La Voz de Motul

Editorial

MOTUL Y EL AZAR DE SU HISTORIA

Por: José Mauricio Dzul Sánchez

Fundada en tiempos prehispánicos en las leyendarias tierras mayas, se levantó orgulloso como muestra de su grandeza y señorial historia el Cacicazgo de Ceh Pech lugar donde ahora se ubica la Ciudad de Motul. Los anales históricos adjudican el origen de la población, como consumación de un largo período de reacomodamiento espacial de los habitantes mayas allá por el siglo XII de la era cristiana. Procedentes de la región de Sotuta, ubicada al sur de la península, comandados por Zac Mutul, su cacique o señor principal, sus gobernantes fueron del linaje de la familia Pech. Este sería el lugar que dominarían por centurias hasta que el poderío de los invasores, los conquistadores blancos, establecieran sus dominios en estas tierras.

Según la “Relación Histórico geográfica de la gobernación de Yucatán”, documento escrito en el siglo XVI, Motul, a la llegada de los españoles era gobernado por el cacique Naum Pech, descendiente directo de los primeros pobladores de esta región. Con la conquista, este pueblo fue dado en Encomienda a Francisco de Bracamonte, español que gozó de las prebendas tributarias a que estaban obligados los mayas. Como institución la Encomienda estaba obligada a convertir al cristianismo a todos los “idólatras”, pero en realidad, lo que en un principio se consideró como el camino más idóneo para su conquista espiritual, con el tiempo se convertiría en una institución explotadora de la mano de obra y la fuerza de trabajo de los mayas.

Asimismo, otro mecanismo de explotación hacia los mayas fue el Repartimiento, donde se obligaba a tributar cierta cantidad de productos manufacturados por los indios. En la tasación de tributos del pueblo de Motul del año de 1549 se consigna el grado de explotación al cual eran sometidos los mayas de este pueblo. Entre otras cosas refiere:

… Mandose a los naturales de dicho pueblo que siembren en cada año diez fanegas de maíz y dos de frijoles y lo beneficien, recojan y encierren en el dicho pueblo; que den cada año seiscientas cuarenta mantas de las que acostumbran dar y suelen valer a dos tomines; que den cada año cuatrocientas cincuenta gallinas de Castilla o de la tierra, de las que los indios quisieran dar; que den cada año veinticinco arrobas de cera y tres arrobas y media de miel y doce fanegas de sal. El cual dicho tributo han de dar en tres tercios del año de cuatro en cuatro meses. Y dándoles su encomendero bestias o carretas le traigan el tributo a la ciudad de Mérida. Que den seis indios de servicio para su casa.[1]

Desde los primeros años se estableció el Monasterio de Motul, cabecera de doctrina a cargo de los frailes franciscanos, teniendo bajo su jurisdicción los pueblos de Cacalchén, Muxupip, Tixcuncheil, Kiní, Ucí, Telchac y Dzemul. Su Parroquia sería encomendada a San Juan Bautista y no sería hasta muchos años más tarde que se veneraría a la Virgen del Carmen en la población.

El convento de Motul data del año de 1567, habiendo comenzado su construcción el P. Fr. Hernando o Fernando de Guevara, ocupando la parte sur del actual predio y se componía de una capilla abierta con su correspondiente ramada para los indios y sus anexos destinados para habitaciones de los misioneros. La siguiente construcción fue la Iglesia situado al norte de ella. En una relación que data de 1588 es descrita de la siguiente manera:

El convento cuya advocación es de San Juan Bautista está acabado con su claustro alto y bajo, dormitorios y celdas, hecho todo de cal y canto... la iglesia no estaba acabada, pero tenía levantadas ya las paredes de pie derecho. Hay un claustro alto, una sala en la que está el Santísimo Sacramento y abajo, un baptisterio muy vistoso con la puerta hacia el atrio donde está la capilla y ramada de los indios; el patio es encalado, con cuatro capillas a las esquinas, cercado por naranjos puestos por orden y concierto; la huerta del convento es muy buena con norias y de ellas se saca el agua que va encañada a una pila que está a la vuelta del patio, de donde la llevan las indias, moraban en aquel convento tres frailes...

