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La Voz de Motul

Editorial

“El primer arbolito de Navidad”

Un cuento de Navidad

Relato de una vivencia personal

 

La navidad época mágica en que la gente quiere estar rodeado de sus seres queridos y demostrar el afecto o el amor que se siente por ellos, también es la época en que se desarrollan sucesos que en muchas ocasiones nos dejan marcados para toda la vida,

Mi relato se desarrolla en el año de 1980, cuando apenas contaba con 20 años de edad, y es cuando la vida me dio la oportunidad de trabajar en un proyecto desarrollado por el gobierno de José López Portillo, llamado “Casa Escuela”.

El proyecto estaba enfocado a brindar la educación primaria a aquellos niños que vivían en comunidades muy apartadas y no tenían una escuela cercana para poder estudiar, y por consecuencia no tenían la oportunidad de recibir la educación más básica como lo es la primaria.

Para ello, se construyeron instalaciones en todo el país para que aquellos niños que estaban en esta situación, pudieran cursar su primaria en una escuela del poblado donde se instalaba, quedando internados con solo tres salidas al año, en Semana Santa, en vacaciones de verano y en Navidad. Durante el internado,  recibían todo lo indispensable como uniformes, alimentación, servicio médico, útiles escolares, etc.

En nuestro Estado las instalaciones se construyeron en la población de Maxcanú, y se trajeron niños de rancherías de varios municipios como Buctzotz, Dzilam, Tizimín, el sur del Estado y otros.

En tanto se construían las instalaciones, comenzaron a operar en tres casas rentadas en la población para albergar de manera temporal a los niños, dos fueron para niños y una para niñas, y donde quienes teníamos la responsabilidad de impartir talleres como en mi caso de agricultura, o  educación física y educación artística, apoyábamos a quienes fungían como tutores para tener la responsabilidad de cuidar un grupo.

Recuerdo muy bien la navidad de ese año ya que al llegar estas fechas y sabiendo que los niños saldrían de vacaciones  para retornar después de las fiestas decembrina, por lo que los tutores y maestros nos pusimos de acuerdo para adornar cada una de las casas y realizar un concurso entre los tres grupos.

El tutor con quien compartía la responsabilidad de la casa llamado Manuel Rodríguez, acordamos realizar todos los adornos con los niños y comprar solo los indispensable como luces, pero para lo demás solo los materiales y que los niños elaboren los adornos.

Es por ello que el primer sábado de diciembre, acompañado por un grupo de niño, subimos al cerro de “Las tres cruces” para encontrar un árbol que nos sirva como arbolito de navidad.

Caminamos y no hallábamos algo que pudiéramos utilizar, hasta que encontramos una matita de espinos muy bien formado pero que apenas medía unos 60 cm.de altura, la cortamos y encontramos otro de la misma especie con un buen tamaño pero sin la punta característica, pero al empatarlo formamos un bonito arbolito.

Al llegar a la casa todos los niños se pusieron a arreglarlo, amarramos la punta al cuerpo del árbol y le quitamos las poscas hojas que tenía el arbolito.

Con papel crepé picado como para elaborar piñatas, fueron forrando uno por uno cada gajo, trabajo muy laborioso que se llevaron varios días en acabarlo, pero que valió la pena ya que les quedó muy bonito y lo más importante, que lo sentían suyo ya que era de su creación.

Con cascaras de huevo y otros materiales construimos las esferas y fueron decorados por cada niño de acuerdo a su inspiración y gusto.

Arreglamos y adornamos la casa con cola de gato y las esferas que habían elaborado los niños.

Sin darme cuenta estaba a punto de vivir una de las experiencias más tiernas y conmovedoras de mi vida.

Al terminar de adornar, compre unas series de foquitos, aquellos que tenían una “Piña” de plástico transparente y eran un verdadero peligro cuando caían al suelo y por descuido los pisábamos, por que se clavaban en los pies y las colocamos.

Esa noche le dije al grupo que al regresar de cenar prenderíamos el arbolito. Al terminar la cena y de regreso a la casa, aquellos niños traviesos algunos inquietos en exceso como Israel a quien con justa razón le apodaban “El Kisín” que venía de una ranchería de Dzilam González, junto con su hermanito Goyito que era la otra cara de la moneda, un ángel, cariñoso, pequeñito, que cursaba el segundo grado, y que todo el personal se había encariñado con él.

Luis Alberto que venía de Chicxulub Pueblo, Eduardo de Buctzotz que tenía una preciosa voz y se pasaba los días cantando. Y todos los demás con aquellas caritas morenas propias de nuestra raza orgullosamente maya, todos ellos se sentaron en semicírculo al frente del árbol que se encontraba en una esquina de la casa y con una chimenea que habíamos construido con cartón.

Apagué las luces y conecté las del arbolito, en ese instante un  ¡Ahhhh! De asombro y emoción, después, el silencio fue sepulcral, el paso de una mosca se podía haber escuchado a lo lejos.

Aquellos traviesos e inquietos niños hicieron una tregua con su ímpetu e hiperactividad común en ellos y se quedaron mirando por vez primera un arbolito de navidad. Así se quedaron por más de una hora y tuve que llevarlos uno por uno a sus respectivas hamacas para que duerman ya que no se querían parar pues se encontraban embelesados por el impacto de ver por vez primera ese espectáculo de las luces que se encendían y apagaban y el arbolito que ellos habían elaborado.

Es cuando comprendí que aquellos niños jamás en su vida habían visto un arbolito adornado de esta forma así como los festejos de navidad era la primera vez que lo vivían.

La magia duró unos días hasta llegar la fecha en que sus padres vendrían por ellos.

En víspera de su partida, decidí comprar una piñata para romperla, pero todos me pidieron tirar los dulces ya que no se atrevían a romperla porque estaba muy bonita, es por ello que obedecí la sugerencia y tiré los dulces y para rematar sorteamos la piñata para que un afortunado se la lleve a su casa.

Esa fue una navidad que tanto un servidor como todos aquellos niños jamás olvidaremos.

El proyecto desapareció al cambiar el gobierno y es una verdadera lástima que no continuara porque de esa forma muchos niños tenían la oportunidad de tener una base educativa que les permita salir de la condición social en que se encontraban, cada quien siguió su camino por distintos rumbos.

Nos perdimos la pista y hoy día no sabemos cuál sea el rumbo que cada quién tomó, pero donde quiera que se encuentren deseo que sigan disfrutando con esa alegría y emoción que experimentaron al contemplar “El Primer Arbolito de Navidad.

FELIZ NAVIDAD Y UN PROSPERO AÑO 2018 PARA TODOS

 

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