La Voz De Motul

Editorial

Rezadoras, una vocación en peligro de extinción

Publicado el 31 de octubre de 2012 en la edición 338

Por: Jesús Hernán Puerto Simá    

La tradición de rezar a los muertos se remonta a los primeros tiempos del cristianismo, en donde ya se honraba su recuerdo y se ofrecían oraciones y sacrificios por ellos.

Las rezadoras están en peligro de extinción en nuestro municipio, estado y país. Con 18 años de rezar novenas Dña. María Guadalupe Cervantes Aguilar, más conocida como “Lupe”, es sin duda una de las rezadoras más destacadas de Motul. Comenzó en 1935 cuando era apenas una niña, asistía a la doctrina y a las misas en la iglesia; posteriormente comenzó a acompañar al cementerio a Dña. Marcela, pero cuando falleció, se quedó a continuar con el trabajo principalmente en el cementerio.

Reconoce con pesar que ya son muy pocas las rezadoras del municipio, pero ella cree que esta devoción sobrevivirá a los vientos de modernidad que sacuden la propia Iglesia Católica, y también por la crítica de las sectas que ven con desprecio las oraciones a favor de las almas de los fallecidos. No solo ha rezado a cientos, tal vez millares de ánimas, concluyó.

Se llama María Guadalupe Balam Caamal, más conocida como Dña. Dalia, “sigue los rezos la antigua. Tiene 18 años que realiza esta devoción de rezar, ya que desde niña le gustaba responder las letanías a la Santísima Virgen cuando rezaban en su casa. Siempre acompañaba a la rezadora, las primeras plegarias que aprendió fueron a las ánimas, ya que “interceden ante Dios por este carisma”,  posteriormente siguió con los cantos”, comentó.

Doña Dalia también sabe levantar los espíritus”, es decir, esa ceremonia que se practica cuando las personas mueren en forma violenta, o también cuando es muerte natural. Este rito consiste en rezar: “Alma Cristiana, si estás dormida, que Dios te viene buscando para su gloria os con vida”; se realiza porque el alma se queda dormida en el lugar que falleció la persona. Seguidamente se menciona: “vamos a casita mi amor”, y sirve para señalarle que ya no pertenece a este mundo, sino que debe de irse al proceso de purificación.

Dña. Dalia realizó este rito a los ocho días (ochavario) que falleció el joven Daniel de Jesús Yam Chan, en el mes de mayo. También ha cumplido fielmente con la misión de “pasar la antorcha” a otras entre los que se encuentran sus nietos, ya que cuando los lleva a la escuela les enseña a que deben ser siempre agradecidos a  Dios, en el trayecto van cantando: “Dios mío gracias por este día”, enseñándoles así a que antes de realizar cualquier labor, estudio o trabajo, primero deben de encomendarse a Creador, finalizó.

No olvidemos que cuando una persona muere ya no puede hacer nada para ganar el cielo; sin embargo los vivos si podemos ofrecer nuestras obras para que el difunto alcance la salvación. A estas oraciones se les llama sufragios. No dudemos en  socorrer a los que han partido y en ofrecer nuestras plegarias por ellos.

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