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La Voz de Motul

Editorial

Crónicas de Motul a mediados del siglo XX (III).

Por: Filiberto Chiyéan Chan

Materiales de caza y detonantes.- En este aspecto, estos comercios expendían: pólvora, municiones de distintos tamaños, fulminantes y cartuchos de diferentes calibres para la caza del venado cuya carne es apreciada hasta la presente fecha.

Para la detonación de explosivos se expendía libremente y sin permiso de la SEDENA como se exige actualmente. Los cartuchos de dinamita, fulminantes y mecha, mismos que servían para la construcción de los pozos “artesanos”. Para la construcción de estos pozos se comenzaba a excavar el piso haciendo un agujero de aproximadamente 1.20 metros de diámetro y cuando se encuentra laja, que es una roca muy dura, se comienza a picar con una barreta con golpes continuos, haciendo un agujero de 5 cm. de amplitud necesaria para que quepa un pedazo de cartucho de acuerdo a la intensidad de la fuerza de expansión para romper la laja.

Una vez colocada el cartucho, se pone el fulminante y la suficiente mecha, con una longitud de más o menos 1.50 metros, mientras más profundo se está haciendo el pozo, se requerirá más extensión de la mecha para encenderla y tener tiempo de salir del agujero, taparla con láminas antiguas, llantas y otros objetos pesados que resistan la explosión, hecho lo anterior, se alejaban del lugar de 10 a 15 metros y comienzan a gritar en voz alta ¡BOMBA!, para avisar a los que están cercanos al lugar, para que se resguarden. A los dos minutos se produce la explosión y en algunas ocasiones, las llantas, maderas, troncos y piedras son arrojados de 5 a 7 metros del lugar.

Varios de estos arriesgados artesanos perdieron la vida, porque no pudieron salir del pozo, por escatimar el largo de la mecha o cuando transcurrido el tiempo no se obtuvo la detonación; el pocero decide quitar, todo lo que está sobre la lámina y retirarla para ingresar al foso para investigar el por qué no se produjo la explosión, en ese instante ¡EXPLOTA! Así día tras día se sigue horadando la tierra hasta que llega al espejo de agua.

En Motul se obtiene el vital líquido a los 8 o 10 metros. Una vez concluido su trabajo el artesano se le hacía el brocal al pozo o muro de contención, y a los lados se ponían los “horcones” de madera, para soportar el travesaño en donde se amarra el carrillo para insertar en el canal la soga y amarrar el cubo e introducirlo al pozo y extraer el agua. Había cubos de diferentes tamaños, de los números 6, 8, 10, 12 y 14. El número 6 lo utilizaba un niño de 8 años. De estos pozos se obtenían el vital líquido para calmar nuestra sed, para preparar los alimentos, para la higiene corporal y de vestimenta.

No había agua potable en esa época. Había otro medio para proveerse de agua. En el centro las casas eran de mampostería y tenían un sistema de recolección de agua lluvia, en unos contenedores cilíndricos cuya base era de 2 metros de diámetro y una altura de 2.80 metros.

En construcciones grandes, como la escuela estatal “Roque Jacinto Campos” tienen una cisterna de aproximadamente 8 metros de largo por 4 metros de ancho y 2 metros de profundidad, en esos años se les conocía como “aljibes”. Considero que alguna de las construcciones grandes en esta ciudad, tenían este sistema de almacenamiento del agua lluvia además de la mencionada, “El Hotel Ambriz”, actualmente conocido como local del Carta Clara y el hotel de Gustavo “Chitín”Pérez.

La mayoría de la población que radicaba en el centro usaba el agua de lluvia para su consumo, pero otros vendían el contenido de sus depósitos a los “aguadores”, que a su vez expendían el líquido a domicilio por latas denominados “galones”.

Para transportar el agua usaban un contenedor de la misma medida que mencioné que tienen los domicilios del centro, pero más pequeño, eran de madera o latón y descansaban sobre una carreta tirada por un equino y salían por las principales calles de la ciudad. El agua de lluvia era muy apreciada por su sabor dulzón.

Los campesinos solían almacenar el agua de pozo, en su casa de huano y ponían una tinaja de barro en un rincón húmedo y tapado con una tabla rectangular o cuadrada de madera, que cubre la boca de la tinaja y encima una jícara embrocada, lista para satisfacer la sed de las personas que acudían a ella.

Explosivos menores.– Se consideran así a los voladores o cohetes que se utilizaba para llamar a la población o invitación para celebrar una reunión de carácter comunal, religiosa o política. También se utilizaba para celebrar el término de un acto religioso.