Según la inscripción que se encuentra en la fachada, la iglesia fue concluida el día 2 de febrero del año de 1651, siendo su guardián P. Fr. José Narváez, después de un siglo de haber iniciado su construcción.[2]

 

Iglesia de la Ciudad de Motul, fotografía estimada de los años 30´s del siglo XX.

 

Aparte de las obligaciones hacia los encomenderos, los mayas habitantes de Motul debían ofrendar tributo a los religiosos. Así, para el año de 1663 la comarca entregaba limosnas a la Iglesia, el 24 de junio, día de San Juan Bautista; el 4 de octubre, advocación del pueblo; día de San Francisco; Pascua, Resurrección; 1 de noviembre día de Todos los Santos; día de Adviento, o sea, los cuatro domingos previos a Navidad; y en Pascua de Navidad.[3]

Si bien los españoles se enriquecieron a base de la explotación, al menos permitieron la reproducción social de los mayas, la recreación de su cultura milenaria, y sobre todo su religiosidad. Con el establecimiento de las repúblicas de indios, especie de cabildo que tenía como integrantes a los señores mayas con mayor prestigio del pueblo, su organización social se mantuvo intacta hasta bien entrado el siglo XIX. Asimismo, la Encomienda y los Repartimientos no impidieron que las representaciones simbólicas y religiosas se siguiesen realizando. Prueba de ello es la supervivencia de ritos, celebraciones, costumbres y leyendas que perduran hoy día pese al transcurrir de los siglos. Se trata de cuentos mil veces contados como el de “Batab Cazuela”, el “Way Tul” que habita en los parajes cercanos a Ucí y Kiní, o el misterio de los “aluxes” que rondan sueltos por los montes de Motul. Se incluye también la literatura urbana de las “novenas” cuya finalidad ha sido elevar rezos y ofrecer promesas a santos y vírgenes para fines específicos, así como los conocidos remedios de comer culebra con todo y los huesos para curar la sífilis, y otros tantos remedios que tienen su explicación en lo sobrenatural. Un pasado que estaría anclado, en lo maravilloso, en lo milagroso y en lo asombroso de la cultura maya.[4]

Hacia 1812, el pueblo de Motul pertenecía al Partido de la Costa, uno de los catorce partidos en que fue dividida la provincia de Yucatán desde las reformas implementadas por el gobierno español durante la etapa final de la Colonia[5], teniendo como cabecera política al pueblo de Izamal. Fue en esta época cuando se instaló el primer ayuntamiento, producto de la primera Constitución política promulgada en Cádiz, España. Tenía como “pueblos sujetos”, comparable a las comisarías actuales a Ucí, Kiní y Muxupip.

Según el censo de 1811, el más antiguo que se conserva en Yucatán, la población de Motul estaba dividida de la siguiente manera: tenía bajo su dependencia 14 haciendas, 20 ranchos de particulares, 31 rancherías con población indígena maya dispersas en los montes de su comarca y 14 estancias ganaderas. En lo que se refiere a la población, existían 2,555 indígenas y 1,443 entre españoles, criollos y mestizos haciendo un total de 3,998 habitantes. De estos, 1,519 eran solteros (as), 2,340 casados (as) y 139 viudos (as).[6]

Su economía se encontraba en transición, pues de ser productor principalmente de maíz, algodón, tabaco, y otros productos del campo, comenzaba a experimentar la trasformación agraria, cuya trascendencia convertiría a todo el noroeste de la península en el centro donde se establecerían las haciendas productoras de maíz y ganado, característicos de la primera mitad del siglo XIX.

