puede utilizar el subconsciente para guiarnos hacia el mal, tentarnos, confundirnos y dañarnos.

Aunque se use la ouija por curiosidad, se está abriendo camino para el demonio y no es extraño que la persona quede espiritualmente afectada. Las consecuenias pueden ser: dificultades para orar, fantasías, obsesiones y otras afectaciones mentales. Puede ocurrir que la persona se envicie con la ouija, en ese caso la dominación del demonio sobre esa pobre alma se hace muy fuerte.

Algunos empiezan a jugar ignorantes del mal que hacen. Pero lamentablemente muchos juegan por pura soberbia, pues sabiendo que ofenden a Dios continúan haciéndolo. No se puede justificar el uso de la ouija con el pretexto de entretenerse y curiosear lo oculto. La verdad es que al jugar con la ouija se abre la puerta al demonio cuyo objetivo es llevarnos el infierno.

Un defensor de la ouija afirma: “aunque se le considera un juego, los expertos de todo el mundo nos recomiendan que podemos disfrutar de ella, pero sin perderle el respeto”. Estos “expertos” se contradicen. Por un lado nos dicen que la ouija es solo un juego y rechazan toda advertencia de peligro contra ella, pero al mismo tiempo nos dicen que le tengamos “respeto”. Entonces, ¿es un juego o es algo peligroso?.

Los efectos dañinos que ocasiona no son inmediatos. Puede que al principio parezca un juego inofensivo. El enemigo sabe que a veces es mejor esperar a que sus presas se estén más profundas en la trampa. Si tan solo logra desviar del camino correcto ya ha logrado su cometido.

¿Qué hacer?. Cuida de que la ouija NO ENTRE EN TU HOGAR. No te dejes influenciar por los que dicen que es sólo un juego inofensivo. Una mente consagrada a Dios tiene en Él su guía. Si alguna vez, aunque sea por juego, has usado la ouija, arrepiéntete, confiésalo como pecado contra el Primer Mandamiento y vive de corazón el camino que Jesús nos ha dado en la Iglesia.

El Primer Mandamiento prohíbe recurrir a otro espíritu fuera de Dios. El rey Saúl recurrió a una mujer de Endor para conjurar el espíritu del difunto profeta Samuel y fue castigado por Dios (1 Sam 28, 8-17). “De ninguna manera morirán. Es que Dios sabe muy bien que el día en que coman de Él, se les abrirán los ojos y serán como dioses, conocedores del bien y del mal” (Génesis 3,4-5).

Comprométete con Dios a JAMÁS RECURRIR a la superstición ni a lo oculto. Sólo Dios es fuente de Verdad. Si regresas al Señor con esta actitud NO TEMAS. Dios es infinitamente poderoso y misericordioso. CONFIA EN SU PERDON. Dios ha venido a salvarnos. Todos somos pecadores. Si tan solo renunciamos al pecado y entramos por el Camino de Su gracia, el enemigo nada podrá hacernos por mucho que insista.

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