La Voz De Motul

Editorial

Documentos para la Historia de Motul, I Reglamento de Policía de Motul en 1871. Disposiciones para el “buen” orden social.

Artículo publicado en la edición 62 del viernes 20 de julio de 2007.

Por: Mtro. José Mauricio Dzul Sánchez, Jefe del Departamento Técnico del Archivo General del Estado (AGEY).   

Continuando con nuestro trabajo de dar a conocer la historia de Motul,  en las próximas entregas abordaremos documentos que de alguna manera reflejan la convivencia cotidiana de la población a través del tiempo. Todo esto, con el interés de conocer costumbres y tradiciones que fueron heredadas u olvidadas por generaciones pasadas y presentes.

Según el diccionario Escriche, obra realizada a mediados del siglo XIX, el término “Policía” era tomado comúnmente por el arte o ciencia de procurar a todos los habitantes de un pueblo una vida cómoda y tranquila, como también por la jurisdicción a la que tendría derecho de ejercer el magistrado de policía para lograr aquel fin. De esta manera, los “reglamentos de policía“ tenían como propósitos: procurar por todos los medios reglamentarios posibles la disciplina de las buenas costumbres; aplicar medidas preventivas para la salvaguarda de la salud pública; emitir disposiciones encaminadas a evitar los abusos que podrían cometerse en el comercio y en el abastecimiento de víveres; garantizar la seguridad y tranquilidad general; procurar la limpieza y embellecimiento de las calles y la solidez y hermosura arquitectónica de los edificios; promulgar y observar los estatutos, leyes, bandos u ordenanzas municipales; reprimir los juegos considerados prohibidos; evitar la ociosidad y la holgazanería de los “vagos y malentretenidos”; vigilar la ejecución de las leyes de caza y pesca; cuidar el aseo de los caminos, calles, plazas y paseos; regular los espectáculos de los teatros y demás diversiones públicas… En fin, todo lo que concernía  a la seguridad y bienestar de los moradores; todo a cargo de alcaldes y jefes políticos del poblado.[1]

Estos reglamentos de policía se constituyeron en verdaderos baluartes del “buen orden social”, encaminados a preservar la tranquilidad pública. Un bien bastante apreciado por la sociedad del siglo XIX. El siguiente “Reglamento de Policía de la Villa de Motul”, forma parte del dictamen emitido por la Comisión de Gobernación del Congreso del Estado en el año de 1871.

“H. Legislatura Constitucional del Estado de Yucatán.

Sesión del día 24 de julio de 1871.

Se puso a discusión en lo general, el dictamen de la comisión de gobernación que consulta se apruebe el reglamento de policía de la villa de Motul. Aprobada por unanimidad, se descendió a discutir en lo particular cada uno de sus artículos y sucesivamente fueron aprobados de la manera siguiente:

REGLAMENTO DE POLICIA DE LA VILLA DE MOTUL:

1º. Los vecinos mantendrán siempre desyerbados y barrido el frente de sus casas y cuidarán de regarlo diariamente por las tardes cuando el piso produzca polvo. En los establecimientos públicos e iglesias, cumplirán esta disposición los encargados de ellos.

2º. Nadie podrá tener por las calles caños de agua que no sea llovediza, ni arrojarla de ninguna clase por las puertas o ventanas.

3º. Las basuras o residuos de jabonerías, destilaciones y toda clase de inmundicias, se arrojarán fuera de la población y nunca en los caminos. Los individuos que en la conducción de estas materias ensucien las calles y caminos en su transito, incurrirán en una multa de uno a cinco pesos o de dos a diez días de prisión.

4º. Los materiales y escombros de las fábricas se conservarán entre los mismos terrenos y sólo ocuparán en la calle la parte que ocupan los andamios, siendo obligación de los dueños poner en cada puerta de ellas un farol por las noches, y los que tengan que arrojar tierra de sus casas y fábricas, los carreteros con los que se ajusten para estas operaciones, avisarán a la comisión de policía para que les señale el punto en que han de verificarlo.

5º. En los edificios o casas que reedifiquen o compongan, se prohíbe el uso de los caños volados para la calle, y sólo se permite embebidos desaguando en las escarpas. Las escarpas tendrán el ancho y alto que fije la comisión de policía, no pudiendo construirse más que de piedra labrada u hormigón y se prohíbe en ellas cosa alguna que embarace su libre tránsito.

6º. Nadie puede impedir, ni estorbar el tránsito de las calles o caminos públicos con ninguna clase de obras.

7º. Los dueños de las casas que se hallan en el centro de la población tendrán construidos o reparados sus muros y construidas sus escarpas respectivas, en un termino prudente que oídos sus excepciones les fije la comisión de policía. Y los que lo sean de casas y solares fuera del centro, cuidarán de la conservación de sus competentes muros y albarradas. Por la falta voluntaria de este artículo, se incurre en la multa de cuatro reales a un peso[2] y lo dispuesto se cumplirá de cuenta de quien corresponda.

8º. Se prohíbe quemar en las plazas o calles y aun en el interior de las casas, cosa alguna que pueda ofender a la salud pública.

9º. Se prohíbe que anden por las calles toda clase de animales bajo la multa de dos reales aplicables a un real al fondo municipal y un real al aprehensor, quien dará cuenta inmediatamente a la comisión de policía.

