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La Voz de Motul

Editorial

EL DÍA QUE MOTUL SE QUEDÓ SIN ALMAS.

MTRO. JOSÉ MAURICIO DZUL SÁNCHEZ. EL DÍA QUE MOTUL SE QUEDÓ SIN ALMAS. PUBLICADO EN LA VOZ DE MOTUL EL JUEVES 30 DE SEPTIEMBRE DE 2010 EN LA EDICIÓN 229.

Hoy se presenta una historia pocas veces contada sin embargo su consecuencia todavía es recordada en la historia de Yucatán, pese a que han transcurrido más de 160 años de los hechos que se narran.

No se trata de un embrujo, ni mucho menos de una creencia o ficción de los que usualmente se ensalza la vida cotidiana y sin embargo los hechos toman tono de leyenda, a manera de cuento épico.

Necesario es resaltar el sentimiento enarbolado por los yucatecos en aras de un regionalismo entendido como el deseo de que se les reconozca su autonomía y autodeterminación.

Espíritu liberal que se enarboló como la base sobre las que se forjaron los patriotismos de la todavía joven nación que estaba en la etapa de formación independiente.

Las guerras intestinas por el control político y económico desatado en todo el territorio nacional a partir de su independencia, tuvo como máxima figura al General Antonio López de Santa Anna por más de cuatro décadas.

Unas veces considerado caudillo y otras veces cacique, el poder que detentó alcanzaría las tierras yucatecas desde sus primeros años, ya que durante 1823 a 1825 fue Comandante Militar y Gobernador de Yucatán.

Fue Santa Anna quien promulgó la primera constitución estatal, en abril de 1825 y posterior a su partida, las pugnas entre los grupos políticos centralistas y federalistas, estarían bajo la sombra de su poder.

En el año de 1840, en medio de las pugnas entre federalistas y centralistas, se presentó uno de los primeros enfrentamientos armados en Yucatán en donde sobresalió la figura del Capitán Santiago Imán, quien al mando de un ejercito de indígenas mal armados y convencidos de luchar a cambio de la reducción de sus tributos y cargas militares, logran el triunfo sobre el gobierno centralista que desde el año de 1834 dominaba las tierras yucatecas.

Triunfante el sistema federalista, en julio de 1841 Yucatán se enarbola como región independiente del territorio mexicano, mientras el gobierno del Presidente Santa Anna no reconociese sus leyes particulares y su autonomía referente a su comercio y relación con Texas, en ese entonces recién adquirido por EEUU.

Sin embargo, Santa Anna exigió que los yucatecos reconocieran el gobierno mexicano y su Plan de Tacubaya que enarbolaba un gobierno centralista y rompieran sus relaciones con Texas, pero el gobierno yucateco decidió no ceder en sus prerrogativas y rechazaron la propuesta de Santa Anna, quien resolvió someter a la península por medio de las armas.

La invasión a Yucatán

Ante tal situación el gobernador de Yucatán Santiago Méndez, emitió disposiciones para resistir la invasión mexicana en Campeche, hacia la cual se dirigirían las fuerzas mexicanas. Primero fue la Villa del Carmen, luego Seyba Playa y posteriormente Campeche, las poblaciones donde las fuerzas militares mexicanas se asentaron.

Sin embargo, transcurrieron los meses de diciembre de 1842 y enero de 1843 sin que ninguno de los dos bandos obtuviera un triunfo contundente. Las fuerzas yucatecas carecían de los elementos necesarios para repeler completamente a los cerca de seis mil hombres que los asediaban y el ejercito mexicano era impotente para someterlos, sobre todo porque los yucatecos estaban decididos a defender sus convicciones e intereses, sobre todo porque contaban con el apoyo popular de la mayoría de la población.[1]

El desembarco en Telchac Puerto

Tras varios intentos infructuosos de tomar Campeche las tropas mexicanas decidieron ir sobre la capital Mérida a finales de marzo de 1843. Desembarcando desde el puerto de Telchac pretendieron desde ahí comenzar su intento de conquista hasta llegar a Mérida la capital.

