La Voz De Motul

Editorial

El alma entre los mayas

 

En la imagen se aprecia el entierro 22 después de excavar como parte del salvamento de la carretera Motul-Canshacab. En ese sitio se encontraron 24 entierros funerarios de la época maya. De acuerdo al Dr. Peter Schmidt, es una muestra que permite criterios estadísticos para el estudio del comportamiento de los mayas motuleños de esta región del cacicazgo de Ceh Pech. Centro INAH, Yucatán.

Proceso de excavacion del Entierro No 22 (6)

Artículo publicado en la edición 77 del viernes 2 de noviembre de 2007  

Por: Valerio Buenfil

Para los mayas, la vida humana estaba constituida por el Pixán (alma), regalo que los dioses entregaban al hombre desde el momento en que era engendrado; este fluido vital determinaba el vigor y la energía del individuo, era una fuerza que condicionaba la conducta de cada hombre y las
características de su vida futura.

Entierro No 24 antes de excavar

El elemento que viajaría al infierno al sobrevenir la muerte física. Creían que el mundo de los vivos, el de los muertos y el de los dioses, estaban unidos por caminos en formas de serpientes fantásticas por donde transitaban las almas (pixanes). Conducían a los difuntos hasta el cielo correspondiente, y eran también el camino de retorno desde su lugar junto a los dioses hasta su resurrección en el vientre de las mujeres embarazadas.

Estos lazos eran fervorosamente mantenidos mediante ritos propiciatorios, rezos y plegarias. Los guerreros muertos en batallas, las mujeres fallecidas durante el parto, los sacerdotes, los sacrificados y los miembros de la elite social, viajaban al cielo más alto y paradisíaco.

El suicidio era una forma segura de pasar a mejor vida; un cielo con muchos deleites regido por la diosa Ixtab esperaba al tránsfuga de este mundo. Las ánimas en pena o el ánima sola habitaban en el plano más profundo del infierno (Xibalbaj), para llegar a él descendían por las raíces de la Ceiba hasta las aguas de un cenote que las conducía a las entrañas del lugar donde las sombras se desvanecen, territorio custodiado por los dioses Ah Puch, Yuum Kímil y Kisín. Los mayas recibían la muerte como un evento natural.

Ofrenda del Entierro No 10

Ofrenda del entierro. Salvamento
arqueológico Motul
Cansahcab 2007. Centro
INAH, Yucatán.

Apenas fallecía un individuo se le amortajaba y, para evitar la falta de alimento en su otra vida, se le ponía en su boca masa de maíz molido. En su tumba, se colocaban junto a él ofrendas que mostraran su rango social, oficio y sexo, así como sus pertenencias. Si era guerrero se le ponían sus armas; si era sacerdote, sus libros sagrados y sus cuentas para predecir el futuro; si era mujer, las piedras para moler maíz y sus herramientas para tejer.  Además se enterraba a un perro que guiaría al Pixán de su mano en el azaroso viaje a la eternidad. De día, los deudos lloraban al difunto en silencio, y de noche, lo hacían con gritos y lamentos.

El paso de la vida a la muerte era difícil y delicado. Se creía que las almas de los muertos no abandonaban la tierra inmediatamente después del deceso. Permanecían entre sus familiares llevando la vida de costumbre sin darse cuenta de su cambio de estado. La revelación de lo ocurrido tenía lugar días después y hasta entonces el alma emprendía el viaje al lugar que le correspondiera.

Este trance se prolongaba con las almas de los adultos, las cuales se resistían a dejar el cuerpo por temor a los Okol Pixán o ladrones de almas, que rondaban en los momentos de agonía; este peligro era sorteado mediante la presencia de un X´men para auxiliar al moribundo poniéndolo bajo la protección de Hunab Kú (Único Dios).

Cuando la agonía se prolongaba demasiado, un familiar le daba al difunto doce azotes suaves con una soga para aligerar la partida del alma, que al desprenderse del cuerpo salía de la casa por las pequeñas aberturas de los extremos del jonalché o viga mayor

.Entierro con ofrenda

Entierro con ofrenda. Salvamento arqueológico
Motul Cansahcab 2007. Centro
INAH, Yucatán.

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