La Voz de Motul

Editorial

EL CULTO A LA MUERTE EN AKIL.

 

ORLANDO MUÑOZ CANTO, CRONISTA DE AKIL. 

Evolución del culto a la muerte en la comunidad

El ritual sobre la muerte conlleva en su evolución histórica determinados elementos que la han hecho tan particular, desde los dioses prehispánicos que moraban en el legendario “Yax-Ché” o árbol de la vida, hasta la nueva concepción religiosa impuesta por conquistadores y misioneros cristianos.

De este sincretismo nace el qué creemos, cómo veneramos y qué ritual realizamos cuando alguien muere en la comunidad, así como el destino final del alma o “ Pixan maya”, conceptos que en estas páginas podrás encontrar, disfrutar y entender como resultado de la búsqueda constante del hombre como ente social, en su constante devenir.

Orlando Muñoz Canto

 

DESPUES DE LA MUERTE.

¿QUÉ HAY DESPUÉS DE LA MUERTE?

¿VIDA BUENA O VIDA ETERNA?

¿PERO TÚ CREES, VERDAD?

CLARO QUE TENGO FE,

 ¡NO FALTABA MÁS!

     ES LA ÚNICA COSA RAZONABLE,

ESOS ATEOS NO SABEN NADA,

DESDE LUEGO QUE HAY INFIERNO.

¡LLAMAS Y CONDENACIÓN!

 

¡Y TORMENTOS¡

¿Y CIELO TAMBIÉN?……..

¡OH,….QUIZA……..!

¡…….. QUIZA!

GRAHAM GREENE

 

PRÓLOGO

Sin lugar a duda,  una de las más significativas y dolorosas situaciones en las que puede colocarnos la vida, es la pérdida de un ser querido, con la consecuente devastación moral, física y psicológica, que causa en nosotros la desaparición de ese alguien que hubiéramos deseado tener como compañero a lo largo de nuestra existencia o durante un largo trecho de él, hasta el final del camino.

Cuando la muerte nos sacude dolorosamente en la más profunda fibra de nuestro ser y nos impone una situación emocionalmente desasosegante, tal pareciera que nunca podríamos salir incólumes de ella; sin embargo, después de un tiempo y con el consuelo de familiares y amigos, aceptamos nuestra realidad con fe y esperanza de que pasaron a una mejor vida. Pero, muchos ateos se preguntan: ¿qué es la muerte?, ¿hay vida después de la muerte? ¿Existe el cielo y el infierno? La búsqueda de respuestas a cada uno de estos cuestionamientos es el contenido de este libro, así como las situaciones que tendremos que vivir,  momentos que quisiéramos borrar, pero que a la vez, no podemos olvidar, porque forman parte de nuestro ser y de un ritual, que de manera perenne siempre celebramos en honor a los restos mortales de los que duermen en paz, en la ciudad del silencio, con la esperanza de volver en el juicio final.

Bajo esta premisa, el Prof. Orlando Muñoz, con gran realismo y profundidad, nos va llevando a un mundo desconocido, imaginado y celebrado por todos nosotros: “la vida después de la  muerte”, tal y como la concibieron nuestros ancestros mayas en el árbol de la vida.

Este volumen, es la culminación de una trilogía literaria escrita por el mismo autor sobre el pueblo de Ak´il, que dio inicio con “Cosmogonía y Mitología”,  origen de sus tradiciones, cuentos y leyendas, el vol. II, “Apuntes de su historia” y finalmente “Evolución del culto a la muerte en la comunidad”, Vol. III.

En las dos primeras obras se abordan temas prehispánicos, como el culto a los dioses mayas,  tradiciones, cuentos y leyendas, que aún perviven en la comunidad y  la conformación geopolítica del municipio de Akil, ambas con características históricas y un enfoque de investigación descriptiva, que conlleva a un razonamiento histórico de los hechos.

Con este sentido, en  La  evolución del culto a la muerte en la comunidad, el Prof. Orlando pone de manifiesto su gran sabiduría sobre las costumbres ancestrales de  los mayas y su cosmovisión sobre la muerte, el sincretismo religioso como resultado del choque de dos culturas y  la concepción que la comunidad tiene sobre la misma, desde distintos puntos de vista cristianos, pero también, es un libro donde  tiene la oportunidad de demostrar su lado humano y la sensibilidad que lo caracteriza como persona.

Sobre el contenido de la obra, debo decir que es un libro hermoso, espontaneo,  y que a pesar de hablar sobre la muerte, revela una gran sabiduría de la vida y de cómo debe ser vivida. Su valor intrínseco radica en el hecho de ser un trabajo que busca preservar nuestras raíces culturales y tradicionales y sobre todo, entender y respetar las diferencias de culto que practicamos en la comunidad, así como servir como fuente de consulta para las nuevas generaciones.

Felicito cordialmente al Prof. Orlando Muñoz, compañero de trabajo en la docencia y la investigación sobre nuestras raíces ancestrales, por esta magnífica obra, por seguir siendo un maestro y ejemplo a seguir,  pero sobre todo, por abrirse y compartir con todos nosotros  su verdadera personalidad.

 Fredy de Jesús Góngora Cabrera

 

A G R A D E C I M I  E N T O S

Ser agradecido con las personas por las atenciones recibidas para realizar algo, es una actitud que no podría pasar por alto, bajo ninguna circunstancia, ya que debe ser un acto que nazca de lo más profundo del corazón. Por ello, no encuentro palabras adecuadas para expresar el más sincero reconocimiento para mis compañeros de trabajo, amigos y personas que colaboraron de diferente manera para culminar este libro, unos, recopilando información, otros, haciendo entrevistas, capturando o revisando la estructura de los textos, sobre las costumbres  y tradiciones de esta tierra que me vio nacer, A’kil, “lugar de bejucos”, legendario pueblo prehispánico, tan rico en tradiciones y costumbres, cuyos descendientes mayas las siguen practicando basándose en las enseñanzas ancestrales como lo es  el culto a la muerte, conocimientos heredados de generación en generación, los cuales, resisten los embates de los tiempos modernos al conocerse rituales provenientes de otras culturas, que paulatinamente, hemos estado adoptando o incluyendo en nuestras costumbres, como parte de un proceso de aculturación social y consecuencia también de la evolución de los grupos humanos.

Por ello, debo agradecer a mis padres el haberme dado la vida y guiar mis pasos con sabiduría para crecer y madurar en lo profesional, pero sobre todo, en lo humano y espiritual. La lista de las personas de las cuales estoy agradecido, sería interminable, pero de manera especial, agradezco a mis compañeros Hugo R. Pacheco P., Enmanuel Manzanilla P., Lizbeth Esmeralda Couóh S., Miguel Angel Cervantes A., David A. Hernández S. y especialmente a Fredy de Jesús Góngora C., autor del prólogo y la portada de esta obra.

También reconozco la ayuda de mi madre América Leonida Canto N. de Muñoz, amplia conocedora de la Biblia, en la selección de las citas que se mencionan sobre el tema de la muerte, el cielo y el infierno, así como la promesa de otra vida después de fallecer.

A todos, gracias de corazón.

 

D E D I C A T O R I A

EN MEMORIA DE LOS QUE SE FUERON PARA NUNCA VOLVER Y  DUERMEN EL SUEÑO ETERNO EN LA CIUDAD DEL SILENCIO.

INSPIRADORES DE ESTE TRABAJO.

 

A MI PADRE:

ORLANDO MUÑOZ GARRIDO. (+)

(Nico, Ruco)

A MI HERMANA:

DALIA DE JESÚS MUÑOZ CANTO. (+)

(Chuchita)

A MI TIO:

NESTOR CANTO NAVARRETE. ( +)

(Tillín)

A MI HIJA:

HEIBITH MEDE MUÑOZ ALVARADO. (+)

(Mulixita)

A QUIENES POR SIEMPRE, NUNCA OLVIDARÉ.

DESCANSEN EN PAZ.

 

I N T R O D U C C I Ó N.

 

En aquella tarde del mes de octubre, observaba el hermoso verdor del follaje de aquel pequeño valle cultivado con frutales, que contrastaba con la flora amarillenta  de los árboles de la Sierra, lugar en que desde los años de mi niñez y en compañía de mi padre, me vio crecer, donde aprendí con sus consejos a cultivar la tierra, pues ahí, sembraba frutas y verduras para paliar en algo, el sustento cotidiano de nuestra numerosa familia.

En aquel momento, el cielo encapotado, la tenue llovizna, la brisa  fresca de aquel estío y el trinar lastimero de aquella avecilla tan común en nuestro medio, que anuncia la llegada de los días de alegría o de tristeza por estas fechas otoñales, ante la inminente visita de nuestros seres queridos que llegan del más allá y que por siempre extraño; me hizo recordar los días dedicados a las almas de los difuntos que se avecinaban y en consecuencia, de mis familiares que habían fallecido y hecho el viaje hacia el más allá, para nunca más volver a convivir con nosotros como antaño. Sin querer, una lágrima traviesa de dolor y de gran tristeza me humedeció los ojos, los cerré, luego, lentamente, resbaló por mis mejillas, sintiendo un nudo en la garganta y, al mismo tiempo, suspiré profundamente, evocando todos aquellos recuerdos que viven en mí, hasta tener las imágenes mentales de las vivencias que un día compartimos y  que, queramos o no, se han ido para no repetirse jamás, pero que están latentes, por ser parte de nuestra vida, por ello, guardados celosamente, en lo más profundo del corazón.

Pero, al unísono, de lo más intrínseco de mis sentimientos, afloraron como torrente, en avalancha, una serie de imágenes como diapositivas dormidas en mi subconsciente, haciendo revivir aquellos pasajes, risas, alegrías o tristezas, dueños todos de una vasta gama de experiencias significativas y compartidas con los que se habían ido, de aquellos inolvidables ayeres, algunos, ya muy lejanos. Abruptamente, como colación, afloraron también sin querer,  una serie de cuestionamientos a mis sentidos, las cuales me hicieron desentrañar aquellas sabias enseñanzas de mis mayores, guardadas como valiosas joyas, ahora como parte de mi vida; sentado en aquella enorme roca que permitía dominar el paisaje de aquella rehoyada, entonces filosofando me pregunté: ¿Dónde estarán mis seres queridos que han muerto?, ¿Dónde estarán sus almas?, ¿Qué habrá sido de ellos?, ¿Se habrán ido al cielo o al infierno?, ¿Qué hay más allá de la muerte?, ¿Serán felices en el cielo o sufren eternamente en el fuego del infierno?. Estas y muchas otras incógnitas sin respuesta despertaron mi curiosidad y orientaron la investigación que culmino con este trabajo sobre la muerte, desde diferentes etapas de nuestra historia y sus consiguientes concepciones filosóficas, como el actual ritual moderno a la Santa Muerte, que cada día aumenta su feligresía, los cuales también la veneran de manera solemne y respetuosa, como a los Santos y Vírgenes cristianos, con adeptos de todos los estratos de nuestra sociedad actual.

La importancia de este trabajo, radica en tratar de preservar las raíces culturales de nuestras tradiciones y darla a conocer a las nuevas generaciones, las cuales, quiérase o no, van quedando en el olvido, dando paso a la modernidad y a la injerencia de otras culturas, cuyos conceptos o ritos de adoración a los muertos, son radicalmente contrarios a aquellas costumbres y tradiciones de nuestros ancestros, tales como el Anglosajón y su “Halloween”, el pan de muertos o las calabazas caladas en forma de calaveras, entre otras pero afortunadamente, en la actualidad, en esta comunidad prehispánica llamada Ak´il, que significa: “lugar de bejucos”, enclavada al Sur del Estado de Yucatán, los pobladores siguen practicando de manera respetuosa y puntual,  las fechas dedicadas a las almas de los difuntos, con un ritual que involucra a toda la familia y en la que los abuelos juegan un papel importante en cuanto a la solemnidad del acto y a la transmisión oral de esta herencia cultural, tanto para explicar y disponer los altares, como para preservar el orden y la presentación de las ofrendas, en tres etapas para cada uno de los días designados, es decir, desde antes que despunte el alba hasta el anochecer de cada uno, y es también el momento en que nuestros abuelos aprovechan la ocasión para narrar historias de espantos, de cómo las almas se hacen presentes en estos días, de aparecidos de ultratumba, como parte de sus vivencias o de otras personas que también han tenido y sentido, presencias sobrenaturales o paranormales, tan difíciles de explicar, pero, aseguran nuestros mayores que cada año, en esta época, vienen a visitarnos en estos días dedicados a ellos, por lo que el respeto y la espiritualidad, se sienten.

En los hogares de esta comunidad, los preparativos se inician con varios días de anticipación, por ejemplo, los frutos de la “kujeta” o jícara tradicional, tiene que ser cortada con días de anticipación a fin de que, llegado el momento, estén listas para servir el atole nuevo o el espumoso chocolate, que también con antelación debió ser adquirido el cacao, para ser tostado, molido y aderezado con canela o anís, en algunos casos, para luego hacer las tortillas. Así mismo, las aves de patio como las gallinas, fueron criadas y seleccionadas desde tiempo atrás, al igual que los dulces de camote, pepita, coco, calabaza o ciruela seca, que aquí le decimos “Kulim”, mismos que al sancocharse con miel o azúcar y unas rajas de canela, se ponen redonditas con un exquisito sabor, al igual que el fruto del “K’opté” o Ciricote, tan apreciadas para ofrendar en el altar alusivo.

La esencia u origen místico de nuestra costumbre ancestral, se centra en la dualidad vida-muerte, paraíso o cielo e infierno, como destino final de las personas que fallecían, según hubiera sido su comportamiento, también creían que seguían con ellos y por eso tenían nichos en sus hogares donde depositaban sus restos; entre los mayas prehispánicos, el pueblo del Cacicazgo de los Cocomes, tenía la costumbre de preservar la cabeza de sus muertos, que, luego de trepanarlos y secarlos al sol, las pintaban y trataban de conformar el rostro original a base de resinas, los veneraban en los nichos de sus casas, a los cuales les depositaban ofrendas en clara señal de convivencia con el mundo de los mortales, otros, como los de la gente común, eran enterrados en los patios de sus hogares para luego ser abandonados, hasta que el tiempo y las inclemencias de éste, borraban las huellas, pero no su veneración.

Sin embargo cuando estos eran de los grupos dominantes, como la clase sacerdotal o de algún gobernante o “Halach Uinic” o de sus descendientes, éstos eran sepultados en criptas especiales, como las encontradas en las bases de las pirámides principales, siendo acompañados por un perro, que sacrificaban el día del entierro, -costumbre posterior por influencia Azteca-, la boca se la llenaban de “k’eyen”. maíz molido, le ponían orfebrería de jade y objetos de cerámica para su uso personal, para que en el más allá, no le faltase nada en ese viaje que emprenden hacia el paraíso, donde reinan los dioses benévolos u “OxLajun Ti Ku” o al “Mitnal” o infierno también llamado “Xibalbá” por los maya-quiché de Guatemala, el inframundo donde gobierna “Ah Puch”, “Hun Ahau”, “Yun Kisin”, ”Kakas Ba’al” o “Yun Kimil”, entre tantos nombres con los que se le conoce al dios de la muerte o del infierno.

Con este sentido, la creencia ancestral representa en el legendario Ceibo o “Yax Ché”, las tres capas que conforman el mundo, según la cosmovisión del pueblo maya. Por ello, creían que en sus ramas y a la sombra fresca de este árbol sagrado, estaban las almas de los que en vida habían sido  buenos, los que habían muerto en la guerra e incluso, los que se ahorcaban por influencia de la diosa de la horca, “Ixtab”; y en las raíces, que representa el inframundo, estaban los que habían tenido un mal comportamiento o se habían entregado a los placeres de la vida, es decir, que habían atentado contra las buenas costumbres por su forma de vivir.

Consideré necesario, esbozar la nueva corriente sobre el culto a la muerte, desde una perspectiva que permitiera entender cómo nuestras costumbres van perdiendo su originalidad, lo místico que antes generaba respeto, esa esencia místico religiosa causa de veneración inmaculada, primero a los dioses mitológicos, luego a los santos y vírgenes, aceptando nuevas creencias que tergiversan los rituales que hasta hoy prevalecen con un marcado sincretismo cristiano, producto de siglos de evangelización, impuesta por los grupos de misioneros y los conquistadores, que impusieron su ley tratando de destruir una cultura como la nuestra que perdura a pesar de todo, en muchas facetas de la vida de los descendientes de esta cultura milenaria, las cuales pueden observarse detalles significativos de su originalidad como las tradiciones y costumbres, en las comunidades rurales o en las iglesias donde al frente de ellas están las imágenes del sol y de la luna, tal vez remembrando la “leyenda de los soles” citada en el códice  “Chimalpopoca” de los aztecas o al dios “Kin” e “Ixchel” de los mayas, como una estrategia más de aculturación al estar algunos de sus principales dioses representados en aquellas construcciones, como lo fueron el sol y la luna.

También se aborda para aclarar el sincretismo que sufre nuestra cultura, la concepción religiosa que el cristianismo tiene sobre la muerte y su destino final, cuando el alma abandona el cuerpo, por lo que se mencionan algunas citas bíblicas del antiguo y nuevo testamento versadas por los apóstoles, que se refieren al cielo o al infierno respectivamente, a fin de compararla con la filosofía de la vida que nuestros ancestros tenían después de fallecer.

Como parte central del trabajo, se analiza el tradicional “Hanal Pixán” o comida de las almas, que también conocemos como “Finados”, costumbre con la que nuestros pobladores celebran a sus familiares muertos, destacando lo que ha quedado atrás y la particularidad que la hace diferente en comparación con la que se realiza en los centros urbanos de las grandes ciudades, como el hacerlo en dos períodos: la primera, el 31 de octubre y el primer día de noviembre, y el segundo, los días 7y 8, en la cual los primeros son dedicados a los “Mejen o Chichan Pixano’ob”, pequeños difuntos y los segundos de cada uno, para los “Nohoch Pixanoob” o almas adultas, que también llamamos “Bix” u octava. como resultado, tal vez, según hipótesis de los historiadores, -también por influencia de la cultura Azteca-, ya que de la misma manera acostumbraban conmemorar a sus muertos, en el que la presentación de los  altares tiene elementos particulares debido a que cada grupo de almas difieren no solo en cuanto a presentación y veneración, sino también por los alimentos que se ofrendan, ya que son diferentes, así como donde también puede observarse el impacto católico, por lo determinante que es en el actual ritual de veneración.

También se explica el significado de los elementos que conforman el altar, la aparición de la cruz cristiana como el símbolo que derrotó a la muerte, en lugar del árbol sagrado de la vida que representa cielo e infierno, las imágenes de los seres queridos que nos recuerdan la práctica de los antiguos pobladores del Cacicazgo de los Cocomes, los alimentos como el “Chachac Huaj” que en algunos lugares llaman “Mucbil Pollo” y que en esta comunidad se le conoce como “Tuti Huaj” o simplemente “pib” de finados, la representación de los niveles del altar, las velas, los dulces, la aparición de los primeros altares católicos con el rosario y la plegaria que se menciona después de cada misterio que dice: “Que Dios lo saque de pena y lo lleve a descansar”, en clara alusión a las almas en pena que vagan en las tinieblas o sufren dolorosos tormentos en el lugar del fuego eterno, donde reina Luzbel.

Así mismo, consideré pertinente presentar la filosofía religiosa  sobre el destino del alma desde una visión católica, así como las posibles respuestas sobre lo qué hay después de la muerte,  más allá del dolor y algunos testimonios documentados sobre la existencia del cielo y el infierno, desde una perspectiva filosófica de la iglesia Evangélica, con las citas bíblicas que la explican, así como el paso de una vida terrenal a una de eterna paz donde no existe el dolor y solo reina de manera eterna: la felicidad, según los sagrados evangelios de la biblia.

Por último, se presenta la síntesis del culto moderno a la muerte en la que se le adora y hacen ofrendas por aquellos que generalmente están fuera de la ley o que han recibido milagros librándolos de múltiples peligros o para resolver problemas de difícil solución, llegando a considerársele como una Santa, aunque la Iglesia Católica prohíbe su culto, la Iglesia Tradicional Mexicana- Estadounidense, la acepta, celebrando su festividad, ya establecida, el 15 de agosto, siendo honrada por los creyentes en las iglesias que se han construido en varios Estados de la República, como Veracruz, donde supuestamente en Catemaco, se inició el culto al notarse la presencia milagrosa de la imagen que ahora se conoce como de la Santa Muerte o cariñosamente, como la Niña o la Santita.

Deseo que Ud., amable lector, disfrute el contenido de este trabajo y le permita reflexionar sobre las promesas de una vida después de la muerte, su culto a través de los tiempos como un constante devenir filosófico de los grupos socioculturales de cualquier latitud y evocar también a nuestros seres queridos que se han ido para no volver hasta el fin de los tiempos, según las sagradas escrituras y que, en memoria de ese amor entrañable que un día les prodigamos en vida, continuemos respetando sus recuerdos, pero de manera especial, en los días que ahora conocemos como “Hanal Pixán”, valioso legado  prehispánico del cual debemos sentir orgullo, respeto y admiración, por ser los descendientes de los mayas de ayer y formar como consecuencia, una tradición, parte de nuestra identidad cultural como Akileños, “el lugar de bejucos”.

En fin, tampoco olvidar que la muerte es algo ineludible, es algo cíclico, que en su momento tiene que pasar, lo triste es que nadie sabe cuándo, dónde y a qué hora, pero llegará cuando menos lo esperemos, por ello, debemos estar preparados para viajar hacia ese paraíso donde van las almas en la otra vida, después de fallecer, que nuestros ancestros concibieron en las copas del legendario Yax ché y que los evangelios prometen al pueblo cristiano.

Cordialmente.

Orlando Muñoz Canto.

 

CAPÍTULO I. EL RITUAL DE LA MUERTE.

  1. El misticismo filosófico sobre la muerte en la antigüedad…… 1
  2. El alma Huay o Pixán………………………………………………….. 6
  3. La suerte de los muertos……………………………………………… 9
  4. El Yaxché, símbolo del cielo e infierno…………………………… 11

 

CAPITULO  II. LA EVANGELIZACIÓN DE CONQUISTADORES Y MISIONEROS.

  1. La imposición de un nuevo orden religioso……………………… 21
  2. Los Autos de Fe…………………………………………………………. 34
  3. La evangelización del cacicazgo de los Xiues…………………… 44

 

CAPÍTULO III.  EL SINCRETISMO MAYA CRISTIANO

  1. Origen histórico del ritual de la muerte…………………………. 51
  2. El nacimiento de un nuevo culto………………………………….. 52
  3. Aculturación del ritual………………………………………………… 55
  4. El altar dedicado a las almas……………………………………….. 58
  5. Elementos del altar de ofrendas…………………………………… 61
  6. El Yaxché y la cruz Cristiana…………………………………… 61
  7. El incienso y el copal o pon”……………………………………… 64
  8. La sal y el agua………………………………………………………. 67
  9. Alimentos y frutas del altar………………………………………. 68
  10. Las bebidas tradicionales que se ofrecen…………………….. 70
  11. El “Xpujuc”. la flor de muertos………………………………….. 72
  12. Las velas, las banderitas y los petardos……………………… 73
  13. Los utensilios Tradicionales……………………………………… 75
  14. Remembranzas en el altar…………………………………………. 76

 

CAPÍTULO IV. COSTUMBRES SOBRE LOS MUERTOS.

  1. Cuando alguien muere en la comunidad………………………… 77
  2. El destino final del cuerpo…………………………………………… 80
  3. El Harnero……………………………………………………………….. 84
  4. El aliado de la muerte: El sepulturero……………………………. 88
  5. Costumbres y creencias sobre los muertos…………………….. 90

 

CAPITULO V. ¿QUE HAY MAS ALLA DE LA MUERTE?

  1. El concepto cristiano sobre el destino de los muertos…………. 96
  2. ¿Que veremos en el cielo?……………………………………………… 97
  3. Después de la muerte, qué?………………………………………….. 100
  4. Más allá del dolor……………………………………………………….. 104
  5. El testimonio de un humano a tiempo parcial………………….. 106
  6. Del infierno al cielo……………………………………………………… 107
  7. Primera parte…………………………………………………………. 107
  8. Segunda parte……………………………………………………….. 109
  9. La experiencia de Jennifer Pérez……………………………………. 111
  10. El tormento de los pecadores………………………………………… 116
  11. El destino de los justos………………………………………………… 123
  12. Primer testimonio………………………………………………….. 123
  13. Segundo testimonio……………………………………………….. 126
  14. Tercer testimonio………………………………………………….. 129
  15. Cuarto testimonio………………………………………………….. 132
  16. Quinto testimonio………………………………………………….. 133
  17. Sexto testimonio……………………………………………………. 135

 

CAPÍTULO VI. GENESIS DEL NUEVO CULTO A LA SANTA MUERTE

  1. La Santa Muerte…………………………………………………………. 137
  2. Antecedente prehispánico y cristiano del culto…………………. 139
  3. Origen del culto moderno a la Santa Muerte…………………… 145
  4. Ideales de los creyentes……………………………………………….. 148
  5. Símbolos y significados de la imagen………………………………. 155
  6. Legislación sobre el culto……………………………………………… 157
  7. La feligresía del culto…………………………………………………… 161
  8. Formas de culto en el mundo………………………………………… 169

 

CONCLUSIONES……………………………………………………………….. 173

BIBLIOGRAFÍA………………………………………………………………….. 178

 

CAPÍTULO I.

EL RITUAL DE LA MUERTE.

 

  1. El misticismo filosófico sobre la muerte en la antigüedad.

Desde los albores de la humanidad, el ser humano como parte de todo grupo social, ha conceptualizado a la muerte desde la perspectiva cosmogónica y mitológica de cada sociedad en la que fue evolucionando, lo cual se demuestra en los elementos que contienen los entierros. Los estudios arqueológicos sobre las sepulturas descubiertas, como las que se encuentran en Asia o Europa; entre ellos el localizado en Le Moustier, correspondiente a los restos de un hombre joven que fue sepultado acostado sobre su lado derecho, con la cabeza apoyada en el antebrazo, como si durmiera. Junto a la mano había un hacha labrada delicadamente y rodeando el cuerpo del joven, huesos de animales salvajes. Lo anterior nos implica pensar que sus deudores tuvieron el cuidado de proveerlo de alimentos para la nueva vida que iba a emprender, como parte de un ritual que practicaban. Con el mismo sentido, otro de los entierros localizados que enlaza al hombre prehistórico con el actual, según Cortez Ruiz, (1995:7), es “el descubrimiento que procede de la cueva de Shanidar, en Irak”.

“En aquella tumba los restos humanos se encontraron sobre lo que fue un lecho de vegetales elaborado ex profeso. Los análisis de polen indicaron la presencia de una gran cantidad de plantas medicinales propias de la región y que los pobladores siguen usando hasta hoy en día, por los elementos encontrados en el entierro. Se ha pensado que además de ser un personaje importante, era una especie de médico sepultado con las plantas que usaba para aliviar los males de sus semejantes”(Ibid:7).

Así mismo, en nuestro contexto, las Necrópolis encontradas en Jaina, perteneciente al Estado de Campeche y en las grandes ciudades prehispánicas mayas, ubicadas en el Estado de Yucatán, nos indican que los rituales sobre la muerte estuvieron presentes, como también en otras culturas como la Mixteca, zapoteca y la Mexica o Azteca, cuya costumbre perdura hasta nuestros días con un sincretismo cristiano, pero cuyas raíces ancestrales aun persisten desafiando el tiempo.

Se estima que desde el año 1800 A.C., todos los pueblos mesoamericanos  del México antiguo, enterraban a sus difuntos con una gran cantidad de objetos de cerámica, como vasos, platos, jarrones, figurillas de sus dioses o máscaras de oro y jade, incluso animales como el Xoloscuintle, entre otros, lo cual significa lo importante que era para ellos pasar a la otra vida al fallecer, ya que  la dualidad vida-muerte en comunión con el mundo cosmogónico y la naturaleza, eran motivo de respeto y veneración.

Pectoral de Oro representando a la muerte

Debe señalarse que los entierros o esculturas mortuorias se construyeron  utilizando diferentes materiales, como el cristal de roca, el jade, el oro y la arcilla. Por ejemplo, en la tumba número 7, encontrada en Monte Albán, se destaca un pectoral de oro con la representación de un personaje Mixteco con la cara descarnada. Entre el material arcilloso sobresalen vasijas con decoración de esqueletos y calaveras.

Los antiguos Aztecas, suponían respecto al destino de los muertos, que existían nueve planos extendidos bajo la tierra, donde permanecían y que ahora también se observa en los vestigios de las ciudades prehispánicos, como las del pueblo maya.

