La Voz de Motul

Editorial

El valor del sacrificio: La carrera de la Fe

Artículo publicado en la edición 152 del viernes 10 de abril del 2010

Por: Valerio Buenfil 

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“Cuando empiezas algo debes de terminarlo, sino serás un perdedor siempre. Debemos de soñar en grande, como campeones, pero debemos de estar dispuestos al valor del sacrificio. Sólo así se logran las mejores cosas y el éxito”. Marcelino Can Canché “El hombre de Hierro” de Motul.

Hace 19 años, el viernes 13 de abril de 1990, Marcelino Can Canché ganó la IV carrera de la Fe realizada el Jueves y el Viernes Santo. Alcanzó la barrera de las 100 millas (160.9 km.) e impuso record nacional vigente. ¡Motuleño ejemplar! /El deporte cambió su vida. Radica en Estados Unidos.

Esteban Marcelino Can Canché actualmente tiene 51 años. Nació en esta ciudad en la calle 27 número 231. Por herencia familiar se dedicó al oficio de la alpargatería y los huaraches, es miembro activo del gremio de los zapateros de Motul. Recuerda que hace años en esta ciudad eran tres los fuertes en el oficio, su papá Don Esteban Can, Manuel Pech y Alberto Quetzal. Estudió contabilidad y trabajó en Cordemex muchos años, hasta que lo liquidaron cuando cerró la empresa. Es preciso comentar que su padre Don Esteban Can es un destacado exponente de la cultura popular motuleña, primero como egresado de la escuela de música de Bellas Artes y fundador de los famosos “Serruchos”, y como artesano de la alpargatería de la ciudad y la región.

Nos cuenta Marcelino que a los 22 años  jugaba fútbol y béisbol y empezó a gustarle el atletismo de forma esporádica, entrenaba de 3 a 4 veces por semana con carreras de 6 a 10 kilómetros por día. Le gustaba salir de su casa y se encaminaba a Dzununcán, Tanyá y Kaxatah, corriendo a lo largo de la antigua línea del tren hasta llegar a la Emboscada, ubicada en la esquina de la calle 33 con el cruce de la calle 16, de ahí a su casa. Estimaba una distancia de 8 kilómetros que recorría en 40 minutos aproximadamente.

Corrían en grupo, entre ellos Willy Can, Jorge Luís Aké “El Tío Chico”, Rodolfo Chuc y Miguel Dzul May. Willy, su hermano, empezó con las carreras cortas de 1500 metros, pero poco a poco les fue gustando este deporte de correr y se metieron a las carreras de 5 kilómetros.

En esos años, él corría por gusto y sólo los apoyaba para su participación en los maratones. Fue hasta los 26 años cuando le entraron las ganas de meterse a correr en serio, nos dice “al ver que los corredores cercanos no podían alcanzar al que les llevaba ventaja, me preguntaba ¿Cómo era posible que no pudieran alcanzarlo si estaban tan cerca?”. Su hermano Willy le respondía que sólo estando en la carrera podría entender ¿por qué no era fácil alcanzar al corredor de punta? Esta curiosidad lo motivó a entrenar para competir.

De alguna manera ya tenía cierta preparación, por lo que reforzó sus entrenamientos y se decidió a correr su primer maratón. Recuerda que no se preparó adecuadamente, pero logró terminar en un tiempo superior a lo esperado, por lo que se dio cuenta que podía correr más kilómetros.

En esos tiempos se corría “La carrera de la Fe”, que es un ultra maratón de 100 millas (160.9 kilómetros) que a principios de los noventas del siglo pasado se corría en Semana Santa. El promotor de esos eventos era Leonel Macías, un apasionado de los maratones que fue impulsor de la Carrera de la Fe. Marcelino cuenta que en su primer intento quedó en tercer lugar con una jornada de 12 horas. Admite que en esa ocasión no tuvo el mejor entrenamiento.

Sus carreras de entrenamiento eran de Motul a Telchac Puerto ida y vuelta. O cuando menos 20 kilómetros diarios. Tenía varios circuitos, uno de ellos Kopté- Motul. El segundo ultra maratón fue en 1989 con un circuito de 112 kilómetros. Él sabía que podía hacer grandes cosas, corría dos veces por día entre 40 y 50 kilómetros diarios. En un momento empezó a trabajar su entrenamiento de noche para manejar los cambios de temperatura.

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La primera etapa

Lo más duro es el inicio, sufres mucho los primeros 20 y 25 kilómetros, en esta etapa sacas la adrenalina que tienes en el cuerpo. Cuando vences la primera etapa viene el manejo sicológico de tu cuerpo. Es el momento del reto, cuando enfrentas la realidad con la fantasía y te preguntas si tu cuerpo es capaz de aguantar. Para superar esta etapa tienes que concentrarte para buscar tu ritmo propio sin perder el de tus competidores. El secreto está en imponer uno su ritmo y no dejar que el otro te meta a su ritmo, porque te gana, pierdes “ese error lo cometí en la primera ocasión”.

La segunda etapa

Los primeros 40 kilómetros sólo agua. Después siguió con una combinación de suero y agua, así hasta los 80 kilómetros. Después requirió glucosa, por lo que consumió pera, manzana y coca cola. El final de la segunda etapa es cuando logras vencer mentalmente el dolor físico.

La tercera etapa

En la tercera o última etapa, tu objetivo tiene que ser el primer lugar, el éxito, sin dudar, sin fantasear, seguros de que uno puede lograr lo que se propone. Es un momento especial, diríamos sagrado porque sólo la fe que nos  conduce a Dios nos puede permitir llegar al cuerpo a esos extremos. Esta es una etapa espiritual a la que llegan sólo algunos corredores.

La alimentación

La carrera requiere una vigilancia estricta de la alimentación que debe de ser a base de papillas. Agua y suero como líquidos. Perdió 12 kilos y redujo 5 centímetros de estatura, su cuerpo se achicó. Requirió apoyo profesional para manejar su cuerpo.  Se recuperó en una semana. 7 días para volver a la normalidad.

Sus rivales

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Leonel Macías promotor de la carrera era uno de sus principales rivales, junto con Armando Rivera Montes, corredor del Distrito Federal con prestigio nacional y favorito para llevarse la victoria. Su pronóstico era claro. Veía que el defeño Rivera Montes venía con ventaja aeróbica por sus entrenamientos en la altura y su record mismo, pero en su contra tenía el excesivo calor de la península. Después de él seguía Leonel Macías. Marcelino se ubicaba en el tercer lugar de la contienda, sabía que no era fácil ganar, por lo que se propuso como primera meta ganarle a Leonel Macías.

Leonel Macías

Veterano corredor con todas las mañas del oficio. Gustaba sacar de balance a sus competidores. Así le hizo a Marcelino en la carrera anterior. Leonel se dejó alcanzar hasta los 90 kilómetros. De pronto se escapó y empezó a puntear la carrera. Fue hasta el kilómetro 100 que estima Marcelino lo alcanzó, ya lo tenía cerquita y le daba la impresión que Leonel se venía desinflando. Estimó alcanzarlo por el Zócalo de de la ciudad de Mérida. Cuando lo logró “Leonel empezó a hacer sus jaloneos, para meterme a su ritmo, Leonel era bueno en esos lances”. Pero Marcelino en esta ocasión mantuvo su ritmo y se dio cuenta que Leonel estaba acabado a la altura del kilómetro 115, sufría de calambres.

Las 100 millas

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Marcelino todavía recuerda con emoción la carrera de la fe, la de 160.9 kilómetros y la gran experiencia de correr “En los últimos 10 kilómetros ya no llevaba nada, ni piernas, ni aire, no existe nada. En ese momento nada puede ayudarte a mover tu cuerpo, ni la motivación,  sólo la fe puede moverte y en ese momento es Dios, sólo Él”. Impuso un record nacional que está vigente todavía, correr las 100 millas (160.9 kilómetros) en 15 horas 39 minutos. En ese tiempo el record era de 16 horas con 5 minutos.

Los Estados Unidos

Se fue a Estados Unidos en busca de oportunidades de trabajo. Aquí se acabaron sus horizontes con el cierre de Cordemex.  Estando ahí se metió a competir en el maratón de Los Ángeles, California. Empezó a correr 10 kilómetros y ganó un primer lugar en Six Flags Magic en Montana, California. Se mantuvo en el Top Ten de los corredores. Por su trabajo llegó a correr un maratón sin entrenar un día. En el 2001 decidió correr su último maratón “ahora se vive en Estados Unidos una crisis peor que lo que se comenta en la prensa. La exportación le daba vida a la economía de los gringos, pero con Los Tratados de Libre Comercio las empresas salieron buscando mano de obra barata y se empezó con las importaciones que acabaron dañando la economía. Ahora ya no hay trabajo. La gente tiene confianza en Barak Obama, sus referencias son buenas, sus estudios y su capacidad para expresarse. Para combatir la crisis el gobierno baja los impuestos, así se ayuda a la gente”.

Hay prosperidad

Después de 8 años afirma que encuentra cambiado a Motul, ve que hay prosperidad, hay nuevos comercios, restaurantes, tiendas, empresas y que está creciendo en estos últimos 10 años. Ahora ve que hay muchas comodidades que antes no se disfrutaban, pero “los vicios no están dejando que crezcamos, no estamos aprovechando las oportunidades, pero requerimos disciplinarnos, evitar los excesos de la mala vida. Con tristeza veo que se estancó el deporte en  Motul y se prostituyó con el alcohol”. Por todos lados hay fiestas y bailes. Las cantinas y los centros nocturnos toda la noche no dejan que la sociedad se reponga y se discipline. Hay parrandas por todos lados. La juventud se está dejando llevar por los vicios, no hay una adecuada promoción del deporte y está abandonada toda la infraestructura deportiva y las organizaciones deportivas no se han modernizado y actualizado. Se debe de institucionalizar más el deporte como una política del municipio.

Motul

Motul es bonito, quiero regresar para quedarme. Allí no tengo familia por eso no quiero quedarme ahí. El próximo año puedo reclamar mis derechos para ser ciudadano norteamericano y gozar de mi jubilación. Quiero regresar por que sé que si podemos salir adelante. La gente necesita sentir de nuevo confianza y requiere apoyo para despertar su iniciativa. Se trata de que empecemos a ayudarnos entre nosotros y que le pongamos un freno a los vicios. Estoy seguro que Motul va ser de nuevo una bonita ciudad, la Perla de la Costa. Valerio Buenfil, Motul, Yucatán, abril 3 de 2009.

 

 

 

 

 

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