La Voz de Motul

Editorial

EL HENEQUÉN.

IN MEMORIAM. AUTOR FILIBERTO CHIYÉAN CHAN. EL HENEQUÉN. EDITADO POR VALERIO BUENFIL, CRONISTA DE MOTUL.

Motul fue uno de los muchos municipios que dependieron del cultivo de henequén. Creo que solamente las personas que no son natas de Yucatán no conocen el henequén. Esta planta es un agave muy parecido al maguey de donde se obtiene el tequila. El henequén es conocido por los nativos desde la época maya y se le conocía con el nombre de “Ki” y de éste derivó el vocablo “Sosquil” con el que actualmente lo conocemos.

Esta planta tiene 18 años de vida: seis años de cuidado y crecimiento y doce años de explotación. Después de ello se saca el tronco —“Bo” palabra maya que significa tronco seco del henequén y se utilizaba como material de combustión— y se repone la planta con un vástago—“hijo del henequén”—. La explotación inicia desde el séptimo año de vida con el corte de las pencas luego los transportaban a las desfibradoras, hecho lo anterior, se llevaba el agave a los secadores y después preparar las pacas para llevarlo al puerto de Progreso y el resto se llevaba a las cordelerías de Mérida.

En los casos donde no había carreteras pavimentadas o el llamado camino blanco, se usaba el sistema de “Red Ferroviario Decauville” que consistía en vías férreas más angostas que las que usan los trenes. Sobre estas villas transitaban las plataformas que tenían ocho ruedas de hierro divididas en dos unidades de cuatro ruedas. Está plataforma tenía un largo de 6 metros y 1.60 metros de ancho tirada por dos equinos de preferencia mulas —animales híbridos resultado de la cruza de un caballo y una burra o un burro con una yegua —se transportaba hasta la población en donde hubieran carreteras o donde existía una estación de ferrocarril para trasladarlo al puerto de Progreso.

Este agave dio riqueza y renombre a Yucatán y a los hacendados dueños de fincas y haciendas con grandes extensiones de tierra. Este grupo de sátrapas se les conoció como la “Casta Divina” que eran dueños de las vidas de los indígenas mayas, esclavizándolos con jornadas diarias de dieciséis horas de trabajo mal pagado.

Los hacendados tenían la “Tienda de Raya” en donde les vendían a los trabajadores las mercancías que necesitaban para subsistir y que finalmente el esfuerzo de su trabajo de toda la semana no cubría su cuenta, de tal manera que aumentaba su deuda cada vez más. Así el peón no podía dejar el lugar e irse a trabajar en otro lugar. Una de las actividades execrables que realizaban los hacendados y su parentela, que realizaban con escarnio, es la conocida como el “Derecho de Pernada”, que consistía en que el patrón pase la primera noche con la recién casada, ante la furia e impotencia del novio.

Todos estos abusos cometidos por “La Casta Divina” eran comandados por el gobernador Olegario Molina Solís. Todo lo anterior se acabó con la llegada a Yucatán del general Salvador Alvarado, liberó a los indígenas de sus deudas y les otorgó la libertad para ir a trabajar en cualquier lugar del estado. Salvador Alvarado fundó las primeras escuelas rurales y las bibliotecas municipales.

Continuando con el auge del henequén, en la década de los 50’s, las pocas carreteras que habían, unían a la capital de Yucatán con los principales municipios productores del agave— entre ellas Motul—, estas vías de acceso eran frecuentemente transitadas por camiones de carga, una transportaba las pencas del henequén hacia las desfibradoras y otras transportaban las pacas de sosquil hacia la ciudad de Mérida para las cordelerías y otras para el puerto de Progreso para la exportación hacia el extranjero. El que esto escribe miraba con éxtasis el ir y venir de los camiones con su preciosa carga, me parecían como mariposas de variados y múltiples colores de primavera.