Lo significativo de esta creencia era que el destino final de cada individuo estaba determinado por la forma de muerte con el que se abandonaba la vida. Por ejemplo, los que fallecían en combate, se convertían en compañeros del sol, los ahogados iban directo al Tlalocan o paraíso del Dios Tláloc; los infantes eran considerados como seres valiosos, por ello, después de muertos permanecían en la casa de Tonacatecutli, siendo alimentados por Chichihuacuaulico o árbol nodriza, que se encargaba de esta noble tarea.

Sus dignatarios, sacerdotes y reyes eran sepultados con solemnidad en cámaras subterráneas abovedadas de algún templo o palacio, el cuerpo era puesto sentado sobre un Icpalli vestido, rodeado de armas y piedras preciosas. Lo más sobresaliente es que al ser enterrados, algunos de sus seguidores o vasallos cercanos pedían ser enterrados con él así como algunas de sus esposas, a fin de acompañarlo  por propia voluntad, en su viaje al más allá. “Sin embargo, las almas de los no elegidos por los dioses se iban al oscuro plano del inframundo: el Mictlán. Para transitar por el mundo de los muertos sin peligro, se debía ir acompañado de un perro que era incinerado junto con el difunto; así mismo después de 80 días se incineraban las ofrendas que habían llevado parientes y amigos”. Cortez Ruiz (2000:17).

En el calendario Mexica existían dos meses dedicados a las festividades de los muertos: el primero de ellos era el noveno mes o fiesta de los infantes en alusión a los niños pequeños; el segundo o décimo mes, se dedicaba a los muertos grandes o gran fiesta de los difuntos adultos, curiosamente o por influencia de los Aztecas, los mayas y sus descendientes también festejan a las almas en dos fechas: la primera para los “Mejen pixán” o almas pequeñas y la segunda para los “Nojoch pixanes” o almas adultas.

Entre los mayas, según las observaciones escritas sobre la muerte, los cadáveres  o cuerpos de la gente común era enterrada en los patrios de las casas, pero si eran los “Halach Uinic” o gobernante y/o algunos de sus descendientes que fallecían, éstos eran sepultados en criptas especiales ubicadas en la base de las pirámides, como las descubiertas en las construcciones principales de los pueblos prehispánicos. Según lo investigado, cuando algún miembro de la familia fallecía, el cuerpo era cuidadosamente amortajado con mantas y según Landa, (1938:68), “le llenaban la boca con maíz molido y una o más cuentas de jade de las que tienen por moneda para que en la otra vida no les faltase de comer; en clara alusión al “Keyen”, que aun consume la gente del campo”.

Actualmente el impacto sobre la muerte de algún familiar depende de la edad que tiene la persona, sus relaciones con parientes y con la comunidad en general, que es “cuando su muerte afecta a más personas en comparación con un niño recién nacido”, según los investigadores Hansen y Bastarrachea, (1984:308). Por eso, cuando la muerte se aproxima es común observar como los familiares se reúnen hasta altas horas de la noche esperando el trágico final, incluso, los servicios del sacerdote católico para aplicar los santos óleos y proporcionar la ostia consagrada al enfermo en su fase final son necesarios para una pronta y santa muerte evitando así, el sufrimiento. También los familiares rezan el santo rosario y piden el desenlace final para que el espíritu del fallecido vaya directo al cielo.

Generalmente, en los tiempos prehispánicos, después de haber sido enterrado el cadáver, se abandonaba la casa de palos y paja de los pobres. En la tumba depositaban también ídolos de barro, madera o piedra, así como algunos objetos que indicaban la profesión u oficio del difunto. Para la clase dirigente o sacerdotal, las costumbres funerarias eran más elaboradas, los cadáveres de los nobles y personas de mucha valía los incineraban y ponían las cenizas en grandes vasijas y encima de ellos construían grandes edificios”, como el descubierto por el arqueólogo Alberto Ruz, en Palenque, Chiapas, en el templo de las inscripciones o en la del templo del gran sacerdote, en la ciudad de Chichen Itzá, en el Estado de Yucatán.

Así mismo, “los Cocomes, tenían una costumbre funeraria muy peculiar. Al morir la persona, ésta era hervida hasta que las partes carnosas se pudieran separar de los huesos. Cortaban la cabeza y rompían la parte posterior, vaciando  los sesos pero dejando intacta la parte frontal. Enseguida, en donde habían existido las carnes de la cara, ésta era rellenada con una especie de resina, haciéndole así una nueva.

Conservaban estas caras restauradas junto con sus efigies de madera en los adoratorios de sus casas, al lado de los ídolos de la familia. Les tenían gran respeto y veneración y en días de fiesta, les ofrecían alimentos a fin de que los señores no carecieran de nada en el otro mundo”. Landa, D. (1938:68).

Podría deducirse por la cita anterior, que esta costumbre de los Cocomes, de ofrendar alimentos a las efigies o calaveras de sus familiares muertos, en los nichos  o altares de sus casas, sea la costumbre generalizada entre el pueblo maya y sus descendientes, de honrar a las almas de las personas que  fallecieron, siendo lo que ahora conocemos como “Hanal Pixán”, o  comida de las almas, que con el paso del tiempo ha ido perdiendo su originalidad, al conocer otros elementos y rituales provenientes del cristianismo, como los novenarios, la adopción de la cruz cristiana y la aceptación de un nuevo ritual de veneración, que, sin embargo, pese a toda esa influencia no ha perdido lo místico, lo respetuoso y venerable, con esa esencia única que aun se practica entre los maya hablantes de las comunidades rurales, a pesar del paso inexorable de los siglos.

  1. El Alma Huay o Pixán.

Los antiguos mayas creían que al morir el cuerpo, su  alma tenía dos formas, el “Sac Nic Nahal” o la blanca conciencia de la florescencia” o conciencia blanca y el alma “Huay”, que es el espíritu que protegía y acompañaba al hombre, era como el otro Yo de las  personas. Por ello, el nacimiento  de un nuevo ser de acuerdo con la

JEROGLÍFICO REP.  DEL INFIERNO

Mitnal (Xibalba’)

(Yana lu’um, yotoch k’asi baa)

XXX Codice Trocortesiano

posición de los astros determinaba el “Huay” o alma, que lo acompañaría toda su vida. Por ejemplo, si nacía en el mes Zip, lo acompañaría un venado, si el mes fuera Uo, sería un sapo respectivamente.

En esta concepción mesoamericana maya del cuerpo y de su envoltura espiritual, por lo general y hasta la actualidad, se le conoce como “Pixán”, concepto que también conocemos en términos Cristianos como alma, según Boccara, (1987). Nuestros antepasados mayas creían que al nacimiento de un nuevo ser, éste se dividía en una parte humana y otra que pertenecía a otro reino o dominio, es decir, al mundo terreno y la posibilidad de pertenecer al cielo o al infierno.

Aquel Ser, recién fallecido, podía acceder a un lugar de paz y abundancia o a uno de sufrimiento aunque no siempre hubiera dualismo en la participación del sujeto, la cual varía según el lugar y a los modelos de 9  y 13, que son el número de los dioses del inframundo o del paraíso donde reinan, junto con aquellos pecadores o virtuosos que  por sus actitudes o conductas moraban en aquellos mundos, según la concepción cosmogónica que tenían basándose en el libro de Chilam Balam, de Chumayel, que en la traducción  de Médiz Bolio (1990; 61), dice lo siguiente respecto a la muerte y a la promesa del paraíso o cielo: “Sueña que tu  coges, hasta el día en que seas cogido de la tierra. Sueño es el rocío del cielo, el jugo del cielo;

La flor amarilla del cielo es sueño. ¿Por ventura yo te he tomado tu tiempo, he tomado tu sustento? ¡Basta! Mejor fuera que te hubiese tomado tu piedra! y cogido tu detenido en tu distracción, para que agradezcas la virtud de tu amanecer. Cuando a él fuiste enviado, cogiste palabra de lo oculto. Yo te cogí y te contuve, hasta hoy que dejo que sea oída tu virtud por tu Señor. Espera de él que hable la piedra que deje resbalar de tu boca, la sagrada piedra preciosa”.

  1. El destino de los muertos.

El destino de los fallecidos, según Landa D. Fray (1938:69), de acuerdo con las observaciones que realizó sobre la vida del pueblo maya de los Xiues, de Maní, Yucatán, sustenta lo siguiente: “…..decían que la vida futura se dividía en buena y mala, en penosa y llena de descanso. La mala y penosa, decían que era para los viciosos; la buena y la deleitable para los que hubiesen actuado bien en su manera de vivir. Los descansos que habían de alcanzar, si eran buenos, eran ir a un lugar muy deleitable donde ninguna cosa les diese pena, donde hubiese abundancia de comidas y bebidas de mucha dulzura y un árbol que allá llaman Yaxché, muy fresco y de gran sombra, el cual es una ceiba, debajo de cuyas ramas y sombras descansaban y holgaban siempre todos. Las penas de la mala vida que habían de tener los malos [en el  más allá], eran ir a un lugar más bajo que cualquier otro, al cual llaman Mitnal, que quiere decir infierno, y ser atormentados en él por los demonios por grandes necesidades de hambre y frio, por el cansancio, y por la tristeza”.

En éste lugar había un demonio, príncipe de todos los otros, al cual obedecían todos; le llaman en su lengua “Hun Ahau”. Cabe señalar respecto al cielo, de acuerdo con Landa, que ahí estaba el gran creador, que nuestros antepasados conocían como “Hunab Kú”, el Dios supremo, quien estaba por encima de todos los demás dioses benévolos del paraíso u “Ox Lajun Ti Ku”, el lugar de los trece dioses; así mismo, en el infierno moraba el príncipe del averno, conocido también como “Ah Puch”, “Yun Quimí” o “Kisin”, el diablo,  Dios de la muerte o rey de los “Bolon Ti Kú” o nueve dioses del infierno, según la mitología del pueblo prehispánico de los mayas que hasta nuestros días, solemos escuchar de nuestros mayores.

Para nuestros antepasados mayas, “Ah Puch”, el Dios de la muerte, era un ser repugnante, representado en los códices como un ser descarnado o una calavera en alusión al estado de descomposición de los cuerpos. También se le identifica como un ser grotesco o bailando una danza con el vientre prominente; en otras, aparece fumando en éxtasis tirado de espaldas, en el auto sacrificio del pene, en las ceremonias de año nuevo o en actos rituales como el “K’ex” que significa cambiar por algo, en este caso, se practicaba para intercambiar bienestar o salud.

En la actualidad, los descendientes mayas de esta región sur del Estado, practican mediante el “ Jmen”, el sacerdote maya, esta ceremonia en la cual se ofrecen aves como las gallinas o pavos silvestres, como intercambio de petición por las dolencias de las personas; aunque cabe señalar, que algunos ofrecen las mismas aves pero de mediana edad, pues consideran la virginidad o pureza, como algo valioso para el dios al que se invoca, pudiendo ser: benévolo o malévolo, según al grupo al que pertenezcan de acuerdo con el panteón maya. Su día calendárico es “Kimí”, que significa muerte, éste se representa en los Códices con una calavera, un cuchillo de sacrificio y un signo ´parecido al tanto por ciento, se le vincula con los puntos cardinales que representan los sostenedores del mundo o bacabes, el pájaro Moan, el perro y algunos dioses como el de los sacrificios, el de la guerra o la diosa del parto, todos ellos relacionados con la muerte. Parafraseando a Landa, respecto a la dualidad vida muerte, dice que entre nuestros antepasados mayas, aun cuando eran considerados como seres inferiores, las vidas malas y buenas no tenían fin, porque el alma no lo tenía.

“Decían también, teniéndolo por muy cierto, que iban a esta gloria los que se ahorcaban y por eso habían muchos que con pequeñas ocasiones de tristezas, trabajos o enfermedades se ahorcaban, para salir de ellas e ir a descansar a la gloria, donde decían les venía a llevar la diosa de la horca que llamaban Ixtab”, según Landa. No tenían memoria de la resurrección de los cuerpos que reencarnaban en otro como creían los aztecas y tal vez, ni la promesa de que al morir, según su comportamiento, iban a ir al cielo o al infierno, como  encontramos en las sagradas escrituras de la biblia en cualquiera de sus versiones y de cualquier congregación religiosa, llámese católica, presbiteriana, pentecostés, Luz del Mundo, Testigos de Jehová u otras, de que es importante.

  1. El Yaxché, símbolo del cielo e infierno.

Los Códices, escritos y todo lo relacionado con el árbol sagrado de los mayas, el legendario Yaxché, conlleva un extraño esoterismo en cuanto a su interpretación, que los investigadores han venido sustentando, como el que Bernal, A. (1968:10-15:) respecto a la creación del mundo, su representación cosmogónica y mitológica  y los dioses que la gobiernan, así como también la interpretación del cielo y el infierno, como eterna morada de los que fallecen, tiene una visión particular.

Con este sentido, la autora antes mencionada sustenta según el resultado de sus investigaciones lo siguiente: “Los inconfundibles jeroglíficos del Esté, Norte, Oeste y Sur (identifíquense en el grabado N°1 y con ayuda del grabado explicativo N°2), demuestran claramente que cada pétalo de esta flor corresponde a una determinada dirección, quedando asociado por lo tanto, de acuerdo con la mitología, a uno de los 4 elementos, a uno de los colores sagrados y en relación con los años de 365 soles, a uno de los 4 únicos nombres del día, que podían fungir como “Cuch Haabes”, esto es, ser cargadores de los años civiles. En conjunto, esta alegoría  forma  un cuadrado divino que contiene, no solo el cómputo del tiempo, sino las regiones del mundo maya con sus deidades correspondientes, que rigen los fenómenos celestes y terrestres. Estamos pues, ante la representación del ideograma cósmico, cuya síntesis son cuatro puntos en cruz.

En varias de sus obras, otro investigador, Peter Girard, nos ofrece fotografías que muestran las cinco piedras, cuidadosamente seleccionadas, que emplean actualmente los sacerdotes chortís para formar dicho ideograma: una de ellas, la mayor, es colocada en el centro, las cuatro restantes, iguales en forma y tamaño, se orientan hacia las 4 esquinas del “Amayte Kauil”, tal como veremos que, en el calendario en estudio, quedan distribuidos los signos de los 4 días que daban su nombre a los años civiles.

Así, a milenios de distancia, los sacerdotes, en sus ritos y ceremonias, aún interpretan el esquema del sorprendente calendario que es, al mismo tiempo, el signo de la universalidad, en todas sus facetas.

Los textos jeroglíficos, los libros de Chilam Balam y quienes lo han estudiado a fondo, nos informan que los colores que tienen los cuatro rumbos cósmicos están distribuidos, en la región maya, así: el rojo, símbolo del amanecer, va al Este; blanco es el color del Norte; el negro esta el poniente, y el color amarillo corresponde al Sur; el verde o azul, según el Popol Vuh, queda asociado a los dioses creadores. El verde, en opinión de J.E.S. Thompson, es el color del centro.

En efecto, en el libro de los Libros del Chilam Balam cit., pag.155, son nombradas las aves y ceibas, asociadas a los colores correspondientes a las direcciones en que los “bacabes” las plantaron, para que fuesen soportes del cielo: “Chac Imix Ché” o rojo árbol Imix, “Sac Imix Ché” o blanco árbol Imix, Ek Imix Ché o negro árbol Imix, “Kan Imix Ché” o amarillo árbol Imix, y luego se menciona la ceiba del centro asignándole el color verde: Se alzará también “Yaax Imix Che” o verde árbol Imix, en el centro de la provincia como señal y memoria del aniquilamiento en alusión a la última destrucción del mundo.

Los Katunes por ella viven. En concordancia con lo anterior, en el centro de la flor calendárica de los mayas están los dioses creadores y surge el color verde con el “Yaxcheel Cab” o primer árbol del mundo, que abre en dos su venerable follaje, formando a modo de escalones, utilizados por los espíritus para ascender por las capas de los cielos. En ciertas tradiciones  que aún perduran encontramos fielmente descrita esta ceiba sagrada.

Tosser, citado por Thompson, J. E. S., dice que en Yucatán, existe la creencia de que una ceiba gigante, que crece exactamente en el centro de la tierra, extiende sus ramas a través de los escalones sucesivos de los cielos. Luego basándose en “Soustelle”, dice que los lacandones creen que en cada atardecer el Sol entra al mundo subterráneo, descendiendo por los troncos y raíces de los árboles. De modo –concluye Thompson-, que en la ceiba tenemos una escalera para ascender al cielo o para descender al interior de la tierra. Con esta perspectiva, la religión maya respecto a la muerte y el destino del alma, estaba representada en el árbol sagrado de la Ceiba; algunos autores han concluido que es la representación de la cosmogonía y la mitología, ya que a la sombra de sus ramas, descansan los que están en el paraíso en unión de los trece dioses u “Ox Lajun Ti Ku”, el tronco, los que aun están en la tierra o “Yok Luum”y las raíces, al inframundo o “Yanal Luum” donde van los que no tuvieron una conducta ejemplar acompañados de los nueve dioses del inframundo o “Bolon Ti Ku”. Por ello, se encuentra sugestiva  la estilización del “Yax Ché” del centro de la flor calendárica de los mayas, puesto que, sin dejar de ser una ceiba frondosa, parece dibujar una antorcha que remoja también una variante de la T del signo del día “Ik”, (viento, aliento y por extensión espíritu, vida). Véanse los árboles direccionales del grabado cuatro que forman una T al partirse su fronda en dos ramas principales.

Aunque, quizá, las dos últimas semejanzas anotadas sean fortuitas, la gigantesca imagen de la ceiba, asociada en los mitos con el origen y el sustento de la humanidad, dado el lugar que ocupa en el centro de la flor calendárica, basta por sí sola llenar la escena que domina, con el más potente, con el más vibrante, de los himnos a la vida. Como ya se mencionó, el nombre de esta mitológica ceiba del centro es “Yaax Imixché” o “Imix Yaxché”, esto es, el “verde árbol Imix”.

La ceiba,  dividida verticalmente en dos secciones, parece expresar la dualidad de los dadores de la Vida, pero los límites de estudio nos permiten disertar sobre  todos los aspectos del complejo simbolismo del árbol sagrado; solo agregaré, ya que el concepto es importante por lo que respecta a sus funciones calendáricas, que, aparte del lugar que ocupa la flor que analizamos, diversas alegorías ponen de manifiesto la suprema importancia de su conexión con el tiempo medido.

Así, en la pág. 3 del códice  de Dresde, la ceiba con doble cabeza del monstruo terrestre por raíces, es el altar por el cual se lleva a cabo un sacrificio humano; a lo largo de su grueso tronco caen, cual si fuesen grandes gotas de sangre.

En las págs. 26-C, 27-C y 28-C del Dresde, estilizado en forma de columna, ornamentado con el manto ceremonial, el tronco del primer año del mundo se levanta sobre el signo del año, que se lee “Tun (piedra preciosa)”. En cada una de estas columnas-árboles, se enrosca una serpiente que, haciendo las veces de esas “cuerdas que bajan del cielo”, dibujadas en los códices jeroglíficos y mencionados en los Chilam Balames conocidos.

En alusión al Yax Ché, al simbolizar el cielo, la tierra y el infierno, algunos investigadores opinan que bien pudo ser aprovechada por la élite sacerdotal para acrecentar su poder y dominio entre la gente común, pues los conocimientos sobre el movimiento de equinoccios y solsticios de los astros como el sol, la  luna, el movimiento de las estrellas y los planetas como Venus y Marte, dieron como consecuencia que el “Halach Uinic”, gobernador o rey, fuera considerado como un Dios o el medio por el que hablaba con las deidades o los espíritus de sus ancestros de acuerdo con la dinastía reinante y dominante, demostrando un don místico o sobrenatural, argumentando ser el portavoz de los requerimientos o peticiones al pueblo para legitimar su poder y tenerlos por siempre sojuzgados.

Es posible que las pirámides mayas hayan sido consideradas como una representación del árbol sagrado, en sus tres niveles, por ejemplo entre las costumbres de los pueblos prehispánicos de México, respecto al árbol sagrado. Entre los Mexicas, para homenajear a los niños fallecidos, se cortaba un árbol que se llevaba a la entrada de la población donde se recibía con gran solemnidad y a su alrededor se celebraban cantos, ritos y danzas. Esta festividad tardaba 20 días en homenaje a los niños porque su vida había sido corta y al día siguiente, se trasladaba el árbol al patio del templo dedicado a ello, se adornaba hermosamente, en la punta se colocaba un pájaro hecho con masa  de maíz y en la base se ponían ofrendas que consistían en alimentos y bebidas embriagantes; los jóvenes se vestían con trajes elegantes y danzaban alrededor, mientras el pueblo entonaba cánticos de adoración a los fallecidos; después, los muchachos trataban de bajar el pájaro hasta que el árbol caía, siendo ese el momento de saborear los platillos ofrendados solo que las bebidas embriagantes eran para los adultos, pues los primeros lo tenían prohibido.

Algunas hipótesis de investigadores por la lectura de Códices, estelas o por la interpretación de los glifos, deducen que los sacerdotes y el rey, en trance por el consumo de alucinógenos, aunado a la incineración de hierbas o resinas como el Copal o “Pon” y el sacrificio de cautivos de guerra, pintados con el betún o color de los sentenciados a morir  en la pirámide principal de las ciudades mayas; los condenados ya fallecidos, después de que les arrancaban el corazón por el Chilam o sacerdote mayor, también llamado Ah K’in May o Ahau Kan Mai, quien también podía ordenar al Ah K’in, el sacerdote solar que significa que proviene del sol o a los sacrificadores o Ah Nacomes, quienes eran los encargados de decapitar y arrojar los cadáveres al primer nivel, donde el pueblo presente, enardecido y en éxtasis, danzaba y festejaba de manera ruidosa el triunfo del rey, en una clara señal de aceptación de su poderío, ya sea para la extensión de su dinastía, pactar alianzas con otros cacicazgos, hacer la guerra con éxito, capturar esclavos para los sacrificios o demandar más tributos al pueblo, pues invocaba supuestamente a los espíritus superiores demostrando dominio sobre la vida y la muerte, es decir, tenía el poder con la ayuda de los dioses; así mismo, doncellas e incluso niños eran también sacrificados arrojándoles a los cenotes sagrados, ricamente ataviados con finas prendas, para calmar a los dioses o solicitar abundancia, en el momento de algún eclipse solar o lunar, legitimando así, su reinado junto con la élite sacerdotal.

Respecto al “Yax Ché”, Landa (1938:69), dice: “Creían que después de la muerte había otra vida más excelente de la cual gozaba el alma apartándose del cuerpo. Decían que esta vida futura se dividía en buena y mala, en penosa y llena de descanso. La mala y penosa, decían era para los viciosos; y la buena y deleitosa, para los que hubiesen vivido bien en su manera de vivir; los descansos que habrían de alcanzar si eran buenos, eran ir a un lugar muy deleitable donde ninguna cosa les diese pena y donde hubiese abundancia de comidas y bebidas de mucha dulzura, y un árbol que allá llaman Yax Ché, que es una “Ceiba”, muy fresca y de gran sombra”.

Por último, creo conveniente mencionar que entre los Aztecas los bebés iban a un lugar llamado Xochatiapan , en el que había un árbol que en vez de hojas, tenía ubres para que se amamantaran. Según la leyenda de la creación registrada en documentos apócrifos de la Nueva España, dice que el primer Dios, al sacrificar  su vida y crear el mundo,  de su estómago salió un árbol, en cuyas ramas y la multiplicación de su follaje sirvieron para poblar el mundo maya y al mismo tiempo, con las ramas representó el cielo, el lugar donde van las almas buenas y la sabia del mismo, era la fuente de la vida eterna para aquel que la bebiera. Lo anterior nos hace reflexionar sobre el árbol de la vida, que también las sagradas escrituras mencionan como dice en Génesis 3:24 “Y expulsó a Adán y Eva del jardín del Edén y puso una espada encendida para proteger el árbol de la vida”.

Con base a lo anterior, se deduce la similitud del pensamiento místico de los mayas al creer que la muerte, es la creación o el paso hacia una nueva vida, por ello, morir en la guerra o suicidarse era compensada con la seguridad de que su alma pasaría a una vida llena de plenitud en el lugar donde moran los Dioses del paraíso.

Actualmente el legendario Ceibo, crece solitario en los montes del Mayab eterno, como un árbol más sin que la mayoría de la gente  sepa que tiene una historia y que de ahí nació la cruz verde que aparece en los altares del “hanal pixán”, para honrar e invitar a las almas de los que han fallecido a la fiesta, que en fechas específicas de cada año se realizan, como una representación de la cosmogonía y la mitología maya, en la que moran los dioses del paraíso y del inframundo, como respuesta a la dualidad vida-muerte, en la cual creían.

También de este árbol, nace la leyenda de la Xtabay, de la cual hay muchas versiones y que supuestamente aparece cerca del Yax ché para enamorar a los solitarios viajeros o simplemente, ya convertida en mosca, se guarece en sus enormes tallos, en espera de que la noche cubra de nuevo con su manto los caminos para volver  a seducir; sin embargo, analógicamente podemos deducir que en un árbol sagrado, no puede guarecerse un ser maligno.

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CAPÍTULO II.

LA EVANGELIZACIÓN DE CONQUISTADORES Y MISIONEROS.

 

  1. La imposición de un nuevo orden religioso.

Una vez finalizada la conquista de nuestras tierras bajo el filo de la espada y la traición de los mismos grupos autóctonos que apoyaron a los españoles, unos para librarse de los tributos que periódicamente debían entregar y otros como venganza por la humillación de la derrota y sus consiguientes consecuencias, que a la postre sería mayor bajo el yugo de los conquistadores, que no se midieron para cometer aberrantes actos y enriquecerse sin importar la miseria de los naturales, desde el momento en que salieron victoriosos a sangre y fuego.

Primero, fue la destrucción infame de todas las hermosas ciudades prehispánicas que florecían en todas las facetas del saber humano, luego el allanamiento religioso, ético y moral de  sus creencias, tradiciones, costumbres y rituales de adoración, con el advenimiento de una nueva concepción cristiana, que en mucho, guardaba ciertas similitudes con los principios que los misioneros pregonaron, amalgamando lo ancestral en su intención, como las promesas de otra vida más allá de la muerte, que nuestros antepasados sabían y creían, ya que tenían templos y rituales específicos para cada uno de sus  dioses representativos, como lo fueron los antiguos Mexicas que lograron dominar a los pueblos del Valle del Anáhuac y los Mayas en el sureste mexicano, conformados por grupos de cacicazgos al mando de una élite gobernante encabezados por su “Halach Uinic” y los batabes representativos de cada comunidad que la conformaba.

Bajo esta perspectiva de dominación en todos los sentidos, surge una nueva cultura, como un proceso permanente de enajenación, de esclavitud física y moral,  de obligatoriedad, que en su tiempo implicó seguridad y un cambio radical de vida, a manos de la nueva clase dominante. Sin duda alguna, tal medida coronó un proceso de cambio y aceptación, quedando ya en el recuerdo la sabiduría de aquel ayer, que sincréticamente, aun puede observarse en los rituales de adoración que  nuestros hermanos celebran, muchas veces sin saber el origen y el por qué de tal o cual acción y elemento presente.

Las crónicas, sustentan desde el punto de vista occidental que lo encontrado por los conquistadores, se parecía a una civilización indígena, un tanto “atrasada” respecto a la cultura europea, en la cual se conjugaron la sabiduría de diferentes culturas como la hebrea, fenicia, egipcia, griega, gala, romana, otomana, árabe y  celta, entre tantas otras, que con el paso del tiempo, conformaron la cultura antes mencionada. La política religiosa que realizó la Corona castellana en los territorios que se conquistaban a los Aztecas y otros pueblos americanos consistía, hasta la fundación del Consejo de Indias, en establecer nuevos centros católicos en los núcleos poblacionales, que los españoles iban fundando u ocupando.

El Consejo de Indias hace que se depure el modo como iba expandiéndose la evangelización y el servicio a los “cristianos” llegados de Europa. Se establecen diócesis bien dotadas y ricas en los centros de poder con mayor presencia de colonizadores, mientras que en las tierras por evangelizar se crean las llamadas diócesis de misión. El Consejo tiene que recordar, ya en 1568, que se debe guardar, por parte de los religiosos, el debido orden y pobreza. Esto, junto con la preferencia a favor del clero regular sobre el secular, es materia del relato de Jerónimo de Mendieta en su carta al rey Felipe II, donde plantea los problemas religiosos y políticos que observaba en la Nueva España.

