La Voz de Motul

Editorial

Los huracanes en Telchac Puerto

Tomado del libro “Origenes, Actualidad y Rumbo de Telchac Puerto", una coproducción de la editorial La Voz de Motul con la Administración Municipal del Ayuntamiento 2012-2015 del municipio de Telchac Puerto, Yucatán. Septiembre de 2015. 

Por su ubicación la península de Yucatán es afectada de modo directo o indirecto por la mayoría de los huracanes que se forman en el Caribe Occidental. Los huracanes pueden tener fácilmente el largo de la península como diámetro de modo que prácticamente cualquier huracán que se forma afecta en mayor o menor medida la costa oriental de la península(Wilson, 1980, en Pererira, et. al. 2000).

La península es impactada frecuentemente por huracanes que afectan de manera drástica la vida de los pobladores. En 1955 los huracanes Hilda y Janet dejaron muchos daños, los habitantes de Chetumal siempre recuerdan la destrucción que causaron en el paso por su ciudad. En 1974 en huracán “Carmen” pegó duro en la península de Yucatán.

En 1988, el huracán “Gilberto” devastó la costa norte de la península de Yucatán, Quintana Roo y Campeche. Fue el preámbulo para los incendios forestales un año después. 6 años después el huracán Roxana causó graves inundaciones que destruyeron partes importantes de las vías de comunicación y la producción agrícola (Vester, 2000).

Isidoro afectó a la península de Yucatán en septiembre de 2002. Penetró por la costa norte y avanzó hacía el centro del Estado, ocasionando una cortina de destrucción de material productivo y natural a su paso, que propició un estado de emergencia, dejando un saldo de miles de pesos en pérdidas materiales y productivas.

Existen variantes de este fenómeno, por ejemplo el término científico “Ciclón Tropical” es para referirse a una circulación meteorológica cerrada que se desarrolla sobre aguas tropicales. Estos sistemas a gran escala, no frontales y de baja presión, ocurren en todo el mundo sobre zonas que se conocen como “Cuencas Tropicales” (NOOAA, 1987).

Los huracanes son fenómenos de turbulencia causados por una corriente de aire caliente que se forma en el verano en el trópico y que va al Polo Norte compensando la diferencia en temperatura entre el Ecuador y el Polo. Una contracorriente del norte al sur a una altura de casi 10 kilómetros compensa la diferencia de presión. Esta circulación de vientos norte sur y sur norte a nivel del hemisferio norte, en conjunto con la circulación diaria de la tierra que causa los vientos alisios, son los principales factores desde el punto de vista de los vientos para crear situaciones que pueden formar ciclones.

Otro condicionante para la formación de un huracán es la temperatura de la superficie del océano, como fuente de energía para dar forma al fenómeno, el cual debe ser mayor o igual a 27º C.

En estas condiciones, es la columna de aire caliente y húmedo originada en el océano que se convierte en el núcleo alrededor del cual giran los vientos y forman posteriormente el “ojo” del huracán (Pererira, et al.).

Isidoro

El día 22 de septiembre, a las 17 horas local, se detectó con las imagenes del radar de Cancún, que la muralla que rodeaba el ojo del huracán golpeaba la costa norte de Yucatán. El “ojo” del huracán “Isidoro” impactó sobre tierra firme aproximadamente a 45 kilómetros al Este de Puerto Progreso, en la categoría III de la escala Saffir-Simpson con vientos máximos sostenidos de 205 km/h y rachas de 250 Km/h.

Durante el día el centro del huracán se desplazó sobre tierra con rumbo suroeste, afectando con fuerte intensidad a toda la península de Yucatán con daños materiales muy importantes sobre los estados de Yucatán y Campeche.

El 23 en la mañana, en su avance sobre tierra hacia el sur, cuando se encontraba a 100 kilómetros al sur de Mérida, Yucatán, el huracán se degradó a tormenta tropical con vientos máximos sostenidos 110 km/h y rachas de 140 km/h.

Durante el resto del día el huracán mantuvo una trayectoria errática moviéndose sobre la parte occidental de Yucatán.

La llegada del huracán Isidoro fue un acontecimiento que sacudió a la sociedad yucateca en su conjunto. Mucho tiempo después de la visita del meteoro, su paso por nuestras tierras sigue siendo materia de conversación, no solamente por el recuerdo de los daños que causó, sino también por las reflexiones que el acontecimiento suscitó.

Para algunas personas el paso del meteoro significó la pérdida de sus bienes, de sus cosechas, y en algunos casos de sus trabajos. Otros quedaron con las casas deterioradas y pasaron muchos días sin los servicios básicos. Otros más, sobre todo los niños y las niñas sufrieron de enfermedades de las que tardaron en recuperarse del todo. Sin embargo, la estela del sufrimiento que dejó Isidoro a su paso nos afectó a todos.

También pudimos constatar la solidaridad de muchas personas, pero también la ruindad de otras que quisieron aprovecharse de la situación.

Todos los sectores sociales fueron golpeados. Todos fuimos llamados a poner lo mejor de nosotros mismos en los trabajos posteriores. La entereza de los yucatecos y la solidaridad del resto de nuestros compatriotas que en estas circunstancias desoladoras fueron el mejor aliento y la mayor inspiración.

En el sector de pesca en la costa de Yucatán se registraron daños en 1,102 lanchas y botes ribereños; 59 embarcaciones mayores, 651 motores fuera de borda, 324 motores estacionarios, 20 centros de recepción y almacenamiento, 300 lotes de artes y equipos de pesca, 4 muelles de madera, incluido el de Telchac Puerto y 500 equipos de navegación y radiocomunicación de 3,778 pescadores de 15 puertos y localidades perteneciente a 11 municipios.

Isidoro convirtió a Telchac Puerto en un pueblo fantasma. Las lanchas estaban enterradas, las casas derruidas y la gente en otra parte. La realidad es que apenas a 40 kilómetros de Mérida, la desorganización y la falta de un programa urgente de reconstrucción de vivienda afloraron con toda su crudeza.

Al ver toda la destrucción que provocó el huracán, Don Domingo comentó con gran tristeza: “Dios se ha olvidado de nosotros”. Buscó las láminas que pudo y comenzó a reparar su casa, lamentándose por todo lo que había perdido. Por su parte Sebastián se reunió con un grupo de hombres y los animó a visitar a las familias que habían perdido todo para ayudarles a reconstruir sus casas.

La gente tardó en volver a sus casas y en las calles seguía la arena del mar.

 

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