La Voz de Motul

Editorial

LA INAUGURACIÓN DE LA CARRETERA MOTUL-TELCHAC.

Por: Mtro. José Mauricio Dzul Sánchez

A Doña Rosa María Sánchez Chán, mi madre.
Porque siempre nos alimentó con amor,
los recuerdos del pasado

Era el día 21 de marzo de 1949 en la Ciudad de Motul centro económico regional por excelencia. Prueba de esto era el despunte y fomento de obras que pretendían modernizar su infraestructura.

La presente historia me la contó mi madre quien, como testigo del hecho, la atesoró por años. En aquel tiempo, ella vivía en una casa ubicada en la calle 26 por 23, una de sus principales calles de la ciudad. Hija de Don Antonio Sánchez, platero y pequeño productor henequenero y Doña Manuela Chán, contaba con apenas 10 años cuando le tocó presenciar la inauguración de la carretera petrolizada que uniría el pueblo de Telchac a la ciudad de Motul sobre la calle 26, a la que denominaron “Avenida Benito Juárez”.

Este tipo de carreteras significaban los principales motores del desarrollo regional, pues dejaría atrás medio siglo de transporte por tranvía o truck tiradas por burros, caballos o mulas, que dominaban la ciudad de Motul y en general toda la zona henequenera. Además, la construcción de caminos modernos prometía un movimiento de población y económico más dinámico entre varias poblaciones vecinas. Incluso esta obra traería aparejada otro evento importante: el tendido de las primeras redes eléctricas que realizaba el gobierno en la entidad.

Entre los invitados al evento se encontraba el Gobernador del Estado José González Beytia, acompañado de su comitiva de funcionarios y personalidades locales y estatales. Estas y otras razones originaron que el día de la inauguración fuera proclamada como día de fiesta en la Ciudad.

La gente se arremolinó desde temprano para ganar lugar desde la calle 26 por 27. A lo largo de la calle rumbo al norte, filas humanas se habían instalado en sillas y a pie para presenciar el desfile de la ocasión. Por supuesto que los habitantes de las casas ubicadas en esta vía tuvieron los lugares preferenciales y ahí, en el cruzamiento con la 23 se encontraba la familia y hermanos de mi madre: Manuel, Mimí, Bárbara y Eloina, divertidos, instalados desde temprano para el acto.

Sin embargo, el especial arremolinamiento de la población a este acto, posiblemente no era motivado por las ansias de ver llegar a “esa cosa” que llamaban “modernidad”, al gobernador o a otras autoridades estatales y municipales. En la gente existía el interés de ver a dos de sus artistas favoritos del cine nacional, quienes estarían invitados de dicho acto: Pedro Infante y la rubia Emilia Guiu, quienes en aquellos tiempos habían filmado juntos la película “Angelitos Negros” (1948).

Entre las cientos de asistentes a este acto, se encontraba el Tío Bucho, integrante de la familia de mi madre, de quien guarda recuerdos como una persona sencilla, alegre, amable y cariñosa, y en quien centraremos el siguiente relato.
Aficionado a las películas mexicanas del que ahora conocemos como la Época de Oro del Cine Mexicano, pero sobre todo de las bellas actrices que despuntaban por aquellos tiempos, el Tío Bucho no dudó en estar en primera fila a como diera lugar, con tal de arrancar un beso o un saludo a tan distinguida artista que visitaba la ciudad.
El momento de la inauguración llegó y acompañados de autoridades, el automóvil donde viajaban Pedro Infante y Emilia Guiu se incorporó a la comitiva de las autoridades que en marcha triunfal comenzaron el recorrido por la calle 26, rumbo al pueblo de Telchac.

Avanzaron entre saludos y aplausos, y al llegar al cruzamiento de la calle 23, el Tío Bucho se acercó al automóvil de los artistas saludando de la siguiente manera:

- “Buenos Días Señorita Guiu”.

A lo que la artista contestó:
- “Buenos Días, Guapo”.

En ese momento, la cara del Tío Bucho cambió y en respuesta replicó:
- “Buenos Días, Puta”.

Al parecer, la atenta respuesta de Emilia Guiu no fue del agrado del Tío Bucho, sintiéndose ofendido de que lo llamaran “guapo”.

La ceremonia continuó sin contratiempos, haciendo de la ocasión un día para recordar, Pero ese incidente pudo provocar en la artista Emilia Guiu una lección: Jamás llamar a un hombre de esa manera, mientras que al Tío Bucho, le quedó el mal sabor del desencanto, por un malentendido que le constaría no sólo haber perdido la cordura sino también nunca volver a acercarse a una artista con el peligro que le dañaran su orgullo masculino.

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