La Voz De Motul

Editorial

César: historia y anécdotas

Artículo publicado en la edición 156 del viernes 8 de mayo del 2009

Por: Valerio Buenfil 

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“Cesar” Pool es un personaje de la ciudad de Motul. Cobró notoriedad social cuando construyó la palapa de Chansabacná, camino a la carretera que conduce a Kopté, sólo para realizar su boda. Este hecho llamó la atención y fue considerado una extravagancia, también su boda, que ofreció una fiesta popular para miles de comensales. Las acciones de Cesar nunca han pasado desapercibidas. El año pasado le entró al rescate del gremio de los jornaleros, quienes atraviesan por una grave crisis que los llevó a no realizar en el 2007 su acostumbrada vaquería anual. Pero en el 2008 entró Cesar y con sus generosos donativos logró rescatar y fortalecer este gremio “lo heredé de mi padre, siempre que puedo hago donativos; porque sé que Dios te recompensa cuando haces obras buenas”.

 

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Su historia

Su nombre es José Moisés Pool Puch, nació el 21 de agosto de 1947. No tiene la certeza del lugar de su nacimiento, por la información que tiene, presume que puede ser de Chumayel, pero vivió en Motul “desde que tengo uso de razón, desde mi niñez” afirmó.

Su padre Pedro Pool Chalé fue un hombre trabajador que le inculcó la rectitud y la honestidad. En un truck Don Pedro se dedicaba a vender pacas de henequén hasta el puerto de San Benito, ahí intercambiaba productos ingleses y alemanes que le gustaban mucho, como son las herramientas, queso, ropa, champaña, vino moscatel. Afirma que a su padre le gustaban las grandes fiestas como a él. Dice que su padre fue enemigo del ejido “No trabajan, son unos flojos, van arruinar el henequén” sentenciaba Don Pedro.

Cesar lamenta sus escasos estudios. Llegó al tercer grado de primaria en la escuela Roque Jacinto Campos. De esa época no olvida el castigo que le diera con hojas de henequén la maestra vallisoletana Susi Escalante Novelo. De ese hecho fueron testigos Gaby Montañez y el “Conejo” Avilés.

Recuerda que en su casa no había lujos pero se vivía bien, disfrutaba siempre buena comida. Además de ayudar a su padre, cebaba 15 cerdos al año, hacía milpa, sembraba zacate, maíz, calabaza y tenía el henequén que le había dado su padre.

Nunca le gustó el chapeo “me gustaba hacer albarradas, milpa, tumbar, sembrar hijos de henequén, todo, menos el chapeo”. Recordó con nostalgia cuando su madre le llevaba chocolate caliente y huevos a la milpa.

La cárcel

A los 17 años escapó de su casa. En ese tiempo él trabajaba con Máximo Ruiz y con “Playa”, además de estar inscrito en el ejido, donde cobraba sus jornales “Se lo oculté a mi padre. Odiaba a los que cobraban sin trabajar y sólo se dedicaban a robar”. Tuvo un problema con ellos debido a que se dedicaban a actividades ilícitas en contra de los campesinos “ellos cortaban el doble de penca de la que contrataban. Me di cuenta y empecé a poner mi marca en varios millares de henequén, total ellos se llevaba mucho”.

Estos hechos fueron del conocimiento de su padre quien se enojó mucho y lo llevó a la Presidencia Municipal para que lo castigara el alcalde Roger Cetina. Don Pedro pidió 30 días de arresto y fue recluido en la cárcel municipal. Al tercer día lo sacaron de policía, recogía borrachos y gente por las noches, dormía en el cuarto de arriba.

Uno de esos días que cumplía su pena como policía, resolvió irse para Argentina. La decisión era dura para él, “En esos años Motul era muy bonito, había más cultura. Eran los tiempos de las bachatas, se daban grandes bailes con conjuntos como la Sonora Matancera, Los Aragón, Los Dinners, Ponciano Blanqueto, Emilio Rosado. Me llevaba con la gente del centro, tenía más amigas que amigos, entre ellas: Beatriz Concha, Maricela Cuevas, Elizabeth Montañez, Tea Minerva Pavía, Marcela Herrera, Leticia Avilés, Ligia Arroyo, Rocío Avilés, Ofelia Dorantes”.