Para la celebración de las festividades religiosas de la Virgen del Carmen, que en esa época tenían una duración de 16 días. Después de cada novena que finalizaban a las 8 de la noche, se reventaban o explotaban de cinco a ocho docenas de “voladores explosivos” y dos o tres docenas de “voladores de luces”.

Igualmente se hacían explotar seiscientos metros de “Hilada” que cubría la periferia del parque principal y se extendía hasta topar a la calle 29A girar a la izquierda cien metros y girar a la izquierda nuevamente para terminar en las puertas de la iglesia.

Este material se expendía en este mismo establecimiento comercial y quienes las adquirían son los directivos de los diversos gremios ya fundados previamente, con normas establecidas para reunir los fondos necesarios, para solventar los gastos que se generan el día que les toque la procesión. En la “entrada” y “salida” de la misma.

Los siguientes eran los nombres de los gremios: Gremio Juvenil, Gremio de Señoras y Señoritas (1), Gremio Guadalupano Juvenil, Gremio de Mestizas (1), Gremio de Jornaleros y Labradores, Gremio de Conductores y Obreros, Gremio de Zapateros, Gremio de Panaderos, Gremio de Mecánicos, Gremio de Alarifes, Gremio de carpinteros, Gremio Mixto, Gremio de Abastecedores, gremio Esperanza y Caridad, Gremio de Señoras y Señoritas, Gremio de Mestizas (2), Gremio de Campesinos y Agricultores, Gremio de Agrupación Juvenil, Gremio del Símbolo de la Justicia Divina, Gremio de Mestizas de Paz y Unión, Gremio Católico Juvenil de Campesinos y Parcelarios, Gremio de Jóvenes, Señores y señoras, Gremio de la Unión de Jóvenes y niños, Gremio de Nuestra señora del Carmen y gremio de la Unión y Amistad de la Familia Mukul Castillo. Originalmente eran 16 gremios, al través del tiempo fueron aumentando, hasta llegar a los actuales.

Ferretería.- En este ramo se expendían clavos de diferentes pulgadas, tachuelas, martillos, alicates, desarmadores, serruchos, cubos de diferentes números, alambres de diferentes grosores, gas morado, gasolina blanca, carburo y grasa para ejes de carretas.

En el ramo de locería y cristalería solamente se expendían tazas, tazones, platos planos y hondos, vasos de vidrio barrilitos o cerveceros, y grandes horchateros y medianos, cucharas y tenedores, ollas de diferentes tamaños de peltre y aluminio y sartenes.

En el ramo de mercería se expendían: Agujas para coser la ropa de diferentes tamaños, hilos de diversos colores, telas de seda y algodón, encajes de bordados que servían para ser la orilla del fustán más conocido comúnmente como “justán” en la ropa típica de uso diario de las mestizas, cintas de variados colores de diez centímetros de ancho para confeccionar el lazo en la cabeza como uno de los atuendos del traje de terno, típico para las vaquerías. También se encontraba los arillos de madera para colocar el “Canevá” y la tela donde se hará el hilo contado más conocido como el vocablo maya “Xocbichuy”.

También había tijeras, alfileres de cabecita y de seguridad, peines, peinetas y marfil, para bajar los piojos. Igualmente durante el invierno se expendían los cobertores para combatir el frío. Cabe incluir en este ramo las planchas que tenían dos presentaciones. Una que se ponían directamente sobre el carbón, éstas eran más comunes porque eran más económicas y livianas y la otra presentación era la llamada “Plancha de Sastre”, era una plancha bastante pesada y su estructura permitía que se introdujera el carbón por lo tanto se mantiene siempre caliente, al contrario de las pequeñas que se enfriaban a los cinco o seis minutos y ponerlas sobre el carbón nuevamente, por esa razón una planchadora requería mínimo dos o tres planchas para que no se atrase el planchado. Obligadamente tenemos que informar que todas las prendas para planchar tienen que estar previamente almidonadas y antes de poner la plancha encima, se humedecían con un paño o rociándole agua con la mano. Con los pantalones de casimir se ponía una tela húmeda encima y sobre ella deslizaban la plancha. Habían dos tiendas que dedicaban en estos 4 ramos—ferretería, locería, cristalería y mercería. Una estaba ubicada en la calle 27 con la 28ª, que pertenecía a don Severiano Sánchez y el otro era de don Eduardo Barea, que estaba ubicada en la calle 29ª cerca de la farmacia del Químico Manuel Ramírez. El señor Barea, tenía —desde ese entonces—un sistema de recolección de energía eléctrica, en forma eólica, pues tenía en su patio una veletita, que al girar acumulaba energía en su acumulador. Este señor era el único que no llevaba su acumulador al molino de don Andrés Morales, para cargar dichos aparatos, recordemos que en esa época no había luz de día y los radios funcionaban con los acumuladores.

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