La Voz de Motul

Editorial

EL AVISO DEL VIAJE.

ANACLETO CETINA AGUILAR, CRONISTA DE HUNUCMÁ.

Cuando salgo de mi pueblo para viajar por el interior de la república me gusta, entre otras cosas, visitar escenarios naturales, lugares arquitectónicos como plazas, antiguas iglesias y museos. Estando en un pueblito entre Guadalajara y Puebla, me detuve porque estaba atravesado por un riachuelo cuyas riberas estaban unidas por medio de un puente. Yo contemplaba el riachuelo desde el puentecito y estaba muy ensimismado en mis pensamientos cuando escuché a mis espaldas una voz que me hizo volver a la realidad.

-Antes éste ea un río muy caudaloso, pero ahora,, está casi seco. Allá río arriba no llueve y es porque el hombre se ha olvidado de nuestras antiguas costumbres –Me dijo.

Yo me quedé muy impresionado, porque su físico me recordó a mi antiguo amigo en el que hace un rato estaba pensando y que había dejado muy enfermo allá en el pueblo.

-Te voy a relatar una antigua leyenda relacionada con la abundancia de las lluvias –Agregó.

-En estos contornos existía un pueblo cuyo poderoso señor tenía numerosos súbditos que eran pacíficos agricultores. Al norte del pueblo existía un cerro al que llamaban “Cerro Amarillo” que tenía forma de pirámide. En su entraña existía una gruta y en ella un adoratorio de la diosa Chalchuihkueitl (La de la falda esmeralda), la que tenía poderes sobrenaturales para la formación de nubes que reparten la humedad a los campos. El señor de ese lugar ordenó al brujo adivino que anualmente fuera con su pueblo al adoratorio del “Cerro amarillo”, a tributarle homenaje a la diosa Chalchiuhkueitl, llevándole la ofrenda de mil pájaros de los más raros en plumaje y canto, que serían sacrificados utilizando las plumas en la confección de una muñeca que renovarían en cada visita. Después irían los veinte solicitantes de la lluvia hasta la cima de los cerros “Nueve Venados”, a implorar a su merced, que les sería concedida en abundantes cosechas.

Pero ocurrió que una vez, durante el año no fue posible apresar los mil pájaros de raro plumaje y de hermoso gorjeo para la ofrenda, por lo que no hubo plumas y tampoco se renovó la muñeca; en cambio sí se llevó a una niña para sacrificarla.

Entonces la diosa montó en cólera y mandó una absoluta sequía que duró cinco años, en los que la ruina y la miseria amenazaron con desaparecer el poblado. Fue cuando el gran brujo adivino les ordenó –Nos reuniremos 20 hombres solicitantes de lluvia –dijo.

El hambre viene muy fuerte, el manantial está seco, el gavilán ya no vuela, la zorra ya no grita, el cuervo ya no viene, solamente por todas partes la cigarra está

contenta; por eso iremos mañana temprano ante madrecita Chalchiuhkueitl a pedirle de todo corazón que nos regale la lluvia, ustedes llevarán la música, gran cantidad de pétalos de flores, sus máscaras, caracoles y pieles de animales y yo, la muñeca hecha de plumas de mil raros pájaros por su color y su canto, las flautas de carrizo y los ocotes para alumbrarnos.

Así se hizo y la gran Diosa Abuela, complacida, levantó el castigo a los hijos de Tototlán, que así se llamaba el pueblo. El Brujo adivino y los 20 solicitantes de lluvia, bajaron de “Cerro Amarillo” comunicando la bienaventuranza al pueblo.

Ese relato me hizo recordar que en Yucatán también existe una ceremonia para pedir las lluvias y que se llama la ceremonia del “Ch’a Chaac” y que está dedicado al Dios Chaac.