La intención primera de cristianizar que fue uno de los objetivos torales que de Mendieta reconocía, y señalaba que para muchos de aquellos primeros conquistadores, había sido el más relevante, si bien quedo rápidamente oculto por el afán de amasar riqueza que traían los nuevos colonos, que ibapn llegando de la metrópoli.

El obispo veía en esto, una perturbación y un estorbo para lo que él consideraba como labor fundamental: el salvar las almas de los indios que no conocían la luz de Cristo.

Fray Jerónimo de Mendieta, describe la evangelización como la entrega de unos hombres empeñados en abrir las puertas del Cielo a las almas de los “salvajes”. Unos misioneros que recorrían, sin recursos y solitarios, vastos y abstrusos territorios, llenos de peligros desconocidos, siempre en busca de convertir a los indios. Describe así una época dorada donde la fe cristiana se expandía sin la imposición de la espada y el sometimiento a la esclavitud, como debiera haber sido.

En realidad, no fue tan idílica aquella tarea espiritual. Si bien es cierto que a los evangelizadores no les faltaban valor y arrestos para cruzar selvas y montañas en busca de almas por convertirlos al cristianismo sin más recursos que ellos mismos, también es verdad que los apoyaba la estructura política que se había creado en el Virreinato con tantos  jefes políticos y encomenderos, y que a los supuestos idólatras indígenas o muy abiertos de palabra, al manifestar inconformidad ante los abusos que sufrían, se les perseguía sin tregua por ser mal ejemplo, confinándolos en frías mazmorras y al principio se les llegó a castigar cruelmente, aunque quedaran fuera del poder nefasto de la jurisdicción inquisitorial. Entre los beneficios que daba la conversión al catolicismo y la transculturización religiosa (que perdura en ciertos lugares), estaban la protección por los abusos y algunos derechos con las que se adaptaban las nuevas formas  de dominio pero al mantenerse el antiguo fondo de explotación, hace que la aculturación de todos los pueblos mesoamericanos no haya sido tan fervorosamente cristiana y evangelizadora, como la narra Fray Jerónimo.

Pareciera que la pretensión del obispo, fue la de  detener, en la medida de lo posible, el rumbo que estaba adquiriendo la Conquista territorial y espiritual, para el establecimiento del régimen virreinal, donde se pasó de enseñarle al indio nuevas manualidades y un nuevo culto religioso, a explotarlo como animal sin derecho a descanso, donde las encomiendas se convirtieron en sistemas de producción basados prácticamente en una forma de esclavitud, y no en centros de educación cristiana; añoraba los tiempos —brevísimos, casi míticos— en que los religiosos tenían el poder y el peso para defender a los nuevos y débiles creyentes que eran los indios, aquellos que habían perdido la libertad y su cultura ancestral.

La crítica que hace de la situación provocada por el cambio de los valores de la Conquista, en especial la ambición de hacerse ricos a cualquier precio olvidando la conversión cristiana que traían los nuevos colonizadores,  son los desacuerdos con los poderosos lo que provoca que la obra evangelizadora sea censurada por los representantes del rey católico.

Al respecto, en su lucha por reorientar las acciones evangélicas, propone y pide la limitación de las encomiendas, y un mayor poder para los frailes en contra del poder civil que representaban los alcaldes mayores y los funcionarios de la Real Hacienda, a la vez que apostaba por un cambio en el sistema tributario hacia un régimen más austero y difícil de cumplir.

De allí el concepto anterior versado por los conquistadores; muy distinta a la autóctona que vivía en relación con la naturaleza, donde aprovechaban los recursos naturales para beneficio de toda una comunidad, sin deteriorar su equilibrio y que ahora, cinco siglos después, pagamos por los cambios climáticos a nivel mundial como el calentamiento global y sus consecuencias.

Con la nueva cultura apareció la división y discriminación de nuestra raza aborigen, donde solamente habían esclavos de guerra en porcentajes mínimos; pues no acostumbraban matar al enemigo sino que los tomaban vivos para luego sacrificarlos a sus dioses, en cambio trajeron a nuestras tierras copia de la sociedad feudal, pues aparecieron siervos, esclavos y una clase dominante que se adueño de la riqueza a base de sangre y fuego; como cuando España logró derrotar a los árabes y judíos expulsándolos de su territorio; según Joseph de Acosta, respecto a la incursión española en nuestra tierra dice: “ como sin saber nada de ellos y el orden en el que vivían, entramos con la espada sin oírles ni entenderles y sin que nos merecieran reputación las cosas de los indios, si no como de caza habido en el monte y traída para nuestro servicio y antojo”.

Con este sentido, la conquista fue de terror sin límites, pues según las crónicas escritas, narran que cuando entraban a los pueblos “ni dejaban niños ni viejos, ni mujeres preñadas, ni paridas que no desbarrigaban y hacían pedazos, como si dieran en unos corderos metidos en sus apriscos. Hacían apuestas sobre quien de una cuchillada abría el hombre por  medio, o le cortaba la cabeza de un piquete o le descubría las entrañas”.

“Tomaban las criaturas de las tetas de las madres por las piernas, y daban de cabeza con ellas en las peñas. Otros daban con ellas en ríos por las espaldas, riendo y burlando, y cayendo en el agua  decían: “bullís, cuerpo de tal”; otras personas metían espada con las madres juntamente, y todos cuanto delante de si hallaban.

Es triste y penoso reconocer estos pasajes que los supuestos evangelizadores realizaron en contra de los naturales, cuyo pecado fue el de tener diferentes dioses tanto para agradecer como para solicitar su protección y que moralmente en su conducta reflejaban un profundo respeto a sus mayores como registro el fanático religioso Diego de Landa, en su obra Relación de las cosas de Yucatán, cuando trató de compensar el daño que causó en los Autos de Fe, celebrado en la legendaria Maní, sin saber que nuestros antepasados tenían un Dios padre, llamado Hunab Kú, que al igual que el de los cristianos, nadie le conocía.

Otras formas de tortura para aceptar al dios cristiano fue que “Hacían unas horcas largas, que juntasen casi los pies a la tierra, y de trece en trece, a honor y reverencia a nuestro Redentor,  y de los doce Apóstoles, poniéndoles leña y fuego los quemaban vivos”.(sic).

No sabemos con seguridad como la similitud del número de sentenciados o mejor dicho asesinados de trece en trece, tuvo que ver con los sacrificios que se hacían en honor a los dioses; empero, analógicamente podemos deducir que fue un conflicto de ideas propias y extrañas, que en su momento, las fueron adecuando, aceptando así, también por seguridad al nuevo orden religioso.

Otros ataban o liaban todo el cuerpo de paja seca: pegándoles fuego, así los quemaban. Otros, y todos los que querían tomar la vida,  les cortaban ambas manos y de ellas llevaban colgando. Mas han muerto los españoles dentro de los  doce años dichos en las dichas cuatrocientos cincuenta lenguas, a cuchillos, y a lanzadas, y quemándolos vivos, mujeres, niños, mozos y viejos, de cuatro cuentos de ánimas, mientras que duraron los que ellos llaman conquistas, siendo invasiones violentas de crueles tiranos, condenadas no solo por la ley de Dios, por todas la leyes humanas… como lo son y muy peores que las que hacen el surco para destruir la iglesia cristiana. Y esto sin los que han muerto y matan cada día en la susodicha tiránica servidumbre, vejaciones y opresiones cotidianas”. (sic).Rios, op. Cit.

En primer término la iglesia evangelizadora se preguntó dos cosas: ¿De qué tribu de Israel procederán los indios? Los salvajes de esta tierra conquistada, ¿Tienen alma? Tras largos años de estudios y reflexiones, el papa y la grey eclesiástica concluyeron de que los indígenas si la tenían…. pero que siendo paganos, idólatras, salvajes e ignorantes, eran por tanto, sujetos a ser educados, civilizados, reprimidos por sus pecados, en una palabra que debían ser cristianizados. Con ésta intención, al desaparecer las encomiendas, nace el sistema de tributarios, es decir, la imposición de cobros a los naturales por ser cristianos o utilizar sus servicios religiosos, lo cual les dio la oportunidad de tenerlos a su servicio, pues en 1570, habían mucho más curas que encomenderos, que penosamente se aprovecharon de la inocencia de los indios al ponerlos a su servicio.

Por ejemplo, según las crónicas: 38 franciscanos tenían a su servicio 45550 indios, 30 dominicos explotaban a 20000, 9 agustinos a 7400 naturales y nueve curas tenían 22150 tributarios, que laboraban en algunos casos con excesos y condiciones infrahumanas.

Con esta perspectiva, la intención de castellanizar al indígena fue la de preparar buenos cristianos, vasallos dóciles y temerosos de las cosas malas y formar hábiles artesanos al servicio de los españoles, por tanto, debían demostrar obediencia ciega a los dogmas de la iglesia, sumisión a las autoridades, adoración a las vírgenes y los santos, amor filial a los curas, respeto a los intelectuales; razón por la cual las escuelas que fundaron los misioneros estaban destinados a enseñar la doctrina cristiana y no para enseñarlos a leer y escribir el español como lengua desconocida, pero los frailes si se dedicaron a aprender las lenguas autóctonas para facilitar su labor evangelizadora.

Según del Río, 2005, “por más de un siglo todo el clero que llegó a las tierras conquistadas estaba conformada por españoles: ya en 1681, fue ordenado el primer sacerdote criollo y hasta 1695, aun no se había ordenado ningún sacerdote indígena de origen, por no ser puro de sangre”.

El cronista indio Guamán Poma, dice en relación a la actitud de los evangelizadores lo siguiente: “algunos padres de doctrina se comportan como verdugos porque, personalmente, con sus propias manos y sin temor, castigan afrentosamente y sin miramientos azotan desnudos a los indios, sin fijarse si son principales o comunes; otras veces le encargan a los fiscales o alcaldes que atormenten a los indios o indias mostrándose rabiosos, coléricos y soberbios”.

“También hacen hilar y tejer ropa por la fuerza a las indias, amenazándolas con castigarlas y con el pretexto de que están amancebadas, les dan de palos y no les pagan por su trabajo; además tienen a su disposición indias en sus cocinas y para toda clase de uso manteniéndolas encerradas en calidad de depositadas. Así mismo, los corregidores y los jueces españoles, en las minas castigaban cruelmente, sin misericordia, sin temor a Dios y la justicia, a los indios los torturaban después de desnudarlos…los azotaban o los colgaban en horcas, algunas veces de los pies y los tenían en cepos especiales”.

La generalizada destrucción de la cultura y religión indígena a manos de los conquistadores europeos, incluidos los misioneros, nunca debió ser tan triste y penosa, por los excesos que se cometieron,  debió ser como consigna, debido a su preparación espiritual e intelectual, un proceso de aculturación y evangelización basado en la disposición de las culturas autóctonas, que en mucho, demostraban buenas costumbres, respeto e inclinación hacia los buenos modales, la cual se reflejaba en la unión familiar y a los valores que compartían, pero sobre todo, al aspecto colaborativo, el cual hizo posible la construcción de las grande ciudades donde nuestros antepasados se organizaron de manera excelente de acuerdo con sus fortalezas o habilidades y que siglos después hicieron posible la construcción de las iglesias católicas, las haciendas y la fastuosidad de las casa de los patrones.

Sin embargo, la  realidad fue otra, al conjugarse la ambición desmedida por la riqueza y el poder contra la sumisión de los conquistados, el mismo autor Guamán Poma, al referirse a los reverendos frailes agustinos, asienta: “Fueron rabiosos abusivos y violentos, generalmente maltrataban a los caciques y daban de palos a los indios, con poco temor de Dios y la justicia y cuando encontraban oro, plata y comida, se lo llevaban por la fuerza quitándoselas a los pobres indios.

Los dominicos eran también rudos, bravos y soberbios, tenían tan poco temor de Dios….en sus doctrinas castigaban cruelmente a los indios e indias para hacerles trabajar los tejidos, ya que supuestamente aceptaban niñas para educarlas en internados, pero, nunca más salían, pues ahí las tenían hasta los 20 años y algunas hasta los 40, para hacerlas trabajar y tenerlas ocupadas de acuerdo a sus intereses”.

Sin embargo, aún cuando trabajaban de sol a sol, el domingo eran obligados a asistir a las ceremonias de la iglesia, bajo penas de azotes y prisión,(cárceles que todo convento tenía), si no asistían con sus familias: por tanto, es de lamentar la evangelización realizada por los misioneros, que se enriquecieron con la sangre y la explotación del conquistado, como bien señala el obispo Palafox y Mendoza en su informe al papa Inocente X en 1647, “los jesuitas tienen las mejores haciendas y solo en dos de sus seminarios tienen 300 000 ovejas y muchas cabezas de ganado; tienen las seis mejores haciendas azucareras y cada una produce uno y medio millón de pesos de oro y tienen haciendas de trigo  y  muy ricas minas.  Este misionero se distinguió al igual que Jerónimo de Mendieta, por sus esfuerzos para la protección de la población indígena de los colonizadores españoles, prohibiendo emplear cualquier método de conversión cristiana que no fuera el de la persuasión, pero que desafortunadamente, esta intención le valió su expulsión de la Nueva España por los misioneros jesuitas, que contravenía los intereses personales de los susodichos mensajeros de Dios, que ante la falta de leyes, hacían su voluntad, explotando el sudor y la fuerza de los conquistados.

Entre los mayas, el impacto de la evangelización realizada por los misioneros franciscanos y en especial por el fanático religioso Fray Diego de Landa, lo encontramos en un pasaje escrito en el libro del Chilam Balam de Chumayel, que dice:” Así fue que entró en nosotros la tristeza, que entró a nosotros el cristianismo, porque los muy cristianos llegaron aquí con el verdadero Dios, pero ese fue el principio de nuestra miseria, el principio del tributo, el principio de la limosna, la causa de que saliera la discordia oculta, el principio de las peleas….de los atropellos, de los despojos, de la esclavitud por deudas, el principio del padecimiento. ¡Fue el principio de la obra de los españoles y de los padres”.

Afortunadamente también otros frailes como Vasco de Quiroga y Bartolomé de las Casas, lucharon ante las autoridades por tanto abuso y ya en 1573, se prohibió oficialmente que hubieran cepos y prisiones en los conventos suntuosos; también unos año antes se prohibió el pago del diezmo, pues el personal del clero recibía un sueldo de la corona  además de trabajo, comida y casas adecuadas a su investidura, pero aumentaron los tributos, aparecieron las cofradías y las tiendas parroquiales, ya que los indios solo podían pagar con productos en especie, que luego los curas comercializaban, además del pago por sus servicios, práctica que hasta nuestros días se sigue realizando para el mantenimiento de los edificios y gastos menores o el pago del diezmo de antaño. El fraile Vasco de Quiroga, quien combatió la crueldad de la evangelización contra las tres órdenes religiosas: franciscanos, jesuitas y dominicos, escribió en su momento; “los religiosos se han convertido en amos y señores absolutos, tanto en lo espiritual como en lo temporal”, citado por  E. del Río (2008:224).

Para concluir este apartado, solo resta mencionar que la evangelización de nuestros ancestros fue impuesta a la fuerza por los conquistadores, lejos de las campañas cristianas para la  conversión de nuevos creyentes, que ahora se realizan en distintos lugares por diferentes grupos religiosos; triste es reconocer que su influencia destruyó la educación que se tenía, las costumbres, la sociedad misma que vivía en armonía con la naturaleza, las artes que hasta hoy pueden apreciarse en las construcciones prehispánicas, las ciencias y saberes sobre el universo.

como los eclipses, los equinoccios y solsticios, la moral que practicaban, las costumbres que hasta hoy sobreviven pese a la modernidad, la destrucción de las ciudades, pero sobre todo, la imposición de una nueva religión que obedeció a intereses personales de riqueza, poder y prestigio, que anteponían al mensaje de amor y humildad para aquellos que creyeron en el Dios absoluto o supremo, como lo fue Hunab Kú para los mayas, mucho antes de que llegaran los conquistadores con la promesa de vida eterna y vida plena en el paraíso prometido después de la muerte.

“Después de V siglos de evangelización, se reflejan todo lo que hemos progresado y hemos obtenido y como hemos venido a situarnos dentro del contexto mundial… tomando como fondo la fe cristiana y la cultura que la iglesia y Cristo, trajo a estos pueblos ya evangelizados”, según el cardenal Corripio Ahumada en su homilía en el año de 1991, citado por E. del Río, (2008:226). Empero, aun en otros pueblos prehispánicos, el conocimiento mitológico que tenían sobre su religión, bien puede mencionarse, con el ejemplo del códice Chimalpopoca, de los Anales de Cuautitlán, de 1558, también conocida como la “Leyenda de los soles”, llamada así por Francisco del Paso y Troncoso, donde dice: “cuando los hijos de la diosa Citlalicue expulsaron del cielo a su hermano, un Técpatl o pedernal, que al caer en las “siete cuevas”, dice salieron de él, mil seiscientos dioses, lo cual según Mendieta tiene relación con la caída de los malos ángeles, cit. por Martínez Ferrer (Capítulo I de la religión mesoamericana prehispánica, en Historia eclesiástica Indiana). Es decir, a pesar de considerar, en principio, sus mitos, fábulas y ficciones, no deja de señalar elementos de semejanza con la religión cristiana. Ahora solo resta preguntarnos con lo anterior, ¿Realmente fuimos evangelizados o colonizados?

  1. Los Autos de Fe.

He considerado como relevante y de suma importancia mencionar el impacto religioso de los Autos de Fe, que durante la evangelización se realizaron, tanto en las tierras aztecas como  las del Mayab eterno, a fin de tratar de entender la conformación de nuevas prácticas de adoración que nuestros antepasados celebraban en su vida cotidiana para distintas ocasiones, como las peticiones, agradecimientos o rituales, como el de la muerte, propósito central del trabajo.

Todo inicia con la creación de la Santa Inquisición, supuestamente para defender la fe católica, ya que durante VI siglos España estuvo dominada por los árabes y los judíos en menor escala, hasta que fueron expulsados en las guerras de reconquista contra los moros emprendida por los reyes católicos, estas batallas fueron ganadas por nobles y caballeros castellanos. Fue entonces cuando hidalgos y nobles se repartieron tierras, pueblos, haciendas y fincas con áreas  muy grandes y de las mejores y sobre todo, de los pobladores que vivían en ellas.

Como resultado de la conquista, una parte de los descendientes árabes y de los judíos, se vuelven católicos, es decir, se vuelven conversos, sin embargo, siendo dueños de muchas propiedades despiertan la codicia de los conquistadores; es cuando el Papa Sixto IV, a solicitud de los reyes españoles otorga poderes a la iglesia para crear la santa inquisición, imponiendo así la ideología católica, El funcionamiento del tribunal, era sencillo, se recibían acusaciones anónimas sobre tal o cual persona, se le detenía, torturaba sin juicio ni defensor y lo obligaban a confesarse culpable de mil y un herejías, pecados que en ese tiempo no eran para resultar inocente, siendo condenados a morir en la hoguera, decapitados, condenados a cadena perpetua y despojado de todos sus bienes que pasaban a poder de la iglesia.  Bajo la misión de vengarse de los más ricos aun siendo conversos o natos, el primer Auto de Fe se celebró contra estos en Sevilla, España, el 6 de febrero de 1481, donde seis fueron quemados en la hoguera y 19 de ellos fueron enviados a la cárcel de por vida, es decir, cadena perpetua. En 8 años de trabajo por así decir, la inquisición española quemó vivos a 700 y castigó a 5466 personas, supuestamente por herejes.

Ante esta masacre el Papa Sixto IV dijo a los reyes de España: “En Aragón, Valencia, Mallorca y Cataluña, la inquisición lleva tiempo actuando no por celo de la fe, sino por la codicia de la riqueza y muchos y verdaderos fieles cristianos, por culpa de enemigos rivales y otras personas sin pruebas de ninguna clase, han sido encerradas, torturadas y condenadas como herejes, privadas de sus bienes y ejecutadas”, E. del Río, (2008:236). Cabe señalar que estas ejecuciones se realizaban en las plazas públicas, así mismo a fin de dominar en todos los sentidos también incineró todos los libros escritos por herejes, condenados a morir, traducciones heréticas de la biblia, los devocionarios que no estuvieran en latín, los de magia y todos los libros escritos desde 1515, sin mencionar autor, todo ello resulta nefasto pues es de suponer que entre los escritos habían grandes obras con ideologías y pensamientos particulares de escritores como Dante, Maquiavelo, Tomás Moro, Erasmo, Bocaccio y Rabelais, entre otros autores de aquellos tiempos.

Sin embargo otros autores, como Sahagún, Olmos, Las Casas y Jerónimo de Mendieta, escaparon con el tiempo de los vetos impuestos y gracias a ellos podemos conocer la realidad del proceso de la evangelización cristiana para dominar la cultura religiosa prehispánica, cuya similitud en algunos rituales como el ayuno o las normas morales que practicaban para una convivencia armónica, permitió la pérdida de aquella supuesta idolatría que practicaban, pero, que algunas grupos religiosos no católicos cuestionan, por la adoración de imágenes y santos, con el tiempo adoptados como patronos de alguna comunidad, convirtiéndonos también, en idólatras como antaño.

En nuestro país, el primer Auto de Fe, fue celebrado en octubre de 1528, cuando la santa inquisición quemó vivos a dos hispanos por herejes en pleno zócalo, con el aplauso de la concurrencia ante la presencia del primer inquisidor, Fray Juan de Zumárraga, aquel que recibió la tilma de Juan Diego con la imagen de la Virgen de Guadalupe, la madre del Tepeyac; lugar, según el padre Jacinto de la Serna había: “En el cerro de Tepeyac, donde hoy es célebre el santuario de la Virgen de Guadalupe, tenían los naturales un ídolo de la diosa Tonantzin, a quien celebraban fiesta en el mes llamado Titil (diciembre), y cuando iban a la fiesta de la virgen santísima, dicen los indios que van a la fiesta de Tonantzin, que significa “nuestra madre” y este mismo dan a nuestra señora”, E. del Rio( 2008:202).

Al respecto, Jerónimo de Mendieta, es firme partidario de una predicación cristiana en tiempos remotos en relación a la veneración de la Virgen María, aunque también  comparten esta opinión otros evangelizadores como Diego Durán o Bernardino de Sahagún, es decir, que hubo una “proto-predicación” en América, por medio de algún apóstol o discípulo, y que luego se fue oscureciendo, por obra del demonio y los pecados de los hombres. En este sentido, es impresionante la presentación de una diosa, mujer del sol: «una diosa muy principal, y a esta llamaban la gran diosa de los cielos, mujer del sol, cuyo templo estaba encumbrado en lo alto de una alta sierra» (Cap. IX). A la cual los indígenas tenían mucha devoción:

«La causa de tenerla en gran estima y serle muy devotos y servidores, era porque no quería recibir sacrificios de muertes de hombres, antes los aborrecía y prohibía. Los sacrificios que ella amaba y de que se agradaba, y los pedía y mandaba ofrecer, eran tórtolas y otros pájaros y conejos, y estos le degollaban ante su estatua» (Cap. IX).

En un primer momento Fray Jerónimo realiza una lógica comparación, pero haciendo responsable al demonio:

«En esta tan celebrada diosa intercesora y medianera de los pueblos y gentes que a ella se encomendaban, parece que quiso el demonio introducir en su satánica iglesia un personaje que en ella representase lo que la Reina de los Ángeles y Madre de Dios representa en la Iglesia Católica, en ser abogada y medianera de todos los necesitados que a ella se encomiendan para con el gran Dios y sol de justicia, su sacratísimo Hijo» (Cap. IX).

Era lógica esta conclusión, que ve al demonio “remedador” de Dios, como ya se ha visto. Pero es que el obispo Fray Jerónimo deja abierta otra significativa posibilidad cuando dice:

«Si no es que por ventura habiendo tenido noticia los antiguos progenitores de estos indios de esta misma Señora y madre de consolación, por predicación de algún apóstol o siervo de Dios que llegase a estas partes (como por algunos indicios que en el discurso de esta historia se tocarán, se presume), quédase confusa la memoria de esta gran Señora en el entendimiento de los que después sucedieron, y cayendo de un día para otro en mayores errores, la viniesen a honrar con título de semejante diosa, como por el largo curso y mudanza de los tiempos pudiera haber acaecido» (Cap. IX).(sic)

Ha podido haber una antigua predicación, a través de algún remoto apóstol, donde se presentara la figura de la Virgen María. Ése es el verdadero origen religioso de los mexicanos, y no la posterior idolatría.

En nuestro medio, años después, el fraile franciscano Diego de Landa, a fin de combatir la idolatría y consumar la evangelización del pueblo maya, celebró en la antigua Maní, ciudad capital del cacicazgo de los Xiues, un 12 de julio de 1562, el famoso Auto de Fe, donde según las crónicas registradas por diversos autores, se presentan las siguientes apreciaciones:

Según Diego López de Cogolludo, (TII:111), “Había  en el convento de Maní, un indio llamado Pedro Ché que era portero. A éste, le dio un domingo ganas de salir por el pueblo a cazar conejos de que en todos hay abundancia. Salió por las calles más de bosque que de pueblo y los perrillos  que con el indio iban, llevados por el olor entraron a una cueva y sacaron arrastrando un pequeño venado, acabado de matar y arrancado el corazón. El indio admirado entró donde los perrillos salieron y por el olor del sahumerio del copal, llegó en el interior de la cueva donde estaban unos altares y mesas muy compuestas con muchos ídolos, que con la sangre del venado que aun estaba fresca habían rociado. Espantado porque era buen cristiano, salió de allí y con celeridad, dio cuenta de lo que había visto a su guardián que era el padre Fray Pedro Rodrigo y esté al provincial que estaba en la ciudad de Mérida. Sintiólo el celoso ministro, como culpa de hijos a quienes había generado en Cristo, cuyo honor y culto ultrajaban, y fue personalmente a poner el remedio que tan grave mal pedía.

Como era tan sabio en la lengua de estos naturales, presto descubrió a los que había caído en aquel pecado, y con la autoridad apostólica que tenía, haciendo oficio de inquisidor, procedió a información jurídica contra los idólatras apóstatas de la Fe, y descubrió en ellos otras idolatrías de los indios orientales de esta tierra hacia los Cupules, Cochuajes, Cocomes de Zotuta, Canules y de otros pueblos.

Halló, que habiendo muerto algunos pertinaces en su idolatría, ignorándose, estaban sepultados en lugar sagrado y mando desenterrar sus cuerpos y echó sus huesos por los montes.

Substanciadas las informaciones, determinó hacer un auto público, como de inquisición en el pueblo de Maní, para atemorizar a los indios, y pidió para ejecutarle, el auxilio real del alcalde mayor. No solo le dio, si no que asignado el día en que se había de publicar, fue al pueblo de Maní para hallarse presente, y llevó consigo la más nobleza española de toda esta tierra, así para la autoridad del acto, como para la seguridad de lo que pudiere acontecer. Concurrió aquel día gran gentío de los indios a ver cosa para ellos tan nueva, y en el auto fueron leídas las sentencias y castigados los idólatras con el auxilio real. Con el recelo de esta idolatría, hizo juntar los libros y caracteres antiguos que los indios tenían y por quitarles toda ocasión y memoria de sus antiguos ritos, cuantos se pudieron hallar se quemaron públicamente el día del auto, y a la vuelta con ellos las historias de sus antigüedades.

“Fray Diego de Landa, que ha pasado por santo ilustrado entre los frailes de esta provincia, no era sino un hombre fanático, extravagante y de corazón tan duro que rayaba de cruel”. (sic)

Según las crónicas sobre el Auto de Fe celebrado en la antigua Maní, de los Xiues, en los apuntes de don Pablo Moreno y en un escrito del jesuita yucateco  D. Domingo Rodríguez al Sr. Estévez, fechado en Bolonia un 20 de Marzo de 1803, se presenta la relación de destrozos de ídolos y códices, aunque no menciona la cantidad de personas que fueron quemadas o torturadas, acusadas de brujería como escarmiento por su actividad; algunos dicen cientos, otros que fueron cerca de diez mil indios sacrificados.

La siguiente relación, nos da una idea de la magnitud de éste acto que buscó antes de evangelizar a nuestros ancestros, erradicar de raíz, tradiciones y costumbres de una cultura milenaria:

5, 000 ídolos de distintas formas y dimensiones.

13 piedras grandes, que servían de altares.

22 piedras pequeñas de varias formas.

27 rollos de signos y jeroglíficos en piel de venado.

197 vasos de todas dimensiones y figuras.

