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La Voz de Motul

Editorial

VOLVAMOS A LOS VALORES ANTIGUOS.

Prof. Rodolfo Chuc Pinto.

¿Qué son los valores? Son cualidades físicas, intelectuales o morales de alguien. Calidad de algo digno de interés y estima, precio… persona que posee, o a la que se le atribuyen cualidades positivas para aquello que se expresa.

Creo que todos, alguna vez, hemos oído decir a alguien: “Es que las cosas están como están por la falta de valores”. “Hay tanta corrupción porque se dejaron los valores”. “La familia está en decadencia porque ya no se practican los valores morales de antaño…” Y otras frases que hacen alusión al asunto. También se oye mucho esta frase: “Se perdieron los valores”. La verdad es que los valores jamás se han perdido, los valores no están extraviados. Desde niños aprendimos de nuestros progenitores que no debemos mentir. Mi abuelo me lo decía de esta manera: “No es bueno mentir, la mentira es el diablo”, y de esta manera, nos inculcaban el valor de la VERDAD. O en la escuela primaria aprendimos de la famosa frase del Benemérito de las Américas, don Benito Juárez: “El respeto al derecho ajeno es la paz”. Y con esta frase célebre, nuestros maestros nos inculcaban el valor del RESPETO de lo ajeno. Mi abuelo lo decía de esta forma: “No es bueno robar; cuando robas, el diablo roba un poco más tu alma para llevársela con él”.

Para los que son contemporáneos míos, hace 40 años y más, no sé si recuerdes que a los padres no los tuteábamos como ahora lo hacen los hijos, les llamábamos de “usted”; que eso significaba, en otras palabras: “Papá, respeto tu autoridad; se hará lo que tu digas”. Ahora, los papeles se cambiaron, en muchos hogares se hace lo que los hijos dicen. Recuerdo en una ocasión, cuando mi esposa María Elena ejercía aún el magisterio y daba asesoramientos personalizados a niños con problemas de aprendizaje de lectoescritura, vino una madre de un niño que ella atendía entonces y le dijo a mi esposa: ”Maestra, mi hijo dice que ya no quiere venir a las asesorías, así que, lo voy a retirar”, y María Elena le respondió: ”Señora, pues. ¿quién manda en su casa? Acaso, ¿su hijo es quien manda?”.

Los tiempos han cambiado, pero los valores NO, siguen siendo los mismos. No se han perdido, no están extraviados, sólo se dejaron de practicar, y hoy están en decadencia. Aplaudo el intento que hace la Educación Pública por rescatar algunos y plasmarlos en los libros de Formación Cívica y Ética, pero no es suficiente. ¿Por qué no es suficiente? Porque los valores por sí solos son simples “palabras bonitas”, conceptos acompañados de una definición teórica sin substancia. Tal vez dentro de las aulas escolares se den ejemplos de situaciones y sus aplicaciones en los libros de texto a manera de ejercicios, pero… fuera de ellas ¿quién me motiva o qué me obliga a practicar los valores? ¿Mis padres? ¿La sociedad? ¿Los medios de comunicación? ¿Mis mayores? Si por lo general son ellos los que no me dan ejemplo.

Trataré de explicarme un poco más: Si a un niño en la actualidad se le sorprende tomando algo que no es suyo o mejor dicho “robando” y se le amonesta diciéndole: “No debes robar”. El niño tal vez respondería; “¿quién lo dice? . Amable lector, el punto a donde quiero llegar y llevarle es que, los valores sin Dios son sólo palabras sin autoridad. Los valores sin respeto a Dios no sirven. “Sacaré un “diez” en la prueba escrita de Formación Cívica, pero un cero en la aplicación del principio en el contexto real” Y no es así. Porque el decir debe de estar alineado con el hacer. En nuestro mundo contemporáneo, se ha tratado de adaptar los valores morales a la cultura, a los tiempos e idiosincrasia prevalecientes, cuando debería ser todo lo contrario. Juan Carlos Manzewitsch, en su libro “La realidad de Su Presencia” anotó: “Nuestra actualidad es radicalmente más acelerada en todo sentido, comparada al ritmo que nuestros padres tuvieron que vivir.

Aún lo que nuestros hijos experimentaron en un futuro cercano sobrepasará toda resistencia que hayamos creído tener”. No es casualidad que en nuestra sociedad esté pasando una decadencia moral, en donde los antivalores parecen reinar y son tomados como algo normal. Necesitamos retomar aquellos buenos valores de antaño para reformar nuestra sociedad y nuestro país. Aprenderlos y vivirlos cada día y todos los días; de otra manera, seremos testigos de la destrucción del tejido social, en donde nosotros, nuestras familias, nuestros hijos estamos inmersos. “Así dice el Señor: Deténganse en los caminos y miren; pregunten por los senderos antiguos. Pregunten por el buen camino, y no se aparten de él. Así hallarán el descanso anhelado…” (Libro de Jeremías, Cap. 6, Vers. 16)

 

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