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La Voz de Motul

Editorial

La Virgen de Guadalupe Patrona de Nuestra Libertad

No fue casualidad el que el símbolo escogido por el movimiento de independencia fuera el estandarte de Santa María de Guadalupe que, años más tarde, sería proclamada por Morelos como “La Patrona de Nuestra Libertad”. Ciertamente, sin el ingrediente religioso, este movimiento o no se hubiera producido o habría tomado otro rumbo.

Nuestra Dulce Señora del Tepeyac no solamente es símbolo de la unión espiritual del pueblo mexicano sino representa, como estandarte de Hidalgo y Zapata, el deseo histórico de alcanzar que México sea un país más justo, con paz, armonía, igualdad, democracia y oportunidades dignas de desarrollo.

En todas las luchas de nuestro México, la Virgen de Guadalupe ha sido estandarte y luz para llamar al pueblo a defender su libertad. En la Independencia fue alzada a lo alto por el cura Miguel Hidalgo; en la Revolución Mexicana, la portaron las tropas de Pancho Villa, Emiliano Zapata y todos sus seguidores en estampas en sus sombreros encomendándose a ella al grito de ¡Viva la Virgen de Guadalupe! y de ¡Tierra y Libertad!.

Esto nos lleva a una profunda revisión de nuestra historia para valorar nuestro pasado, entender mejor nuestro presente y avanzar hacia un futuro donde se hagan realidad los grandes deseos de estos acontecimientos históricos que han marcado a nuestra nación.

La Virgen de Guadalupe está presente en todo el continente americano y es un elemento de unidad, de protección y cariño. Es una fuerza espiritual que inspira y motiva para trabajar por un mejor presente y un mejor porvenir para todas las personas de fe en América, y en muchos países del mundo.

La imagen de la virgen de Guadalupe, fuera del contexto religioso, es representativa de nuestra nación, es nuestro símbolo más reluciente. Enseña en gran medida cómo dos culturas se unieron para formar una nueva.
Representa la esperanza de los mexicanos para tener un mejor porvenir. Representa lo mejor que tienen las dos culturas, la española y la indígena, la fe. Pues sólo basta recordar la fe tan arraigada de los españoles, así como la de los indígenas a sus deidades. Los dos eran pueblos en los que incluso sus gobiernos se declaraban católicos en el caso de los españoles o teocéntricos (un solo Dios) en el caso indígena.

Al ver tanta gente motivada por la imagen de la virgen, surge una pregunta: ¿por qué no enseñar en los libros de texto gratuito la historia de la presencia de la virgen de Guadalupe?, sin apego religioso, sino como hecho que marcó el nacimiento de una nueva nación; daría un sentido de identidad nacional aún más profundo, pues todo lo sucedido en ese tiempo, puede explicar cómo se conformó nuestro país, sin caer en el fanatismo lacerante de las sectas protestantes que intentan dañar sin éxito al catolicismo.

Somos parte de esta gran nación marcada profundamente por la presencia de la Virgen de Guadalupe en su advocación de la Santísima Virgen María, madre de Dios; a quien el cura Morelos enalteció para toda la historia de la humanidad y cuyo estandarte fue levantado en alto por el cura Miguel Hidalgo para presentar a la Virgen Morena, no sólo como protectora de una nación, sino también como forjadora de un país independiente.

Por eso, nuestra Iglesia Católica reafirma, en estas celebraciones, su amor por México y su compromiso por servir a las causas más nobles de nuestro pueblo.

Texto: Jesús Hernán Puerto Simá

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