La Voz de Motul

Editorial

NOS ESTÁN PISANDO LOS TALONES.

VALERIO BUENFIL, CRONISTA DE MOTUL. El 6 de noviembre de 1921 Felipe Carrillo Puerto ganó con amplia ventaja las elecciones para gobernador del Estado con 62,801 votos; contra los 2,888 votos de Bernardino Mena Brito. La popularidad del socialismo estaba en su apogeo.

El 8 de diciembre de 1923 se supo en Yucatán que había estallado un movimiento armado contra el régimen presidencial de México. Era el llamado movimiento “delahuertista” que peleaba por llevar a la presidencia de la república a Adolfo de la Huerta.

En Yucatán, algunos oficiales del Ejército partidarios de Adolfo de la Huerta encabezados por el Coronel Ricárdez Broca, se insubordinaron en contra de sus mandos y desconocieron al gobierno de Felipe Carrillo Puerto.

Ante los inesperados sucesos, Felipe Carrillo Puerto tuvo que abandonar el gobierno del Estado buscando huir de Yucatán. El 12 de diciembre después de enterarse que tropas del Ejército iban por él, decidió huir junto con su gabinete. Primero vinieron a Motul con la idea de llegar a Tizimín y después a El Cuyo para salir de Yucatán.

Motul

Este relato se realizó apoyado de un expediente del Archivo General del Estado de Yucatán que contiene la causa penal que se les siguió a los socialistas por haber prestado ayuda al gobernador Felipe Carrillo Puerto en su huida y con el testimonio de don Carlos Contreras Campos, quien nació en 1914, ese día vivió los acontecimientos, tenía 9 años de edad.

12 de diciembre de 1923.- Esa mañana se suspendieron las labores comerciales, la gente estaba alborotada. Estaba alerta. Miles de campesinos y socialistas aguardaban noticias en la alameda central en torno al local de la Liga de Resistencia ubicada en la esquina de las calles 29 con 26.
Muchos andaban armados y portaban sus sombreros de ala ancha y sus pañuelos rojos en señal de guerra, un grupo de leales socialistas encabezados por Miguel Escalante, Valerio Buenfil, Ramiro Palma, Bruno Martínez, Magdaleno Euán, Ildelfonso Can, Alfonso López, Rosalío Hernández y otros coordinaban los movimientos en un ir y venir en medio de la plaza, entre el palacio y el local de la Liga.

La primera decisión se tomó como a las 11 de la mañana, se dividió a la gente, a los que estaban armados se les reclutó en el local de la Liga de Resistencia y los voluntarios que no tenían armas fueron trasladados a los bajos del palacio municipal.

Cerca de las dos de la tarde se avisó que estaba por llegar el gobernador Felipe Carrillo Puerto. Los que estaban armados se fueron a la estación del ferrocarril a esperarlo. Llegó como a las 2 y media, se bajó en medio de una multitud que lo vitoreó, pero se le notaba preocupado, a sus hombres cercanos les decía: “Nos están pisando los talones”, esta frase la repitió en varias ocasiones.

En el patio central de la Liga se reunió con sus colaboradores más cercanos, más de una hora tardaron los diálogos. Se elaboró un plan para frenar a los militares. Se decidió dinamitar la vía al paso del tren militar por el rumbo de Muxupip.

A Miguel Escalante, quien era terracero de oficio y tenía a su cargo la construcción de la carretera a Telchac Puerto, le encargó Felipe el trabajo. Cuando terminó la reunión se dirigieron al palacio municipal. Felipe se demoró porque la gente le impedía caminar. En palacio el gobernador les pidió a todos regresar a sus casas, para protegerse, y les pidió que tuvieran confianza, porque él regresaría a Motul.

Mientras Miguel Escalante le ordenó a sus choferes Enrique Manzanilla y Fidelio Pinto ir por la dinamita para la carretera que estaba en las bodegas de Juan de la Rosa Ortega, en dos camiones se las llevaron a la estación.

El operativo quedó en manos de Miguel Escalante, Ramiro Palma, Valerio Buenfil, Anastasio Cortés, Rosalío Hernández, Bruno Martínez, Magdaleno Euán, Ildelfonso Can y Alfonso López.

A las 6 de tarde una explosión sacudió a la ciudad por el rumbo del cementerio, al poniente, aproximadamente a un kilómetro. Todos se enteraron al momento del suceso. El estruendo fue inolvidable para los que lo vivieron, en todos los puntos de la ciudad se escuchó. El operativo falló. Posteriormente fueron detenidos Anastasio Cortés y Rosalío Hernández por estos hechos.

