La Voz de Motul

Editorial

MOTUL, PERLA DE LA COSTA.

MTRO. ARIEL AVILÉS MARÍN. ORADOR HUESPED DE LAS CELEBRACIONES DEL 144 ANIVERSARIO DE LA ERECCIÓN DE LA CIUDAD DE MOTUL.

De improviso surgió de su fondo una barquilla,
que comenzó a surcar la superficie, dejando una estela luminosa:
Era la piragua del hada, que salía de su mansión misteriosa.
Al enfrentar con el árbol secular en que apoyó el guerrero
la noche que le conocimos, resonó entre sus ramas el dulce
y melancólico arrullo de una paloma torcaz.

Eulogio Palma y Palma.

Nuestra amada ciudad de Motul de Felipe Carrillo Puerto, fue fundada, como asentamiento maya, aproximadamente en el S. XI de la era cristiana, hace más de ochocientos años, en la etapa que constituye su vida prehispánica y debe su nombre a su fundador, el sacerdote maya Zac Mutul, cuyo nombre proviene del legendario pájaro mut, que ha sido identificado como el faisán kambul, penosamente, hoy, casi extinto.

La dinastía de este sacerdote maya, gobernó la ciudad por un período de más o menos 140 años, después de los cuales, fue conquistada por Kak U Pacal, estableciendo así el cacicazgo de Ceh Pech que duraría hasta los tiempos de la Conquista. Durante el período colonial, Motul fue refundada por Francisco de Montejo, “El Adelantado”, en el S. XVI, y fue asignada como encomienda a Francisco de Bracamontes, quien, siendo un hombre culto, escribió importantes apuntes sobre su historia que nos permiten saber que es contemporánea de importantes ciudades mayas, como Izamal, Mayapan y Chichén Itzá.

Durante los trescientos años que duró la Colonia, la vida de Motul transcurre entre la siembra de milpas y la cría de ganado, cuya excedente de producción, es llevado por vía marítima a las Antillas, con las que mantiene un comercio regular. La llegada de la mitad del S. XIX, marca para todo Yucatán un drástico cambio en la vida social y, posteriormente, económica; en el año de 1847 estalla la sangrienta Guerra de Castas, conflagración con la que, el pueblo maya, buscó su liberación de la esclavitud y la explotación a la que había sido sometido por los blancos que habían llegado allende el mar; esta violenta jornada, que se prolongó hasta los primeros años del S. XX, vino a marcar para la entonces villa de Motul, un giro de 180° en su economía. Desde los primeros años de la Colonia, el henequén, como una herencia maya, se cultivaba en el campo y se raspaba de una manera rudimentaria y se corchaba manualmente para hacer una pequeña producción de cuerdas para consumo doméstico. Varios factores fueron detonantes para que Motul, sin aviso de por medio, se disparará como el centro de la naciente industria que pondría a Yucatán a la vanguardia de la economía nacional; la gran industria henequenera.

Primero, en los estados unidos, la invención de las máquinas de vapor que automatizaron la producción de los campos de trigo y que se conoce como Revolución Industrial, demandó de Yucatán la producción de muchas toneladas de cuerda delgada, es decir nuestro llamado mecate, que empezó a venderse en una cantidad nunca soñada en nuestros lares y que, convertiría al henequén en el “oro verde” de la industria nacional.

Por otra parte, el movimiento de los alzados de la Guerra de Castas, obligó a la población de Yucatán a constreñirse a vivir únicamente en la parte norte del estado, es decir, lo que estrictamente es hoy el territorio del Estado de Yucatán; y siendo que, a las partes correspondientes a Campeche y Quintana Roo comprendían las tierras fértiles y las selvas de maderas preciosas, esta parte cárstica de la península sólo era propicia para el cultivo del agave; y siendo que, la zona de Motul era la mayor productora de esta especie, le coloca en el primer plano de importancia para la economía de Yucatán y del país entero.

La industria henequenera había nacido para hacer de esta zona, la más rica de la patria por su abundante producción y raspa de pencas; hubo fincas henequeneras como San Isidro Cuxub, Tehás o Santa Cruz Pachón, que llegaron a raspar en la mejor época de la industria, hasta dos millones de pencas semanales, por lo que su producción redituaba económicamente en verdaderas fortunas en oro y plata.

Así Motul adquiere, como cabeza de la zona henequenera de Yucatán, el sobre nombre de “La Perla de la Costa”, por ser la vía marítima la salida de la producción del “Oro Verde”.

El impulso sin precedentes que sufre la villa de Motul, la lleva a convertirse en la verdadera capital económica del estado, muy pronto, su población va aumentando considerablemente, se constituye la Sociedad Henequenera “Roque Jacinto Campos” que llega incluso a emitir sus propios billetes que estaban respaldados en oro que obraba en sus arcas; como resultado de todas estas circunstancias, el 22 de febrero del año de 1872, la villa de Motul es elevada a la categoría de ciudad, calidad urbana que conserva hasta nuestros días.

El desarrollo de Motul, se va dejando sentir en obra material que sus gobernantes van dejando en sus gestiones; así José María Campos Marrufo, construye el parque principal, que hasta hoy lleva su nombre; el dominio de la familia Campos, que se derivaba de su poder económico, se vio reflejado en su gestión en diferentes Ayuntamientos de la ciudad; inicialmente, los viejos cabezas de familia, Roque Jacinto y José María, ejercen el poder municipal alternadamente; y posteriormente, son sus hijos quienes ejercen la alcaldía de la ciudad, así encontramos como alcaldes en varios períodos alternados a Narciso Campos Sabido, Nazario Campos Palma, Ascensión Campos Contreras y otros miembros colaterales de la familia, como el Dr. Germán Pompeyo Sosa, esposo de Eutalía Campos Contreras.

Junto con el dominio de esta casta henequenera, surge al calor del pueblo, los líderes que han de ejercer la justicia social; así, en las elecciones de 1915, ante el asombro de la casta gobernante, es electo alcalde Acrelio Carrillo Puerto, marcando así la aparición de la familia Carrillo Puerto en la vida pública y social del Motul de principios del S. XX, y cuya actuación ha de marcar un hito en la historia nacional y dará origen al movimiento socialista más importante de la historia de México.

La llegada de Salvador Alvarado a Yucatán, marca también el nacimiento del histórico Partido Socialista del Sureste, que marcó la historia de Yucatán en forma indeleble y volcó la mirada del país entero sobre esta tierra yucateca.

La actuación de los hermanos Carrillo Puerto, en particular Felipe y Elvia, constituye un tema que requiere aún de un profundo estudio para aquilatar la importancia de sus acciones. Felipe, en el plano de la justicia social y Evia como la gran impulsora del feminismo a nivel nacional, llegando a ser la primera diputada de la República Mexicana.

La mano vengadora de la reacción, no perdonó a los hermanos Carrillo Puerto; Felipe cae asesinado por la balas pagadas a los militares golpistas, por un grupo de hacendados de la llamada Casta Divina, que cubrió con oro la sangre preciosa del Mártir del Proletariado Nacional; y Elvia, tuvo que salir huyendo de Yucatán, pues la reacción mandó incendiar su casa y amenazó su vida; penosamente, esta motuleña ilustre, fue a morir en Tabasco, perseguida por la reacción yucateca.

La cultura, ha tenido también en Motul un lugar en el jardín de las letras, junto al nombre de José Peón Contreras, brilla el del poeta motuleño Eulogio Palma y Palma, quien con su libro “Los Mayas” y sus poemas contribuyó a la cultura de nuestro estado en una forma trascendente.

La fuerza del socialismo, sembrado por Felipe Carrillo con la creación de las Ligas de Resistencia, emulación local de los soviets de la Revolución Volchevique, pronto generó un nuevo líder popular, dzemuleño por nacimiento, motuleño por adopción y convicción propia, Rogelio Chalé enarboló la bandera socialista y el liderazgo de la clase obrera yucateca; pero también las balas asesinas de la reacción segaron su joven vida a los 31 años, el 6 de septiembre de 1936.

