La Voz de Motul

Editorial

LA LEYENDA DE LA VIRGEN DEL CARMEN DE MOTUL.

VALERIO BUENFIL, CRONISTA DE MOTUL. LEYENDA HISTORICA DE LA VIRGEN DEL CARMEN QUE SE VENERA EN LA PARROQUIA DE SAN JUAN BAUTISTA DE LA CIUDAD DE MOTUL.

Presentamos la versión original de la leyenda de la Virgen del Carmen proporcionada por Doña Lidia Flota Paredes, quien la encontró como herencia de su abuelo Don Canuto Paredes. Esta versión goza de licencia eclesiástica, su nombre original es “Leyenda Histórica de la Imagen de la Virgen Del Carmen”. Fue escrita en el mes de abril de 1961 en esta ciudad por el nieto de don Pedro Alcántara Pinto, tomada de recopilación oral. No se ha identificado el nombre del autor, el documento original existe en poder de doña Lidia Flota, en él se especifica la licencia eclesiástica de esta versión. Mucho agradeceremos sus comentarios para seguir con las investigaciones sobre esta leyenda.

Con la conquista española vinieron también los padres Franciscanos y fueron fundando parroquias y templos en todo
Yucatán. Los padres franciscanos conociendo la hermosa devoción del Santo Escapulario de la Virgen del Carmen, la establecieron también aquí, y para mayor eficacia hicieron o mandaron hacer una imagen de escultura tallada en madera, pequeña, de cuarenta centímetros de altura sobre su base y la dedicaron como patrona de los soldados, quienes en
aquella época se llamaban “Milicias del Rey”.

Así fueron pasando los años aumentado la devoción cada día entre los soldados. En los años de 1832 a 1842, después de la independencia, hubo una asonada o brote revolucionario en la ciudad de Campeche, y se llevaron soldados de todas
partes naturalmente también se llevaron soldados de aquí, de Motul, lo que causó consternación, pena y tristeza entre ma- dres y esposas pues la distancia de aquí a Campeche, parecía como de aquí al fin del mundo.

Estando, pues, los soldados de Motul en Campeche, sucedió lo siguiente: en aquellos tiempos los servicios de correo se hacían por ciertas personas a pie, que iban de un pueblo a otro. En cierta ocasión, a una de estas personas que hacia este servicio de Mérida a Campeche, se le hizo de noche, pero no le importó y prosiguió su camino sin miedo alguno. De pronto, levantando la vista, vio desde lejos una lucecita que le llamó la atención y que se le acercaba cada vez más
hasta que se encontraron frente a frente. ¡Que sorpresa la suya al darse cuenta que era una hermosa señora con su Hijo en un brazo y en el otro una linterna que le alumbraba el camino! Saludo el hombre y le contestó la señora con mucho afecto.
Pregunto a la señora de donde era y de donde venia y ella le contesto de Motul y que venia de Campeche a ver a otros hijos que estaban ahí. Cruzando algunas palabras más, se despidieron deseándose entre si buen viaje.

Aquel siguió su camino para Campeche pero no se le quitaba del pensamiento el recuerdo de la señora a quien vio y así llegó a Campeche al amanecer del siguiente día. Allí aquel hombre averiguó en que cuartel estaban los soldados motuleños, y encontrándolos contó lo que vio en el camino la noche anterior. Entonces los soldados al oír este relato recordaron que la noche anterior vieron pasar entre ellos a una señora con su hijo abrazado prodigándoles consuelo y animándolos a no preocuparse por su situación ya que pronto estarían de regreso en su pueblo sanos y salvos.

Ellos entre sí comenzaron a pensar que la única que podía ser aquella señora era la Virgen del Carmen a quien se encomendaron al salir de Motul. Dicho y hecho, al poco tiempo se aplaco aquella asonada y todos volvieron sanos y salvos a Motul. Con esto creció más y más la devoción de los soldados a la santísima Virgen del Carmen. Esto lo contaba Don Pedro Alcántara Pinto que nació el 17 de octubre de 1805 y murió el 10 de noviembre de 1895, justamente a la edad de
noventa años.

En el año de 1847 estalló la llamada Guerra de Castas encendida por los indios mayas cuyo plan era acabar con la raza blanca, o sea, los descendientes de españoles, comenzando su obra de salvaje destrucción en Valladolid e Izamal, amenazando luego a Motul y a Mérida, pero afortunadamente los motuleños viendo de inmediato el peligro que venia
organizaron tropas de todas partes capitaneadas por personas caracterizadas, entre ellos Don Diego Moreno como capitán y Don José Maria Pinto Martínez como cabo y otros soldados, como de esta población. Todos ellos antes de partir imploraron la protección de la Santísima Virgen del Carmen como patrona de los soldados. Las tropas defensoras consiguieron alejar a los sublevados hasta los bosques de Quintana Roo en el actual Felipe Carrillo Puerto, después de cuatro años de lucha y peligro hasta llegar al actual Bacalar fueron dados de baja, y no pudiendo volver por tierra,
pues el camino estaba infestado de rebeldes, se fueron a Belice. Allí se embarcaron y se dirigieron a Telchac Puerto en donde desembarcaron sanos y salvos. Don José María Pinto Martínez, Don José María Méndez y Don Lázaro Pech y otros que ya están olvidados, pero que también salieron ilesos en los combates y peligros lo atribuyeron a la maternal protección de la Santísima Virgen del Carmen. En acción de gracias por tan grande favor organizaron un novenario en su honor que comenzó a repetirse cada año.

Este novenario con el correr de los años fue celebrado con mucho entusiasmo por los soldados, que en ese tiempo se
llamaban “Guardia Nacional”, y al fin decidieron ellos que la Imagen estuviera con ellos en el Cuartel. En el año de 1856,
aprovechando las Leyes benignas de la Iglesia, en tiempo del Segundo Imperio Mexicano, o sea en tiempo del Emperador
Maximiliano se trasladó la Imagen al Cuartel como lo deseaban los soldados, previo permiso de las autoridades eclesiásticas y civiles, y le eligieron un cuarto cabecero que había y que fue habilitado para Capilla de Sagrada Imagen. Este cuarto cabecero habilitado para capilla estaba en el ángulo suroeste del actual Mercado “20 de Noviembre”.

Al ser trasladada la Sagrada Imagen al cuartel, fue designado Patrón o responsable de ella a Don José María Pinto Martínez. La obligación del Patrón era abrir la capilla todo el día cada sábado. Al cabo de pocos años la capilla
resultó insuficiente para la cantidad de gente que acudía a las misas y rosarios, y para solucionar esta dificultad, dispusieron llevar la imagen al Templo Parroquial durante el Novenario y regresaría a la capilla después de dicho evento Novenario.

Fue entonces cuando se establecieron las “bajadas” antes del Novenario, y las “cerradas” después. Esto duró hasta el año
de 1900.

En el año de 1887 murió don José María Pinto Martínez y le sucedió en el patronato de la imagen su yerno Don José Antonio Kú quien a los pocos años renunció por tener que atender sus intereses personales, siendo nombrado Don Manuel Sosa quien continuó en el patronato hasta el traslado de la imagen a la capilla de San Juan.

En el año de 1900 las autoridades civiles notificaron a los soldados que tenían que devolver la imagen al Templo Parroquial, pues por orden superior, en los edificios públicos no podía aceptarse nada que no tuviera conexión con lo religión.
Se formaron entonces dos partidos: unos a favor de llevar la imagen al Templo Parroquial y otros en contra. Triunfaron los
últimos a quienes guiaba el afán de impedir el que los señores sacerdotes mandasen sobre la imagen. Propuso este último grupo levantar una capilla en el cabo de la población o sea en la actual colonia Felipe Carrillo Puerto, y encomendar la imagen mientras se concluía su propia capilla, en la capilla particular de don Julián May Perera, al oriente del pueblo, llamada capilla de San Juan. Al ser trasladada allí la imagen, asumió el patronato Don Julián May Perera.

