La Voz de Motul

Editorial

BENJAMIN CARRILLO PUERTO Y PILAR DÍAZ BOLIO

VALERIO BUENFIL, CRONISTA DE MOTUL. FRAGMENTO DEL LIBRO "PAPÁ QUIERO CONTARLES" DE LA SRA. MARGARITA DÍAZ RUBIO.

Contrajo nupcias con Benjamín Carrillo Puerto, algo que, en su época, fue un escándalo y causó un profundo dolor a sus padres. Tuvo un hijo llamado como su padre que vive en Cuernavaca y que, por razones lógicas siente aversión por esta tierra del faisán y del venado.

LOS HERMANOS CARRILLO PUERTO

Felipe Carrillo Puerto era justiciero y tenía el ideal de acabar con la situación ignominiosa de los indios. Era socialista y, por desgracia, permitía los desmanes de su hermano Wilfrido contra la gente blanca.

Había en Mérida terror hacia los hermanos Carrillo Puerto y mi padre pensaba que mucho se debía a Wilfrido quien era un hombre sanguinario. Tres eran los hermanos Carrillo que colaboraban con Felipe en el poder: Wilfrido, Edesio y Benjamín. Fue una época de terror para la alta burguesía yucatanense.

Mencionaba mi padre que su hermana Pilar le contaba que conoció a Benjamín una noche en el Jardín, lo que es ahora la Plaza Grande. Los tríos cantaban y la banda de Mérida tocaba celebrando la instalación de la luz de pan (luz de carburo). Cuando la plaza se iluminó, los entusiastas meridanos observaron a los hermanos vestidos de blanco. Benjamín, el que llamó la atención de Pilar, era distinguido y parecía un artista de cine.

El enamoramiento se inició y el rechazo familiar fue unánime. Los hacendados eran muertos en sus propiedades. Corría la voz de que uno de ellos iba llevando la raya para los peones y que – después de la matanza- Wilfrido se vanagloriaba diciendo “vengo del chocolomo”. Los Carrillo Puerto eran los héroes del proletariado.

Un buen día, la hermana de mi padre, Pilar, se fugó de la casa acompañada de Emilio Díaz y Mercedes Cicerol: fue al registro civil para contraer nupcias. Llegó a su casa acompañada de Benjamín y le dijo a sus padres: “Les presento a Benjamín, que ustedes no querían ver. Desde ahora será su yerno”. La conmoción fue terrible y más aún la vergüenza familiar.

Con el tiempo, mi padre se volvió amigo de Benjamín y trataba de conciliar la situación de su hermana con sus padres. Pilar, antes del fusilamiento de su marido y sus tres cuñados, huyó a Cuba con su pequeño Benjamín. En la Habana se enteró de su muerte.

Don José vio los cuatro cuerpos. Fueron fusilados junto con nueve compañeros, era la mañana del 3 de enero de 1924.

Me contaba que el día del fusilamiento fue al cementerio y un soldado lo detuvo y le preguntó: “¿Es usted don José Díaz Bolio?” tras la contestación afirmativa de mi padre, le dijo que tenía un recado de su cuñado Benjamín para Pilar: “que nunca había estado de acuerdo con las atrocidades cometidas por sus hermanos”. Benjamín era teósofo. Los querían fusilar juntos, pero Benjamín los convenció de lo contrario diciendo: “somos hombres dignos, militares, así que mátennos de uno en uno”. También comentó: “Lo que más siento es a mi pobre madre cuando vea los cadáveres de sus cuatro hijos”.

Pp: 51-52.

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