Una de las primeras personas en dar noticia de la llegada de las tropas mexicanas al puerto de Telchac fue Julián Caamal, Juez 1° de Dzemul quien en 28 de marzo señalaba en su correspondencia:

“Serían como a las ocho de la noche cuando viendo que en el pueblo todo el cuerpo municipal se había ido a esconder, y que sólo me hallaba con seis ciudadanos y como el enemigo se halla en poca distancia de nosotros y sin ningún recurso, tuve a bien retirarme a distancia de una legua en la hacienda Gejel Oc. Y ahora que serán las seis de la mañana tuve a bien mandar al poblado a dos hombres a reconocer si podía haber y hallarse el enemigo, quienes al regreso dijeron que no había llegado a Dzemul y si permanecían en el puerto de Telchac. No habiéndome conformado mande a uno hasta el punto donde se hallaban, quien llegó a poca distancia de la entrada del puerto y reconoció que efectivamente ya tenían sus trincheras en la misma cuadra del C. Francisco Aguilar y que se hallaban con mucha gente y dos piezas de cañón. También se dice que el camino que se dirige para Motul tienen trincheras.”[2]

Al llegar la noticia a Mérida, el Coronel Sebastián López Llergo, que había llegado a la capital desde Campeche al conocer de los intentos de conquista de las tropas mexicanas desde el noreste de la península, tomó rumbo para el pueblo de Conkal, aumentando sus tropas con los voluntarios del Oriente, acaudillados por Don Vito Pacheco.

La ocupación de Telchac Pueblo

Inmediatamente continuó su marcha hacia el pueblo de Motul, en la cual supo que las tropas mexicanas al mando del General Matías de la Peña y Barragán habían abandonado el puerto de Telchac y ocupado el pueblo del mismo nombre, en donde permanecía aún, levantando algunos atrincheramientos. Entonces el Coronel López Llergo determinó también fortificarse en Motul, preparándose para la batalla.[3]

Para el 4 de abril, el Jefe Político del Partido José Luis Lavalle, informaba el inminente avance de las tropas mexicanas hacia el pueblo de Motul en un comunicado dirigido al Gobernador y a las autoridades militares del Estado:

En la madrugada del día de hoy, dirigió Don Manuel Sabido, mayordomo de la hacienda Chacdzidzib distante una legua del pueblo de Telchac, de la propiedad del Sr. Alcalde 1° de esta cabecera D, Victoriano Moreno, las noticias siguientes: En orden de las observaciones solo alcanzamos ver sobre la iglesia de Telchac las banderas de ayer, entre nueve y diez de la mañana, tres fusileros entre la medianía de Telchac y según los traquidos son ellos que están posiblemente baleando ganado… También he sabido que la entrada de los mexicanos a Telchac, aquel día fueron cuatrocientos y al otro día hasta el 3° y 4° se aumentaron a mil quinientos del cuyo a pie se hallan en el día y todas las noches vienen del puerto hasta la cerca del pueblo cien hombres a guarnecer el camino y estos se vuelven al puerto al amanecer”[4]

Los problemas de abastecimiento comenzaban a presentarse en Motul. Y aunque los pobladores del interior del estado, sobre todo del mismo partido, se apresuraban por apoyar a las tropas yucatecas, la situación se veía difícil.

El mismo Jefe Político de Motul, informaba que las existencias de maíz, frijol, ibes y arroz no eran suficientes para tres días de consumo, así para la población cuanto para el ejército. Y aunque se recibía también el apoyo de los hacendados del lugar todo esfuerzo era en vano ante la escasez ya notoria.[5]

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Gral. Sebastián López de Llergo

La evacuación de Motul

La caótica situación que vivía Motul dio como resultado la evacuación masiva de sus pobladores. Cientos de habitantes comenzaron su peregrinar hacia poblaciones circunvecinas, de preferencia lejos de la ruta obvia del enemigo que le interesaba atacar la ciudad de Mérida.

Los informes de esta evacuación son muy dramáticos: “Motul se quedo sin almas”, en clara alusión de que ningún habitante civil habría de quedarse a defender su patrimonio.

El 6 de abril se desprendió del campamento de las tropas mexicanas una fuerte columna de soldados que avanzó hasta el pueblo de Dzemul. Temiendo el coronel López Llergo que Peña y Barragán hubiese concebido apoderarse de la capital del Estado, levantó su campo de Motul y volvió a situarse en Conkal, entonces el general mexicano hizo replegar a Telchac el destacamento de las tropas mexicanas y enseguida ocupó con todas sus fuerzas a Motul, en donde no encontró resistencia de ninguna clase como tampoco halló recursos de ninguna naturaleza porque las tropas yucatecas los habían extraído antes de su salida, que coincidió con la de todos los habitantes del pueblo.[6]

La ocupación de Motul

Las tropas mexicanas sólo se conservaron en Motul por dos días, porque el 9 hizo salir una columna de quinientos hombres con dos piezas de artillería, que ocupó sin resistencia el pueblo de Tixkokob. López Llergo volvió entonces a levantar su campo de Conkal y se dirigió a Nolo desde donde atacó a las tropas enemigas desde tres direcciones distintas.

La batalla de Tixkokob

El fragor del enfrentamiento fue tal que los puntos mas céntricos de Tixkokob, como son las alturas de la Iglesia y de la Casa Municipal fueron los escenarios más sangrientos de la batalla. Las tropas yucatecas no pudieron conseguir su objetivo de ganar la plaza de Tixkokob, porque Peña y Barragán al enterarse del ataque destacó otra fuerza de Motul en auxilio de sus compañeros, replegando nuevamente al pueblo de Nolo a las tropas yucatecas.

En la noche del mismo día las fuerzas mexicanas acabaron de desocupar la población de Motul, y se concentraron todas en Tixkokob. Entonces el coronel López Llergo, temiendo que atacasen Mérida, emprendió su marcha para Conkal y luego regresó a la capital el día 11 de abril. [7]

Las tropas mexicanas entretanto, se movieron el día 12 con rumbo al pueblo de Tixpeual, pasando sin detenerse y siguió el camino real con rumbo  a Mérida, instalándose en la hacienda Pacabtún en la tarde del día 13 de abril.

 Contraespionaje

 Todo parecía listo para la gran batalla final y la ocupación de Mérida por parte de las tropas mexicanas. Sin embargo, un hecho cambiaría el rumbo de la historia. Una correspondencia interceptada por las tropas yucatecas entre Peña y Barragán y partidarios meridanos del centralismo, en donde pedían informes sobre la situación de las tropas que custodiaban la capital, dio pie a una acción de contraespionaje, tomando la decisión las autoridades de Mérida de contestarle exagerando el número de efectivos en la plaza informando que ascendía a 4 mil (cuando en realidad eran menos de la mitad) y en camino venían en su refuerzo “11 mil indios de los pueblos del oriente  y de la sierra, todos armados por su cuenta propia”.[8]

Ante estas noticias, Peña y Barragán reflexionó sobre su situación, tomando la decisión de presentar la bandera blanca ante sus enemigos yucatecos. Su rendición fue aceptada no sin antes solicitarle como primer paso situarse en el pueblo de Tixpeual.

La rendición centralista

Fue así como las tropas mexicanas capitularon en Tixpeual, cerca de Mérida, el 24 de abril de 1843, ordenándoles pasar al pueblo de Motul y luego Telchac para embarcarse hacia Tampico. Asimismo se nombraron comisionados que llegaron al acuerdo, entre otros, de reincorporar Yucatán a la república. Con este hecho, la población de Motul poco a poco comenzó a regresar al poblado.[9]

El 14 de diciembre de ese año convinieron la reanexión y otros puntos respecto al régimen interior, comercio, aranceles y demás asuntos necesarios para la continuación de la vida política y económica de Yucatán. Violaciones y desacuerdos hicieron de la reintegración del estado una ficción, y éste volvió a invocar la soberanía estatal, de modo que el 8 de diciembre de 1846 se produjo una rebelión en Campeche. La reintegración volvió a posponerse durante el conflicto contra los Estados Unidos.

Llegó un momento en que el gobierno estatal aceptó la reincorporación a la república sobre bases federalistas, siempre y cuando se respetaran los convenios de 1843. Pero el estado no participó en los conflictos de México con los Estados Unidos, ya que la posición de Campeche como puerto comercial importante lo hacía vulnerable a un enfrentamiento bélico. Por esto el 8 de diciembre de 1846 el Ayuntamiento se pronunció por el aplazamiento de la reincorporación, acontecimiento que finalmente tuvo efecto el 17 de agosto de 1848.

 

[6] Baranda, Joaquin. Recordaciones Históricas. Colección Barlovento. Tomo I. Ayuntamiento de Campeche,  Campeche, 1992. págs- 387-390.

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