Estas Haciendas Maicero-Ganaderas ganarían terreno a las tierras comunales de la población y con el tiempo configurarían el escenario rural de Yucatán. Pero sin lugar a dudas la región de Motul sería la más afectada. Se calcula que en la época de mayor auge de estas haciendas, alrededor del 75% de las tierras de esta región estuvieron ocupadas por hatos de ganados, sobresaliendo las Haciendas de Dziná propiedad de Luis Mendicutti que criaba 300 cabezas de ganado vacuno y 100 caballos, Kancabchén propiedad de Agustín González con 500 cabezas de ganado vacuno y 100 caballos y Kambul propiedad de María Asunción Lizama con 300 cabezas de ganado vacuno y 100 caballos. En base a la información de archivos históricos, solamente en el municipio de Motul existían alrededor de 100 unidades entre haciendas, ranchos y parajes. Durante esta expansión ganadera, cada una de estas haciendas tuvo como mínimo un cuarto de legua en terrenos para la cría de su ganado, equivalente a un kilómetro cuadrado.

La calidad de vida estaba lejos de lo que tradicionalmente se refiere. Los mayas, trabajaban para las haciendas en calidad de luneros, especie de arrendatarios de tierra, teniendo que pagar con su trabajo, generalmente los lunes a los hacendados. También tenían que pagar en especie, dos cargas de maíz (cada carga equivalente a 42 kilogramos) por cada mecate de maíz cultivado en tierras del patrón. Con este producto el hacendado se convertía también en comerciante de maíz pues llegaba a acumular hasta mil cargas de maíz en un año (4.2 toneladas de maíz). Pero los indígenas mayas seguían igual de pobres. En los pueblos sus habitantes dependían en gran medida del comercio que podían realizar con habitantes de las haciendas. Existían talabarteros, curtidores, comerciantes, artesanos, y muchos dependían de la incipiente industria casera de la fibra del henequén, en la fabricación de sacos y sogas.

En la rama de la educación, pocos podían asistir a una escuela, y es que aunque se creaban algunas cuantas para que pudiese asistir la población, pocos podían darse el lujo de que sus hijos no les ayudasen en las tareas diarias de sus labores o simplemente no se consideraba una prioridad, sobre todo porque la supervivencia familiar implicaba la utilización de todos los brazos disponibles. Precisamente, la primera escuela pública en el pueblo de Motul fue creada en 1812 ubicándola en un cuarto adjunto del ex convento del pueblo, escuela que ratificada en 1825, por la primera Constitución Estatal y sobreviviría por muchos años más. Aunque en un principio la educación era una tarea de los religiosos, en 1812 fueron instalados los primeros maestros laicos, con la denominación de Preceptores de Primeras Letras. El método de estudio era el denominado Lancasteriano, que funcionaba a través de la designación de alumnos más adelantados, que se ocupaban de conducir el aprendizaje de sus pares inferiores.[7]

En cuanto a la salud, las epidemias solían acosar con bastante frecuencia a la población, causando considerables muertes de las que nadie estaba exento de la posibilidad de contagio. Los libros parroquiales son una rica fuente de información en este sentido y reflejan las epidemias de cólera morbo que azotaron a la región de Motul en los años de 1804 y 1833. Se estima que ésta última causó la baja de la población en un porcentaje de 25%. Es decir de cada 100 habitantes, 25 murieron a causa de dicha enfermedad. La viruela, el sarampión, la disentería, la tisis y la pulmonía eran enfermedades que atacaban igualmente sin distinción a la población. No existía una cultura de la limpieza como hoy la conocemos. Precisamente fue durante la epidemia de 1833 cuando se comienza a aplicar con cierta regularidad el hervido del agua como una manera de combatir las infecciones.

