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La Voz de Motul

Editorial

BAR BUENFIL, UN RINCÓN PARA LA NOSTALGIA Y EL RECUERDO.

ARIEL AVILÉS MARÍN. 
Quien crea que una cantina es tan sólo un lugar en el que, alrededor de una mesa, un grupo de bohemios se da cita para compartir las libaciones de bebidas espirituosas, está en un error craso y tiene una muy corta visión de la realidad, o más bien, realidades en las que se forjan proyectos, se gesta la poesía, o se comparte en fraternal convivencia, las mieles de los triunfos deportivos. En todas las ciudades que poseen una tradición de arraigo, han existido y existen aún, cantinas entrañables que han llenado páginas de brillante historia de la trova, de la poesía y del deporte. Aquí en nuestra “Blanca Mérida”, la bautizada así por Claude Josef Desiré Charnay, ha habido tradicionales cantinas en las que verdaderas peñas sentaron sus reales; tal es el caso de las añoradas: El Bufete, El Chemulpo o el Chema’s Bar; otras conservan su vigencia y vena artística, como: El Foreing Club o El Gallito, y también está el caso singular de La Negrita, que con nuevo giro acorde a la vida actual, aglutina intelectuales y artistas. En las poblaciones del interior del Estado, también esta tradición sienta patente; así en Progreso tenemos a Mocambo; en Ticul, el Bar tu Hermana, que dio vida a la conocida frase: “Cuando vayas a Ticul, no te olvides de Tu Hermana”. Valladolid tiene La Joyita, sucesora de la antigua Joya; y así cada lugar tiene la o las suyas.
La “Perla de la Costa”, Motul, no es la excepción del caso; ahí encontramos cantinas de gran tradición como El Machete o El Taurino, y desde luego el Bar Buenfil, que funcionó ininterrumpidamente por 63 años y, hoy, ha dado un nuevo giro a su vida para asumir un papel de trascendencia para la cultura y la tradición beisbolística de la ciudad. Seguramente, con gran satisfacción, Don Celestino Buenfil y Escalante disfrutará ahora de mirar los muros de su bohemio rincón engalanados con los que fueron amigos entrañables de lides de “pelota” y cerveza, y que desde ahora y para siempre han sido inmortalizados en lo que desde hoy, es “Bar Buenfil”, cantina y museo del béisbol de Motul.
El miércoles 22, para conmemorar el CXLV aniversario de la erección de Motul en ciudad, el periodista, investigador y cronista Valerio Buenfil tuvo la gentileza de invitarnos al acto inaugural de un lugar que viene a presentar a la comunidad motuleña una propuesta novedosa: Un lugar público en el que, sin menoscabo de ninguno de los dos, puedan convivir el esparcimiento que provee el consumo de espirituosas libaciones, con un acercamiento a la cultura y a la memoria del deporte más popular de la ciudad cuna del “Mártir del Proletariado Nacional”, el béisbol.
El sitio, ya de suyo de profunda entraña popular y tradición (abrió sus puertas en 1952) se ve ahora enriquecido luciendo en sus viejos muros panorámicas fotografías de los asuntos más tradicionales de la práctica del béisbol en la ciudad y aún en la península. Históricas fotografías que con gran amor guardaron por años entrañables personajes del deporte motuleño, fueron rescatadas y amplificadas por el diligente Valerio, para dejar una constancia pública y objetiva de esas glorias del deporte.
En la ciudad de Motul decir: “Los Cardenales”, es tocar las fibras más sensibles de la entraña y la pasión por los domingos de pelota, cerveza y profunda convivencia humana, de esa que rompe barreras, que acerca a rivales y que allana todas las diferencias y divergencias que la vida cotidiana puede generar. ¡Ahí están, ahora y para siempre! El equipo de 1944, el promovido y financiado por Felipe Méndez, que inicia campaña y marca época en los pueblos circunvecinos. En sitio de honor, luce su sin igual presencia el equipo de los dos campeonatos de la antigua y recordada Liga Peninsular, los de 1945-1946 y 1948-1949, equipo promovido por el político más popular y carismático que ha tenido Motul, el inolvidable Mario H. Cuevas Solís, a quien se ve rodeado de los esforzados deportistas que escribieron con luz propia sus nombres en la historia del deporte yucateco. De aquel equipo, dos hermanos surgieron colosales para proyectarse al profesionalismo con los “Sultanes de Monterrey”, Herbé y Elías Montañez Jure, y llenaron de gloria deportiva el nombre de su natal Motul.
El evento tuvo momentos de gran emotividad; como el profundo y prolongado abrazo en el que se fundieron en el alegre reencuentro, el uno, es el béisbol yucateco mismo, nada más y nada menos que el inmortal “Coronel” Leonel Aldama, el otro, una gloria local de gran entraña, Benjamín Espadas Gómez; muy pronto se une a ellos otro sobreviviente del inolvidable equipo bicampeón, Mundo Ramírez Vera y con otro ilustre hijo de Motul, Renán Solís Avilés, recibieron los cuatro la sentida y prolongada ovación de todos los asistentes. Hizo falta un hombre, otro de los integrantes del equipo que contamos con nosotros, Herbé Rodríguez Abraham, el popularísimo “Bebo”.
La remembranza es obligada en el evento; se recuerda con gran cariño el antiguo campo, “La Alameda”, hoy luce en su centro la estatua de Felipe Carrillo Puerto. La creación en 1948 del Parque de Béisbol “José González Beytia”. “El primer home run ahí, lo anotó Ariel Montañez”, recuerda con entusiasmo Benjamín Espadas; “Es cierto, lo recuerdo”, tercia sonriente Leonel Aldama. Benjamín agrega: “Nuestro primer manager fue Roberto Ortega, ‘El Cepillo’, que era cubano como tú”, dice a Leonel con una amplia sonrisa; “luego vino Zenón Ochoa, que era veracruzano”, concluye. También se trajo a la memoria el equipo “Farmacia Modelo” que promovió Manuel Ramírez Vera, “El Lic”.
En el acto protocolario de inauguración, Valerio Buenfil expresó: “Motul tiene su fortaleza en su memoria, las antiguas cantinas eran verdaderas oficinas y centros de trabajo, de ahí salieron muchos proyectos, algunos de trascendencia social, estos patrimonios de gran tradición no hay que acabarlos, hay que transformarlos”, afirmó con gran seguridad. Por su parte, el alcalde Vicente Euán Andueza expresó: “Hay que reconocer a la familia Buenfil, tan plenamente identificada con el béisbol y ‘Los Cardenales’; rescatar una cantina tradicional y darle un giro para ser un atractivo, un espacio para esparcimiento y cultura, es una obra meritoria”, afirmó.
Salimos del Bar Buenfil con el corazón alegre del emotivo reencuentro de los antiguos deportistas y de constatar que el lugar de nuestras raíces tiene un nuevo centro de esparcimiento y cultura.
Publicado en el periódico Por Esto!

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