Se comenzó la construcción de la capilla con mucho entusiasmo contribuyendo todos con dinero y materiales y en menos
de un año se hizo lo que puede verse ahora. Esta obra que se ve ahora como ruinas ha sido destinada para otros usos.
¿Por qué no se termino la capilla durante los 64 años? ¿Por qué nadie aportó ni un centavo más, ni contribuyó con material
para la construcción? Sólo Dios sabe…

Tal vez Dios Nuestro Señor no quiso que la imagen de su Santísima Madre fuese a permanecer en el monte, pues en aquel
tiempo, toda esa parte estaba deshabitada, habiendo un magnífico templo en el centro de la ciudad donde podría ser venerada con mayor dignidad y decoro. Este hecho puede servir para convencer a aquellas personas que se oponían a que los señores sacerdotes mandasen sobre la sagrada imagen.

El 4 de junio de 1910 estalló en la ciudad de Valladolid la primera chispa de la Revolución Mexicana que causó consternación en Yucatán y en toda la nación. Es o fue causa que se organizara una leva llevando a muchos como soldados con el consiguiente sentimiento, pesar y tristeza entre madres y esposas quienes pensaban no ver de nuevo con vida a sus hijos y esposos. Estas madres y esposas organizaron enseguida un novenario privado en honor a la virgen del Carmen, implorando su protección para aquellos que fueron llevados a las filas. Todos ellos volvieron vivos y sin heridas.
El 10 de octubre de 1917 murió don Julián y le sucedió en el cargo de patrón su hijo Don Remigio May Pinto, heredero
de aquel lugar. Dicho señor don José Remigio May Pinto murió el 10 de mayo de 1929 quedando la imagen a cargo de su
viuda Doña Orencia Can quien al año siguiente renunció pues no quería ser responsable de la imagen.

En esta situación, no habiendo a quien entregar la imagen, ya que los soldados habían sido retirados, los presidentes de
los diversos gremios acordaron dejar la imagen en casa del presidente del primer Gremio un año, y al año siguiente en la
casa del presidente del segundo gremio y así sucesivamente hasta que les tocara a todos los gremios. En aquel año fue presidenta del primer gremio de mestizas la señora Pastora Mendoza en cuyo domicilio estuvo la sagrada imagen hasta el novenario de 1932.

Terminadas las festividades de ese año correspondió cuidar la imagen al gremio siguiente, pero a todos pareció que la casa del Presidente de ese gremio no era lo suficientemente digna para tener la sagrada imagen y resolvieron dejarla en casa de la mencionada señora mientras se resolvía qué hacer. Fue entonces cuando los presidentes de los gremios se irritaron en discusiones afirmando unos que la señora Mendoza no era digna de tener más la sagrada imagen, señalando otros que se trasladar la imagen a la iglesia, a lo cual todos los demás se oponían para que “los señores sacerdotes no mandaran sobre la imagen”, y pidiendo otros que se hiciera una capilla. Alguien hizo llegar el asunto al Sr. Presidente Municipal que era entonces don Manuel Jesús Barceló. Este señor citó a todos los litigantes, y cada uno expuso
ante él sus razones, decidió que no era asunto civil, sino federal.

Pasó el asunto al señor Agente del Timbre que era don Pedro Pablo Gómez, quien ocupaba el mismo cargo actualmente en la ciudad de Tekax. Este señor, oído del asunto ordenó a la señora Mendoza traer la imagen y entregarla bajo acta y trámites legales, y riguroso inventario al sr. Cura párroco Pbro. Cayo Castillo Suárez. Esto fue en el año de 1932. Motul, abril de 1961. Gremio de Alarifes

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