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La Voz de Motul

Editorial

Oswaldo Vázquez Yucateco en Harvard

Una de las frases más ciertas es esa que dice: cuando se quiere, se puede.

Esto aplica a Oswaldo Vázquez, un indocumentado con raíces latinas que nació en Estados Unidos, que a los cinco años de edad se tuvo que ir con sus padres y sus dos hermanos a Motul, Yucatán, que años después regresó a vivir muy modestamente en Estados Unidos y que hace unas semanas fue aceptado para entrar en algunas de las instituciones educativas más prestigiosas, entre ellas Harvard.

Eva Vázquez, madre de Oswaldo, a quien más bien le llaman ‘Ozzie’ de cariño, recuerda la forma tan humilde como vivían desde finesde los años 80 en Los Angeles, siempre con miedo a que expiraran sus visas y a que con ello fueran deportados y/o que la familia fuera separada. El matrimonio trabajaba en un lavado de autos.

Es así que en el año 2005, cuando Ozzie tenía cinco años y era estudiante de la escuela Gabriella Charter School, su familia se mudó a Motul.

Cuando se fueron a México, se llevaron una computadora usada con la que Ozzie jugaba; él ahora dice que ese dispositivo lo ayudó a superar varios años difíciles.

Los peores años

“Me sentía tan confundido, no sabía cómo socializar con las personas”, cuenta el joven acerca de su vida en México. “En la infancia… fui intimidado por algunos años, no sólo verbalmente, sino también físicamente, fue uno de los peores momentos de mi vida. La gente no me veía como mexicano, yo era un extranjero y también un niño ignorante”.

Cuando no estaba trabajando en el restaurante de su familia, la pantalla de la computadora de Ozzie era su vía de escape. El pequeño dispositivo de escritorio era viejo y lento, comentó, pero lo transportaba a otros mundos y él mismo aprendió cómo programar, codificar y diseñar sus propios videojuegos rudimentarios.

La hermana mayor de Ozzie regresó a Los Ángeles después de un corto tiempo en México para vivir con su tía materna y terminó graduándose de la UCLA. Ozzie comenzó a pensar que quería seguir sus pasos, a pesar de sentirse desgarrado por dejar a su familia en México.

Mudanza a Chinatown con una tía

En el año 2015, el chico se mudó al pequeño apartamento de Chinatown en el que ahora vive, con su tía como anfitriona. Cuando regresó, ya había olvidado la mayor parte del inglés que hablaba de niño. Su madre le dijo que leyera tantos libros como pudiera. “Aquí está mi querido Steinbeck”, dice Ozzie, mientras camina hacia la estantería para señalar a algunos de sus autores favoritos.

“Él es inteligente por naturaleza, pero ha trabajado mucho”, afirmó Diane Kantack, consejera de Ozzie en la escuela Los Angeles School of Global Studies, del Distrito Unificado de Los Ángeles (LAUSD), justo al oeste del centro de la ciudad,

“Quiero comenzar como programador informático”, comentó Ozzie sobre los planes de su carrera, “pero mi objetivo final con la informática es realizar investigaciones sobre inteligencia artificial y aprendizaje automático, para aplicaciones humanísticas. Una vez que me jubile, quiero ser maestro en mi preparatoria y simplemente retribuir, tratar de hacer que los niños se involucren más y se diviertan”.

El mega escándalo

Cuando estalló la noticia del escándalo de las admisiones universitarias, con historias de padres adinerados que al parecer sobornaron con grandes sumas para falsificar las calificaciones SAT de sus hijos y comprar así sus ingresos a las mejores universidades, a Ozzie y su madre les preocupó que su arduo trabajo no fuera suficiente para llevarlo a donde quería estar.

No obstante, ingresó a UC San Diego, Cal Poly San Luis Obispo, Fordham y UC Santa Barbara, y luego recibió buenas noticias de una de sus universidades soñadas: UCLA. “Me llenó de alegría”, reconoció Ozzie.

Después de haber sido aceptado en varias universidades aún falta revisar la de Harvard. Era un jueves, 28 de marzo. A Ozzie le temblaban las manos al iniciar sesión para ver la decisión de Harvard.

“Traté de mover el cursor y finalmente lo pulsé, todo lo que vi fue ‘Felicidades’, en letras negritas. Me volví loco, me puse de pie, empecé a gritar; creo que nunca he gritado tan fuerte”.

Felicidad explosiva

Su primera llamada fue a su madre, Eva, quien consiguió ingresar legalmente a EU hace un año, después de mucho tiempo de esperar que llegara el papeleo. Su esposo todavía está esperando la aprobación.

Eva todavía seguía llorando cuando llegó a trabajar y su jefe pensó que estaba angustiada. La mujer le explicó lo que había ocurrido antes de tomar su puesto en una caja registradora. El guardia de seguridad de la tienda la vio llorando y le preguntó qué había pasado.

“Le dije ¿Realmente quieres saber? mi hijo ingresó a Harvard’”. Y los clientes comenzaron a aplaudir”.

(Con información de diario.mx/Foto: latimes)

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