La Voz de Motul

Editorial

¡NO PROMETAS COSAS QUE NO VAS A CUMPLIR!

 

Dr. Jesús Hernán Puerto Simá. Publicado en la La Voz de Motul en la edición 388 del 16 de octubre de 2013.

Hace algunos años ocurrió un suceso trágico en Motul que muchos prefieren olvidar por temor a que ocurra de nuevo, algunos lo recuerdan, pero no todos conocen su origen. Fue un hecho que cobró varias vidas humanas. Una tras otra. También se habla de una posesión demoniaca. Descartando el año en que ocurrió y cambiando los nombres reales de los participantes, contamos el relato, porque al final, el maligno demostró que con él no se juega y los que así lo desean hacer, reciben consecuencias de alto costo.

Fueron unos muchachos de entre los 15 y 16 años. Hijos de familias distinguidas cegados por la ambición del dinero y el poder. A su corta edad, no sabiendo lo que hacían, sellaron con su sangre un pacto con Satanás. Los hechos ocurrieron así.

Era un grupo de 10 amigos que se reunían los fines de semana a platicar y a “beber licor sanamente”, conocido como “los ricachones”. En realidad no todos lo eran, excepto uno, así que una tarde entre pláticas, uno de ellos llamado Luis, comentó acerca de su futuro, “quería vivir cómodamente y tener dinero”.

Pepe, quien era el adinerado del grupo expresó decididamente que todos lo podrían lograr, como lo había hecho su familia; pero que para eso necesitaban hacer un “pacto de sangre” a través de un “diablito inofensivo” y que lo tenían que enterrar en el cementerio de noche. Por un momento la mayoría dudo, pero luego de escuchar que si no lo hacían “dios nunca les iba a dar riquezas”, decidieron sellar el pacto.

Al día siguiente alrededor de las 10 de la noche se reunieron en el lugar de costumbre. Pepe les enseñó el libro de rituales llamado: Codex Gigas, en donde paso a paso explicaba cómo hacer dicho pacto. Así que ya una vez enterados de cómo realizarlo, se pusieron a hacerlo.

Como lo explica dicho libro, todos se hicieron un pequeño corte y pronunciaron: “que esta sangre siempre nos una como un solo hermano, nos llene de triunfos y fortuna, y que quien se quiera salir, muera trágicamente como signo de vergüenza y escarmiento para todos”, al término pronunciaron, “que así sea”. Bañaron el “diablito” con su sangre y partieron a enterrarlo al cementerio cerca de una fosa común, las de “tierrita”.

El tiempo pasó, ellos seguían reuniéndose normalmente. Una noche Yesi, una amiga del grupo comentó que se iba de paseo a Belice y quería comprar una ouija, para que pudiese platicar con Julio un amigo que meses antes se había suicidado, con el interés anterior en el ocultismo, le pidieron que la comprase y la pagarían entre todos.

Unos días después Yesi regresó y trajo la ouija, afirmando que una bruja negra se la había obsequiado y que no aceptó pago alguno, ya que solamente se le obsequia a “amigos”, le pidió que la cuidara y que la quisiera mucho.

Esa misma noche se pusieron a jugarla conforme la bruja le había indicado a Yesi. Contactaron el alma de Julio y platicaron, lo que los hizo deprimirse, ya que les dijo cosas que solo ellos sabían.

El interés por el ocultismo los había sometido, así que leyeron de nuevo el libro de ritos y vieron un hechizo que los haría “invisibles” a sus enemigos, pero esto lo supo “Lucas”, un conocido del grupo.

Una noche “Lucas” llegó a la céntrica casa donde se reunían los “ricachones” y dijo, ¿así que son invisible?, ¡invisibles mis huevos!, sacó una pistola calibre .22 y se puso a jugar la “ruleta rusa”, hasta que disparó e hirió en la mano a “Paty”, por lo que la llevaron a la clínica del IMSS para que la curaran. De “Lucas” nunca se supo mas.

Estas reuniones se suspendieron un tiempo por este problema, pero de nueva cuenta se comenzaron a hacer. Una noche, Yesi comentó que la ouija les había dicho que el disparo iba a suceder, pero como ya estaban borrachos, nadie le tomó importancia, y que uno de ellos pensaba abandonar el grupo. Este incidente ocasionó  que por los nervios comenzaran a fumar marihuana.

Llegó Diciembre, exactamente un día 23 por la noche. Se reunieron de nuevo para comenzar a festejar la navidad, y ya siendo las 4 de la madrugada, Pepe comentó que deseaba abandonar el pacto a costa de lo que sea, ya que su tía un día antes le dijo que soñó con la Santa Muerte vestida de novia y con un niño en los brazos; como consecuencia de todo lo que habían hecho, ella soñaba eso.

Así que para romper el “entierro” en el cementerio, necesitaba la sangre de todos para bañar al “diablito”. Su petición fue rechazada por todos, tratándolo de “cobarde y marica”. Molesto, agarró a la fuerza la motocicleta Rebel de “Lombriz” de uno de sus amigos asistentes y se fue al cementerio a “sacar el entierro”.

Como no lo encontró regresó a la casa a pedir que le dieran la sangre de cada uno. Todos se la negaron. A las 5 de la madrugada, desquiciado, comenzó a circular sin respetar los altos, y en céntrica calle, al volarse el alto, chocó brutalmente contra un camión y perdió la vida instantáneamente teniendo apenas 18 años de edad.

Su sepelio fue muy doloroso, pero no paró todo ahí. Posteriormente sus amigos, algunos murieron en accidentes, otros se suicidaron, y los que sobreviven, tienen trastornos psicológicos. Yesi la propietaria de la ouija quiso deshacerse de ella quemándola, pero misteriosamente volvía a aparecer en su cuarto, en el mismo lugar donde la escondía.

Así que una conocida de ella, se enteró de lo sucedido y se la pidió prestada, y al jugarla un extraño espíritu la poseyó, por lo que no dejaba de gritar, y tuvo que ser llevada a la iglesia San Juan Bautista de esta ciudad, donde un sacerdote le practicó una “liberación”.

Como era fuerte lo que tenía, se la llevaron a un congreso de exorcistas en el Estado de Campeche, donde ahí si la liberaron. Quedó muy dañada de los nervios. Del entierro no se supo nada,  de la ouija se sabe que fue entregada a los sacerdotes en Campeche, y ahí la destruyeron.

Los familiares al comentarle al exorcista todo lo que había sucedido, les informó: “El precio de vender el alma es muy alto, el comprador es implacable y paciente para cobrar y devorar a sus víctimas. La tentación es grande, pero el precio a pagar nunca es barato”.

“Quien vende su alma al diablo es víctima de su propia debilidad y ambición, sin importarle las consecuencias, sabiendo que en algún momento tendrá que pagar su deuda. Así que termina perdiéndolo todo y condenando su ser, destruyendo su vida y todo lo que más amaba”.

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