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La Voz de Motul

Editorial

CREENCIAS Y COSTUMBRES FUNERARIAS DE MOTUL.

VALERIO BUENFIL, CRONISTA DE MOTUL. COSTUMBRES Y CREENCIAS FUNERARIAS DE MOTUL Y SU REGIÓN. PUBLICADO EL 25 DE OCTUBRE DE 2009. 

“La mayoría de los motuleños le tenemos miedo a la muerte. Tienen miedo de agarrar y ver al difunto, por temor a que se los lleve. Los casos de mayor conmoción, son cuando se trata de menores de edad o en casos de accidentes inesperados. Aunque es un hecho natural e inevitable, sabemos que un día llegará a buscarnos” fueron las coincidencias a las que llegaron nuestros entrevistados Géner Aguilar, su esposa Marilín Ceballos propietarios del corporativo AGUICEB y los agentes funerarios Vicente Collí Balam e Isabel Tamayo Montalvo, quienes narraron en una entrevista exclusiva con el semanario, sus diferentes experiencias con relación al tema de la muerte y de las diferentes costumbres y creencias que existen al respecto en Motul y su región. Con su apoyo establecimos que las costumbres y creencias que más destacan son las populares que se practican en las comisarías, colonias populares de la ciudad y algunos municipios de la región como son Baca, Telchac Pueblo, Dzemul, Telchac Puerto, Cacalchén, etc. Mención aparte merecen las  que realizan las clases acomodadas de la ciudad de Motul.

 

Mausoleo de la familia Novelo 1894. Tiempos del auge henequenero.

Atrás los agentes funerarios: Pedro Pablo Flores, Doña Isabel Tamayo Montalvo, Luís Enrique Can y Vicente Collí Balam. Al frente Marilin Ceballos y Gener Aguilar Avilés.

El cadáver

Una de las primeras acciones es el aseo del cuerpo, sobre todo cuando el deceso fue por causas de accidentes y el cadáver se lastima o se despedaza, o cuando están en estado avanzado de descomposición. Se lava, se limpia o se trapea el cuerpo. Cuando las muertes son por enfermedades como la cirrosis o cuando tienen liquido en los pulmones, se les debe de taponear en las fosas nasales, oídos y boca, porque el líquido que tienen se les empieza a escurrir. En algunos casos se les maquilla. Se les amortaja con una sábana blanca “Se les hace “taquito” o “kodzito” como se envuelve a un bebé. Actualmente algunas cajas funerarias traen un sistema de sabanas laterales que cumplen esta función. Existen ocasiones en que los familiares temen la actitud morbosa de los dolientes y piden que se selle la caja para evitar que estén mirando al difunto. No todos los cadáveres se enfrían al momento, algunos conservan su calor y se les entierra “tibiecitos”. En Ucí cuando muere una persona, buscan una gallina negra y limpian el cadáver “pasándola varias veces sobre de él”, según esto para ahuyentar los malos espíritus. En el ochovario se sacrifica la gallina negra que limpió al cadáver y se la comen los familiares. En San Pedro Chacabal bajan hojas de laurel (bec) y las ponen dentro de la caja para aminorar el calor del ataúd. Se cuecen las hojas con el calor. En las ocasiones que un difunto tiene familiares fuera del estado o del país, se les embalsama. El costo actual oscila entre los $ 2, 500 a $ 3, 000 pesos.   

Vestiduras

La costumbre es vestir de blanco a los difuntos, con ropas nuevas, a las que se le quitan los botones y los cierres “los botones son de hueso de animal, es algo que no deben de utilizar en su peregrinar al otro  mundo”  dicen, por esta razón se les quita. En algunos casos, sobre todo de gente de escasos recursos, se busca entre las ropas existentes del difunto la más clara de color. Deben de vestirlo los conocidos y vecinos, no los familiares, porque se cree que “el difunto se los puede ir llevando de uno en uno”. No se les debe de poner ropa de algún familiar porque se cree que se pueden morir pronto. En Telchac Pueblo se les pone un cinturón de pabilo, al que se amarran cuentas como de un rosario. El cadáver se va descalzo, en algunas ocasiones se le ponen calcetines blancos en los pies y en las manos “para que los huesitos no se pierdan”. A un lado de la caja se le ponen los últimos zapatos que usaba. En algunas comisarías se les ponen algunas ropas a un lado de la caja.

