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La Voz de Motul

Editorial

El suicidio y la Misericordia Divina

Lo humano nos confunde, Dios nos fortalece

Complicado y doloroso, el suicidio siempre plantea grandes interrogantes y un profundo pesar. ¿Qué ocurre con el alma de quienes se suicidan?.

El suicidio es una realidad terrible de la cual el mundo parece no poder escapar, y con el que tristemente nuestro municipio de Motul ocupa el primer lugar a nivel nacional.

Suicidio significa: el acto o la ocasión de quitarse la vida uno mismo en forma voluntaria e intencional. Donde terminan las posibilidades del hombre comienzan las posibilidades de Dios. Quien se suicida niega voluntariamente la intervención de Dios en su vida, atentando contra el Quinto Mandamiento: NO MATARÁS.

El suicidio es causado por el egoísmo, el dolor, la desesperación y que al final, causa dolor. A través de él se busca una salida equivocada a los problemas que uno pueda tener sean de la gravedad que sean.
Hay una gran diferencia entre un pecador que tiene la oportunidad de reconciliarse con Dios, y un pecador que cierra todas las puertas. Al cerrarse a Dios, la única salida que le queda ampliamente abierta es la “garganta del diablo” que se llama suicidio.

Sin duda la falta de valores, están afectando la vida de muchos niños, jóvenes y adultos. La institución familiar parece desintegrarse cada vez más pronto y se tambalea frente a tantos ataques de la sociedad consumista sin que ésta se dé cuenta de que al terminar con la familia, se aniquila a sí misma, pues termina con su inicio la sociedad doméstica y con el ser humano.

“El suicidio contradice la inclinación natural del ser humano a conservar y perpetuar su vida. Es gravemente contrario al justo amor de sí mismo. Ofende también al amor del prójimo porque rompe injustamente los lazos de solidaridad familiar, nacional y humana con las cuales estamos obligados. El suicidio es contrario al amor del Dios vivo”, Catecismo de la Iglesia Católica no. 2281.

La persona que se suicida normalmente piensa que Dios es injusto al hacerle pasar por la crisis que está enfrentando, pero no es así. La prueba, el sufrimiento, es algo que está bajo el control de Dios. Después de la tormenta viene la calma. Después de la noche siempre viene el día. Pero si una persona se suicida desconfía de esta promesa, y pensando que siempre va a estar en esa situación, termina quitándose la vida.

¿Porqué lo hizo?, ¿cómo no me di cuenta?, ¿ya no hay esperanza, se condenó?. Desde el punto de vista de la fe, la Misericordia de Dios tiene sus caminos, no podemos querer aplicar criterios humanos. Para Dios no hay tiempo y El sabe que una persona puede encontrarse con la Salvación en cualquier momento, incluso en el lapso de tiempo en el que “cae del puente”. Por lo que los que nos quedamos aquí, sufriendo la pérdida del ser amado, no debemos perder la fe, ni la esperanza y debemos orar y ofrecer el inmenso dolor de la pérdida porque Dios manifieste su misericordia.

¿Va al cielo, o al infierno?. “No se debe desesperar de la salvación eterna de aquellas personas que se han dado muerte. Dios puede haberles facilitado por caminos que El sólo conoce la ocasión de un arrepentimiento salvador. La Iglesia ora por las personas que han atentado contra su vida”, Catecismo de la Iglesia Católica, no. 2283.

La salvación para cualquier persona descansa sobre la obra completa y perfecta de Jesucristo en la cruz, no sobre el hecho de no cometer jamás algo que Dios ha catalogado como pecado. El suicidarse no nos condena de por sí al castigo eterno, más que cualquier otro pecado por el cual no hayamos pedido perdón en el momento de morir físicamente (Cf Rm 8,1,37–39).

“Para Dios no existe pasado, presente ni futuro, pues está al margen del tiempo. Para Dios todo es un presente continuo. Eso quiere decir que las oraciones que ofrecemos hoy por alguien que se suicidó contribuyen de manera efectiva para su arrepentimiento y reconciliación final, de modo que lo que rezamos en el presente, se actualiza en el pasado pues nuestra petición la escucha Dios en su continuo presente, y el Espíritu Santo puede mover el corazón de la persona que está a punto de suicidarse para que, aunque haya cometido un pecado mortal en el momento mismo de procurar quitarse la vida, se arrepienta y reconcilie con Dios antes de morir”.

Texto: Jesús Hernán Puerto Simá

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