La Voz de Motul

Editorial

RELATOS DE LA IGLESIA DE MOTUL.

VALERIO BUENFIL, CRONISTA DE MOTUL. En una entrevista a Juan “Cacos” Bautista Can y Sánchez, sacristán de Motul en los tiempos del párroco Fernando Villanueva(1960) recordó que el presbítero Miguel Ángel Burgos, Vicario en esos tiempos, era afecto a comentar temas sobrenaturales y extraordinarios. Las iglesias y los conventos por su larga existencia tienen historias de espíritus y de aparecidos.

El padre Burgos explicaba que las almas tienen su momento de manifestarse y que se requiere tener facultades para verlas. No se les manifiestan a todos. En una ocasión, antes de iniciar la misa de las 5 de la mañana, Juan Bautista Can y unos acólitos con el padre Burgos, oyeron claramente unos pasos que caminaban por el centro de la iglesia, iba despacio hasta que llegó a la mitad de la iglesia y se detuvo, suspirando lamentaciones, continuó dirigiéndose al altar hasta llegar al primer escalón, se detuvo nuevamente y repitió sus lamentaciones, de ahí se dirigió a la entrada del sagrario y se desvaneció en dirección de donde estaban las lápidas.

El padre Burgos al respecto señaló que posiblemente se trata del alma en pena de un sacerdote, que no cumplió adecuadamente y esta pagando sus cuentas pendientes. Agregó, en esa ocasión el padre, que se podía tratar de Misas Gregorianas para difuntos que no se cumplieron, por lo complejo de esas misas muchos sacerdotes no las realizan, sólo algunos se especializan en ellas, pero su omisión al parecer causa grave pecado.

Otra de las presencias que se afirma existe en el convento, es la de un perro, que suele presentarse en las escaleras que conducen a la parte superior del claustro, se siente algo en el ambiente, como un perro negro que vigila con cautela, para encontrarlo se debe de estar solo pasada la media noche.

En el mismo convento, siempre en las noches, en una ocasión el sacristán escuchó que le hablaron en voz suave y lejana diciéndole… Juan… Juan… Juan, el sacristán afirma que era pasada la media noche y estaba ya por dormirse, que escuchó claramente y no le dio miedo, pero no pudo ver de quien se trataba. La reja del caracol en las noches suele abrirse y aporrearse, denotando la presencia de alguien que abre la puerta, la cierra y sube por el caracol. 

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