No se utilizaron todas las cajas de dinamita, las que quedaron se mandaron a guardar y también los camiones. Al chofer Enrique Manzanilla se le mandó a la hacienda San Eduardo y Felipe Pinto metió el otro camión en casa de Juan de la Rosa Ortega.

4 de enero de 1924.- El Consejo Municipal de la ciudad solicitó al gobierno de Estado a través del Ministerio Público, detener a Ramiro Palma, acusado de matar brutalmente a Claudio Ricalde y al niño José del Carmen Naal; a Valerio Buenfil, Bruno Martínez y Pedro Aldana, acusados de asesinar a Donaciano Canché; Silvestre Kuk, Felipe Itzá, y Gabino May, acusados de asesinar a Juan Torres y Audomaro Bacelis; y a Magdaleno Euán, Rosalío Hernández, Anastasio Cortés, Ildelfonso Can y Alfonso López encabezados por Miguel Escalante de dinamitar la vía férrea cuando las fuerzas federales perseguían a Felipe Carrillo Puerto. La denuncia fue firmada por Manuel J. Cano, Lorenzo Gómez, Julio Vecino y Felipe Alpuche. Seguramente, su aprehensión fue también un movimiento orquestado con el fin de evitar que los cabecillas socialistas instigaran a la población a la resistencia.

En su comparecencia Julio Vecino, quien era natural de Vizcaya, España y vivía en la ciudad, citó como testigos a los choferes Cleofas Méndez y Rogelio Chalé; y Manuel Cano agregó a Macedonio Vera, Mauricio Canché, Audomaro Bacelis, Ana Ramírez Vda. De Ricalde, Asunción May y Emiliano Torres.
Rogelio Chalé en su comparecencia afirmó que los señores Enrique Manzanilla y Fidelio Pinto condujeron en dos camiones que manejaban una cantidad de dinamita para volar la vía férrea bajo las órdenes de Miguel Escalante.

Tizimín

El siguiente relato es una edición de la valiosa y poco conocida “Crónica de Tizimín que incluye comentarios y datos desconocidos sobre Felipe Carrillo Puerto”, publicada por el Dr. Juan Rivero Gutiérrez en su libro “Remembranzas, Leyendas y Crónicas De Tizimin” en 1979.

En su crónica el Dr. Rivero inicia advirtiendo “Leyendo diversos libros sobre la vida de Felipe Carrillo Puerto, he notado que no se da importancia para nada a su paso por Tizimín... para tener datos y relatar esta parte tan interesante de la vida del prócer, entrevistamos a muchos vecinos de Tizimín buscando recuerdos de las personas que tomaron parte en los acontecimientos y de los relatos que le hicieron a sus familiares”; así realizó su trabajo el Dr. Juan Rivero Gutiérrez a principios de los años setentas del siglo XX (1970).

12 de diciembre de 1923.- Felipe Carrillo Puerto llegó huyendo en un tren especial. Estaba abatido, desmoralizado y se sentía decepcionado. Tuvo que hacer esfuerzos económicos excepcionales para pagar a la guardia armada del tren, pero estos lo abandonaron. Pensaba que las tropas que lo perseguían estaban muy cerca y que llegarían a esta población de un momento a otro y que lo harían prisionero. Su frase era “nos están pisando los talones” que repitió muchas veces. En la estación de ferrocarriles los esperaban numerosas personas encabezadas por el diputado José María Rejón Mena y el presidente municipal Arsenio Barrera Rodríguez, quienes habían tenido noticia del levantamiento Delahuertista por el servicio telegráfico de Ferrocarriles. Habían organizado un reclutamiento para tener gente armada y defender al gobierno Socialista. Más de 800 hombres armados con escopetas de cacería. Al frente estaba el señor Epifanio López A., un militar, músico de oficio que estuvo en las fuerzas federales y que había formado la Banda de Música Municipal de Tizimín, había puesto orden y organización ayudado por los miembros de la banda que lograron formar dos batallones.
La mayoría se presentó voluntariamente, algunos fueron reclutados por el sistema de levas. Felipe al ver el armamento con el que se iban a oponer con rifles de largo alcance ordenó que se dispersaran. Sin embargo, no todos lo hicieron. De la estación de ferrocarriles se dirigió al palacio municipal, no quiso entrar a las oficinas, prefirió quedarse en la parte delantera, conocida como corredores.
Se sentó a descansar en las bancas con su gente. Conversaba con los tizimileños. Se notaba que no podía controlar su nerviosismo, repetía “nos están pisando los talones”. En el parque Francisco Cantón, frente al palacio estaban amarrados dos caballos ensillados, los mejores que había en la región.
Los tizimileños por los acontecimientos habían olvidado de su filiación política liberal o cooperativista, partidarios de Adolfo de la Huerta y Socialistas partidarios del gobierno constituido. Todo el pueblo quería defender a Felipe Carrillo Puerto que había dotado de tierra a los campesinos.
El maestro músico le demostró que la gente de Tizimín ligeramente organizada y muy mal armada era magnifica conocedora de los bosques de oriente y magníficos cazadores de venado muchos de ellos, y que en una guerra sin frente fijo bajo los árboles, en el bosque y bajo la selva, tenía el armamento, los conocimientos necesarios, suficientes y que estaban dispuesto a luchar. El entusiasmo popular era enorme. Por un momento el episodio rememoraba las heroicas defensas de los pobladores del Oriente ante el ataque de los mayas rebeldes durante la Guerra de Castas, recién concluida algunas décadas atrás.