-Pero perdóneme que no me haya presentado –Me dijo el extraño personaje. –Soy Alfonso Evans Chacón. Quisiera seguir platicando, pero primero voy a esa iglesia a rezar un Padrenuestro. Espéreme aquí –Me dijo y sin esperar más, se dirigió con paso lento hacia una iglesia que se encontraba el otro extremo del pequeño puente.

Yo quise detenerlo porque, nueva sorpresa, además de su parecido físico con mi amigo de Yucatán, su nombre también casi era el mismo, excepto el primer apellido, pues el de mi amigo de Yucatán era Euán y el de mi personaje era “Evans”, extraño ¿Verdad?.

No conforme, decidí ir al encuentro de mi nuevo amigo ocasional. Llegué a la iglesia en penumbras, iluminado por los cirios del altar y de algunas bombillas que arrojaba una débil luz al interior. Otra sorpresa, en el templo no se encontraba absolutamente nadie. Pensando en que mi amigo había salido por una puerta lateral, recorrí un pasillo para salir por la puerta que daba hacia el sur, pero al atravesar dicho pasillo, algo llamó poderosamente mi atención: pegado a la pared del muro lateral de la iglesia había una lápida mortuoria en donde claramente pude leer: “Alfonso Evans Chacón α 14 de mayo de 1445 Ω 14 de julio de 1506”.

Me conmocionó tanto misterio, pues comprendí que el personaje con quien había platicado no era real, o sea, que el tal Alfonso Evans había sido sepultado en ese lugar ¡Hacía 500 años!. Con el cabello erizado abandoné lo más rápido que pude aquel lugar y me dirigí a mi hotel. A la mañana siguiente continuaría mi viaje al pueblo jaliciense de Tequila.

Aquella noche la pasé con gran inquietud. Mi mente se trasladó hasta mi pueblo en donde los recuerdos divagaron desde mi infancia en que mi amigo Alfonso Euán y yo, acudíamos a la doctrina con pantalones de manta, cortos y después de la doctrina jugábamos en el atrio de la iglesia casi hasta el anochecer. Después recordé mi juventud en donde sus dos hermanas formaban parte de nuestro grupo juvenil. Después vienen los estudios y por consiguiente el alejamiento del terruño por motivos de trabajo, después, al retornar al pueblo, lo encontré ya graduado también de maestro. Retomamos nuesra antigua amistad y en muchas ocasiones realizamos

trabajos conjuntos en pro de la educación de nuestra comunidad. Ya para entonces él se había aficionado demasiado a la bebida, lo que al fin comenzó a minar su salud, pero tuvo el acierto de retirarse e ingresar a un grupo de rehabilitación en donde permaneció por un espacio de 21 años.

Al detener mis recuerdos, caí en la cuenta de que a mi amigo lo había dejado en el pueblo en un estado sumamente crítico, pues la diabetes, una tardía cirrosis y el colesterol, habían hecho presa de su salud y ya había sido hospitalizado en varias ocasiones para su tratamiento, pero los médicos no daban muchas esperanzas.

Antes de mi viaje no había podido despedirme de él, porque estaba ingresado el el hospital una vez más, de manera que sentí un gran abatimiento a pesar de lo grato del paseo y quedé de nuevo sumido en mis pensamientos, hasta que concilié el sueño casi al amanecer.

Como dije anteriormente, después del desayuno partimos con rumbo al pueblo de Tequila y sin quererlo, volví a sumirme en mis recuerdos. Me volvió a la realidad el sonido del celular a través del cual me dieron la triste noticia: “Murió tu amigo Alfonso. El sepelio será hoy a las 11 hotas”

Fue cuando pude ver con toda claridad el mensaje del día anterior. Mi amigo había venido a despedirse de mí, a través de un homónimo suyo, muerto hace 500 años.pero lo más curioso era que las dos fechas de la lápida coincidían, pues mi amigo había nacido un 14 de mayo, pero de 1945 y falleció el 14 de julio, pero de 2006, o sea, con una diferencia de 500 años.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Social Media Auto Publish Powered By : XYZScripts.com
A %d blogueros les gusta esto: