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La Voz de Motul

Editorial

LEYENDA DE LOS PATRONOS DE TEYA. DOS JINETES MISTERIOSOS.

JOSÉ IVÁN BORGES CASTILLO, CRONISTA DE TEKAL DE VENEGAS. LEYENDA DE LOS PATRONES DE TEYA. DOS JINETES MISTERIOSOS. 

“El de Teya… patrón de su iglesia San Bernabé apóstol”

Fray Diego López de Cogolludo

 

¡Eran dos jinetes misteriosos que aparecieron para defender al pueblo de Teya!

Cuenta la conseja del antiguo pueblo de Teya, que mucho debe a la protección de sus Santos Patronos: San Bernabé y San Bernardino, porque gracias a  ellos se salvó de ser aniquilado, en medio de la violenta ocupación, del incendio de casas y otros males que traiga consigo la guerra de castas. Eso dice la tradición oral contada de padres a hijos, y así ha llegado hasta a nosotros. Yo simple y sencillo narrador diré…. Primero lo que dice la historia:

Estalló en los pueblos de Tepich y Tihosuco la rebelión de los mayas, ante las injusticias del gobierno, de los latifundistas, y demás males causado, pronto cayó la airosa criolla ciudad de Valladolid, seguido de las poblaciones del todo el oriente del Estado, no tardaron en atrincherarse en Izamal y los planes para avanzar rápido rumbo a Mérida se veían claros y evidentemente el triunfo de la rebelión. Desde julio de 1848 hasta marzo del siguiente año, ya en poco tiempo se habían ocupado gran cantidad de pueblos hasta llegar a la división marcada por la entonces villa de Izamal y Tekal, pronto se avanzaron sobre los montes para  llegar a Tepakán y Teya, grandes columnas de humo se veían alzar por los cuatro puntos cardinales, que se alzaban cada vez cerca del pueblo.

¡Teya! ¡Teya! Era el grito entonces reinante entre los sublevados, y además el nombre de la población que seguía para ocupar por la tropa insurrecta. El temor se apodero de los habitantes y los acaudalados comerciantes y familias de ciertos criollos vecinos que no tardaron en salir presurosos del lugar. Es aquí en que la leyenda tiene presencia en este capítulo de la historia…

Dos hombres se aparecieron, en el atrio de la iglesia, sus trajes eran diferentes a los de la población o de soldados, sus rostros estaban iluminados y como dos jinetes celestiales estaban montados en hermosos troncos de caballos, de repente, como por encanto se aparecieron en la plaza de Teya y avanzaron trotando con dirección al pueblo vecino de Tepakán, donde agrupados se encontraban los sublevados, y previniéndolos les expusieron que lo mejor era no continuaran avanzando hacia el pueblo de Teya, porque los pobladores de ese lugar estaban repletos de pólvora y bien preparados para la defensa. Atacar aquella comunidad era la muerte segura para aquellos, y vinieron a advertirles. Al escuchar esto, pensando que aquello era una farsa sacaron sus rifles y les dispararon, pero las balas traspasaban a los misteriosos emisarios, sin causarles ningún daño, poco a poco la imagen de estos se difuso, desapareciendo ante su presencia, un tremendo temor, bien fundando se apodero de la tropa, desistiendo de su ataque.

Se dice también que la tropa atrincherada veía desde los techos de la iglesia de Tepakan a un grupo numerosos de soldados, y todo el pueblo de Teya bien armado con rifles, pólvora y preparada de cañones bien apuntalados, lo que aun más favoreció para que desistieran de atacar.

La gente desde entonces atribuyo a que fue uno de estos jinetes fue nada más y nada menos que San Bernabé y el otro un hermanito de nombre parecido “Bernardino”, como ambos nombres parecen consecuentes, se buscó realizar imagen de este nuevo, pero idéntico a San Bernabé solamente diferenciado por  menor tamaño. Y sin más rito religioso, el pueblo lo entronizó en su iglesia. Quedando el titular como iglesia de “San Bernabé y Bernardino”.

¡Que noble eres pueblo de Teya, que hasta tus santos patronos bajaron de su altar para defenderte! yo te saludo heroico pueblo, que la devoción nunca se pierda y que aquel milagro ya convertido en leyenda sea siempre un aliciente que despierte en ti los sentimientos más nobles de solidaridad y constancia entre tus ciudadanos.

Desde ese entonces quedo marcado en la conciencia del pueblo la especial protección de San Bernabé y San Bernardino sobre Teyá.

Y como un murmullo de los siglos traigo la letra de su antiguo canto de gozo, que pareciera inundar las paredes de su centenaria iglesia ex convento franciscano…

Pues con tanta perfección

Sois salud de los dolientes;

Bernabé, luz de las gentes,

Sed nuestra consolación.

Escribo esto desde mi residencia en la Quinta San Pedro en Tekal de Venegas, agradezco a La Voz de Motul por publicar esta leyenda de identidad de un municipio yucateco y este espacio que me ha concedido en estas tres semanas.

*Cronista de Tekal de Venegas

 

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