En 1837 es transformada la división territorial de Yucatán, erigiendo a Motul como cabecera de partido, dependiente del distrito de Izamal. Los pueblos bajo la custodia del Subdelegado y Juez de Primera Instancia de Motul fueron: Mocochá, Baca, Tixcuncheil, Seyé, Dzemul, Ucí, Kiní, Yaxkukul, Hoctún, Nolo, Muxupip, Bokobá, Tixkokob, Euán, Cacalchén, Sinanché, Telchac y Ekmul, teniendo una población total de 32,370 habitantes en toda la comarca.[8]

Esta división territorial surgía en la época en que la lucha por el poder político se había incrustado hondamente en la población yucateca. Los bandos políticos Centralistas y Federalistas luchaban palmo a palmo por la supremacía política. Precisamente, el Capitán Santiago Imán, figura principal de la rebelión en contra del gobierno Centralista vivió y se casó en Motul, lugar donde tenía fincado sus intereses económicos.

Los enfrentamientos militares de estos años darían inicio a una época de incertidumbre e incluso este es el período conocido como el “Separatismo Yucateco”, debido sobre todo a que el Gobierno de Yucatán se proclamaba Federalista frente a un gobierno Centralista.[9] En el año de 1843, Yucatán se separa del gobierno mexicano y se erige por unos meses como un estado independiente razón por el cual ahora se le conoce como la “República de Yucatán”.

Para combatir estos intentos de separación de la nación mexicana, el gobierno central decide mandar a Yucatán a su ejército invadiendo la península por el puerto de Telchac. La confusión que causó este hecho, obligó a los habitantes de Motul, a abandonar la población yéndose a refugiar al pueblo de Tixkokob lugar desde el cual el Ayuntamiento de Motul organizó la defensa de su territorio. Las tropas mexicanas avanzaron hasta el pueblo de Telchac, tomaron camino a Dzemul y de ahí fueron a Motul, encontrando a muy pocas familias que se negaron a abandonar la población. En su camino a la capital, encontraron resistencia en el pueblo de Mocochá tomando camino hacia Tixkokob, siendo repelidos en el pueblo de Nolo. Con una severa falta de alimentos, y ante la deserción de muchos de sus soldados, las tropas mexicanas deciden rendirse y abandonar Yucatán, firmando un tratado de paz que garantizaba el respeto a las decisiones del gobierno mexicano. Poco tiempo después el gobernador entraría en pláticas para reincorporarse a la nación.[10]

Durante las guerras internas que asolaron a Yucatán entre los años de 1841 y 1848 se fue configurando un ambiente económico diferente en toda la región. Estas guerras inclusive intensificaron el movimiento de población que caracterizó por muchos siglos a la población maya, con el fin de hacer frente a las constricciones provocadas por las sequías, desgracia naturales, hambrunas, epidemias, etc. Según datos estadísticos, la población era muy propensa a la inmigración un hecho que si bien no era nada nuevo, causó un reacomodo demográfico bastante amplio en todo el Estado. Sabemos por los libros parroquiales, que inclusive Motul sufrió a causa de este reacomodo demográfico desde una época bastante temprana. Así por ejemplo, el historiador Leovigildo Tuyub ha documentado, que para fines del siglo XVIII, una docena de familias mayas emigraron de Motul para fundar y habitar el rancho Yaxcachalbac, hoy Molas, cercano a la ciudad de Mérida.

Para 1846, el pueblo de Motul, fue descrito por el jefe Político del Partido, como parte de un informe que presentó al gobierno. En él refería lo siguiente:

La casa pública (edificio municipal) consta de una sala amplia con los precisos muebles en la que celebra sus sesiones el Respetable Ayuntamiento, con un cuarto contiguo en el que se haya la secretaría y el archivo capitular con el correspondiente arreglo. Enseguida, al norte de dicha sala se hayan tres piezas para pasajeros, las dos sin la competente ventilación... Siguen el zaguán y a continuación dos piezas con su pasadizo que sirven de cárceles, pero sin seguridad, húmedas y obscuras... Después de las antedichas piezas se haya otra destinada al cacique y república de indígenas para la recaudación. Todo el frente de este edificio está vistosamente adornado con una hermosa galería que es muy útil para la venta de granos alimenticios, aunque los suelos requieren una reparación en forma. En el interior, en un espacioso patio se haya una casa de paja donde se depositan los útiles del servicio público de los indígenas, y en ella residen ordinariamente los sirvientes establecidos por elección anual con servicios a la Real Ordenanza de Intendentes[11] en la parte subsistente. En el mismo patio también se haya una extensa galería de paja destinada del mismo modo que las tres piezas anteriormente expresadas para pasajeros. Únicamente en el patio referido deben excavarse sumideros para el agua llovediza pues carece de conducto, causa porque en la estación lluviosa está el piso pantanoso e infecto.