Sobre la conducta del inquisidor de no grato recuerdo, el obispo Brausseur de Borbourg dice:

“….Landa ya han pasado como un santo o como un odioso perseguidor” escribió Diego López de Cogolludo,(…..:357), su primer biógrafo, murió en  olor de santidad;  otros autores lo califican justamente como un hombre fanático”.

Una vez concluido el Auto de Fe, los misioneros franciscanos, se ensañaron contra los naturales, tratando erradicar la supuesta idolatría y la ofrenda de sacrificios humanos, la cual definía como “obra del demonio” que practicaban los sacerdotes mayas y así  culminar el proceso de evangelización iniciada, para ello, utilizaron toda clase de métodos prohibidos, ante esta situación, los gobernadores indios de varias provincias de Yucatán, enviaron una carta de desaprobación por los actos que se cometían  contra sus vasallos, por todos los que conformaban la orden de San Francisco, al rey Felipe II, fechado un 12 de abril de 1567.

  1. La evangelización del cacicazgo de los Xiues

No se sabe con exactitud, cual haya sido el impacto de las profecías mayas que predijeron la llegada por el mar de unos hombres barbados y blancos que vendrían a dominar las tierras del mayab, según los Chilames. Lo cierto es que con su arribo a esta tierra, los cacicazgos fueron conquistados uno por uno, naciendo una nueva cultura de adoración religiosa hacia un Dios supremo y desconocido, quien con unos santos y vírgenes cristianos  suplantaron a los de la mitología maya, y que ahora recordamos en las ceremonias tradicionales con un dejo de tristeza cuando los escuchamos decir en sus ceremonias de agradecimiento: “Tu kaba Ja’jal Ku”, en nombre del verdadero Dios.

Una vez destruidas las ciudades mayas sus templos y dioses de adoración, son construidas en el lugar de sus ruinas las iglesias, cuyo propósito fundamental fue la de evangelizar a los indios, como lo fue con las demás culturas que florecieron  en otros contextos.

Es posible que la intención de poner las imágenes del sol y de la luna al frente de las iglesias obedeciera a la representación de “Yun Kin” y de “Ixchel”, y con ello demostrarle a los aborígenes, que aquel  dios maya que luchaba contra la oscuridad y los dioses malévolos de “Ka Kas Baal”, el demonio, era San Miguel, aquel que lo derrotó.

Los misioneros con el tiempo nombraron como Santo patrono del antiguo cacicazgo de Maní a San Miguel, a quien La Santa Iglesia da el más alto lugar entre los arcángeles y le llama “Príncipe de los espíritus celestiales”, y “jefe o cabeza de la milicia celestial”. Ya desde el Antiguo Testamento aparece como el gran defensor del pueblo de Dios contra el demonio y su poderosa defensa continúa registrada en el Nuevo Testamento.

Con el tiempo, la doctrina cristiana fue ganando adeptos o mejor dicho creyentes, por lo que el ángel guerrero del cielo y la imagen del conquistador de Lucifer, poniendo su talón sobre la cabeza del enemigo infernal, amenazándole con su espada, o traspasándolo con su lanza, o presto para encadenarlo para siempre en el abismo del infierno, fue muy significativo. Es tradicionalmente reconocido como el guardián de los ejércitos cristianos contra los enemigos de la Iglesia y como protector contra los poderes diabólicos y sus enviados, especialmente a la hora de la muerte, cuyo conocimiento sobre los horrores del inframundo conocían y sentían temor ante la incertidumbre del destino final de sus almas, fueron atributos o elementos suficientes al igual que las enseñanzas de la doctrina cristiana, para ser aceptado como nuevo emblema de defensa contra los poderes ocultos por los antiguos pobladores, al igual que la imposición del símbolo de la cruz, cuya semejanza con la de colores maya que simboliza los “bacabes”, fue fundamental para su aceptación aun cuando hubiera sido fortuito, sin saber nuestros conquistadores que representaba a los sostenedores del mundo de cada uno de los cuatro puntos cardinales. En consecuencia, la ideología de los conquistadores modificó rituales de adoración, creencias y tradiciones; así como los conceptos sobre la muerte,  que  se transformaron con las orientaciones de la nueva religión en un nuevo ritual.

Los conquistadores creían en el concepto occidental judeo-cristiano del tiempo lineal, que iniciaba con la creación divina  durante siete días, el nacimiento de Cristo, que dividió nuestra historia en un antes y un después, hasta llegar al término de los tiempos con el juicio final.

La prolongación de la vida en el más allá del cristianismo coincidió con la creencia de nuestros ancestros, aunque algo transformada, los trece cielos y los niveles del inframundo, lugar a donde iban las almas o “pixanes”, se sintetizaron en dos: la gloria y el infierno, así como el lugar a donde descansarían ya no sería determinado por la forma de morir, sino por las buenas o malas acciones que hubiera realizado. “Por tanto, ya no tenían porque acceder al cielo para vivir en el legendario Yax Ché en su parte superior o viceversa para llegar al infierno. La conversión mitológica y la similitud de principios que se tenían al respecto, facilitó la adopción de otros denominadores como Dios Padre, que era el Dios supremo Hunab Kú, los cuatro Bacabes en nuestro Señor Jesucristo y el Dios de los viajeros Ek Chuaj, en el Espíritu Santo, citado por Juan C. Rodríguez en Buenfil y Tamayo, (2008:6)”, donde también dice que los sacrificios humanos fueron sustituidos por Jesucristo en la Cruz: la herida en el costado, ocasionada por los romanos, fue interpretada como que estos le arrancaron el corazón en ofrecimiento a los dioses. Las cuatro esquinas del mundo se materializaron en la cruz de colores: el norte, blanco, era la cabeza de Jesús, al este, su color era rojo y al oeste, negro, eran los brazos; el sur, de color amarillo, eran sus pies y el verde del árbol de la vida entre los mayas, el cuerpo.

Con este sentido, nace un sincretismo religioso maya cristiano, al respecto, tratando de encontrar el impacto evangelizador de San Miguel entre los pobladores  del cacicazgo de los Xiues, la Biblia dice lo siguiente: “Entonces se entabló una batalla en el cielo: Miguel y sus Ángeles combatieron con el Dragón. También el dragón y sus ángeles combatieron pero no prevalecieron y no hubo ya en el cielo lugar para ellos. “Y fue arrojado el gran Dragón, la serpiente antigua, el llamado Diablo y Satanás, el seductor del mundo entero” Apocalipsis 12,7-9.

La veneración a San Miguel, como testifican los ministros de la grey católica, ha sido parte esencial de la vida de la Iglesia desde sus inicios. El emperador Constantino, atribuyó a este arcángel, las victorias sobre sus enemigos y por ello mandó construir cerca de Constantinopla, una magnifica iglesia en su honor. Esta se convirtió en lugar de peregrinación y muchos enfermos recibieron sanación gracias a su intercesión. San Miguel continúa su ministerio angelical en relación a los hombres pues es él quien nos lleva a través de las puertas celestiales. No solo durante la vida terrenal, San Miguel defiende y protege nuestras almas, el nos asiste de manera especial a la hora de la muerte, ya que su oficio es recibir las almas de los elegidos al momento de separarse del cuerpo.

En la liturgia, la Iglesia nos enseña que este Arcángel esta puesto para custodiar el paraíso y llevar a Él a aquellos que podrán ser recibidos ahí. A la hora de la muerte, se libra una gran batalla, ya que el demonio tiene muy poco tiempo para hacernos caer en tentación o por falta de reconciliación con Dios.

En el medio rural, lugar donde se amalgaman principios tradicionales prehispánicas y españolas, para ayudar a las personas en la antesala de la muerte: “queman huano bendito y romero para ahuyentar a los malos espíritus y los malos vientos, que rondan siempre a los moribundos para atrapar el alma, en el momento que abandone el cuerpo y ya no puedan entrar al cielo, convirtiéndose en espíritus malignos que vagan por el mundo en busca de agonizantes” como señala Maas, (1977:12), mismos que hasta hoy los abuelos le llaman “okol pixanoob” o ladrones de almas.

La promesa o elemento clave que los misioneros franciscanos utilizaron para evangelizar a los pobladores, que pertenecían al cacicazgo de los Xiues, cuyo centro de poder estaba en la legendaria Maní, fue la similitud entre la creencia maya y la cristiana promovida por el autor de los Autos de Fe, Diego de Landa,  en la que según las crónicas escritas, se destruyeron valiosos códices que narraban la historia de los mayas, como consecuencia del descubrimiento hecho por el indio Juan Ché, un incondicional de la nueva religión cristiana que contrastaba con la que se practicaba.

Después de esta imperdonable barbarie perpetuada por los conquistadores y los misioneros cristianos, se prosiguió con la destrucción de las ciudades del reinado, como lo demuestra el mapa encontrado por S. Morley, en marzo de 1842, fechado con el año 1557, (ver tomo II) en el que ya se había contemplado la construcción de los conventos e iglesias con la mano de obra de 6000 indios, bajo el mando de los arquitectos españoles y la complicidad de los batabes y nacomes de todas las ciudades del reinado que servían al susodicho “Halach Huinic”, Tutul Xiu, quien como se recordará, al aliarse con otros grupos y las fuerzas de Francisco de Montejo, “el adelantado”, derrotaron al gran Señor de Sotuta,  Nachi Cocom, su acérrimo enemigo, quien no se rendía ante los invasores, en aquella batalla que la historia recuerda como de San Bernabé, un 11 de junio de 1541, tiempo después, aquel caudillo depone las armas y acepta ser bautizado con el nombre de Juan Cocom, no sin antes, pedir como garantía y condición de su abdicación, la libertad de culto para su pueblo, el respeto a sus tradiciones y costumbres y que no se destruyeran sus ciudades.

Al ser aceptadas sus condiciones, la gente siguió adorando a sus dioses, a pesar de la obligatoriedad del cristianismo; seis meses después, un 6 de enero de 1542, los conquistadores fundan la ciudad de Mérida, actual capital de nuestro Estado, en el asentamiento de la antigua “Tho o Ich Can Sihó”, en la cual, los conquistadores construyeron sus edificios con ornamentación europea, como podemos observar en las casas coloniales construidas por nuestra gente en el centro de la ciudad, como la casa de Montejo, donde puede observarse como se humillaba al conquistado, perpetuando la imagen en el portal ornamentado donde aparecen sobre los naturales en clara muestra de superioridad y en otras que aun resisten al tiempo y la modernidad, como las que se encuentran a lo largo del famoso Paseo de Montejo.

Después de la muerte del gran Nachi Cocom, en el año de 1560, los acuerdos fueron declarados obsoletos por los conquistadores y misioneros, en especial los franciscanos bajo la dirección de F.D. de Landa, quien impuso la persecución y la muerte entre los pobladores, acusándoles de idólatras, seguidores del diablo, en otras palabras, de herejes. Sin embargo, al ser suplantados los dioses mayas por el poder de los Santos y Vírgenes, como mediadores y de gran poder sobre las cosas malignas, como el Arcángel San Miguel, quien en los pasajes bíblicos, derrota al demonio y su séquito de seguidores, es de suponer su aceptación entre los naturales, siempre temerosos de“Ka’ kasBa’al”, el diablo.

Con el correr de los siguientes años, en la antigua Maní, se construyó el convento con el nombre de San Miguel Arcángel, patrono de la comunidad hasta nuestros días, tal vez porque nuestros ancestros le temían  de manera entrañable a las fuerzas del mal, pues la creencia ancestral era de que había un mundo de delicias y uno de dolor y sufrimiento. Ya  en el ocaso del siglo XVII, todas las poblaciones prehispánicas del cacicazgo de los Xiues ya tenían sus iglesias o conventos construidos, excepto la de “Ti’ ab”, Teabo, que fue concluida en los albores del siglo XVIII.

En consecuencia, al reconocerse el poder que tenía el Arcángel Miguel,  sobre el diablo y su legión de ángeles malignos y ser, por designio del Altísimo, el consuelo de los pobres y el encargado de llevar a las almas al cielo a fin de que no fueran interceptados por el diablo, en el viaje que emprendían las almas al paraíso prometido, tanto por sus creencias según su mitología como por los pregones de la nueva religión cristiana, mismas que al aceptarla, les redituaba beneficios de seguridad al evitar ser perseguidos y acusados de brujos o hechiceros por los “dzules” o blancos, quienes mandaban en los centros poblacionales.

Es de pensar que los pobladores fueron abandonando a sus dioses que no los protegieron en aquel momento contra el enemigo, a los ídolos que los representaban, a sus tradiciones y costumbres o simplemente por los vaticinios de que llegarían otros hombres a conquistarlos, según los Chilames, quedando en la actualidad, destellos de aquella cultura, gracias a los hermanos de raza que huyeron  hacia las profundidades de la selva, lejos de aquellos seres que habían llegado a destruir sus vidas y cultura, con el filo de la espada, el estandarte de la cruz y la evangelización, pues éramos considerados como un pueblo de ignorantes, que vivían casi como animales, según las crónicas.

 

CAPITULO III

EL SINCRETISMO MAYA CRISTIANO

  1. Origen histórico del ritual de la muerte.

La celebración del ritual de la muerte encuentra sus raíces en costumbres extendidas por los evangelizadores católicos que a su vez se derivaron de celebraciones de la cultura Celta y de sus propias tradiciones teológicas así como de ciertos rasgos de la mitología maya prehispánica. Al correr de los siglos, las costumbres  fueron sufriendo cambios con la llegada de los conquistadores y los misioneros, que adecuaron las antiguas prácticas a las creencias religiosas, que son las que conservamos hasta nuestros días.

Los orígenes de esta celebración se remontan al año 835 en que la iglesia cristiana designa el día uno de noviembre como el día de los santos difuntos cambiándolo, luego en el año 1222 en el concilio de Oxford en Francia, al día dos. Sin embargo, en no pocas poblaciones mayas las ofrendas a los difuntos se realizan -además de estas-, nuevamente a los ocho días de las fechas “oficiales”, lo que es conocido como “bix”, aunque actualmente algunas familias de la comunidad, celebran también rezos el ultimo día del mes de noviembre, supuestamente para despedir a las almas que aun no parten hacia el más allá.

Los mayas prehispánicos no tenían una fecha fija o establecida para celebrar o conmemorar a sus muertos en lo general. En consonancia a la costumbre de enterrar a sus muertos al interior de los basamentos de sus casas, o aprovechando oquedades como cavernas, cuevas e incluso cenotes y en casos extraordinarios, construyendo edificios exclusivos para conservar cadáveres de personas de la realeza, los mayas prehispánicos les rendían a diario algún tipo de ofrenda a sus antepasados muertos en espacios designados al interior de sus viviendas. Fray Diego de Landa hace una breve pero rica descripción de la disposición de un altar dedicado a los muertos evidenciando la importancia de la presencia del difunto mismo en ese espacio, por ejemplo utilizaban una figura de barro en cuyo interior se depositaban las cenizas de un antepasado. No existía la idea del regreso de los muertos en ninguna fecha, al contrario, se sabe que existía todo un peregrinar entre los niveles del “Yax ché” o ceibo, que era para los maya-yucatecos el árbol sagrado, donde podrían alcanzar las almas su destino final al lado de los dioses benévolos o malévolos, es decir, en el paraíso o en el inframundo, según hubieran sido sus actos durante su existencia terrena o la forma o circunstancia en que hubieran fallecido, como los guerreros o los que se ahorcaban.

  1. El nacimiento de un nuevo culto.

Para los pobladores prehispánicos, la muerte no era la aniquilación total inherente a los seres vivos, sino un cambio de estado, una vivencia distinta a la que transcurre entre el nacimiento

y el deceso. La muerte no era más que una forma de vida diferente. “Es así como el dios de la muerte, que por su aspecto es también un muerto, puede, según nos muestran los Códices, tener actividades semejantes a las de los vivos sobre la tierra: tejer, producir fuego, caminar bajo la lluvia, empuñar una lanza o un hacha, fumar, quebrar una planta o una cuerda o vasijas, copular con una mujer”, sabemos por el Popol Vuh que los malévolos señores de Xibalba, país de los muertos, también llevaban cierta clase de vida: jugaban a la pelota, se burlaban y hacían daño a los hombres.

Por medio de las exploraciones arqueológicas podemos inferir acerca de las creencias de los antiguos mayas respecto a la muerte y más concretamente, sobre las ideas relativas a una vida después de fallecer, pues creían que podían aspirar en otra vida a vivir en el paraíso, la cual representaban en el árbol sagrado de la vida.

“En los entierros encontrados en las zonas arqueológicas se pudo conocer el tipo de ofrendas que se depositaba a cada difunto, de acuerdo con la condición social del muerto. Así la mayoría de las ofrendas que ofrecían al muerto eran vasijas de barro. Según las crónicas, estas vasijas generalmente contenían alimentos y bebidas como pudo comprobarse en numerosos casos cuando se hallaron en ellos restos de animales”, según los descubrimientos de entierros prehispánicos hechos por  Ruz Lhuillier, (1968:180).

Otros objetos de las ofrendas tenían un valor mágico que se relacionaba con la vida después de la muerte. Landa menciona que colocaban maíz molido en la boca del muerto y algunas piedras que tenían por monedas necesarias para la futura vida (Landa 1968:63).

Ah Puch, deidad  de la muerte.

La familia del área rural de hoy, expresa simbólicamente la cosmovisión que tienen sobre la existencia de una vida después de la muerte, con objetos que depositan en el ataúd del familiar fallecido y con frases en maya que expresan el paso de la vida terrenal al lugar del descanso eterno. El tránsito del alma de un lugar a otro, se acompaña con algunos objetos personales así como  ropa nueva con la que visten al difunto y que simbolizan la pureza o limpieza de pecados, con que emprenden el viaje hacia la otra vida, costumbre que paulatinamente se va perdiendo.

De acuerdo con la creencia actual entre los pobladores de  la comunidad, la limpieza del cuerpo del recién fallecido implica la purificación de los pecados que en vida haya cometido, de ahí que incluso las ropas con la que es vestido, han de ser nuevas. Actualmente, el cuerpo es maquillado si se trata de una mujer o se le rasura la barba, cuando es hombre, a fin de que tengan buena apariencia y no se note el rictus de la muerte o el color amarillento que presentan los cadáveres recién fallecidos.

  1. Aculturación del ritual.

Por otra parte, la celebración a los muertos el día 31 de octubre y el 1 y 2 de noviembre, es una imposición religiosa que los primeros evangelizadores implantaron entre los pobladores que habitaron la antigua mesoamérica. Esta celebración deriva por un lado de antiguas festividades celtas que despedía al año viejo y las cosechas finales (el 31 de octubre) de donde viene además la creencia del retorno de los muertos para que las cosechas fueran compartidas con ellos así como las festividades que recibían al año nuevo (el Samhain). Por otro lado, convergen también los ajustes de la iglesia católica para la celebración de todos sus mártires (y luego de todos los santos canonizados o no) con un añadido en el camino de la historia del catolicismo, que es la noche de “la víspera de todos los santos” el 31 de octubre; el cual es una celebración de origen inglesa con masificación irlandesa y norteamericana, es conocida ahora como Halloween, que también se le conoce como noche de brujas, donde tienen como objetivo burlarse de la muerte, vestirse con atuendos alusivos a las fechas, a sus compañeros o vecinos, en el que todos los miembros de la familia participan, ya sea en los paseos llevando calaveras o identificando la casa con adornos apropiados como las calabazas, esqueletos o fantasmas.

La inserción de las fechas y las celebraciones, seguramente fue facilitada por la existencia de aparentes similitudes que según se cree, fueron aprovechadas por los españoles, entre ellas el culto a la cruz (como fue interpretada o reinterpretada por nuestra representación del árbol del Yaxché), elemento indispensable en la mesa del Hanal Pixán. Otros elementos mayas prehispánicos son la disposición de los alimentos y otros complementos en forma de cruz (orientados según la disposición maya de los lados del mundo) y la distribución en números de 4, 7 y 9 de jícaras de agua, velas y comestibles de maíz.

Antiguamente los altares del Hanal Pixán, eran los legendarios “Tas Ché”, que significa “varejones unidos para formar una mesa, como aun pueden verse en las ceremonias mayas o primicias, las cuales consisten en realidad de dos mesas rectangulares, mismas que se estructuran de la siguiente manera: la primera se arma con cuatro maderos con horquetas, en representación de los cuatro “Bacabes” o sostenedores del mundo en los cuatro puntos cardinales y dos cargadores, seguidamente se prepara bejuco o liana, que en esta tierra se conoce como “Ani Cab” para asegurar las varas, que en la parte superior deben ser trece, con longitudes de acuerdo a la cantidad de ofrendas que se dispondrán en el mismo, esto es en alusión a los trece dioses del paraíso  maya, así mismo, el altar debe tener un arco  adornado con flores al frente, para representar el cielo o las copas del árbol sagrado. En la parte inferior o segundo nivel, debe tener nueve varejones por representar a los nueve dioses del infierno. En aquellos tiempos la “mesa”, era recubierta con hojas anchas de un árbol llamado “Bo’o”, que abunda en Las milpas y que también se utiliza para envolver panes.

En los tiempos posteriores a la conquista, los primitivos altares eran representados en cada hogar con una cruz verde, que simbolizaba el árbol de la vida; se encendía una vela de cera, se depositaban cuatro jícaras de atole nuevo en cada esquina del altar, en alusión a los puntos cardinales y una en el centro en relación al Yax Ché, siete montones de trece tortillas, para cada uno de los dioses del cielo, y cuatro cajetes de comida, hasta llegar a 22 ofrendas en honor también de los dioses del inframundo.

Empero, a partir de la conformación de los pueblos y sus encomiendas, Fray Juan de Aparicio, inició el culto moderno a los muertos en los atrios de las iglesias, a fin de que las ceremonias fueran oficiadas por los misioneros o los sacerdotes y no se cayera en la supuesta idolatría practicada por los sacerdotes mayas.

Actualmente el altar dedicado a los muertos, ha cambiado en su aspecto original pero no en su funcionamiento, ya que una mesa grande cumple con el mismo objetivo, en algunos hogares se pone una más pequeña o una banqueta con agua y alimentos para el ánima sola. La mesa es cubierta con manteles bordados o de punto de cruz, con leyendas alusivas a las almas adultas, como: recuerdo, el nombre de la persona y la fecha del fallecimiento, éstas son blancas con dibujos en color negro, como señal de respeto a su recuerdo y devoción; no así los que adornan los altares cuando se trata de festejar a los pequeños difuntos, pues son por lo general con imágenes de animales o de juguetes que en vida prefirieron, bordados con colores vistosos, por la alegría que significa la niñez.

  1. El altar dedicado a las almas.

Por lo general, cuando se depositan las ofrendas en los altares en los hogares, ya se sabe cuáles eran los gustos de las personas que se quieren congratular durante el Hanal Pixán, por lo que es fácil depositar en la mesa las comidas o bebidas de su preferencia, por lo que no existe un patrón a seguir, excepto los “pibes” o los tamales durante el “Bix” u octava, es decir, ocho días después.

Así mismo, para la ofrenda, llegado el momento, conlleva entre los dolientes o familiares responsables de ofrecerlo, un verdadero acto de contrición, de respeto y espiritualidad, por lo que es común escuchar cómo en voz alta, él o los fallecidos son llamados, en ocasiones con gemidos de dolor o con lágrimas en los ojos. Con este sentido, puede observarse en las ofrendas de cada altar alimentos como: atole nuevo, tamales, relleno negro, chocolate, panes de diferente sabor e ingredientes como de elote, de jamón y queso, vaporcitos  de frijol nuevo, espelón, dulces de todos sabores como la yuca con miel, coquitos, cacahuates, pepita y frutas de la región como  jícamas, naranjas dulces, mandarinas, limón dulce y la china lima, hoy casi inexistentes en los campos cultivados de la localidad, aunque muchos campesinos están rescatando su cultivo.

En esta comunidad ya no se pone ningún altar o comida  en la puerta de las casas, pero sí en la misma mesa o altar para las almas que no tienen parientes o quienes las recuerden.

Las familias del pueblo dicen que colocan la comida para el ánima sola porque puede ser que el alma del familiar lo invite a su casa para compartir con él las ofrendas. Si es un invitado, éste no se debe dejar en la puerta, sino recibirlo como se atiende el alma de un familiar, costumbre que hasta hoy perdura entre los pobladores, pues cuando alguien llama a la puerta, es común escuchar: diga ud., pase ud., siéntese.

Algunos de nuestros pobladores recuerdan que los altares de sus antepasados, tenían al fondo del mismo una rama del árbol sagrado, pues según la creencia, significaba el lugar donde moran las almas que habían fallecido y que están en el paraíso, acompañados de los dioses benévolos encabezados por “Hunab Kú”, el Dios supremo, a los cuales veneraban por las lluvias, las cosechas, éxito en las guerras y alianzas, en fin, por todo lo que significaba bienestar para ellos.

Con la conquista de nuestras tierras y la evangelización que nos impusieron los misioneros franciscanos, hace su aparición la cruz  cristiana como símbolo de salvación, suplantando al árbol de la vida, al legendario y enigmático Ceibo o Yax Ché, que los mayas conceptualizaron como la representación del mundo en sus tres dimensiones: el cielo, la tierra y el subsuelo o inframundo, lugar donde reina, el Dios de la muerte.

En este sentido, en la actualidad es raro no encontrar la cruz cristiana en los altares, de tamaños y vivos diferentes, unos, heredados de generación a generación, como la Santa Cruz del “P’o p’oox” o los que las familias veneran como efigie central  que adoptaron, como resultado de casi  cinco siglos de escuchar las bondades de la nueva religión, cuyas similitudes con la creencia cosmogónica y mitológica  de nuestros antepasados, facilitó en grado sumo, el proceso que ahora compartimos como parte de la evolución del hombre y las sociedades, en su constante devenir.

Desde otra dimensión particular, en algunas comunidades cercanas, se deduce la practica o el recuerdo del significado que tenía la utilización de la rama del árbol sagrado  en los altares, ya que, tratan de perpetuar aquella práctica ancestral que perdura por medio de la tradición oral,  pues construyen una cruz verde, es decir, con una rama fresca de cualquier árbol, en lugar de aquella del ceibo de la antigüedad, que significaba el árbol de la vida.

  1. El Incienso y el Copal o “Pon”.

La función del incensario es la de sahumar para  santificar con su aroma, el altar y los alimentos que se ofrendan  y hacer más grata la presencia de las ánimas, ya que según la creencia maya, la comida depositada es consumida de manera espiritual por las almas a las que están dedicadas, llevándose con ellos la “gracia”. Dicha comida es después consumida por los familiares quienes la degustan en unión de los invitados.

En algunos hogares, los abuelos o la persona que hace la ofrenda, deposita carbones encendidos en el incensario, pone incienso en el, pudiendo ser como antaño, la resina extraída del árbol del copal o ”pon”, muy apreciado por su agradable aroma.

Por analogía, podemos deducir que esta práctica es similar a la que hacían los antiguos sacerdotes mayas en sus rituales de adoración, pues era costumbre sahumar el altar al ofrendar a sus dioses los productos de sus cosechas o realizar sacrificios humanos, donde quemar copal era imprescindible. Actualmente, el sahumado del altar sigue siendo una práctica de los pobladores de esta comunidad, solo que ahora se quema incienso al igual que el párroco, durante el ritual de la misa o cuando las “rezadoras” ofrecen el santo rosario por el descanso eterno de las almas en pena que están en el purgatorio.

  1. La sal y el agua

El primer elemento no está muy arraigado en la comunidad, aunque en el altar se colocan dos recipientes de barro, pudiendo ser un plato pequeño y un jarro, donde se deposita  la sal y el agua, cuyo significado tiene que ver con el origen y fin de la vida, o para proveer a las almas de los difuntos contra los “malos vientos” mediante rituales de purificación. Según la tradición, además de lo anterior, nuestros mayores dicen que algunas personas que nos visitan aderezan sus alimentos con más sal de lo normal, razón por la cual, debe ponerse en el altar. Respecto al segundo elemento, dicen que es para las almas que vienen de muy lejanos lugares, por consiguiente hay que ponerles agua para que cansados del viaje que hicieron, mitiguen la sed que traen costumbre que hasta ahora se sigue practicando en la comunidad, pues cuando se visitan los hogares, siempre le ofrecen a las personas, una jícara de agua fresca.

