La Voz de Motul

Editorial

EL PADRE REGINO.

VALERIO BUENFIL, CRONISTA DE MOTUL. El presbítero Regino Sánchez Graniel, párroco de Motul(1990-1998) dejó honda huella en la comunidad. El "Padre Regino", como cariñosamente se le conocía, supo ganarse el amor y la confianza de la feligresía motuleña. Fue un hombre firme en sus convicciones religiosas, innovando con sus enseñanzas. Entre sus preocupaciones, estuvo la búsqueda constante de la conciliación de la fe cristiana con las tradiciones y costumbres. Él fue el promotor de la elaboración de los arcos de flores para engalanar la bajada de la virgen del Carmen y la vaquería en su honor, que se realiza la noche del 15 de junio.

Su obra.

Su labor espiritual la orientó principalmente hacía los niños. Estaba convencido que los infantes son la esperanza del mundo. Se recuerdan sus misas dedicadas para catequizar a los niños. Él disfrutaba hablar de Dios con los niños, porque ellos, decía “son los más puros de corazón”. Cerca de 2 mil niños llegaron a asistir a sus celebraciones dominicales. En una ocasión doña Elia Vera le dijo ¡Padre
Regino! ¡Quiero ser catequista de adultos! A lo que él le contestó ¡qué bueno Vera, que bueno; pero los adultos ¡son unos necios, no cambian! No quieren escuchar la palabra de Dios, es perder el tiempo con ellos, los jóvenes tampoco. A lo que contestó doña Elia ¿Y entonces? Y él le respondió ¡Los niños!, ¡los
niños son el futuro del mundo entero. Hay que hacer que los niños conozcan a Cristo! Convivió con especial atención con el grupo de acólitos que servían a la iglesia, organizaba juntas frecuentes con sus padres. Para las quinceañeras organizó los Bailes de Debutantes, en el que se les presentaba
ante la sociedad a todas las debutantes del año. Esta tradición se perdió. También organizaba los sábados en la misa de 8 de la noche los XV años comunitarios, en el que compartían la misa varias quinceañeras. Empeño, esfuerzo y creatividad eran las claves del éxito de cada uno de los proyectos
y siempre lograba resultados magníficos, siempre innovaba, siempre pensaba en lo que nadie más hubiese imaginado. Tenía siempre presente la convivencia, en especial con sus hermanos sacerdotes. En cada uno de sus aniversarios pedía que le llenen el altar de “mariposas”, que eran sus flores favoritas. El carácter del Padre Regino lo llevó a desafiar el conservadurismo y la mezquindad
de muchos motuleños. Recordamos cuando mandó retirar la mampara que estaba en la puerta principal del templo de San Juan Bautista. En esa ocasión fue blanco de ataques y críticas de gentes ajenas a la iglesia que no conocían su forma de pensar. Él decía “la casa de Dios debe de estar abierta al mundo”.

Su vida.

Nació el 21 de octubre de 1947 en la ciudad de Mérida. Recibió la Orden Sacerdotal el 26 de septiembre de 1975. En 1990 fue designado párroco de Motul. Fue Coordinador General de los Decanatos. Como responsable de la Zona V de esa misión pastoral atendía varias parroquias. También fue Coordinador de una de las Asambleas del III Sínodo Diocesano.

El Pavarotti de Motul.

Muchos son los recuerdos y las anécdotas sobre el padre Regino. Una de ellas, su afición al canto, por esta afición le decían el Pavarotti de Motul. Disfrutaba cantar el Salmo 109 y el Himno a la Resurrección. Era de buen comer, nunca permitía que le faltaran los frijoles en sus comidas. Entre las personas que vivieron cerca del padre Regino se encuentran: doña Elda Bacelis, Isabel Puerto, Evelyn Can, Beatriz May Vera, Genaro Herrera, Mirna Chim y Luís Vidal.

Su muerte.

Fue un accidente automovilístico en la carretera Motul-Mérida que lo privó de la vida la tarde del 24 de junio de 1998. El cómo sucedió ese accidente, es un misterio que nunca se resolvió. Su repentina e inesperada muerte, fue un duro golpe para la feligresía motuleña. En esa ocasión se discutió sobre la pertinencia de seguir con la vaquería al año de su muerte. Ante la indecisión de muchos y la inminente posibilidad de cancelarla, Genaro Herrera defendió los ideales del Padre Regino, y les hizo ver que la lucha de él, siempre fue promover las tradiciones. Ese año la vaquería transcurrió entre los llantos
del cielo y las lágrimas de su feligresía, que lo extrañó como nunca esa noche.

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