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La Voz de Motul

Editorial

Crónicas de Motul a mediados del siglo XX (VII)

Por: Filiberto Chiyéan Chan

PERSONAJES PINTORESCOS

En todos los pueblos, existen en todas las épocas personas que forman parte de la tradición  y costumbre, con una imagen muy peculiar de cada quien, pueden ser muy amables, groseros, chocantes o su vestir muy estrafalario  En nuestra ciudad existieron varias que a continuación relaciono.

Sara Abraham. Era una persona que ayudaba económicamente a comerciantes, políticos, hacendados, ganaderos y pequeños y grandes  parcelarios. Todos los días, estaba en los cafés, restaurantes, comercios, mercados, billares y hasta en las cantinas, ella no tenía pena de entrar en ellas, algunos pagaban lo convenido, otros solicitaban prórroga. Ella muy afable y correspondía a las sugerencias, pero todos le cumplían.

La Chata Borgoch.- Era un personaje semejante a la anterior, que la diferenciaba es que sus clientes eran de economía más baja que la anterior. Ella no ofrecía dinero, sino que vendía sus productos en abonos, cargaba uno o dos bultos en donde contenía todo lo que ella expendía: zapatos, para hombres y mujeres, calcetines, medias, vestidos, perfumes, artículos de belleza y un sinfín de cosas. Cobraba a su vez en todos los lugares. Tenía un vocabulario muy florido, especialmente para cobrar al sexo masculino, pero se medía cuando trataba con sus clientas.

La “Chingona”. Alicia Palma, comenzó a vender tortillas hechas a mano en el mercado, cerca de donde se expendía el pescado frito. Luego comenzó a vender “Cachitos” de la “Lotería Nacional”, que le proporcionaba don Francisco Pino, que le daba billetes. Don Ramón Gonzáles, corresponsal del “Diario del Sureste” también vendía billetes. Pero éstos, solamente lo compraban personas cuyos ingresos económicos, eran suficientes para adquirir 5 cachitos o al menos uno. En esos momentos tuvo bastante auge “La Bolita”, que la gente participaba con menor recurso económico y el número que deseaba apuntar; muchos sacaban premios menores desde luego de acuerdo a la cantidad que apostaban. A partir de este momento tuvo más venta de “La Bolita” que de la Lotería Nacional, aunque ella, continuaba vendiendo los cachitos. Ella fue muy popular entre los apostadores. Su sobrenombre lo obtuvo por herencia, porque su papá, tenía el apodo de “Chingón”.ç

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