La Voz de Motul

Editorial

EL SILENCIO.

ABELARDO TAMAYO ESQUIVEL, CRONISTA DE DZILÁM GONZÁLEZ.

EL SILENCIO

Hablar del silencio es encontrarse con los que callan cansados  pero con esperanzas.  Es aprender a escuchar gritos oprimidos. La historia está llena de voces del silencio: Nóbeles de literatura, filósofos, poetas e intelectuales pero sobre todo gente sencilla han contribuido a un porvenir promisorio porque sus acciones están sustentadas en la verdad implícita y en la expresividad del propio silencio que reclama, denuncia y se rebela.

Así lo entendemos,  porque aviva nuestra conciencia, cuando leemos el poema de Alberto Cervera Espejo “Cuando despierten los hombres mayas”,  que dice: “Cuando los mayas despierten, con sus canciones a cuestas, sus voces, sus ecos y cantos, envolverán a la tierra/ Así está escrito en el tiempo/ Nos lo dice el viento, nos lo dice este horizonte de agitación, de calma y de presagios que nos crece adentro/ Así será. Esperamos en silencio, esperamos, esperamos, ya llega con su manantial de trinos, el final de las tinieblas/.

El silencio es elocuente y fuerte, aunque nos parezca confuso por su abstracción o contradicción metafísica. Su concreción está en la realidad  palpitante, llena de simbolismos y significados que convierten sentimientos e ideales en esperanzas posibles de justicia y libertad. Pero al silencio se le entiende mejor en su simplicidad dialéctica: su contrario entrañado en el alma del propio silencio del ser humano, que callado grita y ha gritado en siglos de historia y que es capaz de reventar los temerosos tímpanos de la clase privilegiada que se niega a escuchar. No en vano Elena Poniatowska tituló una de sus novelas así: “Fuerte es el Silencio”.

Y es que el silencio encierra dignidad y rebeldía no solo opresión y muerte. En cada época y lugar , en los ineludibles momentos de crisis de los Modos de Producción Social,  las sentencias de esos héroes rebeldes se hacen escuchar como valientemente lo hiciera nuestro líder Maya José de los Santos Uc Canek: “Los blancos  hicieron que estas tierras fueran extranjeras para el indio, hicieron que el indio comprara con su sangre  el aire que respira . Por esto va el indio, callado,  por los caminos que no tienen fin”. Es el silencio de la rabia que explota en cualquier momento, dice el subcomandante Marcos, quien evoca las palabras de Manuel Scorza: “La noche pasará/Pueden escupir las aguas/Pueden fusilar a los gorriones/Pueden quemar los versos/Pueden degollar el dulce lirio/Pueden romper el canto y arrojarlo a una ciénega/Pero la noche pasará”/. O  aquella verdad dicha por un indígena zapatista con la sencillez de su lenguaje que los hace únicos y por ese solo hecho tan notable debería respetarse la autonomía que exigen en sus usos y costumbres: “… si esos señores que se dicen pensantes hubieran visto con nuestros ojos lo que miramos callando, tal vez entenderían nuestro silencio de después y nuestra palabra de ahora”.

Otro gran sabio, nobel de literatura, Rabindranath Tagore, con fina sensibilidad alzó la voz de la callada India sometida por el Imperio Británico rompiendo con la ancestral costumbre de sumisión cultural, contribuyendo a acabar con un silencio que de tan mudo se llegó a escuchar hasta el eco, pues impulsó un movimiento nacionalista que en su tiempo fue necesario y lo sigue siendo pero que de ninguna manera toda lucha nacionalista puede quedar ahí. Él mismo junto con Gandhi y Nehru sentenció,  como los internacionalistas de hoy, que “no hay más que una historia, la historia del hombre. Todas las historias nacionales son solo capítulos de una historia mayor”. Es esa la idea de los grandes del pensamiento revolucionario como lo fueron Carlos Marx y Federico Engels con su lema “Proletarios del mundo, uníos”, quienes sin  alegorías ni simbolismos al silencio lanzaron ese grito de esperanza por un humanismo real, el comunismo, basado en la ciencia y leyes de las transformaciones de la naturaleza, la sociedad y el hombre.

Dialogar con el silencio es referirse a aquello que no es, pero que en virtud de su contrario  anhela ser lo que no ha sido porque no lo han dejado ser. Y eso es lo que en realidad somos, “…estrellas caídas que apenas arañan el cielo de la historia con un garabato”, dice Marcos, en el peor de sus optimismos. Y yo creo que por ello los olvidados y condenados a las tinieblas  del silencio no sienten miedo a la muerte  porque nacieron paridos por una historia desgarrada de dolor: “sin más pena que la vida ni más gloria que la muerte” ¡Qué bien lo ha dicho el poeta   Manuel Acuña!: “La muerte no es la nada sino para la chispa transitoria cuya luz ignorada pasa sin alcanzar una mirada de la pupila augusta de la historia”.

La versatilidad del silencio logra su inmensidad en el terreno de la literatura cuando Juan Rulfo escribe en su “Pedro Páramo”: “…No, no era posible calcular la hondura del silencio que produjo aquel grito. Como si la tierra se hubiera vaciado de su aire. Ningún sonido; ni el resuello, ni el del latir del corazón; como si se detuviera el mismo ruido de la conciencia”. Esa conciencia  sin fuerza, sin poder, porque no prende ni aviva la llama de la sensibilidad humana. Ya no hay sensatez, ese simple y llano sentido común de lo que le conviene al hombre; que esa sensatez no la tenga la burguesía no es extraño pues nunca una clase social dominante la ha tenido pero lo que no se puede admitir es la complicidad del otro silencio, del silencio que enmascara y calla lo que se debe denunciar por honor a la verdad y la justicia. Pero más aún que la denuncia es imprescindible una orientación que permita saber en qué Modo de producción estamos  en esta segunda década del tercer milenio (capitalismo) y hacia dónde habremos de dirigir los esfuerzos de nuestra lucha (socialismo); explicar ampliamente esto  no admite demora.

Ya se acerca el día en que todas las estrellas se desprenderán juntas de las garras de la negra noche y  un manto luminoso cubrirá entonces toda la faz de la tierra.

Así como la imagen y los valores en el período posclásico de nuestro México Antiguo fueron representados por águilas y jaguares como símbolos y metáforas de una sociedad beligerante, así hoy el silencio se expresa en oposición, resistencia y rebeldía que son el preludio de una tormenta revolucionaria, el presagio del fin de un capitalismo cruel e irracional para dar paso a una aurora de paz y bienestar social.

 

 

 

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