La Voz de Motul

Editorial

LA RELACIÓN DE MOTUL.

 

VALERIO BUENFIL, CRONISTA DE MOTUL. La Relación de Motul escrita por el Capitán Martín de Palomar.  

 

RELACIÓN DE MOTUL

 MARTÍN DE PALOMAR 

 

Relación del pueblo de Mutul (Motul), cabecera de doctrina donde está fundado un monasterio de religiosos de la orden de San Francisco, cuya advocación es de San Juan Bautista. En la ciudad de Mérida de las provincias y Gobernación de Yucatán, a veinte días del mes de febrero de mil y quinientos y ochenta y un años, el muy ilustre señor don Guillén de las Casas, Gobernador por Su Majestad en ellas, dio y entregó a mí, Martín de Palomar, vecino de esta dicha ciudad, una Institución y Memoria de las Relaciones de Su Majestad manda hacer para la descripción de las Indias, para que yo, en nombre de Francisco Bracamontes, residente de los reinos de Castilla, encomendero del pueblo de Mutul (Motul), respondiese a los capítulos de ella, y en su cumplimiento hice la respuesta y declaración de los capítulos de la dicha Memoria en presencia de don Juan Peche (Pech), cacique y Gobernador del dicho pueblo, y de Juan Qui y Domingo Xul y Francisco Euán, principales del dicho pueblo, en la manera siguiente:

11.- El dicho pueblo de Mutul (Motul) cae en los términos de esta ciudad de Mérida a siete leguas al nordeste, y está sujeto a la Justicia Mayor y Ordinaria que reside en ella. Este dicho pueblo es Cabecera de doctrina porque está fundado en el monasterio de religiosos de la orden del señor San Francisco, que doctrinan los naturales de este dicho pueblo y los demás de su guardia.

12.- Al dicho pueblo de Mutul (Motul), acuden a la doctrina siete pueblos de indios que caen en el contorno de él; el uno se llama Oqui (Ucí), que está un cuarto de legua a la parte norte, y Telchaque (Telchac), que está en el mismo derecho a dos leguas, y Quini (Kiní), una legua al noroeste, y en el mismo derecho esta Zemul (Dzemul), a dos leguas y media, y Tiscunchel (Tixkuncheil), a dos leguas y media al oeste, y Moxopipe (Muxuppipp), a una legua al suroeste, y Cacalchén, a dos leguas y media al sur. Los caminos de estos pueblos van haciendo algunas vueltas por la mucha piedra que por ellos hay; son las leguas como las comunes de España.

13.- Tomó este dicho pueblo el nombre de Mutul de un señor antiquísimo que le pobló, que se llamaba Zacmutul (Sac Mutul), que quiere decir hombre blanco. La lengua que hablan los naturales de él es la que común y generalmente hablan los naturales de estas provincias, que hablan maya, que se deriva de Mayapan, que era un asiento donde asistían unos señores que tuvieron antiguamente el dominio de toda esta tierra.

14.- El primer señor de este pueblo de Mutul tienen noticia los naturales de él que fue un Capitán que se llamaba Zacmutul (Sac Mutul), que quiere decir hombre blanco, como tengo referido. Éste vino con gente de hacia la parte de oriente a buscar dónde poblar, y no saben de dónde salió, pero que era un indio. Éste llegó al asiento donde este pueblo está y le pobló con su gente, y allí hizo su habitación y morada, y tuvieron el señorío él y sus descendientes ciento y cuarenta años, al cabo de los cuales vino contra el señor que entonces era del dicho pueblo de Mutul (Motul), otro señor y Capitán llamado Kaku Pacal (Kak u Pacal), con gente de guerra y le mató y despobló. Y al cabo de muchos años, otro señor y Capitán llamado Noh Cabal Peche (Nohcabal Pech), pariente muy cercano del gran señor de Mazapán, tornó a poblar con gente que consigo trajo el dicho pueblo de Mutul, y desde entonces tuvieron el señorío este Noh Cabal Peche (Nohcabal Pech) y sus descendientes.  Y el día de hoy es cacique y Gobernador del dicho pueblo don Juan Peche (Pech), descendiente de los Peches (Pech), antiguos.