Las tumbas se adornan a gusto, siendo algunas muy bellas moradas.

 

Las cajas

Las cajas comunes son de madera. Pueden ser especiales: metálicas o de cedro labrado. Existen diferentes tipos: la de cruz, la ochavada, la bóveda, la combinada y la económica que cuesta $ 900 pesos, si se le agrega el servicio funerario puede ascender a $ 1, 750 pesos, dependiendo de la distancia del lugar. Las cajas más caras son las labradas en cedro que pueden llegar a costar $ 17 mil pesos. La gente humilde usa la caja económica y las clases acomodadas prefieren la labrada en forma ochavada.

El velorio

La mayoría se realiza en los hogares familiares, sobre todo en los sectores populares y de las comisarías. Se estima que uno de cada 10 cadáveres es velado en la funeraria. La casa debe de acondicionarse para realizar el velorio. Se hacen a un lado los muebles o se acomodan en una habitación contigua, según el tamaño de la casa. Los espejos deben de taparse “se cree que los espíritus ahí se reflejan y se dan cuentan que están muertos y se angustian por ello”.  El cuerpo debe de ubicarse con su cabeza al poniente para que descanse “se les pone mirando la salida del sol, para que no se les pierda el camino”. En San Pedro Chacabal se le pone al difunto un hacha en el estomago y un poco de sal envuelta para que no se infle. Las personas acomodadas prefieren las ventajas profesionales de acudir a una agencia funeraria que les proporciona el servicio completo. Ahora existen salas de velación climatizadas con áreas de servicios y espera. Cuando se trata de difuntos ancianitos y tíos solterones, se dan casos en el que los dejan solos por largos ratos en el velorio. También se dan estos casos en gentes acomodadas, que suelen mostrar cierta indiferencia hacia el difunto. En algunas ocasiones se han quedado difuntos solos en la noche en la funeraria. Los mormones no aceptan el crucifijo en los velorios.

Rezos y plegarias

Capilla de la funeraria Aguilar.

Uno de los rituales en sahumar el cadáver con incienso. La velación consiste en los rezos, que coordina una rezadora de oficio que conoce el ritual de oraciones para despedir al difunto. Principalmente son las mujeres las que participan en los rosarios, las letanías quedan a cargo de la rezadora quien realiza las plegarias para pedir a Dios por el descanso del difunto. En familias católicas se organizan rosarios colectivos. Los varones por lo general salen a la puerta de las casas, los jardines, los patios o las áreas de servicio y platican diferentes temas sobre la vida del difunto, sobre todo recordando hazañas y anécdotas vividas con él. En algunos casos se les ponen 11 velas por las 11 vírgenes.

Las flores

Ramo de flores de la región que se venden en el mercado 20 de Noviembre de esta ciudad.

Las floristas Juanita Puch y Carmen Montero.

 

Las flores son por excelencia la ofrenda que se les tributa a los muertos. En las  comunidades y las personas de escasos recursos recurren a los jardines y a los patios de sus casas para recoger flores de la región: amor seco, x´puc, albahaca, ruda, dalias, rosas, tulipanes, claveles, mariposas, teresitas, flor de mayo, y con limonarias elaboran sus coronas. En el mercado 20 de noviembre existen dos floristas doña Carmen Montero y doña Juanita Puch que ofrecen un amplio servicio de flores, además de otras señoras que venden sobre la acera de enfrente del mercado. Las personas de clase acomodada compran coronas de pompones, gladiolas, claveles etc. Sus precios oscilan desde $ 200 pesos hasta $ 1,500 pesos. Se elaboran cruces florales del mismo tipo de flores, sus precios son desde $ 80 hasta $ 300 pesos y las portacajas que son más económicas desde $ 30 pesos.

