La Voz de Motul

Editorial

EL WÁAY PÓOP.

VALERIO BUENFIL, CRONISTA DE MOTUL.

Una de las creencias arraigadas en la ciudad es la leyenda del Wáay Póop que existió en Motul a mediados del siglo XX. Un siglo antes, a mediados del siglo XIX, Eulogio Palma y Palma realizó trabajos de rescate de memoria histórica. En su obra “Los Mayas” documentó la existencia de una fiesta dedicada al “Zac uaye-yab”, brujo blanco, dios de los abismos, en sus escritos relata que existía una figura de barro que lo representaba a la que le rendían culto.

Esta creencia maya, de concebir el mundo sostenido por 4 Bacabes o guardianes. En contraparte y en permanente lucha, existen los uayeyabes, seres mitológicos que reinan el Inframundo.

Estos seres son recordados en la ciudad como los wayes. Así lo relataron varios abuelos. Los wayes son brujos. Seres mitológicos que cobran forma humana o animal y conviven con los humanos. Se presentan a las personas de distintas maneras.

En Motul se conocen varias leyendas de las distintas formas que cobran estos seres: el Wáay Poop, el Wáay Peck y Wáay Chivo; existen también otros seres sobrenaturales como Juan Tul, los Aluxes y la Xtabay.

Una creencia es un pensamiento que vive en la mente de las personas y se expresa como un sentimiento que se comparte, ahora le llaman “el imaginario colectivo”. Es algo que existe pero que no puede probarse. La creencia de los wayes se comparte en muchas poblaciones y ciudades de Yucatán y de toda la península. Es nuestra herencia maya.

Encontramos un relato de 1829 de Don Claudio Padilla, el Wáay Poop de la Villa de Yaxcabá, un comerciante que llegó a ser alcalde de ese municipio. Se dice “que su enorme almacén siempre estaba lleno de mercancía procedente de Belice. Desde esa época ya había clientela que podía comprar esa clase de productos despachados por hermosas muchachas empleadas por el dueño.

Pero la gente no veía como llegaba la mercancía, sino que de un día para otro aparecían los productos; entonces los habitantes de Yaxcabá se preguntaban ¿Cómo llegaban a su establecimiento? A manera de explicación al misterio se cuenta que don Claudio por las noches se transforma en un pájaro gigante, seguido por centenares de palomas de su propiedad. Desde Yaxcabá salían rumbo a Belice para cargar los productos, acarreándolos hasta su tienda. De esta forma al amanecer ya la tenía surtida” (Evelio Tax Góngora).

En la ciudad existe el recuerdo de Don Severiano Sánchez, un próspero comerciante que fue conocido como el Wáay Poop. Su historia es similar a la de Don Claudio de Yaxcabá. Don Severiano tenía una ferretería magníficamente ubicada sobre la calle 27, casi en contra esquina del parque José María Campos del centro, el lugar que ocupa actualmente el hotel “Motul”.

Cuentan que la tienda de Don Severiano era una de las más surtidas. Siempre había todo tipo de mercancías. Su propietario se ufanaba de eso, pero era el que más caro cobraba. Severiano era bajo, de complexión gruesa, claro de color y de ojos claros. Vestía siempre de camisa blanca.

Un hombre formal y misterioso. No frecuentaba cantinas, no era de amigos. Siempre estaba cuidando con celo y devoción su ferretería. Su establecimiento se distinguía por sus enormes mostradores que custodiaban la venta.

Primero empezaron los rumores de la existencia de un Wáay Póop en la ciudad. Varios clientes que se sorprendían de encontrar todo en la tienda, aseguraban que era un Wáay Poop. Poco a poco crecieron los chismes y se generó un problema con el sindicato de cargadores.

En esos años en la ciudad existía un sindicato de carga y descarga que controlaba todas las maniobras del ramo. Tenían  el monopolio. Si alguien bajaba su mercancía, estaba obligado a pagarle el servicio al sindicato. Nadie se escapaba del pago.

El misterio creció por la forma como surtía su ferretería. Nadie se lo explicaba. Nunca se le vio de día descargar sus mercancías. Se cuenta que los cargadores molestos por la situación, decidieron montar guardia día y noche para sorprender al abusivo comerciante que les burlaba el pago de la descarga.

Se apostaron en las bancas del parque frente a la ferretería. Como eran muchos no tuvieron problemas para montar las guardias. Estaban seguros de pillar al comerciante. Cuentan que algunos festejaron la estrategia.

Pasaron los días, las noches y las semanas y no lograban sorprender a Don Severiano. Cansados después de varios meses decidieron abandonaron la lucha y se rindieron ante su misterioso rival.

Fue en esos años que cobró mayor fama como el Wáay Póop. Un recuerdo que todavía existe. Personas mayores de 60 años tienen distintas versiones de éste relato. Don Severiano fue un hombre admirado. No era malo. Era un hombre recto y de buenas costumbres. Su único pecado fue la misteriosa forma de surtir su tienda.   

Se afirma que Don Wilfrido Bacelis Campos además de trabajador,fue un hombre afortunado. Además de su tenacidad, tuvo varios golpes de suerte que le cambiaron la vida. Uno de ellos fue la compra de la casa a Don Severiano. Pagó $ 100 mil pesos por la propiedad.

Se dice que Don Severiano salió de su ferretería sólo con sus bienes personales. Dejó la propiedad con material en sus bodegas: tubos, palas, picos, veletas, muchas cosas encontró Don “Fido” para vender y recuperar con creces su inversión. Varios de los albañiles que construyeron el hotel Motul, aseguran que cuando cavaron los cimientos aparecieron ollas con centenarios de oro. Se cree que hubo un entendimiento entre Don Severiano y Don Fido.

REFERENCIAS:

Chuc Pinto Manuel y Rodolfo.- “Sucesos Insólitos del Cacicazgo de Ceh- Pech”, Instituto de Cultura de Yucatán y la Dirección General de Culturas Populares.

Evia Cervantes, Carlos Augusto.- “Selección de mitos”. Facultad de Ciencias Antropológicas  (UADY). 2006

Palma y Palma Eulogio.- “Los Mayas”, imprenta Justo Sierra de Motul, 1901. Disponible en www.bibliotecavirtualyucatan

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