  1. Alimentos y frutas del altar.

Los alimentos y frutas que se ofrendan en el altar varían de acuerdo con los días de celebración y el gusto de las personas; el primer día que es dedicado a los niños, se prepara caldo de gallina con verduras, mejor conocido como “Puchero”, al día siguiente se prepara escabeche o chilmole, por ser para los adultos. A los ocho días o “Bix”, se preparan tamales para las ánimas pequeñas, y al otro día, se prepara el tradicional “Pib”, que es el alimento más característico en la celebración, también llamado mucbil pollo. Se trata de una comida especial que los pobladores esperan con ansia degustar, ya que hasta hace algunos ayeres era el guiso que solo se paladeaba cuando llegaban los días de difuntos. Es como un tamal pero redondo, elaborado con masa de maíz, revuelta con frijoles o espelones tiernos, relleno con guisos hechos de carne de pollo, gallina o puerco, aderezado con  especias como el achiote, epazote, pimienta, ajo, cebolla, tomate y hierbabuena, entre otras.

Todas ellas cocidas en caldo, que luego de sacarlas, se prepara el atole o “K’ol” espeso, elaborado también con masa de maíz y achiote, para darle un color rojizo.

Este alimento es cocido dentro de una oquedad o zanja,  elaborado para el propósito en la tierra, en el cual, primeramente se ponen los leños y se cubre con pequeñas rocas, para que al consumirse los maderos, se tornen rojizas y son las que cuecen los “pibes”, funcionando como un pequeño horno, pues con ellas se hace una base en la que se depositan, para luego cubrirlas con ramas pequeñas y tierra, cuidando que no haya respiraderos, pues podría encenderse y malograr el laborioso trabajo. El cocimiento depende del tipo de leños y la cantidad, pues el horno funcionará cumpliendo su objetivo después de setenta y cinco o noventa minutos. Acto seguido con sumo cuidado, se retira la tierra, luego las ramas y se descubre, a fin de que el aire fresco le de textura y puedan retirarse, cuidando que el de la ofrenda salga impecable.

Este es colocado en el altar del “Hanal pixán”, como plato principal. Aun existe la creencia de que desde sus inicios, se elaboraba de esta manera, a fin de que las almas de las ánimas no mancharan sus blancas vestimentas con lo rojizo del achiote.

Las frutas y dulces que se ofrecen en el altar, no varía de manera significativa, pues cada día se ponen naranjas, mandarinas, limón dulce, jícamas, plátanos maduros y en algunos casos uvas, manzanas y peras, según la situación económica de cada familia.

Entre los dulces se encuentran los que desde antaño se conocían como los de camote, pepita, cacahuate, coco, mazapanes, zapotitos de pepita, calabaza y la tradicional “Yuca” con miel, la cual se sirve en las “jícaras”, y el “Kulim”, que es la ciruela seca que se sancocha con miel, así como buñuelos, entre los principales.

  1. Las bebidas tradicionales que se ofrecen.

La creatividad de nuestros ancestros fue maravillosa, pues además de sus descubrimientos en todos los campos del saber, fueron capaces de elaborar bebidas especiales para  celebrar sus fiestas. En consecuencia, para sus rituales de adoración, ofrecían “Balché”, también conocida como bebida de los dioses, lograron después de muchos intentos, hacer anís de “Xtabentun”, conocieron y sembraron cacao debajo de los grandes árboles para elaborar chocolate, gracias a la influencia de los Aztecas, atole de maíz nuevo o remojado y el famoso “Sacá” endulzado con miel de abejas melíferas, que ahora solo usan los campesinos en las ceremonias de petición o primicias de agradecimiento que hace el “Jmen” o sacerdote maya.

Actualmente algunas de estas bebidas resisten el tiempo y la aparición de otras, que por su arraigo entre los pobladores  aparecen también en los altares modernos del “Hanal Pixán”.

En este sentido, es común escuchar en los hogares al amanecer o al caer la tarde, el ruido característico del antiguo batidor de madera, para hacer el espumoso chocolate y luego verterlo en el “luch” o jícara, acompañados por los panes especiales como conchas, injertos hojaldras, patas, macizos y de mantequilla, antes de que él o la encargada del santo rosario, inicie la plegaria de salvación por las almas, en el que la familia reunida contesta las oraciones y los cánticos alusivos para tener derecho a degustar los panes, al concluir la celebración.

Afortunadamente, los famosos “panes de muertos” aun no invaden nuestros altares como en otros lugares, pudiera ser por el respeto que se tiene a las almas de los familiares, pues estos tienen formas humanas, como niños, calaveras o esqueletos.

Dependiendo de los gustos de las personas fallecidas, en algunos altares se ofrecen también, vinos de anís, cervezas, botellas de licor o de refrescos embotellados, además de los ya mencionados, que son básicos en nuestra tradición moderna de adoración a los familiares fallecidos.

  1. El “X’Pujuc”, la flor de muertos.

En la entrevista realizada al Sr. Santos Gregorio Camas, en su hogar, ubicado en el cacerío “Haltun Kú Tzutzuy”, del municipio de Oxkutzcab, Yuc., cuyo significado es: sarteneja, nido de paloma, sobre el por qué las flores de muertos que se ponen en el altar de difuntos, tienen que ser amarillas, manifestó lo siguiente:

“Según los relatos de mi abuelo, las flores que adornaban los altares del Hanal Pixán, eran de varios colores, pues esos habían en los pueblos y en las viviendas. En esta época florece el Xtaben Tun, que es blanca y muy perfumada, el “Xtes” o flor de terciopelo, de colores, rojo, guinda, blanco y morado, el famoso Xkan Lol, de flores amarillas, las enredaderas y muchas otras como el Xpujuc, que en otras partes se conoce como Cempasuchil, Cempoalxóchitl o simplemente como Cempoal, en el dialecto náhuat, la cual significa “flor de los cuatrocientos pétalos”, su color amarillo representa –según creencia- a los rayos del sol y sirve para darles brillantes y luz a las almas en el mundo de los muertos, además de ser el color de luto entre nuestros antepasados. Dicen que por ser más resistente al tiempo en comparación con las otras y por lo antes expuesto, la gente las sigue prefiriendo, aunque también porque cuando las personas mueren, se tornan amarillentas”.

“También dicen que al formarse el mundo, uno de los puntos que lo sostienen tiene como símbolo el color amarillo, que significa muerte, por ello, en estas fechas el campo pierde su verdor y se pone amarillento, triste, es decir, sabe que va a morir al alejarse las lluvias y el advenimiento del aire frío que los reseca; en la base del altar debe ponerse también un ramo de flores rojas, ya que simbolizan el dolor de las almas en pena que no han encontrado la paz y el descanso eterno, por ello debemos pedir por su salvación, ya que ellos así lo hicieron en vida por los que se adelantaron al mundo del más allá, que puede ser de oscuridad, si no están en el paraíso prometido por sus faltas, razón por la cual, todos debemos portarnos bien para aspirar a una mejor vida después de la muerte.

Actualmente, aun cuando las flores amarillas de “Xpujuc” son imprescindibles en los altares junto con el “Xtes”, la margarita silvestre y el amor seco, algunas variedades importadas de otras tierras como los margaritones, las gladiolas, los narcisos y los lirios, los embellecen también dependiendo de la situación económica de cada familia, aunque cabe señalar que los pobladores de esta comunidad, se preparan tanto con los ingredientes como con los recursos económicos para esta fiesta, como costumbre de cada año, por lo que generalmente, aparte de suntuosa, es de gran significado, respeto y cariño hacia los familiares que se han marchado en ese viaje sin retorno, cuyos recuerdos afloran en estos días dedicados a ellos causando dejos de tristeza o risas por ocurrencias pasadas.

  1. Las velas, las banderitas y los petardos.

Desde tiempos remotos, la luz ha sido de gran utilidad para el desarrollo de los grupos humanos, pues al descubrir el fuego conocieron su utilidad por las noches para no seguir en la penumbra, de ahí la importancia de preservar el brasero para tener claridad, calor y dónde cocer los alimentos. Con el paso del tiempo, al descubrir los panales de las melíferas conocieron también la cera y de esta manera aprendieron a elaborar rústicamente las velas después de muchos intentos, hasta convertirse en algo valioso para los hogares. Podría deducirse que la costumbre de encenderlas en los altares, se inició con la conquista de nuestra tierra, pues los nuevos colonizadores llegaron con nuevas ideas religiosas, que hasta hoy se siguen practicando, como el encenderlas en honor al Dios supremo o a los santos y vírgenes del cual vino acompañada. En nuestra comunidad, en los altares dedicados a las almas, se encienden velas negras, cuando éstas son adultas y de colores, cuando se trata de los niños. En algunos hogares se ubican en la parte superior, cuando éste es de dos peldaños, unos dicen que deben ser trece velas en total, por representar a los “OxLajun Ti Kú” o trece dioses del paraíso maya y en la parte inferior o en el piso, deben ser nueve, en alusión a los nueve dioses del inframundo o “Bolom Ti Kú”. Adelante de las velas encendidas en la parte inferior, debe haber una cruz, pero no la que representa la cruz de los cristianos, sino a los cuatro puntos cardinales o direcciones que simbolizan a los bacabes, conocidos como los sostenedores del mundo, según la cosmogonía ancestral, a fin de que los difuntos diseminados por estas direcciones puedan acceder a los manjares superiores  con la anuencia de “Ah Puch” el dios del infierno y su séquito de ángeles infernales.

Para ello, en nuestra comunidad es costumbre señalar el camino de acceso con pétalos de flores amarillas o de colores, además de velas encendidas, supuestamente para señalar el camino a seguir, tergiversando su originalidad, como signo de aculturación a través del tiempo, como ha sido el impacto de las sagradas escrituras de la biblia, que, como producto de la evangelización, conocieron pasajes como el de San Juan 11:25, dice:”Yo soy la luz del mundo”, en alusión al Cristo salvador del mundo y siendo “El camino, la verdad y la vida”, según San Juan 14:6. Algunos altares ya no tienen la cantidad de velas de su práctica original, siendo ya suplantados por un cirio en la parte central o tres  de ellos, significando al dios “Citbil”: el padre, el hijo y el espíritu santo.

Por otra parte, cabe destacar que en los portales de las casas donde se realiza la celebración, se ponen banderitas de colores o se encienden velas en señal de que en aquel lugar  hay fiesta y todas las almas están invitadas a participar de las ofrendas dispuestas; dicen que la práctica radica en la creencia de que algunas deambulan sin rumbo fijo porque sus familias ya no les llaman o fueron personas que fallecieron sin parientes, de ahí la invitación a éstas que con el tiempo se conoce como: ánimas solas.

Como dato curioso, pueden escucharse desde el rojizo levante y entrada la noche, el estallido de innumerables petardos. voladores, luces, barrapies y “bombas” que aquí conocemos como “mariposas”, anunciando que en esos lugares hay celebración de “Hanal Pixán”, en el que los niños con leño encendido, participan, supuestamente con el ruido, a que las almas que transitan se detengan y pasen a la celebración que se realiza en su honor.

  1. Los utensilios tradicionales.

El conocimiento del barro o “K’at”, que extraían de cuevas especiales y que nuestros antepasados utilizaron para elaborar sus utensilios como cajetes o tazas y platos de diferentes tamaños, los jarritos, el incensario y los frutos de distintos tipos de cucurbitáceas como el “lec” para poner las tortillas, el “calabazo” para adornar el altar y el “X’uyub”, que se usaba con cajete o una jícara asentados sobre una rodaja pendiendo de tres hilos, que los niños utilizaban para llevar los alimentos a los familiares que no asistieron, están siendo cambiados por objetos de plástico o porcelana, de mayor seguridad por el menor riesgo que tienen de romperse, como sucedía en aquellos ayeres no muy lejanos, en el que recibíamos regaños cuando la encomienda no se cumplía por alguna travesura.

  1. Remembranzas en el altar.

El altar engalanado, con velas, dulces, frutas, alimentos como  ofrendas, concluye con los utensilios que en vida usaron las personas, por ejemplo: si el  altar es de niños, se ponen pitos de barro con formas de animales que los pequeños del hogar hacen silbar por las calles o en los patios del mismo, remembrando y llamando a las almas pequeñas para que participen de las ofrendas dispuestas en su honor, aquel bate o guante de beisbol que se guarda con cariño, el camioncito o la muñeca preferida, entre otras cosas que los recuerdan, son imprescindibles por su significado sentimental.

Para los adultos, se ponen el machete, la coa, el calabazo donde llevaba agua para beber, el hacha que le servía para la tumba del monte donde estaría la milpa, el sombrero e incluso, los viejos huaraches que en vida utilizó. Para recordar a las mujeres, a un lado del altar deben estar aquel comal, la plancha, la batea y el fogón donde cocía los alimentos; algunos tienen por costumbre poner el antiguo dechado, hileras y aguja que le servían para costurar servilletas, manteles e hipiles con punto de cruz, mejor conocido como “Xocbil Chuy”.

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CAPÍTULO IV

COSTUMBRES SOBRE LOS MUERTOS EN LA COMUNIDAD.

 

  1. Cuando alguien muere en la comunidad.

En esta comunidad llamada Akil, lugar donde se practican y se transmiten de generación a generación las costumbres y los rituales de adoración a los muertos, conlleva esta práctica ancestral, cierta particularidad que la hace diferente en lo místico, por ser rural, en relación con la que se practica en otras comunidades urbanas con mayor densidad de población, aunque todavía existan descendientes mayas orgullosos del legado cultural de sus ancestros, debido a una mayor influencia de la modernidad en todos los sentidos (religión, grupos no católicos, medios de comunicación, pérdida de valores, influencia de otras culturas, etc.).

En este sentido, al fallecer una persona, adulta o menor, por causas naturales, otras después de padecer larga y penosa dolencia, lo primero que se hace, es ir por el médico a fin de que diagnostique y certifique las causas de la defunción y compruebe si ya lo está; para ello, primero se explora el estado de conciencia de la persona, la sensibilidad y los movimientos, así como la observación de los ojos, donde la midriasis denota dilatación de la pupila por la pérdida de control del sistema nerviosos central, la deshidratación o pérdida de líquidos que se nota fácilmente, la ausencia del reflejo fotomotor, pues no se contrae por el estímulo luminoso y el tinte Gleroso del  ojo cuyo color se torna opaco y de color gris, además existe pérdida de la respiración, así como de otras pruebas como las personas que sufren de ataques catalépticos y denotan una muerte aparente, como la prueba de Winslow, la de hidrógeno sulfurado, la de Sténon Lowis ya mencionado, entre otras que se practican para comprobar el deceso de la persona.

Entre los nuestros, los mayores con experiencia en estos casos,   pinchan la piel del cuerpo para comprobar si no hay sensibilidad, se le pone un espejo frente a la nariz para saber si aún respira o también se le ponen algodones en las fosas nasales, para comprobar  que la persona ha dejado de respirar. Una vez diagnosticado el deceso de la persona,  se tiene la costumbre de practicar un ritual que hasta en estos tiempos modernos, es básico en los hogares de los dolientes de aquel familiar fallecido.

Se inician estas observaciones con los bebes o niños; al fallecer el cuerpo del bebe es lavado, es decir, recibe un baño, se le seca con sumo cuidado y se le ponen ropitas blancas y algodón en las fosas nasales, se le toman los bracitos y se le ponen en el pecho, se entrelazan los dedos, depositando entre estas un rosal blanco que significa pureza e inocencia, luego se le ata el frente de la cara con una venda blanca hasta la cabeza, para que con el rictus de la muerte, no abra la boca. En algunas ocasiones se le pone un gorrito del mismo color. Acto seguido, se envuelve el cuerpo con una manta blanca mientras que las plegarias por el descanso de su alma han dado inicio, ya que desde el momento en que se confirmó el fallecimiento, los creyentes en el ritual católico encienden cerca del cadáver once velas que significan las once mil vírgenes. A partir de ese momento, una vez realizado el ritual de preparación, se prosigue con el velatorio donde se reza y se entonan alabanzas al Señor por el descanso eterno del alma, ya que entre cada misterio de los cinco que conforman el rosario se clama por el descanso con la plegaria que dice: “Que Dios lo saque de pena y lo lleve a descansar”.

En la parte frontal del ataúd se deposita o clava una cruz cuyo significado es: la presencia del Cristo salvador del mundo, quien dijo: “Yo soy la resurrección y la vida, el que venga a mi aunque este muerto, vivirá” según San Juan 11:25.

Ahora podemos deducir por analogía, el por qué en nuestra tradición cuatro cirios arden en cada una de las equinas de la mesa o de la estructura que sostiene el féretro; se supone que es el legado prehispánico de los mayas, en alusión a la creencia de que representan los cuatro puntos cardinales, donde moran cada uno de los “Bacabes” que sostienen al mundo y que se representa como colación en las cuatro esquinas de la milpa, de la mesa o de las casa-habitación tradicionales cuyo peso recae en cuatro troncos cuyo nombre en maya “Noh Okon”, son los que la sostienen.

Hasta hace algunos años, era costumbre depositar en el ataúd ya sea en la base o a los lados, las mejores prendas del fallecido; en el caso de los pequeños difuntos era común observar sobre las sepulturas los juguetes preferidos del infante. También en la tumba mortuoria, se pone en el nicho preparado exprofeso, la imagen del divino niño o del ángel de la guarda, supuestamente para cuidarlos y guiarlos hasta el paraíso, que por la candidez de su inocencia, tienen asegurada, según creencia entre los pobladores.

Respecto al ritual que se realiza después del fallecimiento de las personas adultas, generalmente se solicitan los servicios de alguna persona mayor, quien le tapa los orificios nasales con algodón a fin de comprobar si el cuerpo ya no respira, cuando no hay doctor, lo baña, lo rasura y lo viste con ropas nuevas; en el caso de  mujeres fallecidas, una señora hace el servicio, quien además de lo anterior, maquilla y peina al cadáver, aunque actualmente, debido a que algunas personas fueron sepultadas en vida como lo comprueba la disposición de los cuerpos al exhumarse, como las que padecen ataques epilépticos o les da trombosis, el médico de la comunidad,  hospital o centro de salud debe certificar la muerte, indicando las causas que la provocaron; requisito indispensable para que el Registro Civil autorice el permiso para disponer de una fosa o cripta, en el camposanto para que el encargado pueda darle cristiana sepultura. El documento o certificado de defunción, señala si el deceso fue de manera natural por el padecimiento de largas dolencias o mediante la autopsia de ley que realiza el médico legista, que marca la normatividad, cuando se trata de muerte trágica o fallecimiento por asesinato, algún accidente, envenenamiento o suicidio, sin razón aparente.

Al igual que el protocolo del ataúd para los niños, el cuerpo del recién fallecido, recibe de alguna persona adulta, un baño, a fin de quedar limpio, pudiendo ser de la familia u otra que se ofrezca a hacerlo, a fin de que se laven las culpas o pecados que en vida cometió; esta costumbre de raíces prehispánicas se llamaba en aquellos ayeres “boo k’eban, los pecados contenidos en el agua son servidos durante el velorio que la consumen en caldo de gallina o atole, ayudando de esta manera al difunto a purgar sus culpas al compartirlas con sus deudos, según los registros sobre la muerte de Villa Rojas (1961:116-7), sobre esta costumbre puedo asegurar, que lo último ha quedado en el olvido entre los dolientes de la comunidad, aunque sí se le seca y viste con sus mejores ropas, de preferencia nueva, que incluye desde los zapatos hasta el peinado del cabello, se le cruzan los brazos en el pecho cuidando que no se levanten; se amarra también la quijada en la parte frontal de la cabeza e incluso, en algunas ocasiones se le maquilla, para una apariencia natural.

Cabe destacar que esta medida ha sido practicada por generaciones, como una medida profiláctica a fin de prever contagios  por contacto o por contaminación donde se realiza la velación. También se reza el rosario de pésame, como los mismos señalamientos de entre misterio y misterio por el eterno descanso del alma, en alusión a la aculturación  religiosa con base en las sagradas escrituras, como dice en Romanos 6:23, “Porque la paga del pecado es la muerte, mas el regalo de Dios es la vida eterna”. También se prenden el mismo número de velas en el lugar del deceso o donde fue velado y se abandona por nueve días o más, según los que determine la familia, aunque algunos no ocupan el lugar para pernoctar hasta pasadas las siete semanas, límite, según creencia, en el que el alma abandona el hogar donde vivió.

  1. El destino final del cuerpo.

Al cumplirse veinticuatro horas del fallecimiento, el féretro con el cadáver encabezando la marcha hacia la ciudad del silencio, lugar donde morará el cuerpo hasta su exhumación y por siempre, en el nicho de la familia donde descansarán, se inicia la procesión final, aunque cabe señalar , que en contadas ocasiones los cuerpos son llevados por los dolientes en caravana hasta los lugares donde convivieron de manera cotidiana, cumpliéndose las sagradas escrituras como dice en Génesis 3:19, “Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado, pues polvo  eres y al polvo volverás”.

Durante las horas finales los familiares y amigos laboran con los ramos de flores coronas alusivas y se ponen en floreros.

La ciudad del silencio, lugar del descanso eterno

Antes de sacar el ataúd, el cadáver debe salir con los pies por delante y en ese momento una o dos personas lo llaman para que el alma abandone el lugar donde estuvo en vida y la familia pueda estar tranquila, evitando así, ruidos extraños sin causa aparente, voces o risas o experiencias sobrenaturales, causadas por el espíritu de la persona fallecida, pues según creencia, aun está con la familia u hogar donde vivió; por ello se le recuerda a los tres y ocho días de fallecido, al cual también llamamos ochovario, a las siete semanas y al año de muerto, el cual conocemos como “cabo de año”, todos con los respectivos novenarios, que por norma deben coincidir, con las fechas preestablecidas. También se acostumbra encender una veladora en el nicho de la tumba, durante las primeras nueve noches, supuestamente, para alumbrar el camino del alma hacia el paraíso prometido, según las promesas sustentadas en la biblia. El cortejo según la grey religiosa a la que pertenezca, se encamina hacia el panteón del poblado o a la iglesia católica, donde antes, el sacerdote oficia una misa por el eterno descanso de su alma, dando  consuelo a los corazones afligidos que lloran sin cesar de manera angustiosa y desgarradora, por la pérdida de aquel familiar. Una vez finalizada la ceremonia, los padres o los hijos, según fuere el lugar del fallecido en la familia, encabezan el cortejo hasta el cementerio del poblado, seguido de amigos en procesión solemne, hasta la última morada, lugar donde ricos y pobres por igual, conviven ya libres de los convencionalismos sociales que en vida los separaron.

En la cripta, el cadáver debe depositarse con la cabeza al fondo, es decir, mirando al oriente y los pies por delante, al cubrirse con las losas frías de concreto, las oraciones y los canticos, aunado al llanto lastimero de los familiares y amigos, hacen de este momento en el que se dice adiós al ser querido, es, tal vez, el más doloroso y triste de todos los que marcan la existencia de cada uno de nosotros; finalizado el entierro, se depositan sobre el mismo las coronas y los floreros y cada uno de los asistentes con los rostros impávidos, serios y pensativos, con la cabeza baja y la vista perdida en la distancia, caminan lentamente hasta abandonar el lugar de la eterna morada, quedando en el recuerdo, las vivencias compartidas con aquella persona que se ha ido, para no volver jamás y que quisiéramos volver a tener con nosotros; deseo imposible que no sucederá hasta también morir y reunirnos en el más allá.

Así mismo, cabe señalar que en ocasiones, en la capilla del camposanto se abre el féretro y se descubre el cadáver, a fin de que todos los dolientes se despidan de aquel ser amado con lágrimas de profundo dolor y gran tristeza, que acompañan estas despedidas. También al momento de sepultar el cuerpo, todos los presentes que lo consideren, arrojan una flor en la fosa, no sin antes persignarse con ella, besarla y depositarla sobre el féretro como otra señal de despedida. Con el mismo sentido, al tratarse de otros grupos no católicos, las despedidas son diferentes, pues el pastor, biblia en mano, da las palabras de aliento, tomando como referencia las promesas de vida eterna que las sagradas escrituras sustentan, dando aliento y resignación a los dolientes, al entender que el cuerpo solo es materia inerte que retorna a la tierra, ya que el espíritu a vuelto hasta el Señor, según sus promesas de vida eterna hasta el fin de los tiempos.

Al respecto, Cuaik (1972:2) dice lo siguiente: “Desprendidas las almas del cuerpo siguen su propio camino. Por lo regular su destino es el purgatorio, lugar donde se limpian los pecados para poder proseguir el camino y entrar a la gloria. Sólo las almas cuyos dueños fueron malvados verdaderamente como los criminales y hechiceros, se dirigen irremediablemente al infierno o metnal”.

  1. El Harnero

En esta comunidad, después de dos años reglamentarios de sepultado el cuerpo, según la norma establecida por el Registro Civil, los familiares  del fallecido son citados a presentarse en el cementerio a determinada hora y fecha, para sacar los restos del familiar;  de preferencia cuando los rayos del sol estén en el cenit, a fin de que al exhumarse el cadáver, el calor seque la humedad que pudiera tener el féretro por filtraciones de agua y se vayan los olores fétidos por el tiempo enclaustrado. Una vez seco, el sepulturero selecciona los huesos cuidadosamente, escudriñando con sumo cuidado, las ropas o los zapatos del fallecido, donde pudieran esconderse algunas falanges; una vez recolectado, se deposita en unas cajas especiales pudiendo ser de latón o de madera, con el nombre de la persona a fin de que pueda identificarse, sobre todo si ese día se exhuman varios cadáveres y los familiares no están presentes, razón por la cual, ante la ausencia, son depositados en la capilla del camposanto sobre el altar.

Debido posiblemente a la escasez de superficies con tierra suficientemente profunda, la costumbre de desenterrar los restos una vez que ha transcurrido un determinado tiempo, ha permanecido en Yucatán a través de los siglos. Esta costumbre de origen práctico, es vista como una forma de tener presente a los  difuntos manteniendo a la vista sus restos, según Rasmussen (1988:4), quien también transcribe una exhumación observada en un poblado maya yucateco:

…… “la tierra de la tumba fue quitada por familiares y por el enterrador del cementerio. Cuando la caja estaba sobre la tierra, una señora mayor se encargó de despedazar el cuerpo que todavía tenía bastante piel y tejidos, lo cual dificultó su trabajo. Ella deposito los huesos con mucho cuidado en una caja metálica, contando los huesos de los dedos. ‘Ese es su trabajo’, me dijeron. Luego la caja con los huesos fue llevada a la casa antigua de la difunta. La caja fue puesta sobre un altar de la sala, que estaba ordenado con un mantel bordado, una cruz verde, algunos santos y flores. A la hora de la comida pusieron comida en el altar para que la difunta pudiera comer la esencia de la comida. En la casa se hizo otro velorio con muchos rezos, con música y cantos de un viejo organista que llevaba un órgano transportable. Repartieron comida, chocolate y galletas. Para las señoras había tragos y juego de barajas en el patio. Así paso toda la noche. La caja con los huesos quedó en la casa una semana. Después fue llevada nuevamente al panteón, afuera del pueblo, y depositada en el mausoleo de la familia, que por lo general tienen.

Otras veces las cajas quedan depositadas en los osarios construidos sobre los muros internos de los panteones o simplemente en algún rincón del mismo cementerio, ya que no se depositan en los muros de las iglesias ni se permite por ley que permanezcan en los hogares como antaño. Según Ochoa Sasueta,(1972:549-51) “conservar los restos físicos puede no ser tan importante como guardar la memoria representada en el alma, que en estas circunstancias adquiere facultades que los hombres no pueden igualar, aunque desean convivir con los suyos y de hecho conservan las relaciones sociales con su grupo de parientes a quienes regresan a visitar”.

Ese día, en algunos hogares de la localidad, los familiares llevan la pequeña caja con los restos a fin de velar de nuevo los restos de aquel ser querido, como una última visita al lugar donde vivió, con canticos y oraciones por el eterno descanso de su alma; al día siguiente, en procesión se llevan los despojos de aquel cuerpo al nicho donde serán depositados junto con los de otros familiares, supuestamente reuniéndolos en un mismo lugar para que convivan en el más allá y no se sientan solos.

Desde la fundación del cementerio local en el año de 1914, y ante la casi inexistencia de nichos familiares, los restos de la clase pudiente eran depositados en las paredes de la iglesia, como puede observarse por las innumerables lápidas que indican el lugar donde fueron depositados los restos; sin embargo desde el año de1700, al conformarse los pueblos y prohibirse los entierros en los hogares,  los restos mortales de la gente común era depositados en “los harneros”, que aun pueden verse en el costado derecho del cementerio, y que hasta hoy desafían el tiempo y son mudos testigos del destino final que se les daba, lo anterior también puede observarse en el ángulo posterior izquierdo de la iglesia católica, ahora convertida en capilla ardiente, lugar donde los feligreses encienden  sus velas o veladoras en honor al Santo patrono durante la celebración de la fiestas dedicadas en su honor o durante la semana mayor, ya sea por agradecimiento o petición por alguna necesidad espiritual o física, según la fe de los creyentes.

