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La Voz de Motul

Editorial

Judas Iscariote, el Traicionero

Personajes de la Pasión de Cristo

Sí, el que besó a Jesús y lo traicionó. Sí, el escogido por Cristo por amor para ser seguidor, compañero, apóstol de primera fila de Jesús. Sí, el que vio los milagros de Jesús y escuchó las palabras bondadosas y pacificadoras de Jesús y partió el pan de la mesa muchas veces con Jesús en la intimidad de un almuerzo. Contemplar la reacción de Cristo con este personaje polémico, nos ayuda a conocer la riqueza del ser humano. Judas se nos presenta de un modo en que lo violento y lo grotesco se juntan en el momento del arresto de Jesús. Es el primero de esta saga de 12 personajes.

Para algunas personas, Judas Iscariote es uno de los villanos más grandes de la historia y ha sido repudiado por el cristianismo, debido a la traición cometida contra Jesucristo al venderlo por 30 monedas de plata. Sin embargo, hay quienes consideran que  jugó un papel fundamental en la historia de la salvación ya que, sin él, Jesús de Nazaret no hubiera sido crucificado para resucitar al tercer día.

Judas Iscariote fue uno de los 12 Apóstoles de Jesús (Mateo 26:14,47; Marcos 14, 10,20; Juan 6, 71). Judas era el único de los apóstoles que no era de Galilea. Iscariote significa en hebreo “el hombre de Keriot”.  Fue elegido por Natanael para ser discípulo. Hijo de comerciantes, tenía su empresa pesquera por lo que lo nombraron tesorero de los doce, era buen pensador y tenía 30 años de edad. Se interesó por la predicación y la obra de Juan el Bautista. Sus padres eran saduceos (miembros de una secta de la aristocracia que negaban la inmortalidad del alma), y repudiaron a su hijo cuando se unió a los discípulos de Juan (Fuente: Evangelio de Judas. Evangelios apócrifos).

La traición a Jesús de este discípulo ofrece dos lecciones, informó el Papa Emérito Benedicto XVI en su audiencia general el día miércoles 18 de octubre del 2006: “Cristo respeta la libertad del ser humano y espera el arrepentimiento del pecador, pues es misericordioso. ¿Pero por qué traicionó a Jesús?. “Porque es un error pensar que el gran privilegio de vivir en compañía de Jesús es suficiente para que una persona sea santa. Hace falta responder a la gracia”, recalcó.

Para Jesucristo, Judas era una aventura de la fe. El Maestro comprendió plenamente desde el principio la debilidad de este apóstol y conocía muy bien los peligros de admitirlo con Él.  Ésta es precisamente la razón por la cual Jesús permitió que Judas continuara hasta el fin, haciendo siempre todo lo posible por transformar y salvar a este apóstol débil y confundido. Judas creció intelectualmente en cuanto a las enseñanzas de Jesús sobre el reino, pero no progresó en su espíritu.

Judas al no comprender las enseñanzas de Jesucristo por su soberbia sin límites, se dedicó a cavilar (pensar con insistencia y preocupación) cada vez más sobre sus desilusiones personales, y finalmente se convirtió en una víctima del resentimiento. Sus sentimientos habían sido heridos muchas veces al ser rechazado por su egoísmo; sus ideas malignas se desarrollaron hasta el día en que una mujer agradecida rompió un frasco de perfume caro sobre Jesús. Esto le pareció a Judas un despilfarro, y cuando fue rechazada su protesta en presencia de todos, aquello fue demasiado para él.  Con esto cristalizó toda su maldad.

Tal vez el drama de Judas fue éste: ¡poco a poco se fue distanciando del corazón de Jesús, y aunque estaba a dos o tres metros, físicamente, sin embargo, espiritualmente estaba a años luz, a muchas leguas de Jesús!. Y cuando uno enfría el amor a Cristo, comienza a crecer el egoísmo, abierto a disfrazado, que sólo piensa en sí mismo, sólo se busca a sí mismo, sólo está pendiente de sí mismo, sólo se ama a sí mismo.

Judas Iscariote entregó a Jesús por 30 monedas de plata (poco dinero en ese tiempo), fue acosado por el remordimiento, y las devolvio diciendo: “Pequé entregando sangre inocente”. Y después se alejó  para ahorcarse (Cf. Mateo 27,3-.

¿Pero porqué 30 monedas?. Treinta monedas de plata. Dentro de las leyes de Moisés, cuando el buey de una persona embestía a un esclavo, el dueño del animal debía pagar una compensación 30 siclos de plata al propietario del esclavo y luego matar al animal. ¡Treinta monedas!. ¡El precio de un esclavo!.

Judas no quiso abrirse al amor. Un amor que perdona, que hace el bien, que busca el bien, que no tiene en cuenta el mal, que vence el mal con el bien, que sabe darse sin medida a los demás, que nunca piensa en sí mismo, que está pendiente sólo del otro. Judas llevaba esa herida abierta, con pus. Una herida provocada por el egoísmo: sólo pensaba en sí mismo. Ese egoísmo le llevaba a alejarse de Jesús, a alejarse de los demás, a pensar sólo en su beneficio: ¿qué ganaré si sigo a Jesús?.

Por eso Judas no llegó a la traición de la noche a la mañana, sino progresivamente, poco a poco.  Alejándonos de la luz, vamos entrando en la oscuridad de la noche: “y era de noche”.  Alejándome del amor, voy entrando en el túnel del desamor y del odio: “a quién yo besa, ese es. Prendedle.  Alejándome de la paz, voy entrando en el espiral del remordimiento: “y a él, a Judas, le remordió la conciencia”.

Uno de los textos sagrados indica que Judas, lleno de remordimiento, se ahorcó y, por ello, al suicidarse rechazó la misericordia que Dios pone al alcance de todos los seres humanos, como fue el caso de Pedro, quien también traicionó a Cristo al negarlo en tres ocasiones, pero luego se arrepintió.

Ahora entendemos un poco más porque no le interesaron las 30 monedas de plata, el por qué se ahorcó, por qué no quiso abrirse al amor misericordioso de Jesús. No toleraba más los ojos dulces de Jesús. No aguantaba más esa voz tierna de Jesús. No soportaba más esas manos cariñosas de Jesús dispuestas a levantar al caído.

Texto: Jesús Hernán Puerto Simá

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