Por estos recuerdos aún frescos, algunos le aconsejaron que si no quería derramamiento de sangre se ocultara en los bosques indefinidamente, donde seguramente nadie lo encontraría, tal como lo habían hecho en épocas pasadas algunos gobernantes: los Acereto, Imán, Cantón, hasta que variaran las condiciones y pudiera volver al gobierno.

También podía ocultarse en las casas y los ranchos ganaderos de Tizimín, sin temor a que se les denunciase y con la seguridad de que no sería hecho prisionero, como lo hicieron muchos.
El entusiasmo era tan grande y contagioso que sacó a Felipe Carrillo de su depresión, dominó el terror que sentía él y su comitiva y llamó a sus colaboradores para esbozar un plan de acción; el principal factor sería el diputado Rejón Mena, cuya misión sería la de enlazar a los distintos grupos socialistas de Yucatán.

El gobernador dictó un plan que fue escrito por el diputado Rejón Mena, pero no cuajó por las dificultades para fijar el cuartel para la residencia del jefe. Los dominaba el terror y desistieron. Felipe repitió la frase “Nos está pisando los talones. Compañeros”.

Dejó a sus colaboradores espontáneos y volvió a su idea original, fugarse para reunirse con las tropas obregonistas. Luego caminó hacia los caballos y a un miembro de la banda de música, le entregó su pistola y le dio instrucciones para que consiguiera dos cobertores o cobijas gruesas de algodón y algo de latería a cambio de la pistola porque no tenían nada para comer ni dinero para pagar.
El señor Saleh Sáfadi, conocido como don Julián Mena, que tiene una tienda al costado oriente del palacio municipal, proporcionó todo lo que se le solicitaba y se negó a recibir la pistola con la cual se le quería hacer pago, dijo que él no la necesitaba, que la necesitaba más don Felipe, el gran gobernador del Estado.

Felipe amarró las mercancías a la montura y cabalgó, al galope se dirigió al oriente camino al pueblo de Sucopó. Muchos de sus acompañantes se dirigieron hacia los caballos, los montaron y lo siguieron al galope, otros en su desesperación y miedo no quisieron caminar 50 o 100 pasos en busca de los caballos amarrados a los árboles, donde había suficiente número para todos ellos, sino que corriendo a pie se pusieron a seguir a los jinetes.

El señor Joaquín Bates, el comandante de la policía y un ayudante formaron una recua con los caballos para entregárselos y al trote fueron siguiendo a los fugitivos que iban a pie, alcanzando al primero antes de los 300 metros y al último a los 800 metros.

El diputado Rejón Mena quiso unirse a los fugitivos, pero fue interceptada su cabalgadura por su amigo Manuel Alcalá Calderón y lo obligó a quedarse y unir su suerte con los tizimileños y no a la de los fugitivos. Tiempo después Rejón Mena ayudó a Manuel Alcalá a ser presidente municipal de Tizimín.
Los tizimileños se fueron a sus milpas o ranchos, al interior de la selva alrededor de la población donde ya estaban seguros. Lo mismo hicieron las autoridades municipales, abandonaron por completo el palacio municipal.

