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La Voz de Motul

Editorial

WAANTUL Y LA CUEVA DE CHUYENBALAM.

CARLOS EVIA CERVANTES. Eran los primeros años del siglo XX, cuando el hacendado de Calcehtok, Opichén, invitó a sus amistades a una gran comida. Le dijo a su caporal que buscara al mejor toro de su propiedad porque quería ofrecerlo a sus invitados.

Al amanecer el fiel empleado fue por la mejor bestia que pudiera encontrar. Todo el día estuvo viendo y escogiendo entre los animales de su patrón. En el crepúsculo vio por fin a un enorme toro parado como si lo estuviera esperando.

El experto caporal se acercó para lazarlo pero el animal se alejó. Se dejó alcanzar pero no atrapar. Así empezó un correteo en el que, hábilmente, el toro fue llevando al vaquero rumbo a Chuyenbalam, una cueva vertical tan profunda que nadie conocía el fondo. Todos le tenían miedo, pues se decía que era la entrada al Metnal.

Cuando el caporal y el toro estuvieron lo suficientemente cerca de la citada caverna, el animal se dejó lazar pero usando su fuerza sobrenatural, jaló al caballo y al jinete llevándoselos consigo a la profundidad de donde no saldrían jamás.

Al día siguiente, el patrón dio la orden de buscar al caporal. Pero los mejores rastreadores solo encontraron las huellas de caballo y del toro en el borde de Chuyenbalam. Fue obra de Waantul, el dueño del ganado.

Ilustración: Natalia Quintanilla Mena.

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