Se supone que ante los actos de brujería que se practicaban con partes humanas o con el fin de afianzar el catolicismo por ser la iglesia la casa del Señor y por tanto un lugar sagrado, los misioneros católicos, convirtieron este lugar en depósito de restos humanos.

Con el correr de los años, el aumento de la población dio como consecuencia la proliferación de nichos familiares en el panteón del poblado, para tal fin, aunado a la legislación de leyes que prohibieron su depósito en las iglesias o la prohibición de enterrar los cadáveres en los patios de las casas, esta costumbre ha desaparecido, es decir, dejó de practicarse por los pobladores, siendo ya parte de nuestra historia cultural.

  1. El aliado de la muerte: el sepulturero.

Desde los tiempos prehispánicos existieron algunas personas especializadas, es decir, encargadas de enterrar a los que fallecían, primero en los patios de las casas, luego en las criptas especiales como las pirámides o los mausoleos, con ornamentación que nos recuerda la majestuosidad de la época colonial, como pueden apreciarse en algunas que aun existen en el cementerio y que fueron construidas por Don Pastor Vázquez, un extraordinario artista  de los acabados, construcciones por encargo de los pudientes de aquellos tiempos, que siempre estaban a los lados del pasillo principal, ya que la gente común o de escasos recursos, era enterrada en fosas de tierra, con varas de madera que sostenían el peso de la tierra, cuyo problema se presentaba también cuando llegaba el tiempo de exhumación y que están después del pasillo principal, en ambos lados, como sucede hasta los tiempos actuales.

Afortunadamente para ellos, la labor que realizaban ha ido mejorando en cuanto a tiempo y esfuerzo, ya que se han construido bóvedas simétricas que se cubren con lozas de concreto, es decir, de iguales medidas al igual que los ataúdes, por lo que ya no pasan apuros para depositarlos como en aquellos tiempos cuando las oquedades no eran iguales y el sepulturero tenía que ingeniárselas para cumplir con su labor, nada envidiable por cierto, ante la penosa misión y el enojo de los dolientes por la ineficiencia en su labor. En estos momentos afloran diferentes tipos de conductas orientadas por diferentes circunstancias como la tradición prehispánica, la influencia española colonial, el influjo de las culturas anglosajonas y de otras, así como la aceptación o la adecuación de nuevos conceptos o creencias que los nuevos grupos ante los tiempos que les haya tocado vivir. Con este sentido, Jesús Ochoa (1972:547,8), un estudioso sobre la muerte, dice “que esta conducta social llamada necrodulia, es producto de dos tipos de sentimientos simultáneos: el temor y el amor, que propician por un lado una necrofobia y por otro, una necrofilia, respectivamente”.

Los sepultureros, son personas frías, de semblante serio y de mirada cabizbaja, pareciera ser que aparentemente no tienen sentimientos, pero considero que la costumbre de hacer el trabajo, los ha convertido en seres adaptados a este tipo de circunstancias, pues mientras los dolientes impregnan el ambiente con gritos y llantos desgarradores, él permanece impávido, ausente, como si nada sucediera a su derredor; solo espera pacientemente que los familiares terminen el ritual de despedida, se entonen los cantos alusivos y las oraciones respectivas, para iniciar su labor. A una señal o  indicación, casi desapercibida de algún familiar, coloca las sogas debajo del féretro y con la ayuda de alguna persona o su secretario, la baja lentamente hasta el fondo de la fosa, ya encalada y en el que se ha hecho la señal de la cruz con agua  bendita.

Como autómata, hasta hace algunos años, el sepulturero del pueblo preparaba la mescla con cierta parsimonia, escoraba los maderos e iba escorando las piedras hasta cubrir la fosa; pero actualmente, la actitud de este servidor público y de la muerte no ha cambiado, tal vez por la costumbre de hacer este trabajo de manera constante; pues además de enterrar al difunto, también es el encargado de construir nuevas tumbas, colocar ángeles, reparar las que sucumben a manos del Dios Cronos, pintar y limpiar, entre tantas otras, empero, se considera como la no menos penosa labor que realiza, la de exhumar los cadáveres, después de concluir el período en que la cripta fue rentada, avisar a los parientes para que estén presentes y recoger los huesos del difunto, cuidando de que no quede ninguno escondido entre los despojos, por lo que curiosamente, al observar su labor en visita realizada, pude constatar de que no saca los huesos solo por hacerlo, como un trabajo rutinario asignado, sino que tiene su técnica, pues los va contando de acuerdo con el lado donde quiera iniciar, por ejemplo: pierna derecha, un fémur, una rótula, una tibia y un peroné, un tarso, un metatarso, cinco dedos con tres falanges cada uno y las uñas, etc., y así sucesivamente, hasta ponerlos en una pequeña caja y así concluir la labor del aliado de la muerte, que siempre se hace presente  sin que nadie la espere, pero que  llega de manera puntual para llevarnos.

  1. Costumbres y creencias sobre los muertos.

Durante la época colonial nació la costumbre del harnero, que era un espacio especial dentro del cementerio en el que se colocaban los huesos de los difuntos, ya que estos estuvieran secos, cabe señalar que las lápidas existentes en las paredes de la iglesia católica, son el lugar donde reposan los restos de la gente pudiente, de aquellos patrones o de la gente principal del pueblo, pues de los pobres no existe ninguna, sino que eran depositados en este lugar, hasta convertirse en polvo.

Antes de crearse los cementerios, las personas fallecidas eran sepultadas en fosas de tierra, envueltas en sacos de sosquil y mantas de algodón, aduciendo que era mejor, pues los cadáveres no sentían calor, ya que lo hacían en los patios o debajo de las casas, como el sucedido en la población hace algunos años, cuando el Sr. Feliciano Xool, sepultó en el patio de su casa a su pequeño hijo, argumentando cuando fue aprehendido por las autoridades, que lo hizo de esa manera porque desde antes así se practicaba por los antiguos y esa razón fue lo que lo absolvió de culpa.

En algunos casos, la calavera del difunto era blanqueada al sol y se  escribía con pintura su nombre en la frente, con el propósito de recordarle en los nichos que la familia tenía en el interior de aquellas viviendas de maderos y palmas. Esta costumbre fue observada en 1842, por John Lloyd Stephens en uno de sus viajes a Yucatán, la cual transcribo.

“La gente católica de la comunidad acostumbra suspender la celebración del Hanal Pixán, cuando alguno de los familiares fallece algunos días antes de la fecha señalada, pues creen que aun convive con ellos el alma y no se ha marchado al más allá.

Se acostumbra y se cree que al fallecer una persona, el cuerpo debe ser bañado por personas de su mismo sexo, para luego ser vestida con ropas nuevas, a fin de que al presentarse al lugar donde sea enviado, lo haga con buena presencia. Cuando se trata de las mujeres, estas son maquilladas para darles una apariencia natural.

Practican como una obligación o costumbre, llamar en varias ocasiones al fallecido por su nombre cuando sale el cuerpo de la casa, ante la creencia de que el espíritu de la persona puede quedarse en el hogar que tuvo, pues aseguran que cuando no se hace, se escuchan ruidos extraños en las casas o se ven cuerpos cruzar por los umbrales de las puertas”.

Durante las fechas del Hanal Pixán o los días previos a la visita de las almas, aseguran que en verdad han llegado a convivir con los familiares, pues las aves como las gallinas, ante la presencia de estos espíritus, se esponjan y emiten ruidos extraños, como cuando uno se acerca al nido cuando están empollando. Así mismo, los perros en estas fechas ladran o mejor dicho, aullan lastimeramente como de gran dolor, que en ocasiones escuchamos cuando presagian desgracias por suceder y que nuestros mayores dicen que es de mal agüero, pero en estas fechas, los pobladores aseguran que estos animales pueden ver las almas de los que conviven con nosotros en su visita anual. En estas fechas no se sale al monte a clamorear para  cazar algún animal silvestre, pues se cree y se ha comprobado que suceden desgracias que lamentar por atentar la paz de estos días sagrados.

En los días que anteceden al día de muertos, los patios de  las casas deben estar siempre limpios, libres de basura y malezas, pues creen que es de mal gusto recibir a los visitantes en mal estado, y que enojadas tendrán que hacer la limpieza. Los utensilios que vayan a servir deberán ser nuevos como en antaño para cada momento del día, por lo que manteles, servilletas, cajetes, jícaras y el “lec” de las tortillas, se preparan con días de anticipación.       También las mujeres deberán tener el cuidado de no dejar prendas de vestir sin lavar o remendar, pues de lo contrario, las almas tendrán que hacerlo, con enojo. También los hombres deben abstenerse de ir a laborar en la milpa como pizcar elotes o recolectar los frutos de las cucurbitáceas, pues corren el riesgo de ser mordidos por una víbora, así mismo, tampoco deben de ir a tumbar, pues muchos se han cortado los pies, las manos o se les ha caído una rama en la cabeza, todo por no respetar estos días en el que las almas deambulan por los lugares en que caminaron.

Una de las costumbres que ya pocas personas practican en la comunidad, es el encalado de las albarradas al llegar estas fechas, que contrastan notablemente con las banderitas de colores que adornan la entrada de las casas  donde habrá celebración a las almas.

Otra de las costumbres que persisten, es la de llevar los cabos de las velas y veladoras que no se consumieron durante los rezos o novenas, hasta la capilla ubicada en el cementerio de la población a fin de que se consuman, pues consideran que no deben quedarse en las casas, por mucho tiempo, ya que pertenecen a las almas que en su momento nos visitaron y supuestamente han retornado al lugar de donde salieron, razón por la cual se llevan al cementerio.

Actualmente se celebra el último día del mes de noviembre, un rezo especial para despedir a las almas que estuvieron con nosotros, desde el pasado 31 de octubre, fecha en que llegan de visita a los hogares.

También por influencia del catolicismo, en el camposanto del pueblo se celebra una misa en honor a las almas el día dos de noviembre, donde los familiares presentes piden por el eterno descanso de los familiares fallecidos.

Después de la ceremonia  religiosa, los dolientes depositan en las tumbas o nichos donde reposan sus deudos, los ramos de flores y las velas que sirvieron durante los primeros dos días del Hanal ‘Pixán. Al anochecer, se distinguen en cada rincón donde están las tumbas, las pequeñas flamas que bailan al compás de la suave brisa del estío, que caracteriza esta época del año.

Actualmente, durante los rezos, cánticos y oraciones de estos días, es común escuchar desde que el levante se pone rojizo, el estallido de pequeños petardos acompañados de lucecitas por las noches, voladores y pequeños “barra pies” que por cierto, son la alegría de los nietos que asisten, generalmente con los abuelos para hacerlos tronar, con la creencia de que con ello anuncian el lugar donde las animas pueden asistir, porque hay fiesta en su honor. Lo anterior puede comprobarse cuando caminamos por las calles y observamos la algarabía de los niños que corren dando saltos de alegría, cuando al prenderse las que aquí llamamos “luces”, impregnan el ambiente con destellos plateados o encienden una “barrita”, que los hace correr por todas direcciones. Se cree que esta costumbre donde los actores principales son para los niños, el disfrute de las almas grandes y pequeñas que nos visitan.

También es costumbre que los niños jueguen pitando o hagan silbar durante la celebración, los juguetes de barro con formas de animales de patio o conocidos, como gallitos, palomas, pollitos, toritos, marranos o perritos, que emiten sonidos agudos y que algunos llegan a tocar con singular maestría, emulando costumbres ancestrales.

Cuando culminan las celebraciones del rosario alusivo, los mayores degustan el espumoso chocolate acompañado de panes especiales, mientras miran las imágenes y suspiran profundamente por la ausencia de los seres que se han ido, platican sus virtudes, sus juegos o lloran con gran dolor; mientras tanto los jóvenes y los niños juegan lotería apuntando las figuras con granos de maíz, frijolitos o pequeñas piedras.

Los abuelos participan de manera especial dando ordenes y vigilando la disposición de los elementos del altar; son los primeros en ser alimentados y rodeados por los pequeños, relatan las historias, inventan cuentos sobre ultratumba y no pocos sienten temor al término de los mismos, tal vez de ahí el respeto.

El ritual de la muerte continúa al tercer día, es decir a los tres de la persona fallecida, en el que se hacen servicios fúnebres por el eterno descanso se su alma, ya que después de ser sepultado, no se hacen rezos, desde esta fecha se cuentan ocho días más, que es cuando se realizan y culmina lo que llamamos  “ochavario”, con los rezos y misterios respectivos, pudiendo ser dolorosos o gozosos, según fuera el día. Al difunto se le recuerda de nuevo a las siete semanas en el que se hacen de nuevo el novenario o se le recuerda solo en ese día, luego a los siete meses de fallecido con la misma intención y al año, que en la comunidad conocemos como “cabo de año” en la que se sigue con el mismo ritual y así sucesivamente mientras los familiares vivan y sobre todo, los recuerden, ya que en algunos casos son olvidados lo cual se observa en el abandono de los nichos o sepulturas, que hay en el camposanto.

Cabe señalar, para concluir, que esta celebración es distinta  a la que practican los feligreses no católicos, los cuales representan el 45% de la población general del pueblo. Los servicios que realizan, se basan en las citas bíblicas sobre la muerte y el destino final que debe ser el reino prometido, según los evangelios contenidos en  las sagradas escrituras, acompañados de himnos alusivos; el día de la sepultura se hacen los mismos servicios acompañados del pastor de la iglesia respectiva y en su mensaje puede sentirse la paz interior en los dolientes y en los que en alguna ocasión hemos presenciado este tipo de celebraciones. En este sentido, una vez que el cuerpo yace en la tumba y los familiares se despiden, el ritual de la muerte concluye, pues ya no se escucharán rezos, lectura de citas bíblicas, himnos o conmemoraciones como los que practica la grey católica.

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CAPÍTULO V.

¿QUE HAY MÁ ALLÁ DE LA MUERTE?

 

¿Qué idea tengo de las cosas?

¿Qué opinión tengo sobre las causas y sus efectos?

¿Qué he meditado sobre Dios y el alma?

¿Y sobre la  creación del mundo?

No sé. Para mí pensar en esto,

……es cerrar los ojos………y no pensar.

Es correr las cortinas de mi ventana….

Que no tienen…….cortina.

Alberto Caeiro.

Metafísico.

 

 

  1. El concepto Cristiano sobre el destino de los muertos.

Actualmente existen muchas teorías sobre la muerte y el destino del alma. Algunos creen que las almas se quedan vagando por los aires y se manifiestan a las personas de diferentes maneras, aparecen como fantasmas en las casas, se escuchan ruidos extraños en los lugares oscuros, voces o sonrisas de personas; los científicos dicen que son presencias de energía gravitacional y otros piensan que los muertos quedan en estado de total inconsciencia o que van directo al cielo o al infierno, según la existencia y las actitudes que hayan tenido con sus semejantes  durante su estancia o paso por el mundo; por ello el destino final podría ser el disfrute del reino o paraíso prometido o purgar sus penas en el fuego del infierno por toda la eternidad.

El enfoque cristiano sustentado en las sagradas escrituras contenidas en la Biblia, nos habla de dos mundos completamente diferentes hacia donde viaja el espíritu: el cielo y el infierno.

Todo cristiano creyente en las promesas de vida eterna plasmadas en las Sagradas escrituras, al fallecer, según conceptos recabados en la Biblia, el espíritu vuelve a Dios y el cuerpo se convierte nuevamente en polvo, según Eclesiastés 12:7, o sale del cuerpo como dice en Reyes, cuarto libro del Antiguo Testamento, o como  en Corintios 2:5,8, dejamos de vivir en el cuerpo. con el mismo sentido, nos habla del resultado de las conductas demostradas en vida, como escribió el Apóstol Lucas, en 16:22 y 23, Si muere salvo los ángeles guían nuestra alma al paraíso; si muere condenado va al infierno; también en Marcos, 16:16, dice: Unos mueren salvos y otros condenados o en Apocalipsis, 20:15, encontramos que: Los muertos que no están en el libro de la vida, pasan al lago de fuego y azufre por la eternidad, lo cual aparece también en el libro de Job, cuando se refiere al cielo y al infierno: Hay un lugar de luz y uno de tinieblas. ¿Hacia dónde vas tú?

En los mensajes plasmados por Ávila, Y. (10: 2000), en su labor evangelizadora, dice: “Asegúrate en vida dónde pasarás la eternidad, no esperes demasiado tarde. Después  de muerto ya nada se puede hacer. ¿Estás en ese camino?”

  1. ¿Qué veremos en el cielo?

A través de la historia desde la aparición del ser humano, muchos se preguntan qué es el cielo donde mora el Señor dador de vida, ¿qué veremos en ese lugar? E. Ramos, citado por Ávila Y.   (2000:22), narra a continuación su experiencia sobre qué veremos en el cielo cuando venga a ser nuestra morada permanente.

El de la experiencia fue diciendo: “El Señor me concedió una de las experiencias que ser humano pueda tener, ser transportado al cielo durante cuatro horas. El Apóstol Pablo tuvo una experiencia similar y  el narra en la primera de Corintios 12:1-4. “Recuerdo que llegué a mi hogar muy cansado, entré a mi cuarto y me senté quedando como en éxtasis, es decir, no estaba dormido pero tampoco despierto. De pronto me encontré en la iglesia; las luces se apagaron, miré hacia el altar y  vi tres candeleros encendidos de los cuales bajaba aceite. Al lado estaba mi cuerpo junto a una guitarra, de pronto comencé a ver ángeles que se paseaban por todo el templo. Uno de ellos se acercó y me dijo: “Hoy es el día, vengo de parte de Jehová de los ejércitos, para que puedas ver lo que ningún hombre o mujer ha visto: la gran ciudad. Por tu persistencia hoy serás llevado a ese lugar” Entonces le pregunté: ¿Cuál es tu nombre? Y me contestó: Llama, lo cual significa lo mismo en el cielo que en la tierra, yo soy fuego en el espíritu y así debes decirme.

Al llegar a la gran ciudad, el Ángel me dijo: “Paséate por ella”. Al mirar mis pies me di cuenta que estaba parado en una calle de oro, comencé a ver edificios construidos con bloques de diamantes y rubíes. Esto es algo maravilloso, no hay nada con que compararlo en la tierra, me dije. Vi también personas con túnicas y barbas blancas con libros debajo del brazo, saludándome al pasar. Caminado  hasta el fondo de aquella calle había un riachuelo grande, de aguas cristalinas, a un lado había un árbol de hermoso follaje cuyas hojas de diferentes matices, relumbraban en un hermoso crisol de colores.

Al continuar caminando, percibí el perfume de las flores que provenían de un hermoso jardín, mismo que estaba dividido en tres partes según me dijo el Ángel que me acompañaba sin perturbarme; la primera, contiene flores de pétalos grandes y hermosos, son los evangelistas, misioneros y ancianos; hombres y mujeres que siempre están en los templos ayunando y orando para que las almas se salven. Este es el imperio más grande que hay en la tierra, que hace fluir todas las almas hacia Dios. En la sección de en medio había capullos que comenzaban a florecer, éstos eran la señal del nuevo pueblo que habría de llegar. La tercera parte del jardín, era de flores débiles, torcidas y secas, representaban a todas las personas que se habían olvidado del Señor, aún conociéndolo. Después fuimos a un área donde los ángeles iban y venían con una velocidad increíble, habían varios armarios llenos de túnicas blancas, grandes, medianas y pequeñas; Entonces el Ángel me dijo. “Es la vestimenta que el pueblo de Dios llevará puesta cuando lleguen al reino prometido. Después llegamos a un área donde había una mesa muy grande, en la cual se servía la cena del Señor. Entonces escuché la voz del Señor quien me dijo con palabras tiernas: tienes que volver a la tierra, todavía no puedes quedarte conmigo. De ahora en adelante donde quiera que vayas vas a predicarle a mi pueblo y les dirás que Yo los amo a todos, pero que todo aquel que no cumpla mi palabra, mi juicio caerá sobre él. Entonces el Ángel se presentó de nuevo y me dijo tienes que bajar de nuevo a la tierra; entonces comencé a bajar con él, pero al ver mi cuerpo, rehusaba entrar en él, hedía por el pecado, pero al final obedeciendo el mandato del Señor entré a mi cuerpo, siendo mi mayor deseo el de retornar nuevamente al Paraíso, a esa gran ciudad, que representa la vida eterna para los hombres de fe, justos y nobles de corazón.

  1. Después de la muerte; ¿Qué?

¿Qué ofrecerás?

Cuando la muerte toque a tu puerta,

tu respuesta reflejará la alegría serena,

de aquel, que se ha elevado sobre el miedo

que rodea incluso a la misma muerte.

La plenitud de mi vida, dirías sin pensar:

o el vino dulce de los días de otoño

y las noches de aquel verano ardiente.

Mi modesto tesoro recogido a lo largo de los años,

y mis horas colmadas de vida,

ése será mi regalo, cuando la muerte,

un día toque a mi puerta.

 

  1. Tagore.

Según Yiye Ávila (2000:25) hay un tema en la biblia que es de gran interés para la mayor parte de la humanidad. Es el tema de la muerte ¿Dónde están los muertos? Ese tema le interesa a todo el mundo, porque la muerte es una experiencia que puede atacar a cualquiera en cualquier momento, aunque usted sea muy joven todavía. Usted no sabe si va amanecer vivo mañana. Por eso, toda persona debe conocer en forma profunda y detallada sobre ese tema.

Hay diferentes teorías con relación a la muerte. Una es que los espíritus de los muertos se quedan vagando por los aires y después se les presentan de vez en cuando a los vivientes. Jesucristo y los apóstoles nunca predicaron eso. La biblia tampoco nos enseña eso. Pero, al diablo le conviene que usted lo crea. Porque si usted lo cree, entonces cualquier persona que muera en su familia y aparentemente se le aparezca, usted podría creer que realmente es su familiar. Entonces usted caerá en un tipo de pecado de hechicería que lo condenaría. La biblia dice “que los que invocan a los espíritus de los muertos no les nace la luz del día. Isaías” (8:19-20).

Otros, creen que los espíritus quedan aniquilados, que ya para ellos nada existe. Jesucristo ni los apóstoles predicaron eso. La Biblia tampoco lo enseña. Por supuesto, al diablo le conviene que usted también lo crea. Si usted cree esa teoría y de pronto le aparece un problema serio, al cual de momento no le ve solución y dice: “Me quito la vida porque aquí termina todo y se acaba el problema.” Pero no es así, si usted se suicida, se envía a la eterna condenación. La Biblia dice que el que destruye a este cuerpo, Dios lo destruye a él como dice en (Corintios 3:17). También dice, que los homicidas no entraran en el reino de los Cielos (Apocalipsis 22:15).

Además, hay otros que creen que los que mueren van a un lugar especial donde se purifican por algún tiempo y después pasan al reino de los Cielos. Eso no está en la Biblia. Cristo jamás predicó eso, porque en vida mucha gente quiere conquistar la salvación, pagando  dinero a la religión para que después de muertos los saquen de ese lugar. Es vital que el ser humano conozca lo que enseña la Biblia sobre esto. Dice, que el que muere en pecado, muere en condenación. La única oportunidad de salvación, es mientras estamos vivos. Por eso, Dios nos dejó su palabra con el Plan de Salvación, muy sencillo de entender, para que en vida lo recibamos, lo aceptemos y seamos salvos por la sangre que se derramo en la cruz del calvario.

¿Qué más enseña la Biblia sobre la muerte? Cristo enseñó de forma clara y precisa, en Marcos (16:15-16): “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda creatura. El que creyere u fuere bautizado será salvo; más el que no creyere, será condenado.” Cristo trazó dos caminos para los que mueren: o mueren salvos o mueren condenados. Mientras usted exista en la tierra va a conquistar una de esas dos cosas: salvación o condenación. Toda persona que creyere en el evangelio para Cristo será salva.

Pero el que muere en pecado, es condenado. La Biblia dice que: “La paga del pecado es muerte.” Romanos (6:23). Toda alma que pecare, morirá. Implica que morirá en condenación eterna. El Señor, habló sobre esto en Mateo (7:13-14), cuando dijo: “Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hayan.” El Señor establece aquí que muchos mueren condenados, porque no entran por la puerta estrecha, sino que van por la puerta ancha, por el camino espacioso que lleva a la condenación. ¿Cuál es esa puerta estrecha? Es la que conduce a la salvación. Usted debe conocerla. Cristo dijo, en Juan (10:9): “Yo soy la puerta, el que por mi entrare, será salvo.” El reto de cada persona es entrar por Jesucristo, es la única puerta al Reino de los Cielos. Si entra por esa puerta se salvará, porque no hay condenación para los que están en Cristo Jesús. Romanos (8:1). La Biblia dice, que hay un camino angosto que lleva a la salvación. En Juan (14:6), Jesús dijo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida, nadie viene al Padre, si no por mí.” Cristo es la puerta y es el camino. Cuando usted acepta a Cristo de corazón, entra por la puerta estrecha que lleva a la salvación. Si en ese preciso instante muere, se va derecho al Cielo. Más si continúa viviendo tiene que andar por un camino y debe de mantener la salvación. ¿Cuál es ese camino? Cristo es el camino. Usted tiene que caminar con Jesús y vivir en su palabra para mantener la salvación. Hay solo una oportunidad de salvación, y es en Cristo Jesús. En la muerte hay solo dos alternativas: salvación en Cristo o condenación por el pecado. Amigo lector, reciba a Jesús si aún no lo ha hecho, para que su sangre le limpie de todo pecado. Acéptalo, hoy es el día de tusalvación.

¿Qué implica morir salvo? En Filipenses (1:21), el apóstol Pablo, dice: “Para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia.” Esto implica que en la muerte hay ganancia. Pero, ¿Quienes tienen esa ganancia en la muerte? Los que viven para Cristo y anhelan servir al Señor; los que tienen a Cristo primero que nada en sus vidas. Para mí el vivir es Cristo, entonces en la muerte hay ganancia. ¿Cuál es la ganancia? En Filipenses (1:23), Pablo dijo: “Tengo deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor.” Mire la ganancia que tiene el que es salvo en la muerte. Se va inmediatamente a la presencia de Cristo.

¿Dónde más se habla de ese tema en la Biblia? En 2da de Corintios (5:6), dice: “Si vivimos en el cuerpo, vivimos ausentes del Señor.” Esto de afuera es  la casa donde usted vive. Usted tiene un cuerpo el cual yo veo, pero no lo veo a usted, porque usted es un espíritu que está dentro del cuerpo. Usted, espíritu y alma viven dentro del cuerpo. Mientras vivimos en este cuerpo estamos ausentes del Señor. Esto es, de la figura visible de Jesús, quien está en la diestra del Padre, intercediendo por todos aquellos que a través del Él buscan a Dios. Los que todavía vivimos dentro de este cuerpo, estamos lejos de la presencia visible de Jesucristo. Pablo, añadió: “Más quisiéramos estar ausentes del cuerpo, y presentar en el Señor.” Esto implica, morir físicamente y establece una vez más la doctrina de que los que mueren en Cristo se van a vivir con el Señor. Es importante confesar que somos de Cristo. Con la boca se habla para salvación. Solo los que son de Cristo tienen salvación.

  1. Más allá del dolor.

La evangelizadora M. Velázquez, citada por Yiye Avila, op. cit.  (2000:24), hace una pregunta que por siempre ha preocupado a la humanidad: ¿Hay vida después de la muerte? ¿Es la muerte el fin de la vida o el comienzo de otra?

En nuestra cultura la negación de la muerte llega como el fin de la vida misma y la creencia por pasar a otra según los cánones cristianos, de cualquier agrupación religiosa; a veces procuramos olvidarla, incluso tratamos de cambiar su aspecto, mediante el empleo de eufemismos en un esfuerzo, tal vez inconsciente de eludir  su realidad.

La biblia dice en Juan (14:2), “En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuere, yo os lo hubiera dicho, voy pues a preparar lugar para vosotros”. Lo anterior es una afirmación cristiana de que el que muere, su cuerpo va a la tumba y su alma retorna a Dios, Así mismo en Apocalipsis (21:3-4), el apóstol Juan nos dice lo siguiente: “He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y El morará con ellos; y ellos serán su pueblo, limpiará toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor, porque las primeras cosas pasaron”

Sabemos que el término muerte en sí, sugiere  dolor angustia, desolación y todas esas emociones que son  eludidas por los más valientes. En más de una ocasión utilizamos la palabra partir, que da la idea de alejarse, o el de liberar a un esclavo, de solucionar un problema o  volver al hogar, esto es en sí, el concepto que se tiene sobre la muerte entre los cristianos.