Contiguo a la casa pública se haya al sur el cuartel del Batallón Tercero de Policía, el cual en la actualidad se está reformando y reedificando, costeándolo el señor Coronel del Cuerpo, ínterin resuelve la superioridad. Dicho cuartel consta de una hermosa galería que unida a la de la casa pública da vuelta de oriente a poniente hasta la capilla que se haya al final, tres piezas espaciosas para las tres compañías estatuidas (sic) en este pueblo, almacén, cuarto de oficiales, el de la banda, cuarto de prevención o arresto y otra para reos. Varios techos se están construyendo nuevamente por haber caído los antiguos o carecer de ellos en su totalidad, los suelos ventanas, puertas, etc. Todo ha sido construido de nuevo porque las que existían se hallaban inútiles. Este y el anterior edificio se hayan situados en la plaza principal al poniente, frente a la Iglesia Parroquial.

Al seguimiento de ésta, al sur, se haya establecida la escuela de primeras letras, cuyo local aunque pertenece a dicha Iglesia, más por sesión que han hecho los párrocos los posee el pueblo, a cuyo cargo ha sido su aseo y reparación. Consta de dos piezas de bóveda, dos cuartos interiores, un corredor y su patio.

El rastro Público situado dos cuadras y media al poniente de la plaza principal, está cercado de albarrada sencilla con su portada útil, la casa cobijada de paja y con embarro de tierra, está sobre un altozano[12] con suficiente comodidad para los abastecedores, con su encargado del local, el cual disfruta del pago mensual de cinco pesos de los fondos municipales. El abasto público se haya sujeto al reglamento municipal aprobado por el Real Ayuntamiento de 1836.

El cementerio extramuros se haya sin concluir por carencia de fondos, está situado al fin de la población al suroeste, tiene una cuarta parte sin terraplenar o embutir.

Los arbitrios municipales, impuestos sobre efectos de consumo, producen por remate 286 pesos anuales, poco más o menos. Estos se invierten en la paga de un secretario del Real Ayuntamiento con el sueldo mensual de quince pesos; el fiel encargado del rastro municipal con cinco, y dos pesos al mes al que corre con el cuidado de propagar el fluido vacuno, quedando un fondo mezquino para gastos de papel en elecciones y otros muy necesarios de pequeños reparos económicos en los edificios públicos.

La policía se haya en lo posible observada y arreglada a los bandos publicados con sujeción a la ley reglamentaria del gobierno interior de los pueblos. Con el producido de las mulas por infracción de ellos y el impuesto de un real por los sellos de medidas para el mercado, se ha conseguido haya una existencia de veinte y pico de pesos en la caja municipal, según las cuentas del año próximo pasado.

Como casi todas las tierras de la comprensión de este pueblo son de propiedad particular, no hay derecho de arrendamiento alguno que se haya ingresado en la caja.

Siendo el vecindario naturalmente laborioso y pacifico, no molesta a los jueces con sus querellas, causa por que son muy pocos los juicios verbales y de conciliación que se celebran, más los juzgados tienen sus libros o cuadernos arreglados a las leyes.