El señorío que estos caciques y señores tenían sobre sus vasallos era tenerlos sujetos a su mandato para cuanto querían, y ellos les obedecían y guardaban sumo respeto, proveyéndolas de cuanto habían menester en tiempo de paz, y ayudándoles con sus personas en las guerras que querían hacer, sin darles por ello premio ni paga. Y el tributo que les daban era mentas de algodón, gallos, gallinas, maíz, miel y todas las demás cosas de mantenimiento y vestido, porque oro ni plata ni otra cosa de estima no la tenían; pero de todo lo que la tierra producía le daban al tal señor en reconocimiento de su señorío. En lo que toca a las adoraciones, tenían conocimiento de sólo un Dios que creó el cielo y la tierra y todas las cosas, y que su asiento era en el cielo, y que estuvieron un tiempo en conocimiento de este solo Dios, al cual tenían edificado templo con sacerdotes, a los cuales llevaban presentes y limosnas para que ellos lo ofreciesen a Dios, y esta manera de adoración tuvieron hasta que vino de fuera de esta tierra un gran señor con gente llamado Kukulcan, que él y su gente idolatraba, y de aquí comenzaron los de la tierra a idolatrar. Y por industria del demonio se dieron tanto a ello que para todas las cosas tenían ídolos, y adoraban en piedras y en árboles y barro y en figuras de hombres que fueron personas de valor, y les hacían sacrificio con sangre de hombres, aves y animales, sahumándoles con una resina de árboles llamados pom, que es como incienso. Y en fiestas principales sacrificaban a hombres, mujeres y niños, pidiendo favor y ayuda para la guerra, y que les diesen salud y buenos temporales y muchos mantenimientos, y que les alargasen la vida, y ventura en la caza y pesquerías. Tenían días señalados para ayunar, los cuales les señalaban sus sacerdotes, y aunque no ayunasen no comían más que una vez al día, pero el beber sus brebajes de atol, pozol (posol) y cacao, era muchas veces. Tuvieron noticia de la creación del primer hombre y que le hizo Dios de tierra, que se llamó Anom, y que después de hecho se le apareció delante una mujer con la cual se casó, y que de éstos procedió todo el género humano. Tenían bautismo y bautizábanse siendo muchachos de catorce o quince años, y no podían casarse hasta los 20 y habían de estar bautizados para casarlos, y si no lo estaban no los casaban. A las muchachas les ponían sus madres una piedra colorada atada en la cintura que les caían sobre sus vergüenzas, que era señal de ser vírgenes, y cuando las bautizaban les cortaban el hilo y les quitaban la piedra, y desde entonces quedaban para poder casar, y si no estaban doncellas no les daba el sacerdote bautismo. No hacían vida más de con una mujer, pero que livianas causas la dejaban y se casaban con otra, y había hombre que casaba diez y doce veces, y más y menos, y la misma libertad tenían las mujeres para dejar a sus maridos y tomar otros; pero la primera vez que se casaban era por mano de sacerdote.