En nuestro medio, cuando el espectro de la muerte llega a los hogares, el dolor y el llanto acaba con la resistencia humana, dando paso a la angustia y a la impotencia por la partida de algún miembro de la familia  que ha pasado al mundo de la oscuridad y de lo incierto. Cuando no se es creyente cristiano; por ello, para estos, el Salmo (23:4), contiene la promesa  de Dios, según David, que dice: “Aunque ande en valle de sombras y muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; tu vara y tu callado me infundirán aliento”. Tal vez se nos permita sufrir, física o espiritualmente, pero hay una vida que produce gozo a pesar del dolor cuando se tiene fe de una esperanza gloriosa que va más allá del dolor y de la angustia.  Por ello, la Biblia nos dice que todo obra para bien, pero nunca es claro para nosotros como el sufrimiento y el mal puede ser transformado en causa de celebración.

¿Qué esperanza tenemos al fin, en medio de las vicisitudes que  la vida puede deparar según la creencia, sobre la promesa de una nueva vida cuando llega la muerte y se parte al mas allá? La respuesta está en la Biblia misma, de que hay un cielo nuevo y una tierra sana, donde la abundancia y la paz reinan en todo lugar, donde no habrá más lágrimas, para todos los que han creído y para todos los que están bajo su misericordia  y su gracia y ese lugar, está más allá del dolor por toda la eternidad hasta el fin de los tiempos.

  1. El testimonio de un humano a tiempo parcial.

El tema de la muerte ha sido una preocupación milenaria, pues toda cultura en cada fase de su historia, ha tratado de resolver y explicar ese vacío que produce el pensar en el más allá. Los cristianos de cualquier grupo religioso creen que el paraíso prometido está en el cielo donde mora el Dios creador de todas las cosas y de la promesa de vida eterna, más allá de la muerte. Con esta esperanza contenida en las sagradas escrituras, la pérdida de un ser querido siempre será de gran dolor para todos los familiares.

El testimonio de Juan X, recabado por Carlos Méndez (11: 2000), sustenta una experiencia en alusión al teme de la muerte de un amigo suyo, cuya síntesis se presenta a continuación:

“El hermano Juan era más que un amigo para mí. Para  infortunio de todos enfermó de una terrible enfermedad; recuerdo que orábamos día y noche por su salud, pero Dios, lo llamó. Éste hecho podría interpretarse como un abandono pero siempre entendí que aquel amigo, fue un humano a tiempo parcial. El siempre fue ejemplar para todos.

En su lecho de muerte dijo que veía ángeles y nos contaba de cómo el señor lo llamaba. Nosotros al escucharlo conteníamos las lagrimas, pues aunque todos lo amábamos, el moría lentamente. Su muerte no fue  un tema de terror o de pena, era como un elemento de catarsis al sufrimiento humano, pues aquel hermano, cuando veía que nuestras miradas reflejaban dolor, nos repetía una y otra vez, pase lo que pase , seré un vencedor por las promesas del Señor; en aquel nosocomio donde solo vez dolor en los rostros, con aquel amigo todo era tan diferente, sentía esa presencia que fortalece, de aceptación al que todos llegaremos un día, morir simplemente para los mortales o vivir eternamente en el paraíso prometido por el creador y que las sagradas escrituras mencionan”.

  1. Del infierno al cielo.

 

  1. Primera parte.

En aquella época asistía a la iglesia, pero no tomaba en serio los asuntos del Señor, fue cuando tuve la experiencia de ver los demonios y el infierno, donde ellos viven. Una noche llegué borracho a mi hogar, estaba tan ebrio que me quedé inconsciente y fue cuando los ángeles caídos me arrancaron el alma de mi cuerpo, observé mi cuerpo inerte de frente y también miraba a mi esposa dormida en la habitación; le gritaba y la llamaba, pero ella no podía oírme, porque el ser humano no puede escuchar la voz del alma.

Luchaba contra los demonios, quienes eran más fuertes que yo, uno bajo y grueso y el otro más alto y finalmente me sacaron del apartamento por el techo. Era la una (1:00am) de la madrugada, la ciudad se veía iluminada, incluso pasamos rozando el edificio más alto de Bogotá, luego estos seres demoníacos, me sacaron de la tierra, yo miraba el globo terráqueo redondo y negro; luego ellos me soltaron al abismo y empecé a descender a una velocidad increíble, había mucha oscuridad y tinieblas densas, yo sabía que iba rumbo al infierno. A medida que iba bajando sentía mucho calor, sed y escuchaba muchos gritos y lamentos. En ese momento me acordé que yo estaba muy mal con Dios, pues iba borracho, sabía que el único que me podía salvar y sacar de ese lugar era Cristo. Luego con una voz fuerte, que estremeció el infierno, pronuncié la frase: “LA SANGRE DE CRISTO TIENE PODER” Apocalipsis (12:11). Inmediatamente mi alma se incorporó en mi cuerpo y volví de nuevo muy asustado; desesperado llamé a mi esposa para que me diera agua, luego nos pusimos a orar y empecé a pedirle perdón a Dios. Al otro día me fui a la Iglesia y me reconcilié con Jesús; sin embargo, durante seis (6) noches seguidas, los demonios siguieron llevándome al infierno, mostrándome sus terribles profundidades, miré en tormentos a personas de la iglesia, hijos de pastores, sacerdotes religiosos, brujos, hechiceros, pastores, familiares míos que ya habían muerto. El último día de visitar el infierno, me asombré cuando miré a Jesús allí en ese lugar acompañándome y me dijo: “Dame tu mano que yo quiero ser tu amigo” enseguida yo le di mi mano y salimos juntos, luego yo empecé a preguntarle por qué toda esa gente estaba allí en sufrimiento y el me contestó que ellos vivieron una vida tibia y no se quisieron arrepentir de corazón, enseguida me acordé lo que dice Apocalipsis (3:15) “Conozco tus obras, se que no eres ni frío ni caliente. Ojalá fueras lo uno o lo otro. Por tanto como no eres frío ni caliente, sino tibio, te vomitaré de mi boca”.

Después pasamos por unas celdas donde estaban dos  hijos de pastores que ministraban alabanzas en la iglesia y los miré allá encerrados me vieron y reconocieron y me pidieron que les diera un vaso con agua fría; se veían terribles, ellos se estaban quemando. Cuando yo iba a darles el agua, los demonios no dejaron, pues los jalaron hacia adentro. Sentí mucho dolor en el corazón, porque en ese lugar no hay esperanza, pues nada se puede hacer. Me acordé donde la Biblia dice: “Jesús Cristo bajó a las profundidades del abismo y predicó la Palabra a los espíritus encarcelados”

Pero esa época ya pasó, pues esa palabra era para los que murieron en el diluvio universal, pues ahora tenemos en la tierra al precioso Espíritu Santo de Dios, quien convence al pecador de su maldad.

  1. Segunda parte.

“Jesús me saca del infierno” El Señor me dijo: Te voy a sacar de este lugar para que vayas a la tierra y testifiques esta experiencia y para que también prediques mi Palabra. Yo te he apartado para que prediques con unción a muchas vidas, a pastores evangelistas y a varias iglesias.

Luego salimos de ese horrible lugar inmediatamente, mi alma volvió a mi cuerpo. Ya habían pasado seis noches; me encontraba muy confundido, pero Jesús me había fortalecido. La siguiente noche, entró un ángel de Dios en la habitación con un resplandor muy hermoso. Todas las luces estaban apagadas, pero el ángel iluminó todo el lugar donde estábamos; yo le brindé reverencia, pensando que era Jesús, pero el me dijo que no era El Señor; que era un ángel enviado por Dios y que venía a traerme un mensaje o una noticia del cielo. Yo le invité a seguir adelante, pero él no quiso entrar, porque en mi corazón y en mi hogar había inmundicia, pues vivía sin casarme y estaba cometiendo fornicación. El me dijo: Tienes que limpiar tu casa, es decir, tu corazón, también tu vocabulario, pues en ese tiempo salían palabras groseras de mi boca y enseguida,  desapareció.

Ya me estaba acostumbrando a vivir esas experiencias. Empecé a cambiar internamente y a buscar de Dios en oración, ayuno y vigilias. Nuevamente, en otra noche, a la hora de dormir, vinieron dos ángeles a la alcoba y me llevaron al cielo, después al segundo cielo, lugar que no es agradable, pues ahí opera el trono de Satanás, junto con los astros. Luego miré que en el espacio se abrió un camino, que nos guío al tercer cielo. Ese lugar es absolutamente hermoso, hay una paz increíble, se siente mucha alegría y todo es feliz. En la puerta del cielo había un anciano, quien me recibió, pues los ángeles se habían ido. Posteriormente observé una fila muy larga de almas y miré un trono grande y el que estaba sentado en ese trono era Dios, pero no pude mirar su rostro, porque del trono salía una luz muy resplandeciente, más fuerte que el sol y yo le pregunté al anciano: ¿Qué era eso?, El me dijo: Esa es la majestad de Dios. Luego descubrí que esa gente estaba dando cuentas, según sus obras en la tierra.

Por nueve noches fui llevado al cielo por los ángeles y el Señor fue quien me sacó personalmente del infierno y me dijo: “Te voy a llevar al cielo para que mires lo que tengo preparado para mi pueblo, los que me aman y guardan mi Palabra”. Vi una ciudad hermosa con calles de oro, un mar de cristal, muchas casas, jardines y una mesa muy grande con un mantel blanco y unos utensilios; también miré unas sillas con nombres inscritos con letras de oro y Jesús me dijo: “Yo mismo, soy el que voy a servir en la mesa” Miré también en la ciudad, doce puertas y doce ventanas, en cada ventana había un ángel con una trompeta de oro y en cada puerta, un anciano, luego le pregunté a Jesús: Señor, ¿Que representan esos ancianos? Y él me respondió: “Las doce  tribus de Israel”. Vi muchos niños jugando en los jardines, muchos pastores, ministros y mucho cristiano, pueblo de Dios gozándose y él me dijo: “Donde te abran la puerta de las Iglesias en el mundo entero, debes testificar lo que vistes acá; que el cielo es real y que el infierno existe” también me dijo: “Pídeme lo que quieres” y lo le contesté: Dame unción, poder y sabiduría! Y luego él me dijo: “Te son dadas porque pongo gracia sobre ti y mi presencia irá contigo” Finalmente me dijo: “No vendas la fe ni cobres cuando te inviten a predicar en los pueblos, en las aldeas y en las ciudades, porque soy yo el que te bendigo económicamente y sostengo tu ministerio, además pondré en el corazón de las personas, sin importar en que país vivan, deseo bendecid tu ministerio. Y después de eso, fui devuelto a la tierra y efectivamente estoy predicando su palabra y compartiendo este testimonio a donde quiera que El Señor me lleva.

  1. La experiencia de Jennifer Pérez.

Mi nombre es Jennifer Pérez tengo 15 años. Primeramente quiero decir que este testimonio es para la honra y gloria de mi Señor.

Mis padres son cristianos y siempre me enseñaron a seguir los pasos del Señor, caminé con Él por dos años, pero me alejé cuando comencé a ir a la escuela secundaria. Pensaba que  siendo cristiana  atraería a mis amigos para que pudieran ser  como yo; pero no fue así, ellos me atrajeron  para conocer un mundo diferente donde  vivían y consumían drogas, alcohol, entre otras libertades, me enseñaron como consumirlas, hacerlas o sentirlas tal y como ellos supuestamente se divertían, olvidándose del recato y las buenas costumbres.

Reconozco que estuve en rebeldía, mis padres pensaban que esto era algo de jóvenes que cuando creciera cambiaría mi forma de actuar, pero los vicios y las malas compañías me hicieron actuar así, porque las puertas de mi mente se abrieron y los espíritus malos entraron a perturbarme.

Mis padres son muy estrictos, no me dejan salir a ninguna parte con personas que no conocen, tampoco me dejan ir a dormir a casa ajena, no me alejaban de  su vista, gracias a sus oraciones el Señor siempre me cuida. El 2 de mayo de 1997. me metí en problemas con la ley, como es costumbre, todos los viernes por la noche mis padres salen para una oración, para no acompañarlos les dije que me sentía enferma, pero en realidad tenía otros planes con un amigo que me invitó a salir. Esa noche hubo “promnight”, noche en la que los jóvenes de la escuela secundaria salían para un baile, tenía planes para ir con otro amigo, pero mis papas no me dejaron ir y me enojé, pero lo disimulé.

Este otro amigo me llamó por teléfono para preguntarme si podía salir, le dije que no, que mis padres no me dejaban ir, pero que sí podía salir, solo sería si  me escapaba por la noche cuando mis padres estuvieran dormidos para que no se dieran cuenta y eso hice. Cuando mis padres llegaron a la casa y se fueron a dormir, ya estaba lista, fui a llamar a mi amigo y decirle que me esperara en la calle, en la esquina de mi casa, porque si pasaba por enfrente de la casa, mis padres podían despertar, regrese a mi cuarto, puse almohadas debajo de las cobijas, por si acaso mis padres se despertaban, pudieran ver que estaba ahí. La casa donde vivimos es de dos pisos, todas las ventanas tienen tornillos, pero las de mi cuarto no, porque mis papas tenían confianza en mí, me salí por la ventana y salte del segundo piso, pero no me paso nada porque el Señor tenía todo planeado para esa noche.

Camine hacia la esquina donde me estaban esperando, cuando entre al carro, noté que habían tres muchachos y una muchacha, pensé que no iban a hacer algo que me pudiera hacer sentir mal, como usar drogas o tomar bebidas embriagantes y que como éramos dos muchachas con tres muchachos no podrían hacernos  algo malo, entonces ellos nos estaban llevando, en el carro, y cuando hable con mi amigo, el me dijo que íbamos a dar una vuelta por la ciudad. Nos llevaron a un motel y nos bajaron a mí y a mi amigo, y nos dejaron en una casita donde daban la ropa y nos dijeron que nosotros esperáramos ahí, hasta que ellos fueran y recogieran a otro amigo y me dijeron: “no, no, no te preocupes, ten confianza en nosotros, nada mas vamos a esperar a los otros amigos que vengan y todos nos vamos juntos”. Y pensé está bien, son mis amigos, yo tenía confianza en ellos, yo no pensé nada malo, no pensé que me iban a hacer ningún daño, pero en realidad yo creía que los conocía, pero no, estaba equivocada.

Entonces me llevaron a un cuarto, y estábamos ahí hablando  y dije, vamos a una casita o a un restaurante enfrente del motel, y compramos unas sodas; con mi amigo fuimos y compramos tres sodas, regresamos  y ellos ya tenían vasos, y empezaron a llenar las vasos y vi que no traían algo en la mano, pensé , como no tienen nada, ellos no van a faltarme,  no tenían una botella de alcohol ni nada para que yo pudiera decir que iban a poner algo en lo que iba a tomar, por ello, tenía confianza en mis amigos; fui al baño a arreglar mi pelo y a hacer cosas de muchachas, y regresé,  puse un chicle sabor  fresa en mi boca y tomé lo que yo pensé que era mi soda, y cuando volví en mí, yo ya estaba en el hospital, vi mi espíritu salir de mi cuerpo, tú te puedes ver en el espejo, y te ves a ti mismo, pero  nunca  has visto tu cuerpo en una camilla, y tu afuera, mirándote a ti mismo,  vi a los médicos y enfermeras al rededor de mí, porque yo en mi espíritu veía mi cuerpo, luego voltee y dos hombres vestidos de rojo y vinieron y me tomaron uno de cada brazo y me estaban llevando a un lugar, cuando  miré, ya estaba en el cielo, lo primero que vi fue una pared grande y blanca que seguía y no tenia final, en medio de esa pared vi como una puerta larga, pero estaba cerrada, y tu sabes que en el Antiguo Testamento Moisés describió el tabernáculo, en la palabra de Dios y pensé que ese era el Tabernáculo, de lado de esa puerta habían dos sillas, había una silla grande y una más pequeña del lado derecho, y en el lado izquierdo estaba una puerta grande, inmensa y negra, fea, la única forma que yo supe que esa era una puerta. era porque tenía una manija, y a mi lado izquierdo, vi un paraíso, había una fuente de agua cristalina, árboles; era bello, era muy bello el lugar, pero no había nadie adentro, entonces yo de rodillas, lloraba y lloraba, entonces me di cuenta que El Señor estaba enfrente de mí, no pude ver su rostro, por que  El era la luz y alumbraba todo el cielo, pero si pude ver su cuerpo, y en su cuerpo había alguien más adentro de Él, era El Padre y El Hijo y de lado de El estaban dos ángeles, el ángel Gabriel y el ángel Miguel, la forma en la que yo supe sus nombres era porque estaban escritos en sus frentes en oro, cuando yo estaba enfrente del Señor me sentía sucia por dentro, como que no era digna de estar enfrente de Él, yo estaba en pecado, entonces El me enseño una película de mi vida en mi mente. Desde el principio hasta ahora, y me dijo que lo más importante, era lo que yo hice después de que era salva y sí, yo les dije a mis amigos que  era cristiana, pero yo me volví atrás y me dijo con poder, que yo estaba destinada a ir al infierno.

El ángel Gabriel vino y me agarro del brazo, y me llevó para esa puerta, donde yo no quería ir, era fea, ni quería voltear a verla, pero el ángel me llevo a fuerzas, trate de pararme, pero no pude, y me fui a través de ella, era tan obscuro, tan negro, que no me podía ver ni al ángel, y entonces cerré los ojos y comenzamos a bajar bien rápido, a medida que bajábamos se ponía caliente y más caliente, yo pude sentir el calor, sufría, cuando paramos el ángel me dijo que abriera mis ojos y que viera mi nuevo hogar.

Cuando abrí los ojos, lo primero que sentí era sed, mucha sed, le dije al ángel : “tengo sed, tengo sed!”, pero como que Él no me quería oír, o no me oyó, y entonces comencé a llorar y las lagrimas se me evaporaban, había un olor de azufre, cuando trate de taparme la nariz lo olía aún más, entonces vi como los vellos de mis brazos  desaparecieron, todos mis sentidos se hicieron más sensitivos, y entonces comencé a mirar alrededor, habían muchos demonios  atormentando a la gente, unos me llamaron la atención, había una señora que un demonio la atormentaba, le cortaba la cabeza y le picaba con una lanza con mucho filo en los ojos , en el cuerpo, en el pecho, en todas partes; entonces aquella mujer lloraba con agonía, yo quería tapar mi oídos pero, no podía , porque la escuchaba aun mas, pero sabes, cuando le cortaba la cabeza, no salía sangre, ¿por qué?, porque ella era espíritu y era eterno.

Cerca de ahí, otro demonio atormentaba a un muchacho, tenía  una cadena alrededor del cuello, en un pozo de llamas, lo tiraba y cuando lo sacaba con la lanza , con el filo, lo picaba también por todas partes, no le importaba, lo agarraba del cabello y le daba de golpes, entonces el muchacho gritaba tan feo, me quería tapar los oídos otra vez, y entonces yo podía oír que , cuando lo tiraba adentro de ese pozo no lo podía oír, pero cuando lo sacaba lloraba aun más fuerte, y entonces comencé a mirar a otro, pero éste, tenia características de muchos animales, con palabras no lo puedo describir, pero era feo, e el demonio no lo tenía, ese demonio iba y nada mas estaba mirando a la gente para ver si estaban haciendo lo que deberían de hacer, y entonces yo mire para atrás, para el ángel Gabriel, lo mire , y tenía sed, bastante sed, y yo le gritaba: “tengo sed, tengo sed!”, pero también me puse a pensar:¿por qué está todavía ahí el ángel?, el se debería de ir, porque yo voy a ser atormentada”. Creo que Él supo lo que estaba pensando, me miró y me dijo  Dios te va a dar otra oportunidad, en ese momento me agarro la mano, e íbamos a comenzar a subir, cuando oí mi nombre, se escuchaba como el de una muchacha que me decía suplicando: Jennifer, ¿Ayúdame!, ayúdame!!, yo tenía deseos de ayudarla, trate de mirar para saber quién era, pero las llamas le cubrían la cara, nada mas tenía su mano, tratando de agarrar la mía, yo tenía deseos de agarrarla y ayudarla, porque me conocía, yo traté, pero mi mano se fue a través de ella, quería ayudarla, pero estaba triste, porque , no tenia esperanza, entonces, comende a mirar alrededor, y vi gente, gente de mi escuela, gente que conocía, gente que vi en la tienda, iba a la tienda con mi mama y yo vi gente que conocía , que me parecía parecida, pero en realidad no sabía de sus vidas, supe entonces,  que en el infierno no hay tiempo, no hay pasado , presente o futuro, todo es lo mismo , y entonces el ángel me agarro de la mano y comenzamos a subir y ya estaba de regreso, entonces cuando El terminó de enseñarme estas cosas, sentí que regresé a mi cuerpo, estaba en el hospital otra vez, me desperté y vi al rededor de mi y había una aguja en mi brazo , bien grande!, tubos en mi, y muchos aparatos checando mi corazón, en ese momento mis padres entraron al cuarto y yo comencé a llorar, estaban enojados.

8.  El tormento de los pecadores.

Lucas capitulo 16 versículos 19 dice la palabra de Dios: “había un hombre rico que se vestía de púrpura y lino fino, y hacía cada día banquete con esplendidez. Había también un mendigo llamado Lázaro, que estaba echado a la puerta de aquél, lleno de llagas, y ansiaba llenarse con las migajas que caían de la mesa del rico, y aun los perros venían y le lamían las llagas. Y aconteció que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham y murió también el rico y fue sepultado, y en el infierno alzo sus ojos estando en tormentos y vio de lejos a Abraham y a Lázaro en su seno. Entonces el dando voces dijo: Padre Abraham ten misericordia de mí, y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua y refresque mi lengua, porque estoy atormentado en esta llama. Pero Abraham le dijo: Hijo acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro también males, pero ahora este es consolado aquí y tú, atormentado, y además de todo esto, una gran cima esta puesta entre nosotros y vosotros, de manera que los que quisiesen pasar de aquí a vosotros no pueden, ni de allá pasar acá.”.

El lago del fuego eterno.

La Biblia es la palabra de Dios y es muy clara acerca del cielo y el infierno, en esta porción que acabamos de leer el Señor nos habla acerca de dos lugares, donde existe la condenación o la salvación. No existe un lugar intermedio o un purgatorio, tampoco un limbo donde el hombre vaya después de partir de la tierra y luego vaya hacia el cielo, la Biblia es muy clara acerca de ello.

Era un 11 de Abril de 1995, fecha en que Dios nos da una revelación que cambiaria la trayectoria de nuestras vidas, somos 7 jóvenes a los cuales se les ha dado el privilegio y la responsabilidad tan grande de compartir esta revelación.

Todo comenzó como a eso de las 10 de la mañana aproximadamente, mostros estábamos en oración y teníamos preparado un día para salir de campo, de repente por la ventana del cuarto en donde estábamos entro una luz poderosa, una luz blanca. Y cuando aquella luz entro por la ventana inmediatamente nosotros comenzamos a hablar en lenguas y fuimos bautizados en el Espíritu Santo, en ese momento quedamos fascinados y maravillados con lo que estábamos viendo. Una luz gloriosa que alumbraba todo el cuarto en donde estábamos, una luz que sobrepasaba el resplandor del sol, y en medio de aquella luz vimos la figura de ángeles vestidos de blanco, eran hermosos, altos, de buen parecer. Y en medio de aquellos ángeles vimos algo maravilloso, la figura de un hombre, la figura de un ser especial, un hombre que vestía un manto blanco, blanco, resplandeciente, que sus cabellos eran como hilos de oro, no podíamos ver su rostro, era demasiado brillante, pero veíamos un cinto que atravesaba su pecho, y aquel cinto decía en palabras en oro y brillantes decía: Rey de reyes y Señor de señores, sus pies estaban vestidos con sandalias de oro puro, y su belleza era sin igual, cuando vimos la presencia de Aquel hombre caímos de rodillas, y empezamos a escuchar su voz. Su voz era algo especial y maravillosa y taladraba nuestro corazón como espada de dos filos como dice la palabra de Dios, cuando nos dijo en unas palabras sencillas pero poderosas, pudimos escucharle audiblemente, y nos decía lo siguiente: “Hijitos míos no temáis, Yo Soy Jesús de Nazaret y os he visitado para mostraros un misterio, para que lo llevéis a los pueblos, para que lo llevéis a las naciones, para que lo llevéis a las ciudades, para que lo llevéis a las iglesias, y a todo lugar a donde yo os dijere que fuereis iréis, y a donde no, no iréis”.

La Biblia la palabra de Dios dice en Joel capitulo 2 versículos 28, dice la palabra de Dios: “En los postreros tiempos derramaré mi Espíritu sobre toda carne, los ancianos soñarán sueños, los jóvenes verán visiones y los niños profetizarán”.

En ese mismo instante sucedió algo extraño, una roca apareció ahí en medio del cuarto, el Señor que estaba con nosotros nos hizo subir a ella que estaba como a 20 centímetros del suelo y se abrió un hueco gigante, un hueco negro horrible, y en ese mismo instante comenzamos a caer encima de aquella roca por aquel túnel profundo y oscuro que conducía al centro de la tierra, y mientras caíamos en una oscuridad tenebrosa, sentíamos temor, sentíamos miedo, y le decíamos al Señor: “Señor no queremos ir a aquel lugar!, no nos lleves a aquel lugar Señor, sácanos de aquí Señor!”. Y el Señor con una voz hermosa nos decía:”Es necesario para que vean y cuenten”.

Y en aquel túnel oscuro, como en forma de cuerno, empezamos a ver sombras, demonios y figuras que se movían de un lado a otro, y cada vez nos sumergíamos más sintiendo vacío y temor; en cuestión de segundos llegamos a unas cavernas, a unas puertas horribles, como laberintos y no queríamos entrar allí. Y empezamos a percibir un olor terrible y un calor que nos sofocaba; entramos a aquél lugar, y empezamos a ver aquello tan terrible, aquellas imágenes tan desastrosas, veíamos aquél lugar lleno de llamas, y en medio de las llamas las figuras de miles de personas en tormento, fue algo sorprendente, no queríamos ver aquello que nos estaba mostrando. Y vimos que aquél lugar estaba dividido en secciones de sufrimiento, una de las primeras secciones que el Señor nos permitió ver, fue “el valle de las pailas (calderos)” que nosotros le llamamos, y había millones de pailas incrustadas al nivel del suelo, cada una de ellas ardía con lava por dentro, y en cada una de ellas había un alma que había muerto y había ido al infierno.

Aquellas almas al vernos junto al Señor comenzaron a clamar y le decían: “Señor ten misericordia, Señor sácame de aquí!, Señor dame una oportunidad de salir de este lugar, Señor, sácame y contaré al mundo que este lugar es real!”. Y el Señor ni siquiera les miraba, y había miles de hombres y mujeres en aquél lugar, ahí estaban los homosexuales, los borrachos y cantidad de personas clamando en aquél tormento tan terrible, y algo que me asombró fue ver como sus cuerpos estaban destrozados y por las cuencas de sus ojos salían gusanos, se les metían por la boca, por sus oídos y penetraban todo su cuerpo, para que se cumpla la palabra de Dios en el libro de Isaías capitulo 66 versículo 24 que dice así: “Y saldrán y verán los cadáveres de los hombres que se rebelaron contra mí, porque su gusano nunca morirá y su fuego no se apagará y serán abominables a todo hombre”. Y en Marcos capitulo 9 versículo 44 dice así el Señor Jesús:”Donde el gusano de ellos no muere y el fuego nunca se apaga”.

En ese momento estábamos horrorizados y comenzamos a caminar por el borde de aquel lugar,  aquellas almas nos extendían las manos, clamaban misericordia y le pedían a Jesús que les sacase de allí, pero, el Señor ni siquiera les miraba.

Y comenzamos a llegar a diferentes secciones, y llegamos al lugar más terrible del infierno, al lugar más tormentoso, al núcleo del infierno, donde se concentran los mayores sufrimientos que el hombre jamás haya podido expresar, y ahí estaban nada menos ni nada más, los que habían conocido la palabra de Dios, allí había pastores, evangelistas, misioneros y toda clase de personas que habían sido convertidos, que conocían la Biblia pero que habían tenido una vida doble, estaban también los que se habían apartado de Dios, ellos sufrían mil veces más que cualquier otra persona, y le imploraban al Señor, le clamaban, pero la palabra dice en Hebreos capitulo 10 versículo 26: “Porque, si pecáremos voluntariamente, después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados sino una horrenda expectación de juicio y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios”.