En los últimos años de los cincuentas e inicio de los sesentas comenzó la declinación del auge henequenero, debido a varios factores, entre ellos la aparición de la fibra sintética y de la venta de los vástagos a otros países como: África, Brasil, Cuba, Israel y la Florida. A principios de los sesenta comenzaron los signos de los estertores de la gloria del henequén y al final de esta misma década mostraba ya la evidencia del derrumbe de esta agroindustria: quiebra de varias instituciones, principalmente las cordelerías el transporte y el comercio, en pocas palabras todo dependía del henequén muy conocido como “El Oro Verde”. En 1991, bajo el gobierno de Dulce María Sauri y por indicaciones del presidente de la República Carlos Salinas de Gortari cerró “Cordemex”, concluyendo de esta manera la etapa más productiva y gloriosa de Yucatán.

Para conocer un poco más de la historia del “Oro Verde”, en la etapa postrevolucionaria, el General Lázaro Cárdenas del Río, Presidente de la República, en 1937, expropió las haciendas henequeneras—en el marco de la “Reforma Agraria”— a fin de crear el ejido henequenero en Yucatán, otorgando la propiedad de las tierras de cultivo, a los campesinos que las trabajaban. Cumpliendo así, el sueño de Emiliano Zapata: “La tierra es de quien la trabaja”. Los nuevos dueños del henequén, les vendían a los ex hacendados, para industrializarla, de esta manera se creó “Henequeneros de Yucatán” que comercializaban el henequén al extranjero. Pero los conflictos entre los que eran dueños, en contra de los que fueron su servidumbre, obligó al gobierno federal en 1955, disolver “Henequeneros de Yucatán”, para dar paso en 1961 a “Cordemex”, manejado por la federación.

Durante las primeras décadas, esta nueva institución, logró ser el complejo más grande y moderno del mundo, para la industrialización del henequén. Las instalaciones llegaron a ser 24 unidades fabriles: 20 desfibradoras dispersas en toda la zona henequenera y las demás dentro del “Complejo Fabril de Cordemex” ubicad en la salida de la carretera al puerto de Progreso. Una fábrica de hilos y jarcias, otra para producción de sacos y telas, otra para fabricar tapetes y recubrimientos de muros y la última para la obtención de esteroides—moléculas químicas usadas en la industria farmacéutica— extraída del jugo del henequén. Los productos fabricados fueron vendidos en todo el mundo y se vivió una corta época de auge, al lograr el 90% de la producción agrícola. Pero no se logró el objetivo principal de la empresa: mejorar la economía de la clase trabajadora, especialmente la campesina, que continuó marginada y sumida en la pobreza. Así pronto, los ingresos de la empresa no fueron suficientes, para cubrir económicamente al conjunto social que vivía de la agroindustria y el número de campesinos crecía, como consecuencia la actividad comercial, comenzó a declinar y las pérdidas fueron creciendo y acumulándose.

Pronto la orgullosa empresa henequenera “Cordemex”—producto del “Oro Verde de Yucatán”—, comenzó a recibir subsidios de la federación para subsistir. Después de aproximadamente 7 años recibiendo subsidios de la federación, ésta decidió no seguir enviando más recursos económicos a Cordemex y en el gobierno de Dulce María Sauri, cerró las puertas de esta empresa, por órdenes de Carlos Salinas de Gortari. Los siguientes fueron los directores de Cordemex—más que directores eran reyes, recibiendo sueldazos mensualmente, que cubría el sueldo de más de 1000 campesinos, viviendo en residencias palaciegas en el puerto de Progreso, que fue allí donde se fueron los recursos económicos de esta empresa, principalmente de los dos primeros: Miguel Olea Enríquez, Federico Río Seco Gutiérrez, Carlos Capetillo Campos, Rodolfo Menéndez Menéndez, Juan Duch Gary, Luis Felipe Riancho Segui y Raúl Torre Rodríguez.

A continuación: Países que cultivan henequén en el mundo:

Brasil 199, 322 toneladas, México 26,636, Kenia 25,000, Tanzania 23,500

Colombia 21, 498, Madagascar 17,000, China 16, 000, Cuba 11,700; y las siguientes con una cantidad más baja que la anterior: Haití, Nicaragua, Filipinas, Venezuela, Ecuador, El Salvador y Marruecos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Social Media Auto Publish Powered By : XYZScripts.com
A %d blogueros les gusta esto: