fbpx

La Voz de Motul

Editorial

TESTIMONIO DE UN ESQUIZOFRÉNICO.

VALERIO BUENFIL, CRONISTA DE MOTUL. Martín Andueza(+)“Mono” es uno de los personajes pintorescos de la ciudad de Motul. Se le mira siempre deambulando por las calles, principalmente del centro, sobre todo en las noches y a media mañana, hora a la que sale como zombi, evidenciando padecer alteraciones nerviosas. Su aspecto desaliñado, su actitud cerrada y su rostro entumecido, despiertan las miradas a su paso. Algunos lo miran con cuidado y extrañados, otros que lo conocen le gritan su apodo “Mono”, que contesta casi siempre con una mirada o un ademán.  

Martín forma parte de nuestra vida cotidiana, su vida somos nosotros, sus vecinos, las calles del centro, la gente con la que convive. Con el propósito de comprenderlo, decidimos acercarnos a su mundo y lo invitamos a platicar. Martín “Mono” acudió puntual a la cita el jueves 10 de abril a las 6 de la tarde.

Afirmó que se llama Martín Hernani del Jesús Andueza Álvarez, tiene 50 años, nació el 15 de enero, sus padres son Miguel Hernani Andueza González y Rosalinda Álvarez Palma. Recordó que estudio hasta el tercer año de primaria en la escuela Roque Jacinto Campos. 

Cuestionado acerca de su salud relató que padece migraña, dolores fuertes de cabeza y prolongados insomnios que en algunas ocasiones le duran días. Siempre termina deambulando por la ciudad, algunas veces a media noche, otras al mediodía, soportando valientemente los fríos de la medianoche o el lacerante sol del mediodía, siempre vaga sin rumbo, sin un destino fijo, recibiendo o pidiendo apoyo de amigos y conocidos.

En la plática explicó que padece esquizofrenia ligera, que lo obliga a que lo internen en el hospital siquiátrico de una a dos veces por año. Por su enfermedad padece de alucinaciones, las paredes se le mueven, las chancletas lo corretean. Por su enfermedad se le dificulta tener un trabajo fijo. Se ocupa lavando coches cuando hay trabajo, pero muchos no lo ocupan por sus malas referencias. 

Su preocupación cotidiana es la comida para sobrevivir en casa de su madre, quien realiza prolongados viajes a Valladolid, su ciudad de origen, para visitar a su hija que ahí radica. Algunas veces participó en actividades políticas, en los tiempos de Feliciano Moo y Can. 

Su rutina comienza entre las 10 y las 11 de la mañana, le gusta desayunar huevos motuleños o salbutes. A mediodía le gusta comer media ración en el restaurante “D’ Nin” o en el parque donde comen los taxistas de la Liga Roja de Choferes. Después de comer queda libre para lo que caiga, lo que le inviten los amigos. 

Se lleva con todos, por lo que tiene muchos conocidos y amigos, cuando cae la tarde le gusta tomar las cervezas, se toma entre 6 y 8. El alcohol lo relaja y lo ayuda a dormir. No le gusta tomar licor. Por lo regular se duerme después de las 2 de la madrugada. Otro de sus vicios es el cigarro, sólo ocasionalmente consume mariguana, que también le sirve como relajante.

Martín actualmente está separado de su esposa, por su enfermedad en una de sus crisis la agredió “le pegué dos trompadas y una bofetada, me perdí, no sé porque lo hice” señaló. A causa de este problema fue demandado por su esposa, por lo que fue encarcelado y perdió sus derechos civiles y políticos. 

Tiene 4 hijos, 2 niños y dos niñas. El mayor es Martín, sólo con él tiene comunicación “es mi amigo, conversamos” afirmó. Sus dos hijas están lejos de su vida, no tiene contacto con ellas, y su hijo el menor estudia en Valladolid y casi no lo ve. 

Recordó que fue sietemesino y que nació con problemas de salud, por lo que debió de ser atendido en una escuela de educación especial, pero que por problemas familiares no recibió la atención adecuada. Tiene un tratamiento que le dan en el Hospital Siquiátrico. Una inyección cada 6 meses y una pastillas para el insomnio, pero estas lo aletargan “me achantan, me apendejan, parezco drogado, como un zombi, puedo dormir hasta 3 días” afirmó. 

Uno de los problemas serios que tiene, es que le suspendieron sus derechos civiles, por lo que se requiere hacer unas diligencias jurídicas ante el Juzgado Cuarto que le permitan recuperar su identificación oficial y poder darse de alta al Seguro Popular y tener derecho de atención en el hospital siquiátrico. Actualmente no está recibiendo la atención adecuada. 

Con su padre su trato es distante, porque él tiene que controlarlo cuando se altera, lo que provoca roces y resentimientos entre ambos. Lo internan de una a dos veces por año. Sabe que puede tener cura su mal y que existen libros que pueden ayudarle “Me gustaría hacer mi vida normal, no está bien que ustedes estén durmiendo y yo este paseando” reclamó; también le gustaría tener un trabajo para ayudar a sus hijos. 

Al final, la pregunta obligada, el cuestionamiento serio ¿Eres feliz? Respondió con una mirada fija, afirmando con la cabeza “ya aprendí a ser feliz así, vivo mi enfermedad y lucho por sobrellevarla, la vida se debe de disfrutar”, sentenció.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Social Media Auto Publish Powered By : XYZScripts.com
A %d blogueros les gusta esto: