La Voz de Motul

Editorial

PEREGRINA.

La historia de amor de Felipe Carrillo Puerto y Alma Reed

Confesiones

Se contrae la obligación moral de la veracidad con la historia cuando uno ha compartido los deseos y las aspiraciones de un gran líder sacrificado por las causas políticas a las que valerosamente sirvió. Al escribir peregrina he procurado cumplir con el deber sagrado de esta índole. El idealista que entró a mi vida para encarnar en mí la realidad arquetípica de la Bondad, la Verdad y la Belleza fue Felipe Carrillo Puerto, el gobernador mártir de Yucatán a quien a menudo llaman el “Abraham Lincoln de México”.

Asumí este compromiso con pleno conocimiento suyo en el otoño de 1923, cuando decidimos unir nuestros destinos. En ese momento extático de fe en nuestro futuro común, planeamos trabajar juntos en un libro para el que Felipe Carrillo Puerto ya había dado el título. La propuesta de la autobiografía “Detalles de un líder socialista” estaba diseñada para dar a conocer los frutos de sus años de trabajo y estudio intensos, de lucha perpetua y de peligro constante. La obra debía incluir el programa educativo, social económico que él había creado para que los millones de desheredados de los cinco continentes superaran en el transcurso de una generación su karma histórico de ignorancia y miedo, de superstición y pobreza extrema.

Me atrevo a suponer que tanto los elementos documentales como los subjetivos de Peregrina van a proporcionar, o por lo menos a indicar, la existencia de nuevas fuentes de información y a arrojar luz sobre los hechos ya conocidos de la vida del apóstol humanista de Yucatán. Tengo la certeza de que los futuros historiadores se ocuparán cada vez más en el estudio de su personalidad radiante, su visión resuelta sobre un proyecto más próspero de las cosas, y en sus contribuciones constantes el noble concepto de verdadera civilización.

En el reverso de la fotografía se lee: “Alma y Felipe – Partiendo de Yucatán, octubre de 1923. Ésta es la última fotografía que se conoce de la pareja comprometida. Destaca el hecho de que Felipe lleva en sus manos la bolsa de Alma, mientras ella sostiene un enorme ramo de rosas, sin duda, un regalo de él para su amada Pixán Halal.

Capítulo I

El dragón rojo de los ojos de jade

Felipe (de aquí en adelante así me refiero a él) había invitado a los arqueólogos del Carnegie a explorar las ruinas de la antigua capital Chichén Itzá, a la que se podía acceder por medio de carreteras modernas que él había mandado construir.

Nuestra llegada a Mérida mereció un recibimiento formal con bandas nativas, grupos locales de arqueología y niños llevando banderines de bienvenida. De inmediato, en una flota de automóviles, Manuel Cirerol el representante personal de Felipe Carrillo Puerto que hablaba inglés nos llevó a la sede de la Liga Central, donde, nos los explicó en el camino, el gobernador atendía tanto los asuntos del estado de Yucatán como los del Partido Socialista del Sureste, del cual era fundador y presidente. El señor Cirerol también nos informó mientras pasábamos frente a la impresionante estructura de piedra del Palacio de Gobierno, que su jefe había cedido el suntuoso despacho que le correspondía en ese edificio para que la gente pudiera usarlo como biblioteca pública y como centro de información arqueológica.

Una vez en la Liga, un modesto edificio de madera con dos pisos, subimos por una escalera estrecha y entramos en la Sala de Actos, que era una habitación larga y con muy pocos muebles.

La bienvenida, con palabras simples y cálidas, nos la dio un hombre de un magnetismo excepcional y una belleza física única. Nuestra atracción mutua fue instantánea e incontenible desde el primer encuentro. Estaba ataviado con un traje radiante de lino blanco, y sus más de 1.80 metros de estatura hacían que su cabeza y sus hombros se elevaran por encima de sus asistentes y peticionarios amontonados a su alrededor.

A todos los catorce miembros de la delegación encabezada por Dr. Charles Merrian, presidente del Instituto Carnegie, el general William Barclay Parsons, el Dr. Herbert J. Spinden, el Dr. Marshall Saville, el Dr. Silvanos g. Morley y otros distinguidos arqueólogos nos extendió la mano con un gesto cordial y sincero que le servía de marco para dirigirle una o dos frases a cada quien y para expresarnos su deseo de que nuestra estancia en la tierra de los mayas fuera alegre y gratificante.

Nos pidió que le permitiéramos un momento para regresar a su escritorio a terminar un par de asuntos que estaba atendiendo cuando llegamos a la Liga y que, mientras tanto nos pusiéramos cómodos, “como si estuviéramos en nuestra casa”. Uno de los pendientes era la petición de una madre maya para que le otorgaran a su hijo una beca en la nueva escuela técnica de Mérida.

Después de leer los reportes y las recomendaciones de los maestros del niño, el gobernador le aseguró a la mujer que la beca se arreglaría cuanto antes; ella recibió la decisión con una enorme sonrisa de agradecimiento. El otro pendiente era la petición de cinco campesinos mayas de un pueblo lejano que venían a solicitar instrumentos musicales para poder formar una orquesta local.

A mi lado, de pie, estaba el general brigadier William Barclay Parsons, el eminente ingeniero civil y de vías férreas que encabezaba la junta directiva del Carnegie, y el miembro más antiguo de nuestro grupo. Él fue quien, murmurando, expresó la reacción de asombro que era evidente en todos sus compañeros de expedición: Éste es el dragón rojo más atractivo que yo haya visto en cualquiera de mis safaris…

¿Qué le parece a usted jovencita? Con total convicción y sin dudarlo, respondí: -Él es mi idea de un dios griego.

Como huéspedes del estado, los miembros del grupo del Instituto Carnegie fueron alojados en los mejores hoteles o en lujosas casas particulares. A mí, el señor Cirerol me escoltó la mansión de Felipe G. Cantón, el hacendado rico y docto, presidente de la Sociedad Arqueológica de Yucatán. Media hora después de haber llegado, ya estaba yo en una hamaca en la terraza de mi habitación relajándome de las tensiones de un día ajetreado; pero de pronto, escuché un alboroto en el patio de abajo. Tres mucamas mayas subieron las escaleras a toda prisa y gritando emocionadas me anunciaron: !señorita, señorita, el gobernador del estado…! ¡El gobernador del estado está aquí para verla! Con la misma emoción, aunque menos exaltada, me apresuré a mi cuarto a cambiarme la ropa que me había puesto para estar cómoda, por algo más apropiado para recibir a mi visita oficial.

ALMA REED  
TOMADO DEL LIBRO PEREGRINA: MI IDILIO SOCIALISTA CON FELIPE CARRILLO PUERTO, EDICIÓN DE MICHAEL K. SCHUESSLER. 

¿Quién fue Peregrina?

En la vida real fue Alma Reed, una periodista estadounidense de ideas sociales y humanitarias, que vino a Yucatán como enviada especial del New York Times para reportajes especiales y como miembro de la expedición del Instituto Carnegie para las exploraciones en Chichén Itzá. Describía las excavaciones de Silvanus G. Morley; y cuando Sir Eduard Thompson le confió que él había enviado clandestinamente los tesoros arqueológicos del cenote sagrado de Chichén Itzá al Museo Peabody vía la valija diplomática, Alma no dudó un segundo en revelarlo. Gracias a ella y a sus campañas periodísticas y políticas, México recuperó al menos la mitad de su tesoro. Alma Reed entrevistó a Felipe Carrillo Puerto siendo gobernador de Yucatán y surgió el amor entre ellos, como ella misma revela. Alma Reed siguió viviendo en México y logró importantes reconocimientos por su labor como promotora de la cultura mexicana. Escribe su biografía como testimonio de su tiempo y la concibe como un guión para cine, incluso promueve la realización de la película. La noticia reciente de que televisa pretende hacer una telenovela, seguramente se basará en esta biografía que presentaremos.

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