También recordó la discriminación que había en la ciudad en ese entonces, algunos me decían “indio blanco”. A las cuatro de la mañana salió con una gabardina de un judicial que estaba de guardia en Motul, les dijo a sus amigos “me voy para Argentina muchachos”, sólo tenía 5 centavos y sin pasaporte.

Su viaje a Estados Unidos

En aventones emprendió su viaje para Argentina, llegó hasta Belice y se topó con que ya no existían carreteras para seguir, comprendió que nunca llegaría a su destino por carretera, era imposible. Esta experiencia le sirvió para valorar que el futuro estaba en el norte y cambio sus planes por ese rumbo.

Como pudo consiguió un boleto de avión y regresó al aeropuerto de la ciudad de Mérida. En el mismo momento que llegó se encaminó para la carretera a Campeche “Los Aragón iban a tocar a Halachó y me dieron un aventón. Al día siguiente un “volchó” lo llevó hasta Campeche. Un camión de carga lo dejó en Cárdenas Tabasco. De ahí se fue a Veracruz, donde se estuvo tres meses como pescador en el puerto de Mocambo, Veracruz. Como no le pagaban decidió irse para el Distrito Federal.

Otro mundo

Cuando llegó al DF se le hizo otro mundo, ahí conoció el chile jalapeño y el queso blanco. Se metió como cargador de rollos de cobre donde le fue bien, acostumbrado a cargar 4 rollos de henequén de 50 hojas, con facilidad manejaba el cobre. Por su habilidad querían que se quede, pero no, decidió seguir su camino hacia el norte.

Una madrugada  se levantó y se encamino para Querétaro. De ahí siguió hasta Guanajuato, estuvo en Salamanca, Celaya, Pénjamo, Silao y siguió para Jalisco. Pasó por San Juan de los Lagos y en Tepatitlán trabajó en la producción del tequila. Recordó que en esos años esta bebida no tenía el prestigio que tiene ahora “antes lo tomaban los campesinos y la gente del campo” afirma. Con unos agentes de ventas de una empresa me enrolé y me llevaron hasta Mexicali, yo los ayudaba en el camino y ellos me daban de comer y me llevaban a mi destino.

No le gustó Mexicali y se encaminó para Tecate donde lo mordió una culebra. Cuando llegó a Tijuana conoció un amigo que le dio un lugar para dormir. Encontró trabajo en “Estrella Azul” un centro nocturno de esa ciudad en esos años. El alcalde de Tijuana era el dueño. Pronto logró destacar y lo dejaron de encargado del negocio, no le gustaba la paga, porque sólo le daban 7 dólares el día. Como hizo amistad con las prostitutas del lugar y se enteró que ellas ganaban en promedio 70 dólares la noche decidió seguir su camino hacia los Estados unidos, era el año de 1965.

Con los gringos

En el año de 1966 llegó a Los Ángeles. Ahí se quedó 7 días en la calle, en la iglesia le daban comida. En esos tiempos conoció un amigo que le presentó a una familia que se dedicaba al comercio de frutas y verduras al mayoreo. Recuerda que fue un buen tiempo el que le tocó, duró como 6 meses, de ahí se pasó con otra familia dedicada al mismo comercio. Con esta otra familia le tocó ver estrenos de películas famosas como la de “El Padrino”.

 

Regresó a Motul

En 1969 decidió regresar a Motul y se metió al boxeo para bajar de peso, entrenaba con Salvador “Cha” Méndez y Mario su hermano. Cuando tenía tres semanas entrenando lo invitaron a pelear y decidió incursionar como pugilista. Tenía 21 años y tuvo que salir a pelear con una máscara “Águila Negra” para que su papá no lo supiera. Ganó por decisión, su rival era un temible fajador al que mantuvo a distancia durante todo el combate y le ganó. Esa noche noquearon a Mario Méndez por “Dinamita” Hernández, después de su pelea, con un moretón en la cara, se arregló y se fue al baile que tocaban “Los Babys” esa noche en esta ciudad.