La comida

moderna área de servicio de y cafetería de la funeraria Aguilar

La idea central de un velorio es despedir al difunto ofreciéndole sus gustos y aficiones, por esta razón en las clases populares es común que maten pavos, gallinas, cochinos o algún ganado para agasajar con comidas a los dolientes. Preparan relleno negro, frijol con puerco, chocolomo, puchero, etc. También le sirven su comida al difunto junto a su caja “para que se vayan comidos”. En algunas ocasiones se sirve licor que comparten discretamente entre los hombres, quienes después son los que cargan al cadáver en su viaje final. En las funerarias se ofrecen diversos servicios como café, galletas y refrescos.

Las energías

Algunos difuntos tienen diferentes energías, esto se refleja en el hecho que existen casos en los que el cadáver impide que se prendan los focos de los candeleros que incluye el servicio funerario “nos ha pasado. Llevamos focos nuevos y extensiones. Hacemos las conexiones y no prenden los focos de los candeleros. Pasamos a casa de un vecino para probar y ahí si prenden bien, regresamos nuevamente al sitio del velorio y sigue sin prender, esto nos ha pasado ya en varias ocasiones” afirmaron.

El duelo

La noticia de la muerte es la más dolorosa que reciben los familiares y amigos del difunto, son comunes los llantos, los gritos de dolor, y existen casos en los que las personas se desmayan y se enferman por el impacto de los sucesos. Algunas gentes tardan semanas, meses o años para reponerse y aceptar la muerte de un ser querido. Tardan en encontrar resignación.

La iglesia

A la entrada de la capilla de Santísimo existen lápidas de principios de fines del siglo XIX y principios del XX. En los años setentas se le dio mantenimiento a la iglesia y se retiraron todas las lápidas y tumbas de esta Capilla.

Banca mortuoria que se utilizaba en la iglesia San Juan Bautista de esta ciudad. La parte alta se orientaba al poniente “para que el difunto estuviera frente al altar, viendo el sol para encontrar su camino en la luz de Cristo”.

En Motul una de las ceremonias populares era el traslado a pie del cadáver hasta la Santa Iglesia Católica, donde se ofrecía una misa de cuerpo presente. Existía un banco inclinado que servía especialmente para asentar al difunto a la hora de la misa en la iglesia. Por distintas razones se cambiaron estas prácticas, ahora sólo en casos especiales un presbítero (padre) acude a dar el servicio final a los difuntos, por lo general los distintos ministros de la iglesia debidamente preparados realizan un ceremonial luctuoso. En Motul ya no se les lleva a la iglesia, salvo excepciones. En algunos municipios como Telchac Pueblo, Telchac Puerto, Baca, Dzemul y Cacalchén se conserva la bonita tradición de la misa de cuerpo presente y de llevar al difunto a la iglesia, antes del entierro final.

“Los muertos no se van solos”

Al final todos regresamos a nuestro origen “polvo eres y en polvo te convertirás”

Catacumbas de la iglesia de San Juan Bautista ubicadas debajo del altar. Al principio los católicos enterraban a sus difuntos en las iglesias.

En una ocasión, los sepultureros del cementerio general de la ciudad, afirmaron que “los muertos no se van solos. Casi siempre cuando se muere uno, empiezan a morir otros hasta tres o cuatro en promedio”. Conversamos con los agentes funerarios y con los propietarios del corporativo AGUICEB y confirmaron lo anterior “cuando recibimos una solicitud de servicio de un municipio, siempre siguen dos, tres o cuatro más, esto nos pasa siempre, nos hemos dado cuenta”, lo anterior ratifica la afirmación de que “los muertos no se van solos”.

Los servicios funerarios

En Motul contamos con los servicios que ofrece la funeraria Aguilar y el Manantial, así como de distintas florerías, entre ellas destacan florería Marilín y Casa Blanca.  Son varias las ventajas que se tienen al contratar un servicio profesional para enfrentar esos momentos, sobre todo porque los familiares se encuentran aturdidos y un agente funerario orienta y agiliza los trámites, que en algunos casos pueden ser tardados y costosos. Incluso existen seguros y formas de prepago para prevenir estos momentos. Una de las curiosidades que se han vivido, es que en varias ocasiones han llegado familiares a pagar los servicios funerarios para una persona de la cual se espera el deceso inminente; pero por diversas razones la persona no muere. Los familiares esperan, incluso varios meses, después van a la funeraria y retiran el servicio, se les devuelve el dinero y días después regresan para contratar nuevamente el servicio. Pareciera como que el pago los protege, esta es una casualidad que se ha tenido en varias ocasiones en la funeraria.

