La Voz De Motul

Editorial

Eustaquio Renán Chay

Es hijo natural de María Flora Chay Abán. No conoció a su padre. Sabe que se llamó Juan Lope, quien no lo reconoció. Sus abuelos fueron Luciano Chay y Juanita Pech. Es el menor de seis hermanos: Leobardo, Daniel, Francisca, Manuel, Lázaro (q.e.p.d.) y Eustaquio Chay.

Nació el 20 de septiembre de 1935. Estudió hasta el tercer año de primaria en la escuela Santiago Xicotencatl, debido a que en ese entonces hasta ese grado se impartía en esa escuela. Comentó que, “para poder concluir la primaria tuvo que haber ido a estudiar a Mérida”.

Se casó en 1964 con doña Romana Cetina Sansén, con quien tiene 5 hijos: Jorge Humberto, Rosa Isela, Eustaquio Renán, Edgar Guillermo y Francisco Manuel Chay Cetina.

Relató la desaparición de su hermano Lázaro, quien trabajaba en Chicxulub Puerto y se trasladaba a Telchac en barco. Cuando desapareció se supo que salió de Chicxulub, pero nunca llegó a Telchac. Nunca se averiguó cómo desapareció, tampoco se encontró su cuerpo, simplemente se le dio por muerto.

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Don Renán Chay con su esposa Romana Cetina Sansén.

Al no contar con su padre, su hermano Leobardo que era el mayor de todos, trabajaba para ayudar a su madre para mantener la casa, por esta razón desde los 15 años, el acompañaba a su hermano a pescar.

Su hermano Daniel era muy creativo. Construyó un barco y se lo dio para trabajar lo que le permitió independizarse. Se embarcaba en algún barco grande, remolcando su alijo hasta el área de pesca. Se ponía a pescar en su barquito y luego el producto lo pasaba al barco grande, de esa forma trabajaba.

En ese entonces, don “Chucho” Quiñónez de Motul, venía en un camión de su propiedad con compradores de pescado. Recordó que para esas fechas todavía no había la carretera de Motul a Telchac, por lo que el trayecto era tardado, se venía despacio porque era camino malo. Llegaba al puerto a las 9 de la mañana y salía de regreso a las 2 de la tarde.

Los pescadores que no lograban vender su producción tenían que asar el pescado para conservarlo y venderlo al día siguiente, debido a que no había hielo.

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Por los peligros naturales de la pesca decidió abandonarla. En ese tiempo no había la facilidad de los medios de comunicación de ahora para conocer con anticipación el pronóstico meteorológico, por lo que la gente se encomendaba a Dios y salía a pescar y afirmó, “en esos tiempos te agarraba el mal tiempo en el mar, era un peligro que tenías que enfrentar”.

En su caso sólo recibía consejos de su abuelo, quien al ver las condiciones del tiempo pronosticaba el clima. Por ejemplo cuando veía que el viento venía del sureste al que en maya se le conoce como “Hul Kin”, decía “en tres días va a haber norte” y no fallaba. El sabía cosas por sus años de experiencia en el mar, no como ahora que los servicios meteorológicos pronostican norte y no llega”.

En esos tiempos no había puerto de abrigo, cuando venía el mal tiempo había que subir los barcos a la playa. No se contaba con “motón”. Se subían los barcos entre los pescadores. Lo jalaban y lo empujaban a mano. En ocasiones bajaban por la mañana la embarcación y al rato había que volver a subirla. El mal tiempo avisa cuando sientes los efectos y los rugidos de los vientos.

Por las razones anteriores decidió dejar la pesca para buscar algún trabajo en tierra. En esos años don Carlos Arroyo comenzó a solicitar personal para la congeladora que estaba ubicada en el centro del puerto, al lado de la cantina “Bar Bel Mar” de don “Lolo” Marrufo. Solicitó empleo y se lo dieron en la congeladora comenzando a trabajar como “fileteador”. El dueño de la congeladora trajo a una persona de Progreso experta en filetear, éste fue quien enseñó a los trabajadores del puerto de Telchac los secretos del oficio.

Recuerda que trabajó en la congeladora a destajo durante 12 años. Fastidiado de éste empleo, platicó con su mujer la idea de elaborar dulces de coco para salir a venderlos, ya que su suegra doña Fermina Sansen sabía hacerlos, incluso durante un tiempo los elaboró y vendió en su casa.

Su esposa aprendió de su madre a elaborar los dulces a base de coco y decidieron hace más de 40 años dedicarse a fabricarlos teniendo una variedad tal como: papaya y limones rellenos, galletas, flanes, garapiñados, cremitas, coscorrones entre otros los cuales son horneados. El mismo salía a venderlos en su triciclo, siendo los primeros en el puerto, en hacer de manera comercial los dulces de coco, recordó que los vendía entre 25 y 50 centavos la pieza.

Como todo lo que preparaban se le gastaba, unos 3 años después de que comenzó, decidió poner una dulcería que abría durante las temporadas vacacionales, teniendo gran éxito. En la actualidad cuenta con una dulcería más grande y moderna la cual se inauguró en agosto del 2014, siendo atendida por su hijo Francisco Manuel.

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Foto de su suegro Edesio Cetina Lope, Rosa Isela Chay Cetina y su suegra Fermina Sansén.

 

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Doña Fermina Sansén Baas (Foto de 1954) creadora de los dulces de papaya y limones rellenos de coco.

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