15.- Los señores que gobernaban tenían cuidado de mandar hacer y reparar las casas de su pueblo, de que hiciesen sus sementeras de todas las cosas de mantenimientos y que a sus tiempos las labrasen y cultivasen. Castigaban los delitos de sus vasallos: a los homicidas daban la misma manera de muerte que a ellos habían dado; a los adúlteros castigaban con pena de muerte, a los cuales ponían en alto en parte pública donde pudiesen ser vistos de todos; a los ladrones, si no tenían con qué pagar el hurto, los vendían por esclavos y lo eran mientras no posibilidad para pagar lo que habían hurtado. Las averiguaciones hacía de plano con testigos, aunque tenían letras o caracteres con que se entendían, pero éstas no las enseñaban sino a los señores y a los sacerdotes. Tuvieron guerras con algunos pueblos comarcanos sobre las tierras y salinas y malos tratamientos que hacían a sus vasallos. Las armas ofensivas de que usaban en la guerra eran arcos y flechas, lanzas con puntas de pedernal y hondas con que tiraban piedras, y espadas de palo de dos filos y con punta, que hacían de un palo negro llamado chulul, durísimo como hueso, que tenía cinco palmos de largo y tres dedos de ancho, y del mismo palo hacían dagas de una tercia de largo con punta de pedernal. Para defensa llevaban un sayo de algodón colchado que los españoles llaman escuypil (iscahuipil), ceñidos, que les llegaban hasta la mitad del muslo, y rodelas de varillas fuertes atadas unas con otras, de dos haces, del tamaño de las nuestras, con manijas y guarnición de cuero de venado y tigre, y cuando salían a batalla aplazada se iban unos contra otros, y en estando a vista, hacían de su gente dos alas, la una al lado derecho y la otra al izquierdo, y en medio ponían un escuadrón de gente donde iba el señor y el sacerdote principal del templo, y con esta orden acometían a los enemigos y peleaban con ellos hasta vencer o ser vencidos. Y los que tomaban en la guerra los vendían y hacían esclavos y algunos sacrificaban a sus ídolos; otras veces juntaban gente y daban de repente en un pueblo hiriendo y matando, prendiendo los que podían, y robándoles las casas, y con la presa que hacían se iban, y así cuando llegaban la gente del pueblo se había ausentado, poniánles fuego a las casas y volvíanse. El hábito que traían antiguamente los señores eran unas camisetas sin mangas y en las muñecas de los brazos revueltas unas sartas de cuentas de piedras coloradas, y en los pies unas plantillas de cuero de venado, y otros los traían de henequén, que es como cáñamo, con unos torzales que pasaban por entre los dedos y otros que salían del talón y venían a atarse a la garganta del pie. Cubríanse en lugar de capa con unas mantas cuadradas de una braza, tejidas de hilo de algodón, blancas y de colores anudadas sobre el hombro, y en la cabeza una venda de papel que hacían de la corteza de un árbol llamado copo (kopo´), cortado el cabello desde la frente hasta la mitad de la cabeza, y todo lo demás lo dejaban crecer como cabello de mujer, trenzado con una cinta de hilo de algodón blanco y de colores, tejida con pluma. Traían cubiertas sus vergüenzas con una venda de manta de un jeme de ancho, con la cual se ceñían por la cintura y daba vuelta por entre las piernas de manera que les cubriese, los cabos de esta tira quedaban colgando por delante y por detrás; la gente común no traía camisetas ni las demás cosas de gala y ornamento, sino a la llana. Las mujeres andaban cubiertas desde la cintura hasta media pierna con una manta de hilo de colores, y con unas camisetas sin mangas que les llegaban hasta la boca del estómago se cubrían los pechos y espaldas; también traían zarcillos en las orejas y anillos en los dedos de un metal como azófar traído de fuera de la tierra, y criaban cabellos muy largos y preciábanse de tenerlos muy negros. Labrábanse  los hombres el cuerpo, brazos, piernas y el rostro, cada uno como quería, porque cuando se labraban eran ya hombres de más de veinticinco años, y las mujeres no se labraban sino los pechos y brazos. El hábito que ahora traen los indios es camisetas y zaragüelles y alpargatas y sombrero, cubiertos con una manta cuadrada de una braza con un nudo al hombro, y algunos señores y caciques andan vestidos como españoles, pero ninguno trae calzas atacadas, sino zaragüelles, medias o botas, y andaban a caballo. Las mujeres traen una camiseta sin mangas que les llega hasta la rodilla, que se llama guaypil (huipil), vocablo de México, y debajo unas naguas o faldellín de manta de muchos colores, que les cubre desde la cintura hasta los pies; el cabello trenzado con un hilo de la lana teñido de colores que se llama tuchumite (tochomit). El mantenimiento de que usaban antiguamente es el que ahora usan, que es pan de maíz y frijoles y chile y carne de gallinas, pavas, venados, conejos, pescados e iguanas y otras de carne y frutas que hay en la tierra. Vivían antiguamente más sanos y habían indios más viejos que ahora; entiéndese que por vivir entonces con más libertad y conforme a su natural y costumbres, porque los señores que tenían dominio sobre ellos eran de ellos mismos y vivían todos a un modo y érales lícito en aquella sazón muchas cosas contra razón, cristiandad y buena orden, lo cual en la era presente no se les permite. Usaban de un vino que hacían de agua y miel y de cortezas y raíces de árboles, muy purgativo, lo cual bebían muy de ordinario y les causaba sanidad. Evítaseles el beberlo, porque cuando lo bebían era juntándose muchos y haciendo ritos y ceremonias, cantos y bailes de idolatría.

16.- El sitio y asiento de este pueblo de Motul es llano, en tierra descombrada, de pocos montes, pero muy pedregoso. El agua que beben es de pozos, que están a cinco y a seis brazas.

17.- El asiento de dicho pueblo es sano y alegre, tiene quinientos vecinos y casi se está el día de hoy en el mismo ser en que estaba cuando los españoles entraron a conquistar esta tierra. Las enfermedades ordinarias que en él hay son calenturas, cámaras de sangre, lamparones y ahogamiento de pecho, que les procede bañarse, y antiguamente había entre ellos las mismas enfermedades y otras. Y para e remedio de ellas usan de sangrías y aplican yerbas que tienen por provechosas para semejantes efectos, y están tan acostumbrados a bañarse que con cualquier suerte de enfermedad que tengan se bañan, que es causa de morirse muchos.

22.- Los árboles silvestres que hay en los montes de dicho pueblo son los que comúnmente hay en esta tierra, que son cedros que se llaman kuche (k´uche´), que huele bien, y chulul y zubinche (subinche´), que son palos negros, y chacte (chakte´), abin (ha´bin), chacutun (chaktun), y eche (?), que son colorados, y canche (kanche´), que es palo amarillo, y canchunub (k´anchunup), bohon (bohom), y axnic (ya´axnik), que son palos que tienen la madera blanca; también hay árboles de guano, que llaman los indios xan, que son las hojas con que los indios cubren sus casas; también hay grandes ceibas que llaman los naturales yaxche (ya´axche´), que quiere decir palo verde, y sirven sólo de sombra.