Tres preceptorías públicas de enseñanza primaria se hayan establecidas en esta cabecera, una con dotación de treinta pesos costeada por el erario y las otras dos por particulares. La primera se haya a cargo de preceptor titulado Don Miguel Mocoroa con cuarenta y nueve alumnos, de los cuales treinta y tres están en escritura, veinte y seis en aritmética y los demás en lectura. La segunda a cargo de Don Francisco Javier Vergara tiene cuarenta y tres alumnos de los que veinte y ocho están en escritura, quince en aritmética y los demás en lectura. El tercero y último establecimiento de educación es el de Doña Juana Palma, en el cual se hayan veinte niños de ambos sexos aprendiendo los primeros rudimentos de la doctrina cristiana por Ripalda[13] y principios de lectura.[14]

Por decreto del 10 de marzo de 1852, Motul es ascendido al rango de Villa. Pocos años antes había estallado la guerra social que estuvo a punto de aniquilar a la población. Indígenas contra blancos, parecían no tener piedad ante nada. Si bien el campo de batalla de la Guerra de Castas fue el oriente y sur de la península yucateca, Motul sufrió severamente las consecuencias de este hecho. El gobierno, tratando de prever un alzamiento de los mayas de la región central, tomaron prisioneros a los caciques y personas principales de los pueblos de Yaxkukul, Nolo, Tixkokob y Motul, y luego de un juicio sumario totalmente a modo, fueron fusilados como un aviso de lo que podría ocurrirle a aquellos mayas que intentasen unirse a la lucha. Aunque existe un documento en el AGEY que da cuenta del juicio que se les siguió a estas personas, existe la creencia que fue un expediente amañado, totalmente falso, que se creó para justificar el asesinato.

Ante la Guerra, la población se replegó hacia el Centro y Noroeste del Estado. Esta sería la zona que comenzaría a tener un despunte productivo inusitado y Motul sería figura central de este proceso.

Al principios de 1870, el panorama de Motul se encontraba en una fase de reacomodo. La mayoría de las haciendas maicero ganaderas habían desaparecido y comenzaban a surgir las primeras plantaciones de henequén, producto demandado a raíz de la mecanización de la agricultura en Estados Unidos. Un industrial estadounidense, Cyrus McCormick, había inventado la engavilladora de cereales que originalmente operaba con alambre para atar las cosechas, pero al alimentar a los animales, restos del metal solían provocarle daños, por lo que el alambre fue sustituido con cordel de henequén, el llamado binder twine, inocuo para el ganado e inmune al ataque de los insectos. Con el correr de los años, la producción henequenera sería la base de la economía de Yucatán y a la vez la causa de la desgracia de cientos de miles de campesinos mayas que se vieron acorralados ante la falta de montes para cultivar sus milpas, teniendo que incorporarse, a los cada día más grandes, planteles de henequén en calidad de jornaleros.

Este período de transición si bien trajo consigo una época de esplendor para la economía yucateca, también es recordado por la explotación intensiva de los trabajadores. La riqueza se concentró en unas cuantas manos que lograron amasar grandes fortunas, a la vez que se construyeron impresionantes cascos de hacienda en la región.

Para 1870, la consolidación de las haciendas era un hecho difícil de evitar. La mayoría de los mayas se encontraban acasillados, viviendo una vida semiesclava, trabajando 14 horas diarias en las plantaciones. Este reacomodo también causó una baja sensible en la población. Nuevas enfermedades aparecieron, como la pelagra, que incluso daño la salud mental de la población. En los documentos judiciales de la época, resguardados en los Archivos históricos, se consignan infinidad de expedientes de suicidio de gente que no soportaban los dolores causados por este mal, siendo el ahorcamiento, el camino más favorecido para dejar de sufrir sus penas.[15]

Asimismo, las plagas de langosta hicieron su aparición a manera de hecatombe, pues si bien estas existieron desde tiempos inmemoriales, tal parece que los mayas guardaban un equilibrio con la naturaleza, equilibrio que fue dañado por la creación de enormes extensiones de planteles que antes fueron montes. La historiadora Alejandra García Quintanilla, consigna que en la lengua maya, existe la palabra Ah Kimsah Kax que se refiere a los labradores, pero que traducido al castellano sería “el que mata al monte”. Esta es una clara muestra del gran respeto que los mayas tenían a la naturaleza, respeto que los hacendados perdieron ante la avaricia que la prosperidad del henequén les produjo. Por eso afirma que el daño también fue mental. Los campesinos ya no tendrían más tierras para sembrar maíz, cultivo sagrado que sus ancestros le habían heredado.[16]