13 de diciembre de 1923.- Al día siguiente de la salida del gobernador hacía El Cuyo se propagaron muchos rumores, uno señalaba que la persona que hacía de correo a El Cuyo, es decir, el hombre que recogía en la Oficina de Correos y de Telégrafos la correspondencia que enviaban cada dos días al señor Eligio Rosado, Administrador o encargado que vivía en El Cuyo, había llevado un telegrama donde le ordenaban que quitara el magneto a la maquinaria que movía la canoa motorizada que esa negociación utilizaba, otros dijeron que se ordenó descomponer el motor de la canoa y según otros que se le quitase el juego de velas grandes que podía servir para alcanzar la cercana isla de Cuba. Esta canoa era la que pensaba utilizar Felipe para salir de Yucatán, la había solicitado en Mérida.

14 de diciembre de 1923.- Este día tomo posesión el Consejo Municipal de Tizimín encabezado por el señor Manuel Bates García y se supo de muchas personas refugiadas en los bosques, ranchos y milpas de los alrededores. En un rancho entre Tizimín y Sucilá estaban Eraclio Carrillo Puerto, el licenciado Antonio Gual García y al parecer el licenciado César Alayola Barrera.

15 de diciembre de 1923.- el señor Carlos Rodríguez Díaz informó a las autoridades municipales que en su finca Subinché al norte de Tizimín estaban refugiados los oficiales Cecilio Lázaro y Daniel Valerio y deseaban que el señor Bates García intercediese por ellos ante el Coronel Ricardez Broca. Manuel Bates fue citado a Mérida y en el pizarrón de palacio municipal se publicó una propuesta de amnistía a los socialistas prófugos.

17 de diciembre de 1923 .- En la noche se supo en Tizimín que en la canoa motorizada “La Manuelita” que salió de El Cuyo, se habían embarcado el gobernador Carrillo Puerto y su comitiva. También dicen que no salieron de El Cuyo, sino de Chiquilá, Quintana Roo, esta noticia la trajo el señor Antonio Arjona Bolio que como contratista chiclero trabajaba en esa región y vio salir el barco.
18 de diciembre de 1923.- Se presentaron los fugitivos Lázaro y Valerio y se les dejó libres, según la promesa de amnistía y se le comunicó al gobierno del Estado. Estando libres los fugitivos comentaron que ellos eran amigos de Ricardez Broca y que Cecilio Lázaro era de su mismo pueblo y que había jugado con él cuando era niño, por lo que siendo su amigo de la infancia los ayudaría y que estaba obligado porque eran hermanos de una sociedad secreta.
Ellos estaban contentos tenían tanta seguridad de sus gestiones que empezaron a hacer obsequios de sus efectos personales de vestir. El señor Lorenzo Rodríguez Polanco recibió un sombrero de fieltro de ala ancha que era el símbolo de los socialistas, el mismo obsequio recibió Joaquín Bates García.

19 de diciembre de 1923.- A las 3 de la madrugada aproximadamente un grupo de personas armadas tocó a las puertas de la casa del señor Bates García, presidente del Consejo Municipal. La escolta estaba formada por trabajadores chicleros, entre ellos un inglés de Belice de raza negra, el señor Leopoldo Vázquez, quien posteriormente fue muy popular en Tizimín y muy apreciado hasta su muerte. Le entregaron al licenciado Manuel Berzunza, a media luz el presidente firmó el acuse de recibo y salió a la calle a recibir al licenciado Berzunza, de quien era amigo personal. Lo invitó a pasar a su casa y le informó que ahí estaría detenido con todas las facilidades.
A la mañana siguiente Manuel Bates comunicó por oficio el hecho al gobernador del Estado, telegráficamente le contestaron, ordenándole que desarmara y pusiera bajo segura custodia a Daniel Valerio y Cecilio Lázaro y al licenciado Berzunza, ordenándole que preparasen manera de transportar a un grupo de tropa que venía a aprender a Felipe Carrillo.
Por la rapidez de la contestación de sus oficios, Manuel Bates averiguó que el grupo armado transmitió 4 telegramas a Mérida, en uno de ellos comunicó al Coronel Ricardez Broca “Como justa represalia por atentar contra mi vida y de mis empleados chicleros de esta finca, Felipe Carrillo Puerto y acompañantes he salido en su persecución. De pronto he conseguido aprender al licenciado Berzunza a quien remito hoy a Tizimín con segura custodia. Si manda fuerzas que sigan mis instrucciones seguramente caerán en nuestro poder. Pongo de su conocimiento que trabajadores de esta finca portan armas que pongo a la disposición de la revolución que encabeza Adolfo de la Huerta y usted. Atentamente. Eligio Rosado. Transmitido el día 19.