23.- Los árboles de frutas son anonas, chicos zapotes, culumuy (ts´almuy), conche (kanche´), canizte (k´aniste´), cat (kat), kopte (k´opte´), mamey, ciruela, aguacate, ox, bec (bek), piche (pich), pitahaya, cocoyol (coyol), guayam (wayam), quinim (kinim), chi (chi´), los cuales se dan generalmente así en montes como cultivándolos, de todas las cuales dichas frutas y de su parecer y gusto yo hice relación general por esta ciudad de Mérida, a la cual me remito por evitar prolijidad.

24.- El grano más principal en este pueblo y en todas las provincias es el maíz, el cual se da muy bien en todas partes, y habiendo buenos temporales se coge una gran abundancia; hay otro grano, que los indios llaman bul (bu´ul), y los españoles frijoles, de muchas suertes semejantes a las habas; hay chile en mucha cantidad, calabazas, jícamas, batatas, chayas y algunas raíces que llaman cup bez (kup bez), isluch (ixluch), chi chimchay (ch´inch´in chay) y otras semejantes, que en tiempo de esterilidad sirven de sustento a los naturales.

25.- En el dicho pueblo de Motul hay muchas yerbas medicinales de mucha virtud, en especial una que llaman cantunbus (k´antunbub), y los españoles escorzonera, y generalmente las hay en esta tierra; echa la flor como flor de manzanilla de España; el zumo de esta hierba restriñe la sangre de cualquier herida y la sana en muy breve tiempo, y el agua de ella sacada por alquitara o cociéndola refresca el hígado, purga el estómago y hace otros efectos de gran virtud. Hay una raíz que llaman cabal haw (kabalhaw), que es buena para quitar las calenturas y es contra veneno; también hay otras hierbas para las almorranas, para quitar hinchazones, para mal de ojo, dolor de cabeza, para llagas y para otras enfermedades, de las cuales usan los naturales, y también las hay venenosas y dañosas.

27.- Hay leones pardos, tigres, gatos monteses y otro animal que llaman los indios ah cab kob (ahkab koh), que son como onzas, y otros que llaman chamac (ch´omak), que es como un grato gato, y también hay otra suerte de animales incógnitos. Asimismo, crían en sus casas perros naturales de la tierra, que no muerdan ni ladran, y los comen los indios y los tienen por mucho regalo; también crían perros de Castilla y los comen. Las aves que se crían por los montes son pavas y perdices, que difieren algo de las de España; también hay codornices en mucha cantidad, tordos picazas y papagayos de dos o tres suertes, y algunos pequeños como gorriones, y otras suertes de pájaros de poco momento; crían en sus casas mucha cantidad de gallinas de la tierra, que son como pavas, y también crían gallinas de Castilla, que se dan muy bien y en grandísima cantidad, más que en otra ninguna parte; también crían patos de dos o tres suertes, naturales de esta tierra y de fuera de ella, y se aprovechan de solamente la pluma para sus vestidos.

30.- Cinco leguas de este pueblo de Mutul (Motul) al norte es donde más cerca le cae la costa y playa de la mar, que es puerto de este pueblo, y desde Telchaque (Telchac)  y en toda la costa hay salinas, donde se cría mucha cantidad de sal, de donde los naturales de este pueblo y de otras partes se proveen porque es común a todos.

31.- Las casas de los naturales de este pueblo son de madera, cubiertas de paja, y todas son de aposentos bajos, cubiertas a dos aguas, como tejado, y en ellas viven más que sanos que no en las de piedra, y a esta causa no se han dado a hacerlas de piedra si no son los caciques, que las tienen más por autoridad que porque se hallen bien en ellas.

33.- Los tratos y contrataciones y granjerías que hay entre los naturales y españoles son mantas de algodón, cera y miel y sal y otras cosas de mantenimiento que venden unos a otros, y en cacao que se trae de la provincia de Tabasco y de Honduras; y de la Nueva España se trae  un género de mercadería que se llama tuchumite (tochomit), que es hilo de lana teñido de colores, de lo cual matizan sus vestidos así hombres como mujeres, y son a ello muy aficionados. Los tributos que pagan a Su Majestad y a los encomenderos los naturales de este pueblo y de toda esta tierra son mantas y cera, maíz, gallinas, chile y frijoles, y miel que hay y se da generalmente en todas estas provincias.

34.- La diócesis de este pueblo está en este Obispado de Yucatán, y este dicho pueblo, según tengo referido, es cabecera de doctrina de religiosos de la orden de San Francisco.

35.- La iglesia catedral de este Obispado está fundada en esta ciudad de Mérida, siete leguas de dicho pueblo de Motul. Martín de Palomar. Don Juan Pech. Juan Cumci de Landa (rúbricas).

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