De vuelta a gringolandia

Apenas unos días habían pasado cuando se le gastó el dinero y tuvo que regresar para los Estados Unidos, en esta ocasión por la experiencia decidió irse por ferrocarril carguero o camiones de carga, y volvió a cruzar la frontera. Llegó a San Valley y encontró trabajo en una ferretería por dos semanas, después buscó trabajo donde hacen casas rodantes donde trabajo un tiempo.

Cesar realizó muchos trabajos, su carácter emprendedor y trabador le permitían buscar acomodo en cualquier parte, y los más importante aprender, dice “siempre empecé desde abajo, barriendo y limpiando, pero también siempre logre llegar a la escala más alta que es la de supervisor. Un supervisor requiere conocer todo el proceso de trabajo. Me gustaba superarme, siempre quería estar arriba”. En una ocasión trabajó en una fábrica que hacía diseños para la Sony, la Panasonic y la JBL, su patrón era el cerebro de esos diseños. Era un hombre práctico y creativo dedicado a inventar modelos electrónicos.

La NASA

Uno de sus sueños fue trabajar en una fábrica donde se hacían aviones, pero requería ser ciudadano norteamericano. Para lograrlo mintió, dijo que era puertorriqueño, pasó la prueba y estuvo trabajando 3 años en una división de la NASA (Administración Nacional de Aeronáutica y Espacio) donde se elaboraba el Apolo 17 en California. Esta experiencia le permitió después trabajar en una compañía donde hacían las herramientas para hacer las partes de los tornos.

Fue en esos tiempos que aprendió a volar avionetas Cessna y en el año de 1978 tuvo un accidente que le pasó a costar la vida. Quedó gravemente herido, con el tiempo y después de varias operaciones logró en el año de 1987 terminar con sus operaciones y tratamientos para recuperarse del todo.

La práctica

Cesar afirma que “en Estados Unidos muchos maestros son hechos en la práctica”. Esto lo considera una virtud y lo compara con muchos trabajadores que no saben hacer nada “Está en ti, tenemos que superarnos. Debemos de saber siempre empezar desde abajo, barriendo, así se empieza en un negocio”. Cesar cree que la diferencia es la práctica y lamentó que muchos paisanos vayan sólo a emborracharse.

Trabajó siempre en empresas ligadas al comercio de verduras o de electrónica. En los años setentas incursionó en la mercadería en general con el sistema de bazares. Todavía comercia con productos mexicanos ropa, abarrotes, shampo, cremas ponds, nívea; Ariel, Zote, Zedal, en fin abarrotero en general que surte en Vernon, California.

Reagan su amigo

La vida de Cesar está llena de anécdotas y detalles que la hacen peculiar. Dice que él es republicano, una circunstancia que pateó fue su amistad con Ronald Reagan. Trabajó para él cuando fue gobernador de California, como Presidente de las Escuelas de Beneficencia del Valle de San Fernando. Eran cerca de 200 escuelas “Reagan tenía carácter y pantalones. Sabía resolver las cosas, Bush no”. A causa de un accidente, abandonó sus responsabilidades con las escuelas y cuando se presentó le dieron las gracias y le pidieron que continuara su camino. Mucho lamentó el hecho años después, cuando Reagan fue Presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, un amigo que perdió por un accidente.

Su familia

Cesar actualmente tiene 5 hijos. Tres mujeres y dos varones. Las primeras son: Alejandrina del Carmen Pool de 21 años, está en la Universidad,  se mantiene sola; sigue Ámbar Azucena Pool de 16 años, está en la preparatoria, trabaja con su papá y estudia; Amiré Isabel Pool de 7 años, quien trabaja todos los domingos desde muy temprano con su papá en el bazar. Los segundos son: Cesar Julio Pool, de 30 años y el “xtup” es Iván Moisés de dos años de edad.

La leyenda

Como parte de la entrevista le preguntamos de manera directa su posición con relación a las leyendas que se cuentan de él, algunas de ellas lo relacionan con actividades ilícitas, afirmó “no tengo mucho dinero, pero trabajo, sé ganar dinero y heredé de mis padres el valor de compartir con la comunidad, por estas razones apoyo al gremio de los campesinos. Esto lo aprendí en casa, siempre que puedo hago donativos; porque sé que Dios te recompensa cuando haces obras buenas”. Sobre sus bienes nos dijo tener una casa y un capital modesto, le sirve mucho la línea de crédito que consigue para trabajar. En un tiempo llegó a tener un capital en efectivo de más de medio millón de pesos. Ahora los tiempos son de una gran crisis y ha perdido buena parte de su capital. Incluso antes de venir sufrió un asalto a mano armada en su negocio “ni modos, se llevaron dos camiones de mercancía, como $ 60 mil dólares de capital, pero no nos mataron, gracias a Dios estamos vivos”.

El ejido

Al igual que su padre consideró que el ejido no es bueno “la gente sólo cuida lo que es de ella, si te presto mi carro, no sé cómo lo vas a manejar”. Y agregó aquí que aquí la gente es floja, no producimos. Señaló que los políticos sólo quieren ganar dinero y su provecho personal “quiero ver a un político que quiera a Motul y trabaje para servir a la comunidad. Aquí sólo se pelean por un puesto en el gobierno”. Afirmó que se requiere tener un Presidente Municipal preparado, que sepa su trabajo, que quiera a Motul para superarnos, y no necesite de asesores “los asesores sólo piensan en ganar dinero y no les interesa el servicio, no quieren a Motul”.

Le preguntamos por qué razón estaba apoyando a los campesinos del ejido con el gremio, contestó “Va a resurgir el henequén. Ahora se están restringiendo los materiales sintéticos. Nueva Zelanda ya sembró 4 millones de hectáreas, se está preparando para el resurgimiento de las fibras naturales. Debemos de valorar lo natural”.

Consideró importante que nos volvamos productivos “todos deben de trabajar”. Debemos de cambiar de actitud, explicó que en los Estados Unidos mucha gente trabaja en el verano para tener más dinero. Aquí no les interesa mucho prosperar, el trabajo se hace para sacar dinero y no ponen empeño en hacerlo bien y rápido.

La política

Con relación a la política municipal criticó la opacidad con la que se maneja la información de la obra pública “se debe de consultar al pueblo todo el dinero que se va a invertir, para que en un referéndum se autorice la obra más importante”, sobre todo por la evidente mala calidad de la obra pública que realiza el ayuntamiento, principalmente en la construcción de las calles.

Lamentó la política de vivienda que se aplica en México, especialmente el diseño de casa de interés social sin un espacio adecuado “no deberían de permitirlo las autoridades, aquí existe demasiado terreno que puede permitir un uso sustentable del espacio “las casas aquí se están haciendo como chiqueros”.

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Chansabacná

La vida le ha dado a Cesar diversas experiencias adversas, como cuando vendió su casa o para los disturbios que se suscitaron en Los Ángeles, California en el año de 1992, en esa ocasión perdió todo su capital, se lo quemaron los manifestantes. Pero también le han tocado buenos momentos, como cuando compró una bodega de mayoreo que estaban rematando, en esa ocasión ganó varios de cientos de miles de dólares. De esas ganancias hizo la palapa de Chansabacná.

Recuerda que en ese tiempo estaba por casarse nuevamente. Como siempre vino de paseo, vio el terreno y se decidió. Tenía 90 días para terminarla. Empezó trabajando a marchas forzadas para cumplir su meta y le costó trabajo encontrar a personas con experiencia y criterio para que lo ayudaran haciendo una buena construcción. Acerca del nombre señaló que lo agarró de su abuelo Don Juan Nepomuceno Pool Tun, quien fuera un maestro tallador de piedra, de los últimos que quedaban en Motul “mi abuela decía mucho el nombre Chansabacná, era por ese rumbo que vivíamos y decidí ponerle así”. Valerio Buenfil, Motul, Yucatán, mayo 3 de 2009.

 

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