10º. El H. Ayuntamiento cuando lo crea conveniente, mandará matar los perros que vaguen por las calles y mercados públicos.

11º. Por la noche, no podrán dejarse los carruajes en las calles, designándose para su descanso la plaza, frente al portal del oratorio del cuartel.

12º. Los arrieros, cocheros, carreteros, y todo jinete, son responsables de las averías o perjuicios que causen por su abandono o descuido, ya sea en las escarpas o edificios, ya en las personas o cosas de cualquier habitante, y se les prohíbe crujir el látigo en poblado.

13º. Los carreteros sólo ocuparán el tiempo preciso para cargar y descargar, colocándose los carros uno tras el otro y las mulas detrás de ellos en el lado que deban trabajar, cuidando los amos que cada carro lleve cuatro cuñas de madera para estos actos, bajo la multa de cuatro reales a un peso.

14º. Las cabalgaduras que conduzcan maíz o cualquier otro artículo a los portales del menudeo, inmediatamente después de su descargo serán conducidos al patio de la casa consistorial.

15º. Las mesas y útiles destinados para llevar o expender carne, puerco y demás víveres en los mercados públicos, se presentarán siempre limpios y aseados. Los abastecedores de carnes, fijarán en sus puestos una tarjeta en que expresarán con letras claras el precio a que expenden por mayor y al menudeo.

16º. Se prohíbe correr y amansar caballos en las plazas, bajo la multa de cuatro reales a cinco pesos.

17º. El ganado por su tránsito por las calles será conducido cuando menos por un vaquero a caballo y sus dueños son responsables por los daños o perjuicios que cause la inseguridad de su conducción.

18º. Las personas de uno y otro sexo que formen algún escándalo en las calles o por embriaguez se hallen tiradas en calles, serán conducidas por cualquier ciudadano a la cárcel pública dando parte a una autoridad.

19º. Sin perjuicio de la acción concedida por el derecho común, se prohíbe decir en las calles apodos, injurias y palabras deshonestas y la policía o jueces auxiliares lo evitarán con una multa de cuatro reales a un peso.

20º. Se prohíbe la venta de maíz por mayor en el mercado público hasta las doce del día que se considera haberse abastecido la población, bajo la multa de uno a cinco pesos que la comisión de policía hará efectiva en esta forma: si los que compren y vendan no son vecinos de esta villa pagarán ambos la multa y si el que compre es vecino de ésta, se le cobrará la multa íntegra.

21º. Las prisiones que impone este reglamento se entenderá que a los varones se les destinará al cuerpo de guardia y a las hembras a las casas particulares por falta de recogidas[3].

22º. Al toque de alarma que se designará con la campana mayor de la  parroquia, o cuando haya necesidad de vigilar la seguridad pública por causas extraordinarias que la amenacen, los ciudadanos se reunirán en el cuartel y se pondrán a disposición de la jefatura política para llevar las medidas que ella y el Ayuntamiento dispongan a favor del orden público.

23º. Las tiendas se cerrarán a las nueve de la noche, prohibiéndose que se siga vendiendo después de aquella hora, bajo la multa de uno a cinco pesos.

24º. Ni en las calles ni plazas se dispararán armas de fuego, cohetes ni ningún otro artificio de pólvora que por su detonación pueda ocasionar daño o perjuicio, sin previa licencia de autoridad competente, bajo la multa de uno a cinco pesos e indemnización de daños o perjuicios.

25º. Los contraventores de este reglamento incurrirán en donde no esté señalado, en una multa de dos reales a cinco pesos, o de uno a diez días de arresto que discrecionalmente puede imponer cualquier Regidor, dando aviso inmediatamente a la comisión de policía.

26º. De toda multa que se imponga librará recibo la comisión de policía.

Se acordó que la secretaría se ocupe de formar la minuta del decreto, la cual presentará para su aprobación.”[4]

En la sesión del día 25 de julio de 1871, la secretaría presentó la minuta de decreto núm. 168, relativa al Reglamento de policía de Motul. Sin discusión fue aprobada por unanimidad y comunicado para al Ejecutivo para su sanción y publicado en La Razón del Pueblo, Periódico Oficial del Estado libre y soberano de Yucatán el día 31 de julio de 1871.(Año V, Num. 604).

 

[1] Escriche, Joaquín. Diccionario razonado de legislación y jurisprudencia. Librería de Rosa, Bouret y Cia. Madrid, 1851, pág. 1356.

[2] Un peso se dividía en ocho reales.

[3] Cuando una mujer infringía las leyes y buenas costumbres podía ser custodiada en diversos lugares. Unas veces se le mandaba a un hogar de alguna familia respetable donde se le procuraba la instrucción del buen ejemplo y la protección que precisaba. En otras, se les remitía a conventos, siempre y cuando la mujer no hubiese tenido una vida disipada ya que las monjas podrían mostrarse reticentes e incómodas. Y por último, en las ciudades grandes se establecieron “casas de recogidas” a manera de presidios femeninos, donde la idea era que las mujeres llevaran una vida de recogimiento social, corporal y espiritual.

[4] Archivo General del Estado (AGEY) Congreso del Estado, Comisión de Puntos Constitucionales. La Comisión de Puntos Constitucionales dictamina aprobar el reglamento de Policía de la Villa de Motul. Decreto 168. 19 de julio de 1871. Caja 51, Vol. 1, Exp. 64.

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