 

[1] Quesada, Sergio. Los pies de la república. Los indios peninsulares, 1550-1750. Serie Historia de los pueblos indígenas de México, Ciesas-Ini. 1997, p. 195.

[2] Fernández, Justino. Catalogo de construcciones religiosas del Estado de Yucatán. Talleres Gráficos de la Nación. México, 1945. Tomo II. p. 439.

[3] Quesada, Sergio. Los pies de la república... p. 203. El autor toma como fuente el “expediente promovido por los religiosos de San Francisco de la provincia de Yucatán sobre que le confirmasen las actas celebradas en el capítulo provincial referentes a varios aprovechamientos de indios y limosnas y otras cosas”. AGI, Audiencia de México. Leg. 308. 1663,  ff. 59-60.

[4] Peniche Rivero, Piedad. “El misterio de los milagros y maravillas de Yucatán. Sobre el libro de Terry Rugeley: Of Wonders and Wise Men. Religion and popular Culture in Southeast México, 1800-1876.” En: Cuadernos del Sur. Año 7, Julio de 2002, Oaxaca, México, p. 71.

[5] En 1786 es promulgada la Real Ordenanza de Intendentes de la Nueva España, con la cual se inició el proceso de transformación de la administración Colonial. Esta etapa es conocida como “Reformas borbónicas” (1786-1812).

[6] Archivo General del Estado de Yucatán (AGEY) Fondo Colonial, Ramo Censos y Padrones. Caja 3, Vol. 2, Expediente 8, 1811.

[7] El método lancasteriano de enseñanza aplicado a partir del siglo XIX en todo México.

[8] Decreto del 24 de mayo de 1837. División territorial del Departamento de Yucatán. Colección de Leyes, Decretos, Ordenes y acuerdos. Alonzo Aznar Perez, 1840. Tomo II.

[9] El Federalismo proclamaba la autonomía de los poderes e instituciones de los estados miembros de la nación, mientras que el Centralismo propugnaba por una centralización del mando político e institucional.

[10] Baqueiro, Serapio. Ensayo Histórico sobre las revoluciones de Yucatán desde el año de 1840 hasta 1864. Edic. de la UADY, Mérida, Yucatán, 1990. Tomo I.

[11] Reglamentación publicada en 1786. Ver segunda parte.

[12] Monte de poca altura en terreno bajo:

[13] El Catecismo Ripalda fue escrito por el Padre Jerónimo Martínez de Ripalda en 1618, con el objetivo de poner al alcance de los niños las bases de la doctrina cristiana. Si tuviesen que jerarquizarse en orden de importancia los libros de texto utilizados en la historia de la educación en México, el catecismo del Padre Ripalda tendría que ocupar el primer lugar. Este texto fue utilizado no sólo para la enseñanza de la doctrina cristiana, sino también del español, el civismo y la lectura. Estuvo vigente hasta mediados del siglo XX.

[14] AGEY. Fondo Poder Ejecutivo, Sección: Gobernación, Serie: Jefatura, Caja: 62, Año: 1846.

[15] García Quintanilla, Alejandra: Zaatal: cuando los milperos perdieron el alma, una historia de los Mayas, Yucatán, 1880-1889. Tesis Doctoral, University of North Carolina at Chapel Hill, 1999.

[16] García Quintanilla, Alejandra. “El Dilema de Ah Kimsah Kax,’El que mata al. Monte’: Significados del monte entre los mayas milperos de Yucatán.” En: Mesoamérica, No. 39, 2000, Guatemala, pp. 255-285.

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