La Voz de Motul

Editorial

EL CEMENTERIO GENERAL DE MOTUL, YUCATÁN, MÉXICO.

VALERIO BUENFIL, CRONISTA DE MOTUL. EL CEMENTERIO LA MORADA DE NUESTROS ANTEPASADOS.

El cementerio general de la ciudad es un sitio sagrado. La morada eterna de nuestros antepasados. Un patrimonio común. Un paraíso aquí en la tierra. El feliz destino de todo motuleño, porque “de este mundo nadie saldrá vivo”.

     La historia del cementerio de la ciudad y de los cementerios en Yucatán y en México se remonta al siglo XVIII, cuando la dinastía francesa de los Borbones ascendió al gobierno de España y sus colonias.

     Las “Reformas Borbónicas” como fueron conocidas sus políticas, impusieron un pensamiento científico y avanzado. Se consideró laico el cuerpo y a la enfermedad como resultado de la mala alimentación, de las condiciones antihigiénicas y de las costumbres desordenadas.

     Los aíres y las aguas debían de circular, y las basuras y excrementos salir de las ciudades, pues fueron considerados elementos importantes del contagio por medio de los miasmas.

     La legislación dispuso que los muertos fueran sepultados en las afueras de los poblados, donde se cruzan los vientos, es decir en sitios elevados “a sotavento del viento reinante”, y dejar el centro del pueblo para los vivos

     Antes del establecimiento de los cementerios, los difuntos se enterraban en las iglesias. Se utilizaba todo el templo: el altar, las capillas, los pasillos y para los más pobres el atrio. En la iglesia San Juan Bautista de esta ciudad existen catacumbas debajo del altar y lápidas. Hace unos 40 años, la capilla del Santísimo estaba llena de lápidas y cajas.

    En los tiempos del esplendor maya la gente común enterraba a sus muertos en sus casas y la clase gobernante se construía templos y pirámides.

     Los cambios se impusieron con el avance de planteamientos médicos e higienistas orientados a controlar la propagación de enfermedades infecto-contagiosas. Las autoridades insistieron en que los cementerios ya no debían estar en las iglesias sino fuera de las ciudades.

     Con la Ley de Secularización de Cementerios en 1859 pasó la administración de los cementerios al Estado, se decretó la formación de “campos mortuorios, necrópolis o panteones” a petición de cualquier interesado y se estableció la prohibición de enterrar cadáveres en los templos.

El Registro del Cementerio de Motul

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Para conocer la situación del cementerio, realizamos un registro de tumbas y lápidas. En dos sesiones de trabajo de campo se realizaron cerca de 400 fotografías. El registro se hizo en forma aleatoria, buscando las más destacadas. El trabajo inició en la parte antigua del cementerio. Es evidente que existen tumbas abandonadas de hace más de 100 años. Existen tumbas sin identificar. Existen tumbas que tienen años sin ser visitadas. El registro no fue exhaustivo. Es sólo una muestra. El material se clasificó cronológicamente y se trató de ajustarlo a criterios más generales.

     El registro más antiguo es una lápida de mármol que data el 2 de septiembre de de 1883 a nombre de Antonio Sabido. En orden cronológico sigue el mausoleo de la familia Novelo, fechado en 1894. Cabe recordar que la familia Novelo fue una de las acaudaladas de Motul. El mausoleo es una réplica de un templo griego.

    El tercer registro más antiguo es la tumba de Roque Jacinto Campos, realizada toda en mármol con un sagrado corazón de Jesús de tamaño natural. Con la inscripción: “Roque Jacinto  Campos: Nació el 16 de agosto de 1831. Falleció el 11 de agosto de 1889. Recuerdo de su esposa e hijos. Al pie de la tumba se encuentra la lápida de “Cornelio Antonio Campos Palma, nació el 16 de 1883 y murió el 20 de febrero de 1896. Recuerdo de sus hermanos”.

     Otro de los mausoleos que destacan de esta época es el de la familia Méndez Gutiérrez. No se tiene la fecha exacta, se estima que es anterior a 1900. Su arquitectura destaca por la ornamentación. En la parte superior figura un arco falso maya. Como guardián tiene al ángel Alado, que representa a San Miguel Arcángel.

