La Voz de Motul

Editorial

UN FEMINISTA: CHEMAS MOLINA.

FELIPE ESCALANTE CEBALLOS. 

Hacia mediados de los años cuarenta del siglo pasado era muy visible un letrero a la entrada de los bares y cantinas emeritenses: “NO SE ADMITEN MUJERES”. Por terminante disposición de los reglamentos estatales o municipales las hijas de Eva no podían entrar a esos lugares. Tampoco asistían a los cafés establecidos en la urbe. El machismo y el qué dirán eran un freno social para las féminas.

En esos tiempos, en la calle sesenta y dos, cerca del cruzamiento con la sesenta y tres, a pocos pasos del Palacio Municipal y frente a la Plaza Mayor, en pleno centro de Mérida, funcionaba el salón cerveza Versalles regenteado por don Demetrio Molina Ávila, popularmente conocido como Chemas Molina.

Este señor, según su familia, se había hecho hombre solo, trabajando desde que era casi un adolescente y las circunstancias de la vida lo llevaron a laborar en el salón Versalles. Varios años después, ya en la edad adulta, se hizo cargo del negocio mediante el pago de una renta a sus propietarios.

Con su perseverancia en el trabajo, honradez, buena atención a los parroquianos y vida modesta, don Demetrio hizo del Versalles uno de los centros de reunión más populares de la ciudad, lo que le permitió ahorrar una buena suma de dinero. Al contar con abundantes caudales, fruto de su esfuerzo laboral, el señor Molina concibió la idea de establecer un negocio propio y retirarse del salón cerveza que rentaba.

Sin embargo, don Chemas tenía una inquietud: había observado en diversas ocasiones a distintos caballeros que pedían una cerveza -cuya botella se envolvía en una bolsa de papel de estraza, para disimular-, y se dirigían al automóvil donde su “media naranja” aguardaba incómodamente mientras el señor regresaba con la apetecida bebida de malta y lúpulo.

En otras cantinas las señoras, de pie, en la calle y bajo los ardientes rayos solares del medio día, eran atendidas mediante una ventanilla que comunicaba con la barra de servicio y, a través de esa abertura, se les entregaba la consabida botella de cerveza envuelta en bolsa de papel de estraza. Pero, nada de entrar al recinto. Aún estaba vigente la prohibición para las mujeres de asistir a un centro de esparcimiento donde se expendieran bebidas alcohólicas.

A don Demetrio le parecía injusta esa situación. Entre familiares y allegados comentaba: ¡Es una barbaridad que las mujeres no pueden disfrutar de una cerveza en la cantina! ¡No debería existir esa prohibición!

Al fin se inició la construcción del que sería el Bar Chemas. Don Demetrio seguía firme con su idea de que las damas tenían tanto derecho como los hombres de disfrutar de una cerveza bien fría en los bares y cantinas, cómodamente sentadas y atendidas por meseros, para disfrutar la bebida de su predilección con todo el bienestar posible. Nada de excluirlas, no había motivo válido por el cual se privara a las damas de ese pequeño placer.

El 5 de agosto de 1949 se inauguró con gran pompa el Bar Chemas, incluyendo la bendición del sacerdote Carlos Ricalde, muy popular entre los feligreses por su simpatía y buen humor. El local tenía todo el lujo y las comodidades de la época. Y, de acuerdo con el propósito de su propietario, anexo al bar inició su funcionamiento el primer “SALÓN PARA FAMILIAS” que hubo en nuestra ciudad.

En ese espacio confortable y elegante, con una fresca palapa como techo, las damas, acompañadas de sus esposos o de otras cofrades, podían consumir cervezas, cócteles, “compuestos”, o refrescos, acompañados de las exquisitas botanas elaboradas en la cocina del establecimiento. De ese modo su propietario hacía justicia a las mujeres. Como una muestra del feminismo de don Chemas en el nuevo local para familias se fijaron unos letreros contundentes: “SALÓN PARA FAMILIAS. NO SE PERMITEN HOMBRES SOLOS”.

Si un caballero deseaba ir al cómodo salón, tendría que ir acompañado de su esposa -y sus hijas e hijos, en su caso- porque el sitio estaba dedicado precisamente a las damas y sus familias, quienes en ese lugar disfrutaban de derechos iguales a los de los varones.

El éxito del Bar Chemas fue inmediato y continuo. A ejemplo de don Demetrio, muchos otros bares y cantinas también establecieron reservados para las familias, lo que contribuyó a que las mujeres, ya sea solo ellas o con sus familias, tuvieran libre acceso a todos los recintos donde se expendieran bebidas espirituosas para consumir ahí mismo.

En el Bar Chemas, además del éxito por la clientela femenina, el sitio junto a la barra, dedicado a los caballeros, se volvió centro de reunión de varios intelectuales yucatecos, como Gustavo Río Escalante, Leopoldo Peniche Vallado, Manuel Pasos Peniche, Renán Irigoyen Rosado, Ramón Mendoza Medina, Arturo Abreu Gómez y Rodolfo Concha Campos, quienes eran parroquianos habituales.

No cabe duda que al poner en servicio el salón para familias del Bar Chemas, don Demetrio se adelantó a su época. Sin duda, él es uno de los primeros feministas de nuestra entidad. Las empoderadas y lideresas de los derechos de las mujeres deberían hacerle un homenaje a don Demetrio Molina Ávila por su contribución a la igualdad de varones y féminas.

Mientras ello ocurre, por medio de estas líneas hacemos un reconocimiento a ese visionario ciudadano.

Enero, 2019

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