20 de diciembre.- Llegó una compañía de 4 pelotones al mando del Capitán José Corte. Fueron a la casa particular de Manuel Bates donde estaba el licenciado Berzunza y lo llevaron a la estación de ferrocarriles para su traslado. A Lázaro y Cecilio los encontró en una celda de la cárcel pública conversando con varios amigos e inmediatamente los incomunicó.
El grupo militar salió para El Cuyo haciendo el camino a pie porque por más que hicieron no consiguieron caballos de silla ni otros medios de transporte, puesto que los tizimileños no los proporcionaron y ya los tenían en sus milpas y en sus ranchos, fuera del alcance de los militares.
El Capitán Corte, después de hablar con la escolta que trajo al licenciado Berzunza, solicitó un tren militar para trasladarlos a Mérida, lo que generó rumores ese día y al día siguiente de que Rosado había apresado al gobernador y a su comitiva. Empezaron los cálculos sobre qué día lo traerían prisionero.

22 de diciembre.- Se calculaba que los soldados y sus prisioneros llegarían al mediodía. A las 6 de la tarde llegó un tren militar y a las 9 de la noche llegaron los soldados trayendo a Carrillo Puerto y sus hermanos Edesio, Wilfrido y Benjamín y sus compañeros Fernando Mendoza, Pedro Ruíz, Rafael Urquía, Julián Ramírez y Marciano Barrientos.
A este grupo inmediatamente les añadieron a Cecilio Lázaro y a Daniel Valerio. Se les ofreció comida y algunos de ellos comieron un poco y Felipe la rechazó totalmente. Fueron llevados todos a la Sala de Banderas del palacio municipal. Se les podía ver desde cierta distancia, el aspecto de Felipe era de una persona abatida, derrotada, completamente desmoralizada, estado que muchos atribuían al cansancio físico.

Los comentarios de la gente que se arremolinó en torno al palacio animaron a Felipe, quien cambió su aspecto, se puso de pie, se irguió y adquirió un porte distinguido, tomó la iniciativa de nuevo del grupo de prisioneros y solicitó la comida que antes había rechazado.
Los soldados colocaron a Felipe Carrillo en el centro de su formación y todos en línea lo más cerrada posible estaban alrededor de él y sus compañeros, fueron conducidos a la estación de ferrocarriles, al llegar a la plaza que estaba cerca hicieron una descarga cerrada al aire, por temor de que el pueblo en un acto desesperado les arrebatase al prisionero. Tomaron el tren que los condujo a Mérida.
4 de enero.- En la Revista de Yucatán vino la noticia del drama de la madrugada del 3 calificada con todo valor de fusilamiento. En el Diario se utilizó la palabra fusilamiento y que el pueblo entendió como asesinato. No se usó la frase Ejecución Militar que indicaría un juicio previo y una sentencia que se cumplía.

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1 Comunicación Personal con Carlos Contreras Campos.
2  AGEY. “Diligencias en averiguación promovidas por el H. Consejo Municipal de Motul integrado por Manuel J. Cano y Lorenzo Gómez contra Ramiro Palma y socios por el delito de sedición y daños a la vía férrea de Muxupip durante la huida de Felipe Carrillo Puerto”. Fondo Justicia, Serie Penal, Sedición, vol. 213, exp. 18, 23 de enero de 1924.
3  Esta acusación sólo refrescaba los hechos acaecidos algunos años antes. Ver: AGEY. “Diligencias en averiguación promovidas contra Valerio Buenfil y socios por el delito de homicidio perpetrado en la persona de Donaciano Canché” Fondo Justicia, Serie Penal, Homicidio, vol. 213, exp. 9. 15 de enero de 1924.
4 AGEY. “Diligencias en averiguación promovidas por el H. Consejo Municipal de Motul integrado por Manuel J. Cano y Lorenzo Gómez contra Ramiro Palma y socios por el delito de sedición y daños a la vía férrea de Muxupip durante la huida de Felipe Carrillo Puerto”, op. Cit.
5 Rivero Gutíerrez, Juan. Remenbranzas, Leyendas y Crónicas de Tizimín (segunda parte). Editorial Zamná, Mérida, Yucatán, México. 1979.
6  Rivero Gutíerrez, Juan. Remenbranzas, Leyendas y Crónicas de Tizimín (segunda parte). Ibíd.

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