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La Voz de Motul

Editorial

LAS AGUAS VIVAS DE LOS CENOTES.

CARLOS EVIA CERVANTES. Amada Rubio Herrera estudió un mito inquietante en la cabecera del municipio de Suma. Su texto dice que los cenotes son sensibles a las personas que los usan y visitan, de tal forma que si uno lo hace con respeto, la estancia será tranquila y sin novedades. Pero si las personas los hacen de manera irrespetuosa, insultando, echando relajo o peor aún, cazando a las aves que se aproximan al cenote, éste puede reaccionar levantando sus aguas hasta atrapar a los intrusos.

Roberto López Méndez publicó que en la hacienda San Juan, en el municipio de Muxupip, un grupo de muchachos entró a un cenote en busca de agua para apagar el fuego de unos troncos. Pero empezaron a gritar e insultarse entre sí. Un señor anciano les advirtió que se calmaran pues se podría molestar el “dueño” del cenote. Ellos se rieron y dijeron que el viejo estaba loco.

Ya cuando estaban adentro de la cavidad, el agua del cenote se levantó y estuvo a punto de atraparlos a todos. Uno tuvo que será jalado para que no perezca ahogado. Pero todas sus cubetas y sogas desaparecieron.

Si bien la tesis de Rubio Herrera se realizó en la parte central de Estado, numerosos periodistas y escritores locales han reportado versiones en muchos otros municipios de Yucatán.

Ilustración: Natalia Quintanilla Mena.

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