El cementerio particular de la familia Campos

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El 18 de mayo de 1905, Don Eulogio Palma y Palma, Jefe Político de Motul, informó que el Ejecutivo del Estado otorgó la concesión “para construir un cementerio particular en un terreno de su propiedad contiguo al cementerio general de la ciudad de Motul a los señores Nazario, Vitaliano, Pastor y Roque Campos Palma. Sujeto a las siguientes prevenciones: 1º El cementerio particular de la familia Campos estará bajo la vigilancia e inspección de las autoridades respectivas. 2º El cementerio particular quedará sujeto a todas las leyes y reglamentos que rigen en el Estado respecto de cementerios. 3º No se hacen inhumaciones de cadáveres ni se depositan restos áridos sin la plena autorización en cada caso de la autoridad respectiva, pagándose los derechos establecidos o que se establecieren por todos estos. 4º El Cementerio particular de conformidad con lo pedido por los Sr. Campos Palma se destinará exclusivamente para depositar los restos de sus padres e inhumar los cadáveres de las familias de los recurrentes o de su hermano D. Pedro J. Campos. 5º El cementerio particular quedará comunicado en lo general de la referida ciudad para facilitar su vigilancia. 6º Se aprueba el plano presentado por los señores Campos Palma.”.

Patrimonio Cultural

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El cementerio general de Motul representa los espacios de la “memoria habitada” de nuestra sociedad. Se trata de un espacio singular de la ciudad, diferenciado y asociado a la tristeza, pero también es un lugar para una memoria en permanente transformación, a partir de la cual es posible trazar la historia de las poblaciones y de los individuos como seres sociales y culturales.

     Quizás sea uno de los espacios sociales de mayor confluencia simbólica. Su valor tiene una dimensión material y otra inmaterial, pues en ellos se conjugan diversos significados históricos, sociales, artísticos, artesanales, científicos, paisajísticos, arquitectónicos, simbólicos, económicos, políticos y de relaciones de poder, así como de diversidad cultural y religiosa, de tradiciones, usos y costumbres, etc. de una comunidad en relación con sus difuntos, transformados en ancestros, con la importante identidad que representa.

     El patrimonio cultural funerario es objeto de estudio por parte de distintas disciplinas, especialmente de la arqueología y de la historia entendiendo que es posible conocer cualquier cultura y civilización a través de su modo de entender la muerte.

     Entre los aspectos patrimoniales del cementerio de Motul, destacamos sus aspectos artísticos y arquitectónicos, presentándolos como espacios monumentales singulares, como los mausoleos con varios siglos de antigüedad y las fosas comunes, que por igual aportan un importante segmento en la historia.

     El estilo de las “matzeva” (o lápidas en memoria del difunto) suele ser bastante regular, básicamente en mármol blanco (algunas tumbas utilizan mármol negro o gris), con inscripciones en español principalmente, y con el uso de motivos iconográficos propios del cristianismo, como el alfa y omega, la cruz, el rostro de Jesús o San Miguel Arcángel.

     Se encuentran tumbas que son individuales, y otras que albergan a varios miembros de una misma familia. La diversidad de orígenes geográficos de los difuntos aquí enterrados es testimonio de la heterogeneidad que en algún tiempo definió a la comunidad motuleña.

    El cementerio se encuentra dividido en dos etapas, la antigua y la moderna. Respecto a la ordenación de las tumbas, si bien la mayoría de ellas mantienen los pies de los difuntos orientados hacia el este. En el ángulo en donde se situaba la antigua puerta de acceso, se sitúan dos lápidas que albergan los restos de miembros de la comunidad fallecidos a fines del siglo XIX.

     En los cementerios cobra vida el patrimonio cultural funerario, entendido éste como todos aquellos aspectos de la cultura relacionados, directa o indirectamente, con la muerte que son relevantes, significativos y forman parte de la identidad de una sociedad.

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     La concepción del mundo, del más allá, de la historia, las creencias y tradiciones, de los rituales funerarios, la organización y representación de la muerte, de las expresiones artísticas y musicales, de los trabajos, actividades y profesiones, de los aspectos festivos y de convivencia, así como de la pluralidad cultural y religiosa, forma parte de este universo simbólico y espacial.

     El acercamiento a estos espacios patrimoniales debe hacerse desde una perspectiva integral, como un todo interrelacionado en el que los distintos elementos que lo componen cobran sentido al ser interpretados dentro del contexto global.

     Esta aproximación debe poner de manifiesto las implicaciones existentes entre los aspectos materiales e inmateriales, las transformaciones que se están produciendo en los mismos, así como los significados y problemáticas actuales en relación a su reconocimiento y aceptación social del “lugar al que algún día todos iremos a parar”.

Primeros cristianos: Las Catacumbas

Las catacumbas son los antiguos cementerios subterráneos usados durante algún tiempo por las comunidades cristianas y hebreas, sobre todo en Roma

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“Las catacumbas, a la vez que presentan el rostro elocuente de la vida cristiana de los primeros siglos, constituyen una perenne escuela de fe, esperanza y caridad. Al recorrer las galerías, se respira una atmósfera sugestiva y conmovedora. La mirada se detiene en la innumerable serie de sepulturas y en la sencillez que las caracteriza. Sobre las tumbas se lee el nombre de bautismo de los difuntos. Cuando se leen esos nombres, se tiene la impresión de oír otras tantas voces que responden a una llamada escatológica, y vienen a la memoria las palabras de Lactancia: “Entre nosotros no hay siervos ni señores; el único motivo por el que nos llamamos hermanos es que nos consideramos todos iguales”. JUAN PABLO II, “Las catacumbas cristianas constituyen una perenne escuela de fe, esperanza y caridad”)

3. LOS SÍMBOLOS

Los primeros cristianos vivían en medio de una sociedad mayoritariamente pagana y hostil. Desde la persecución de Nerón (64 después de Cristo) se consideraba que su religión era “una superstición extraña e ilegal”. Los paganos desconfiaban de los cristianos y se mantenían a distancia, sospechaban de ellos y los acusaban de los peores delitos. Los perseguían, los encarcelaban y los condenaban al destierro o a la muerte.

Como no podían profesar abiertamente su fe, los cristianos se valían de símbolos que pintaban en los muros de las catacumbas y, con mayor frecuencia, grababan en las lápidas de mármol que cerraban las tumbas.

Como a todos los antiguos, a los cristianos les agradaba mucho el simbolismo. Los símbolos expresaban visiblemente su fe. El término “símbolo” se aplica a un signo concreto o a una figura que, de acuerdo con la intención del autor, evoca una idea o una realidad espiritual. Los símbolos más importantes son el Buen Pastor, el “orante”, el monograma de Cristo y el pez.

El Buen Pastor con la oveja sobre los hombros representa a Cristo Salvador y al alma que ha salvado. Este símbolo se encuentra con frecuencia en los frescos, en los relieves de los sarcófagos, en las estatuas, así como grabado sobre las tumbas.

El orante: esta figura, representada con los brazos abiertos, es símbolo del alma que vive ya en la paz divina.

El monograma de Cristo está formado por dos letras del alfabeto griego: la X (ji) y la P (ro) superpuestas. Son las dos primeras letras de la palabra griega “Christòs” (Jristós), es decir, Cristo. Este monograma, puesto en una tumba, indicaba que el difunto era cristiano.

El pez. En griego se dice “IXTHYS” (Ijzýs). Puestas en vertical, estas letras forman un acróstico: “Iesús Jristós, Zeú Yiós, Sotér” = Jesucristo, Hijo de Dios, Salvador. Acróstico es una palabra griega que significa la primera letra de cada línea o párrafo. Es un símbolo muy difundido de Cristo, emblema y compendio de la fe cristiana.

Otros símbolos son la paloma, el Alfa y la Omega, el ancla, el ave fénix, etc.

La paloma con el ramo de olivo en el pico es símbolo del alma en la paz divina.

El Alfa y la Omega son la primera y la última letra del alfabeto griego. Significan que Cristo es el principio y el fin de todas las cosas.

El ancla es el símbolo de la salvación, símbolo del alma que ha alcanzado felizmente el puerto de la eternidad.

El ave fénix, ave mítica de Arabia que, según creían los antiguos, renace de sus cenizas después de un determinado número de siglos, es el símbolo de la resurrección.

Los símbolos y los frescos son como un Evangelio en miniatura, una síntesis de la fe cristiana.

Lápidas:

Ritos Funerarios

Motul y todo Yucatán es un pueblo que convive con la muerte muy a su modo, que la respeta, la venera y la festeja, que le ha reservado un mes al año para que, ella sola, lo pase con los que se ha llevado en su incesante recorrer. En el momento en que una persona muere, el hecho de enterrar a ese ser genera un rito, marcando el inicio de todos los actos litúrgicos que se le pueden llegar a hacer a un finado, cada ceremonia puede variar dependiendo de la cultura, el estrato socioeconómico y la religión.