En un recuadro

Funeraria Aguilar ofrece el servicio con tres capillas.

Moderna capilla número uno, climatizada. Caja de madera de cedro de medio lecho.

Capilla número dos. Caja de madera de cedro con estampa de la virgen de Guadalupe.

Capilla número tres. Caja de astracán tipo bóveda.

Funerales oficiales

En Motul se han dado casos de ceremonias oficiales para despedir principalmente a los servidores públicos. Uno de esos casos fue con la inesperada muerte del Dr. Carlos Filemón Kúk, siendo alcalde de la ciudad, en esa ocasión se le llevó al palacio municipal y se le rindieron honores con la banda de guerra y se montaron guardias de honor por el cabildo y otras autoridades estatales.

Recientemente se tuvo la pérdida del Comandante Andrés Hernández Couoh. En esta ocasión fue la Comisión Nacional de Emergencia quien le rindió un tributo montando guardias de honor y con la banda de guerra se le acompañó hasta el cementerio. Antes del entierro se realizó el pase de lista tres veces y todo el personal de la citada agrupación contestaba presente, al final, la trompeta le tocó la marcha fúnebre y después se oyó el ulular de las sirenas.

El traslado

El cuerpo se le debe de mover siempre con los pies por delante. Antes en la ciudad el traslado se hacía a pie, cargado por sus familiares y amigos, de casa del difunto hasta la iglesia y de ahí hasta el cementerio. En los años ochentas (1980) se empezó a preferir el uso de la carroza, ahora este servicio se ha generalizado al grado que ya casi nadie carga a sus muertos. Las ventajas que ofrece la carroza es que lleva parte de las flores que recibe el difunto. Existe la costumbre de echar un cubo de agua en la calle cuando se le saca al cadáver de la casa en donde se le vela “para que no se quede el alma, se debe de limpiar el terreno”. En una ocasión, en el traslado de un difunto en Cacalchén se les pidió a los agentes funerarios que dejaran abiertas las puertas de la carroza “para que el espíritu pueda salir”. Advertidos los familiares del riesgo de que la caja se cayera, con apuros cuidaban el trayecto para que no se saliera de la carroza.

Las anécdotas 

Muchas son las anécdotas que existen sobre el tema. En una ocasión, en la muerte de un niño. Una mariposa volaba sobre el rostro de la madre y se le posaba encima del pecho. La señora por momentos trataba de quitarse la mariposa pero no podía, así estuvo durante todo el velorio. Al final, a la hora del entierro, cuando se iba a cerrar la caja, la mariposa se metió al féretro y por más que se hizo no se le encontró para sacarla, todos dijeron que era “el espíritu del niño”.

En un tiempo, un señor llegaba siempre a la funeraria y con muestras de dolor y aflicción daba el pésame a los familiares y amigos, lloraba y después se iba a servir lo que ofrecía la familia: comida, galletas, café, refrescos etc. De pronto los agentes funerarios fueron dándose cuenta que esa persona siempre llegaba cuando habían funerales, por lo que empezaron a observarlo, hasta que se dieron cuenta que se trataba de un farsante, que con tal de aprovechar los servicios que se ofrecían, simulaba ser un doliente, aún sin conocer al difunto y a los familiares, por supuesto, al darse cuenta de su engaño, le fue prohibida su entrada a la funeraria.

El entierro

Los sepultureros son los guardianes de nuestro ancestros. Ellos en alguna medida nos esperan un día para guiarnos en el viaje eterno.

Al final los familiares arrojan al ataúd: tierra, flores y agua bendita. Los segmentos populares en algunas ocasiones despiden con mariachis a sus difuntos, este fenómeno se nota especialmente en Muxupip. Las clases medias prefieren los tríos. Dicen que no se debe de llorar al despedirlo, porque el espíritu se acongoja por el sufrimiento de los familiares y amigos y no se va, se quedan y ya no descansan. Por otro lado existe la creencia de algunas personas que los familiares no deben de alzar el ataúd, porque corren riesgos de ser llevados por la muerte que ronda.

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