Al calor del pueblo motuleño, surgió a mitad del siglo pasado, Mario H. Cuevas Solís, electo alcalde en 1950 y posteriormente diputado, en 1958, Mario fue un gran impulsor del Motul moderno; su gestión está plasmada en la construcción de importantes carreteras, como la que une a Motul con Mérida y la que une a Motul con Telchac Pueblo y Puerto; ayudó a la clase trabajadora y siempre compartió lo que tenía con los más necesitados, al grado que, pasó sus últimos días en una digna pobreza que enaltece su memoria.

Era famosa la imagen de Mario, quien era esperado a la salida del Congreso del Estado, por gente necesitada, entre la que repartía su dieta de diputado que acababa de cobrar y llegaba a su casa, a Motul, sin un centavo en la bolsa. Personajes como Mario H. Cuevas, deben estar siempre presentes en la memoria colectiva de Motul.

Motul ha tenido y tiene, grandes hijos distinguidos en la actualidad, el Lic. Renán Solís Avilés, motuleño por nacimiento y convicción. Jurisconsulto distinguido, ha sido Secretario General de Gobierno, Diputado Local, Diputado Federal, presidente del Partido Socialista del Sureste; ha recibido las medallas Manuel Crescencio Rejón en 2006; Rafael Matos Escobedo, al Mérito Jurídico, en 2011 y la Yucatán, en 2012.

Motul es historia, es tradición, hay un Motul no lejano, que está presente aún en la memoria de quienes lo vivimos y lo conservamos. Decir Motul, hace cincuenta años, era venir a comer huevos motuleños a la Sin Rival de Don Jorge Siqueff Febles, era volver a Mérida y como prueba mostrar que se había comprado “Pan Cepillo” ahí mismo, venir a Motul era comprar en “El Estrecho de los Dardanelos”; era encargar prendas bordadas con Doña Consuelo Canché o sus sobrinas Isolina y Marucha; venir a Motul era traer tu hamaca a componer con Lulú Contreras; era ver caminando por las calles al “Azul” Campos y visitar a tía Isabel Gómez, que a sus más de cien años, te regalaba pulpa de tamarindo para llevar, que ella misma hacía; era venir a la fiesta de la Virgen del Carmen e ir a la corrida, al palco de “Papá Viejo”, tío Calín Cuevas y comer la cochinita que él mismo hacía enterrada en su patio, hasta con “choch” cocido en la misma lata; era ir al mercado a comprar “xix de sebo” con “Papá Bel”; era oír los cuentos de Mamá Pino e ir al Cine Encanto, y a la salida comer panuchos de huevo, que así son los originales; ese es el Motul que fue y aún vive.

Motul es presente que se forja en el que hacer de cada día de sus habitantes que bregan en la lucha diaria por el pan que llevar a su mesa, Motul es hoy la vida agitada de su mercado, en el que al entrar, te recibe la amable sonrisa de alguna de las hermanas Pedro; Motul hoy es venir y degustar los huevos motuleños, ahora de Evelita Arce, es comprar el mismo “Pan Cepillo”, pero ahora en “El Negrito” y llevar además “Keikito de Oro”; Motul hoy es venir a una velada en el Centro Cultural Imagine.

Y hay las cosas que no cambian, ahí está nuestro Cenote Sambulá, con mil historias que contar, ahí está la Iglesia de San Juan Bautista con su cúpula rescatada por “Frico Cuevas”; allá siguen su vida cotidiana El Taurino o El Machete. Hay un Motul que vive en sí mismo, en su memoria colectiva, en el ser y sentir de todos los que lo sentimos en el fondo del alma y lo llevamos a cualquier lugar a donde vallamos y podamos gritar: Amo a Motul, soy motuleño de corazón.

Motul, YUcatán a 22 de febrero de 2016.

Ariel Avilés Marín.
Orador Huésped de las celebraciones del 144 aniversario de la ciudad de Motul

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