      “Los ritos funerarios son las prácticas del ser humano, relacionadas con el enterramiento de una persona. Estas prácticas, estrechamente relacionadas con las creencias religiosas sobre la naturaleza de la muerte y la existencia de otra vida después de esta vida, implican importantes funciones psicológicas, sociológicas y simbólicas para los miembros de una colectividad.

     La muerte es un tema que siempre exige respeto, sean cuales fueren las condiciones o circunstancias en que se presente. En casi todas las culturas antiguas de nuestro país, se le tenía a la muerte un miedo y terror increíble, más no por eso se dejaban intimidar en las batallas” (Fuente: Toro, Alfonso, Historia antigua de México).

    La historia de las lápidas de piedra se remonta miles de años. Los griegos y los romanos usaban monumentos de piedra para honrar a los muertos y para evitar disturbios en las tumbas. Los mayas perfeccionaron el tallado de piedra.

     En América, los talladores de lápidas han usado varios tipos de roca para señales de cementerios en distintos períodos. Sirven para muchos fines, como para la preservación de la memoria de una persona por generaciones. Pero, además de su valor emocional, lápidas son también importantes para los historiadores. Garantizan que las vidas se pueden documentar por décadas, o incluso siglos.

    Una lápida ayuda en la identificación de la tumba. La pérdida de una persona cercana no es fácil de soportar. El cementerio es un lugar que nos acerca a la persona perdida. Después de perder a una persona, su tumba se convierte en el único lugar que tiene una existencia del alma en pena. El cementerio tiene una enorme importancia para las personas, que han perdido a sus seres queridos.

     Sus textos son muy interesantes y enriquecedores, ya que narran como fue su vida o parte de ella, el arrepentimiento o agradecimiento a  sus familiares o de ellos a él o inclusive, si dejó o no herencia económica.

     En Motul existen tumbas fechadas desde 1883. En todo este tiempo se aprecian verdaderas obras de arte, con creativos diseños modernos, hasta las más sencillas en una fosa común; pero todas por igual nos obsequian un gran aporte cultural y espiritual.

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El cementerio es de todos

A pesar de la importancia del cementerio como patrimonio común, en los últimos años, por la pérdida de valores, la indiferencia urbana y la falta de una legislación y reglamentación en la materia, el cementerio no es bien valorado y permanece relegado por los ciudadanos y las autoridades municipales. Existe poca conciencia sobre su importancia.

     El cuidado y la administración del cementerio por mandato de ley le corresponden al Ayuntamiento. Así se establece en el artículo 115º Constitucional, sin embargo no existe un Reglamento de Cementerios.

    El municipio administra los ingresos y las funciones de control y cobranza. Tiene personal de apoyo y vigilancia. El presupuesto asignado es bajo, sólo se realiza mantenimiento y limpieza general, no existe ninguna labor de registro, de investigación y rescate.

     En el Primer Informe de Gobierno Municipal, el alcalde dijo que “se realizaron trabajos de mantenimiento de las áreas verdes, pasillos y alrededores así como el chapeo y limpieza en el cementerio general y el de las comisarías. Se actualizó la lista de usuarios de la sexta ampliación del cementerio para realizar la venta de lotes, bóvedas y osarios”.    

     Otro de los grandes problemas, es la creciente indiferencia urbana. Muchas tumbas están abandonadas y sucias. Se requiere hacer un registro exhaustivo y un rescate de información y de piezas por su valor cultural. Aceptemos, para tomar conciencia, que el lugar es nuestro destino final. Todos, un día ahí vamos a estar, porque “de este mundo nadie saldrá vivo”.

     Conocer el cementerio de Motul nos puede permitir encontrar las raíces de nuestra identidad, para valorar y apreciar la enorme riqueza espiritual y arquitectónica que guarda nuestra memoria. En otras ciudades del mundo los cementerios son espacios muy bien cuidados y valorados. Dignifiquemos la vida de nuestros difuntos.

     Adelantamos este reportaje con el propósito de motivar el interés y el amor por un espacio que es de todos. El cementerio es un elemento indiscutible de la identidad Motuleña. Noviembre es el mes de las ánimas, aprovechemos el tiempo que falta para visitar y arreglar las tumbas de nuestros abuelos.

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