Señor nos dijo entonces: “Hijos, todo el sufrimiento de la tierra, unido en uno solo, no alcanza a compararse con el que menos sufre aquí en el infierno”. Y si eso es con el que menos sufre, como será los que más sufren! que fueron los que conocieron su palabra y se desviaron.

Comenzamos a caminar por diferentes lugares, y el Señor nos iba mostrando a muchas personas, entre aquellas vimos que todas  tenían seis castigos diferentes, allí las almas eran atormentadas por demonios y por toda clase de castigos, uno de esos era su propia conciencia que les decía: “¡Acuérdate cuando te predicaron, cuando escuchaste la palabra, cuando te hablaron del infierno y tú te reíste!”.

Su propia conciencia era un tormento, al igual que los gusanos que recorrían todo su cuerpo, que el fuego consumidor. Esa es la recompensa que el diablo tiene para todos los que le buscan y para todos los que lo siguen.

Dice la palabra del Señor en Apocalipsis capitulo 21, versículo 8: “Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos, tendrán su parte en el lago de fuego que arde con fuego y azufre que es la muerte segunda”. Que tan solo con una gota de agua saciaría su sed, dice la palabra de Dios en Isaías capítulo 34 versículo 9:” y sus arroyos se convertirán en brea, y su polvo en azufre y su tierra en brea ardiente”.

El Árbol de la Vida Eterna.

      Allí estas almas estaban en medio del fuego, y veían ríos cristalinos en el infierno, y aquellas almas se abalanzaban sobre aquellos ríos, pero aquellos ríos se convertían en fuego, eran espejismos simplemente, veían árboles con frutas que destilaban aguas, y cuando iban a tomarlas se quemaban las manos y los demonios se burlaban de ellos. De ahí Dios nos permitió ir a otro lugar mucho peor que todos los del infierno, vimos el Lago de Fuego, al lado de este había otro más pequeño, donde había millones y millones de personas quemándose en aquel lugar y allí las almas le clamaban, imploraban y le pedían misericordia.

Lamentablemente todas aquellas almas ya no tiene esperanza, pero tú y yo tenemos, la oportunidad de ir al cielo, cuando abandonemos el mundo terreno al fallecer.

  1. El destino de los justos.
  2. Primer testimonio.

El Paraíso Prometido.

Nosotros nos tomamos de las manos y comenzamos a subir, yo miré hacia abajo y vi que estábamos saliendo de nuestro cuerpo, al darnos cuenta, ya estábamos vestidos con unos mantos blancos, pero nuestros cuerpos  se quedaron. Y entonces comenzamos a subir a una velocidad muy grande y llegamos a un par de puertas, que era la entrada al reino de los cielos. Nosotros estábamos maravillados por lo que nos estaba ocurriendo, pero Jesús el Hijo de Dios, estaba ahí con nosotros. Habían dos ángeles    y comenzaron a hablarnos, pero nosotros no entendíamos lo que ellos nos querían decir; su lenguaje era muy distinto, pero estos nos dieron la bienvenida al reino de los cielos y abrieron aquél par de puertas; entonces entramos y nuestra vista se encontró con  algo tan maravilloso, había un prado inmenso, pero muy hermoso!, y comenzamos a ver distintas cosas, recuerdo que apenas entramos a ese lugar, sentimos una paz  que llenó nuestra alma por completo.

La Biblia dice que Dios nos dará una paz que sobrepasa todo entendimiento humano. Lo primero que vi fue un venado y le pregunté a una de mis compañeras: ¿Sandra, usted está viendo lo mismo que  veo?”. Ella ya no estaba llorando ni gritando como cuando vimos el infierno, ella me miró sonriendo y dijo: “Si, estoy viendo un venado!”. Con esas palabras pude entender y confirmar que era real, ciertamente estábamos allí en el Reino de los Cielos, y aquel horror del infierno se nos olvidó; entramos y pudimos acercarnos hasta donde estaba el venado y detrás de había un árbol inmenso que estaba en el centro de aquél paraíso. La Biblia dice en Apocalipsis 2:7“A todo aquel que venciere, Dios le dará de comer del árbol de la vida, que está en el paraíso de Dios”.

Este árbol es el símbolo de Jesús, debajo de él, corría un río de aguas transparentes y cristalinas como nunca habíamos visto  en la tierra, corrimos apresurados a sumergirnos en aquellas aguas, dentro de ellas podíamos respirar como fuera de ellas y aunque no era profundo había muchos peces de distintos colores. La luz dentro y fuera del rio era la misma, porque en el Reino de los Cielos no vimos que la luz proviniera de algún lugar, sino que todo era iluminado, como en la Biblia dice: “Cristo es la Luz de la ciudad”. Descubrimos  que  al tomar los peces con nuestras manos y sacarlos no morían, entonces fuimos con el Señor a preguntarle: “Señor Jesús, ¿porque al sacar los peces del agua no mueren?”. El Señor sonrió y respondió diciendo: “Aquí no existe la muerte, ni el dolor, ni el llanto”. Cuando salimos del rio, corrimos por todos lugares, queríamos tocar, experimentar, traer todo a casa, estábamos maravillados. Las cosas que vimos en el cielo no se pueden explicar, el apóstol Pablo fue arrebatado, pero vio cosas que no pudo describir por su inmensa su grandeza.

Llegamos a un lugar inmenso y maravilloso,  donde todo era de oro, esmeraldas, rubíes y de diamantes. En ese lugar habían  tres libros muy grandes; el primero era una Biblia de oro, sus páginas, su escritura, su pasta, todo era de oro puro; el segundo libro era más grande que la Biblia, estaba abierto y un ángel que estaba sentado escribiendo con una pluma en él, no pudimos acercarnos hasta donde estaba aquél ángel, lo que alcanzamos a ver, es que estaba escribiendo todas las cosas que estaban sucediendo en la tierra, todo lo que las personas hacen, de acuerdo con la fecha queda escrito ahí, para que se cumpla la palabra que dice: “en aquél día los libros fueron abiertos y todas las personas, fueron juzgados de acuerdo a lo escrito en los libros”, el ángel apuntaba todo lo que la gente hacía en la tierra, sea bueno o malo.

Nos acercamos donde estaba el tercer libro, era más grande aun que el libro de los “Hechos”, estaba cerrado y pudimos tomarlo entre todos, lo levantamos por orden del Señor y lo bajamos sobre una columna, en el Reino de los Cielos las columnas no eran como las de la tierra, sino que estas columnas eran como una trenza de piedras preciosas, habían de diamantes, de esmeralda, de oro y otras tenían combinaciones de piedras preciosas; por fin pude comprender que Dios es el dueño  del oro y la plata, de todas las riquezas del mundo, que es absolutamente rico; también comprendí que el mundo y su plenitud le pertenecen a nuestro Dios, y quiere darlo a todos los que le pidan con fe, como en la Biblia dice: “Pídeme y te daré por herencia las naciones”. Este tercer libro era tan grande que al pasar de una página a otra teníamos que caminar; intentamos leer el libro pero no entendimos la escritura, no era una escritura terrenal, no se parecía a ningún idioma sobre la tierra, era algo plenamente celestial, pero por el Espíritu de Dios pudimos leer y comprobar que ahí estaban escritos nuestros nombres.

Entonces nos dimos cuenta de que era el libro de la Vida, al leer descubrimos que aquellos nombres no eran con los que se nos llamaba en la tierra, sino que éstos eran unos nombres nuevos, por lo cual se cumple lo que la palabra dice “Dio, nos dará un nombre nuevo el cual nadie sabe, ni conoce, solamente aquél que lo recibe”.

Nosotros pudimos pronunciar nuestros nombres, pero cuando el Señor nos hizo descender a la tierra, aquellos nombres se borraron de nuestra mente, se borraron de nuestro corazón, porque la palabra de Dios es eterna y tiene que cumplirse.

  1. Segundo testimonio.

Cuando comenzamos a subir al Reino de los Cielos, llegamos a un lugar muy hermoso, donde había unas puertas preciosas custodiadas por dos ángeles que comenzaron a dialogar en un idioma angelical, no podíamos entender lo que decían, pero el Espíritu Santo que iba con nosotros nos permitió entender que nos daban la bienvenida por haber llegado a ese lugar. El Señor Jesucristo, colocó sus manos sobre las puertas y abrió para que pudiéramos entrar.

Nuestros ojos se maravillaban con todo lo que habitaba en ese lugar tan hermoso, apreciamos un lago enorme y el árbol de la Vida. Nos dirigimos hacia donde estaba el lago, notamos que debajo del agua se movían unos peces, era tanta la maravilla que decidimos sumergirnos debajo del agua, comenzamos a nadar y pudimos observar como muchos peces se movían de un lado hacia otro y nos acariciaban, sin huir de nosotros como normalmente lo harían en la tierra; la presencia del Señor les daba la tranquilidad para que no tuvieran temor, porque no les haríamos daño. Fue tanta la maravilla que tome uno de los peces en mis manos y lo saque, noté que se quedaba quieto apreciando la presencia del Señor, lo puse nuevamente en el agua, levante la mirada y me di cuenta que a lo lejos estaban unos caballos blancos.

Me dirigí hacia los caballos y comencé acariciarlos, el Señor me acompaño y me permitió montar uno de ellos, cuando empezaba a cabalgar sentí por primera vez algo que en la tierra nunca había sentido: la paz, la libertad, el amor y la santidad, que se vive en ese lugar tan precioso; disfrute todo lo que podían ver mis ojos, ese hermoso paraíso que Dios ha preparado para nosotros.

También vimos la mesa, que no tiene principio ni final, servida con manjares para cuando lleguen las Bodas del Cordero, y las sillas preparadas para nosotros; vimos las coronas de la vida eterna que estaban listas para que las poseamos; unos seres angelicales se movían con unas telas blancas para preparar los mantos para lo que Dios está planeando para nosotros.

Me maravillaba todo lo que podía ver en aquel lugar, trataba de mirar a todos lados, como niños apantallados con algo nuevo, disfrutamos las moradas que Dios nos permitió visitar.

Nos dirigimos hacia un lugar donde había muchos niños, el Señor en ese momento comenzó a  jugar con ellos dedicando el tiempo suficiente a cada uno, al tiempo que los disfrutaba. Nos acercamos al Señor y le preguntamos: “Señor, ¿estos niños son los que van a nacer en la tierra?” contestando dijo: “No, estos niños son los que son abortados”. En ese momento me estremecí por algo que había hecho en el pasado, antes de conocer al Señor. Conviví con una mujer que quedó embarazada, le pedí tiempo para pensar que hacer con esa responsabilidad y  tomar una decisión; paso el tiempo,  pero fue demasiado tarde porque cuando fui a decirle ya había abortado, ese incidente marcó mi vida, aunque no había recibido al Señor, me sentía terrible y no me pude perdonar el error que había cometido en el pasado. Dios, me permitió entrar al lugar donde estaban los niños y me dijo: “Ariel, ves a esa niña que está allí? esa niña es tu hija”. Cuando me dijo eso sentí como esa herida que había estado durante mucho tiempo en mi se cerraba, me permitió dirigirme hacia ella y que ella viniese hacia mí, la pude tomar entre mis brazos, pude ver sus ojos y escuchar de su boca una palabra que me dijo: “Papá”. Comencé a comprender y a sentir que Dios había extendido su misericordia y que me había perdonado, y que tenía que aprender a perdonarme a mismo.

  1. Tercer testimonio

      “Quitará Dios toda lágrima de los ojos de ellos y ya no habrá muerte ni habrá más llanto, ni clamor ni dolor, por que las primeras cosas pasaron”.

Cuando llegamos se abrieron unas puertas grandes, miré un valle de flores hermosas, cuyo aroma era exquisito, empezamos a caminar y al entrar sentimos una sensación de libertad, algo que tal vez no habíamos sentido o experimentado en la tierra, era algo que invadía todo nuestro corazón. Seguimos caminando admirando las flores que eran únicas, cada pétalo era diferente,  genuino, de un color único; dije dentro de mí “quisiera tener una flor de estas”, el Señor con sus gestos y su boca nos dijo sí; nos acercamos a ella, no le sucedía nada, no salía de la tierra, seguía intacta, no se le dañaban los pétalos, ni se le dañaban las hojas, simplemente permanecía allí.

Llegamos a un sitio donde habían unas puertas muy hermosas, las puertas no eran lisas, tenían piedras preciosas incrustadas, las que se abrieron cuando llegamos; entramos a un salón, había una cantidad de gente que corría con afán, unos llevaban sobre sus hombros unas telas blancas resplandecientes, otros llevaban hilos de oro, otros llevaban bandejas con algo sobre ellas, eran como unos escudos;  todos corrían con mucho afán, le preguntamos al Señor qué sucedía  porqué todos estaban como preparando algo, el Señor hizo acercar a un joven y este tenía una tela sobre sus hombros, él simplemente miró al Señor, y le preguntó para qué era esa tela, el simplemente lo seguía mirando y dijo: “Señor, ¿sabes para qué son estas telas?, son para fabricar los mantos de los redimidos, los mantos de la gran novia, en ese momento sentimos como una alegría, una paz.

La palabra de Dios nos dice que “A ella se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio, resplandeciente, por que el lino fino son las acciones justas de los santos” Apocalipsis 19:8.

Al salir de ahí sentimos más paz, porque era precioso sentir que Dios tiene algo precioso para nosotros, que simplemente tiene el espacio y el tiempo, porque tú eres importante para Él. Salimos de allí y nuestra vista se perdía en cada cosa, en cada detalle del cielo, cada cosa tenía como vida propia.

Seguimos caminando y llegamos a un sitio donde había millones y millones de niños de todas las edades, cuando llegó el Señor todos ellos quisieron abrazar a Jesús, quisieron sentir más su amor, porque esa era la pasión de ellos. Nosotros quisimos llorar por la misma alegría de que veíamos al Señor como consentía a cada uno, cómo les daba  besos y como les acariciaba las manos. Vimos como los ángeles se le acercaban y le traían bebés envueltos como en un lino y se los presentaban a Él.

El Señor quebrantó la voz por un instante y dijo: “No, estos niños no serán enviados a la tierra, son los que son abortados, los que no quieren en la tierra y yo les amo”. Yo incliné el rostro como toda persona que tenía errores y había cometido pecado, entre esos niños estaba el que aborté y llegado el momento por estar ante el Señor, le hice una pregunta: “¿Señor aquí está el bebé que un día aborté?”. El Señor me dijo: “Sí”. Y empezamos a caminar para un lado y  vi un niño precioso, hermoso y pequeño y al pie de él, había un ángel que lo miraba y el niño me daba la espalda, en ese momento me dijo: “¡Mira, allí está tu niño¡”.

Me quise acercar a él y corrí hacia, pero el ángel con su mano simplemente me detuvo, el me mostró que tenía que escuchar al niño, y en ese instante empecé a escuchar la voz de este pequeño, el decía mirando hacia los demás niños: “Ya casi viene mi papi y mi mami?”. Le preguntaba al ángel, y él mirándome le contestó diciéndole le: “Si!, ya casi viene tu papá y tu mamá”. No sé por qué  escuché esa palabra, tal vez no tengo como sustentarla, pero solamente sé que en mi corazón, fue el mejor regalo que Dios me pudo dar, este nene no lo decía con odio, ira, o  dolor de que tal vez nosotros no le habíamos permitido nacer, simplemente esperaba  con el amor que Dios había colocado en su corazón. Seguimos caminando y mientras me alejaba de ese bebé, tengo en mi corazón una pequeña imagen de él, un bello recuerdo y sé que cada día debo  esforzarme más para regresar con él, tengo entonces un motivo más, porque sé que alguien me espera en el reino de los cielos.

La palabra nos dice en Isaías 65:19 “Y me alegraré con Jerusalén y me gozaré con mi pueblo, y nunca más se oirá en ella voz de lloro y ni voz de clamor, no habrá más allí niños que mueran de pocos días”.

  1. Cuarto testimonio.

En el reino de los cielos vimos cosas maravillosas como lo dice la palabra de Dios en 1era. de Corintios 2:9 “Antes bien como está escrito, cosas que ojo no vio ni oído oyó, ni han subido a corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman”.

El momento de llegar al reino de los cielos fue increíble y espectacular ver tantas cosas, tanta maravilla, de sentir la gloria de Dios; llegamos a un lugar muy especial donde había muchos niños, podría decir que el cielo estaba dividido en secciones, vimos que había como una especie de sala-cuna, vimos niños como de dos, tres y cuatro años, y podíamos darnos cuenta que en el reino de los cielos los niños van creciendo.

Hemos escuchado a mucha gente en la tierra que adora a María como la madre de Jesús, pero la Palabra de Dios dice: “Yo soy el camino, la verdad y la vida, nadie viene al Padre sino por mí” la única entrada para el Reino de los Cielos es mediante Jesús de Nazaret; también pudimos notar que no había sol, ni luna; la Palabra de Dios en Apocalipsis 22:5 nos dice: “No habrá allí más noche, y no tienen necesidad de luz de lámpara ni de luz de sol por que  el Señor la iluminará”.

La gloria de Dios es tan preciosa, si el infierno es difícil de describir, aún más las cosas celestiales, la perfección de nuestro creador. Cuando estábamos en aquél lugar lo único que hacíamos era correr, queríamos saber todo lo que había, nos acostarnos en un prado y sentir la gloria de Dios, aquél silbido apacible, aquél viento que acariciaba nuestro rostro, era algo increíble.

En medio del cielo, había una cruz inmensa de oro puro, y estoy convencido de que no era un símbolo de idolatría, sino el símbolo de la cruz del Calvario. La palabra de Dios en Apocalipsis 21:27 dice: “No entrará en el reino de los cielos ninguna cosa inmunda o que hace abominación ni mentira, sino solamente los que están inscritos en el libro de la vida”.

  1. Quinto testimonio.

“Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el Tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo” 2da de Corintios 5:10. Cuando estuve en el reino de los cielos pude divisar aquella Jerusalén sobre la cual nos habla la Palabra, en Juan 14:2 “En la casa de mi Padre muchas moradas hay, si así no fuera, yo no os lo hubiera dicho, voy pues a preparar lugar para vosotros”.

Estas moradas son para nosotros,  pude estar allí y entrar a esa ciudad, ver que cada moradas o casas tenían un nombre escrito de la persona a quien va a pertenecer dicha casa, la ciudad aún no está habitada pero ya está preparada para nosotros. Entramos a las casas y verlas por dentro,  recuerdo  que las columnas son contorneadas de diferentes tipos de piedras preciosas, tenían oro puro, el de esta ciudad como habla la palabra, era casi transparente, brillante.  Después de esto fuimos dirigidos hacia un lugar donde había muchísimos cofres, donde habían lágrimas cristalizadas y derramadas por los hijos de Dios en la tierra, pero no son de queja, sino son las derramas cuando estás ante su presencia, son de arrepentimiento o agradecimiento; También llegamos a un lugar donde había muchísimos ángeles, y aunque en todo el cielo había diferentes tipos, en este lugar había uno especial, pudimos ver que Jesús, tiene para cada uno un ángel específico y nos mostraba que este nos acompaña durante toda nuestra existencia. Entonces nos presentó a cada uno, nuestro ángel; el Salmo 91:11 dice: “Pues a sus ángeles mandará acerca de ti para que te guarden en todos tus caminos”.

Luego fuimos a otro lugar en donde había muchos casilleros, donde había flores diferentes a las que están en la tierra, algunas que estaban muy abiertas  que eran preciosas, muy hermosas, radiantes; otras estaban un poco decaídas y otras  parecían marchitas. Y le preguntamos a Jesús que significaban todas aquellas flores y entonces nos dijo: “Mira, es que para mí, tú eres como una flor para mí”.

Cuando salimos de aquél lugar, pudimos ver que había un castillo muy hermoso, lo veíamos muy lejos, y notamos algo particular, era que nadie se atrevía a acercarse hasta aquel castillo, y creemos que es del que nos habla la Palabra en Apocalipsis 22:1 que dice: “Después me mostro un río limpio de agua de vida resplandeciente como cristal, que salía del Trono de Dios y del Cordero”.

En el tiempo en el que tuvimos esta experiencia en el reino de los cielos, teníamos tanta alegría en nuestro corazón, sentíamos una paz como la que dice la Biblia que sobrepasa todo entendimiento, comprendimos como dice en Pedro 1:4, “que hay una herencia incorruptible reservada en los cielos para todos nosotros”.

  1. Sexto testimonio

Lucas 22:30 dice: “Para que comáis y bebáis a mi mesa en mi reino y os sentéis en tronos juzgando a las doce tribus de Israel”.

En aquél lugar maravilloso Dios nos permitió observar el salón de recepciones más hermoso que jamás hubiéramos imaginado que existiera en alguna parte del Universo.

Allí vimos un trono con dos sillas de oro puro y piedras preciosas que no existen en ninguna parte de nuestro planeta, al frente se extendía una mesa que no tenía fin la cual estaba vestida con un mantel blanco resplandeciente. En aquella mesa había toda clase de manjares delicados, uvas del tamaño de una naranja, y el Señor nos permitió comer y disfrutar de ellas e increíblemente conservamos su esencia, su sabor. También en aquella mesa, nos permitió ver el pan, el maná del que habla la palabra y pudimos también disfrutar de ello.

Muchas cosas maravillosas que no existen en nuestro planeta, nos esperan en el reino de los cielos como una herencia incorruptible, manjares delicados que no existen, allí estaban, y disfrutaremos de ellos cuando estemos en aquél lugar. Algo que nos sorprendió y pudimos entender fue lo que dice la palabra de Dios: “No os regocijéis de que los demonios se os sujetan, sino maravillaos, regocijaos de que vuestros nombres están escritos en el libro de la Vida, que están escritos en los cielos.

Dios también nos permitió ver en aquél lugar a hombres de la Biblia, personajes maravillosos que leemos en las escrituras y uno de aquellos personajes que nos asombró fue Abraham, era un anciano, pero no en su aspecto físico, sino en la sabiduría que poseía, su cabello era completamente blanco pero eran como filamentos de vidrio o de diamante, nos sorprendieron muchos sus palabras dijo algo que nunca olvidaremos, “que nosotros pronto estaríamos en ese lugar porque la venida de nuestro Señor Jesucristo se aproximaba a la tierra”.

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CAPITULO VI

EL CULTO MODERNO A LA SANTA MUERTE

 

  1. La Santa muerte.

 

La muerte.

Ni temor ni esperanza dan consuelo,

al animal que muere.

Un hombre aguarda su final,

con temor y esperanza.

Muchas veces murió,

muchas veces resucitó.

Un hombre en su esplendor,

al dar con asesinos,

Se toma con desdén el cambio del aliento

Sabe de muerte hasta los huesos,

puesto que él,……… creo la muerte.

 

Poema: William Betler Yeats.

El culto a la muerte existe en México desde hace más de tres mil años. Los antiguos pobladores de lo que hoy es la república mexicana concebían a la muerte como algo necesario y que le ocurre a todos los seres en la naturaleza. Tenían por seguro que los ciclos en la naturaleza como la noche y el día, la época de secas y lluvias eran el equivalente a la vida y la muerte.

Comenzaron a representar la vida y la muerte en figuras humanas descarnadas por la mitad. Estas imágenes simbolizaron la dualidad entre lo vivo y lo muerto, lo que llevamos dentro y fuera, la luna y el sol. Podemos decir que es entonces cuando comienza un culto a la muerte que se extiende por todos los rincones del México antiguo y son devotos muchísimas culturas como los mayas, zapotecos, mixtecos, totonacas y otras más.

Para sus devotos, cada vez que la muerte real se apodera de las calles, las casas y otros lugares donde se respira el peligro de morir, la catrina o la señora, como le llaman afectuosamente, es capaz, según la infinidad  de fieles que tiene, de aparecerse y manifestarse corporalmente o imprimir sus imágenes en diversos lugares, en libros y revistas en los que se promueve su culto, donde se narran las intervenciones milagrosas que han vivido, en las que la santa muerte los ha librado de múltiples peligros y les ha ayudado a resolver problemas complicados, de distinta naturaleza, como de salud, dinero, poder, riqueza o para librarse de maldades, entre otras.

¿Qué decir al respecto? Es un culto más que en este caso se manifiesta dando características humanas y divinas a un fenómeno tan natural como la muerte, que no es ni una persona ni siquiera una cosa o fuerza. Podríamos definirla simplemente como el término de la vida.

 

  1. Antecedente prehispánico y cristiano.

El origen muestra detalles de un sincretismo entre distintos elementos del culto prehispánico dedicado a los muertos, ya que los dioses aztecas y mayas están relacionados también con los cultos y edificios de la iglesia católica. Entre los principales elementos encontrados se pueden distinguir los siguientes:

Ah Puch. Dios maya, rey de Xibalbá, el inframundo. Descrito como un esqueleto o cadáver con un rostro de jaguar.

Mictlantecuhtli y Mictecacíhuatl. Dios y diosa de la muerte aztecas, reyes de la oscuridad en el Mictlán “la región de los muertos”.

Día de Muertos. Celebración mexicana de origen prehispánico que honra a los difuntos el 2 de noviembre, comienza el 1 de noviembre, y coincide con las celebraciones católicas de Día de los Fieles Difuntos y Todos los Santos.

La Virgen de Guadalupe. Advocación mariana de la religión católica apostólica romana, cuya imagen se venera en la Basílica de Guadalupe.

La Unción de los enfermos en la que se pide a Dios una “santa muerte”, es decir, “morir en amistad con Dios”, aplicado en caso de que el enfermo se encuentre en estado terminal.

Apocalipsis. La muerte como uno de los Jinetes del Apocalipsis en la primera parte del capítulo 6º del Apocalipsis, y la Muerte y el Hades en la última mitad del vigésimo del mismo.

La Muerte. En la cultura helénica y occidental, desde tiempos remotos existe en la mitología la figura de la Muerte. La imagen    personificada que se ha hecho más popular, es la de un esqueleto con una guadaña y, en ocasiones, vestida con una túnica negra que lo cubre desde la cabeza hasta los tobillos.

La siguiente tabla muestra el supuesto nexo entre el Hades de la cultura helenística que aparece en el Apocalipsis y los dioses prehispánicos que resguardaban los inframundos.

 

 

Cultura Maya

 

Cultura Azteca

 

Cultura Helenística

 

Apocalipsis

Inframundo región de muertos Xibalbá. Mictlán. Inframundo griego. El Hades.
Dioses que resguardan los inframundos Ah Puch Mictlantecuhtli y Mictecacíhuatl. Hades La     Muerte

 

EL CULTO PREHISPÁNICO SOBRE LA MUERTE

Mictlantecuhtli, Dios azteca                                       Ah Puch Dios maya.

Según la investigadora Araujo Peña. S. (1998:01) dice respecto al concepto de culto, “que es un conjunto de actos que se atribuyen como veneración profunda y que van ligadas con la cultura”, por lo que depende de la cosmogonía y la mitología, dueños de ese misticismo que los hace tan particulares.

Como consecuencia de lo anterior, las raíces del culto a la muerte, nacen desde la época prehispánica, pues cada cultura de esos tiempos tenía un Dios representativo al cual adoraban o temían. Entre los Aztecas, en el centro ceremonial de Tenochtitlán, adoraban a Mictlantecuhtli y Mictecacihuatl como el dios y diosa de la muerte, que reinaban en el mundo  de la oscuridad llamado “Mictlán”, la región de los muertos, pero también eran invocados por aquellos que deseaban el poder la muerte A este lugar iban los hombres y mujeres que morían por causas naturales. Pero el camino no era fácil,  antes de presentarse ante el Señor y Señora de la muerte, había que pasar numerosos obstáculos; piedras que chocan entre sí, desiertos y colinas, un cocodrilo llamado Xochitonal, viento con filosas partes de obsidiana, y un caudaloso río que el muerto atravesaba con la ayuda de un perro que era sacrificado el día de su funeral por la creencia de que podía servirle de alimento.

La costumbre entre los pobladores era que había que entregarle u ofrecerle presentes a los dueños del inframundo, a fin de que tal vez, no fueran llevados antes de tiempo o cuando iban a la guerra. Este ritual de veneración en el que se amalgaman la dualidad vida-muerte, es muy importante, ya que aun con el paso de los siglos, estas ofrendas seguirían presentes en los altares de la Santa Muerte, sin importar cultura, posición social o  tipo de ideología religiosa.

Algunos pueblos de Meso América tenían la costumbre de adorar esculturas  hechas con objetos sagrados que disponían en  altares familiares, en los que se guardaban los restos óseos de antepasados, los consagraban igual que a las representaciones de sus deidades y les prodigaban cultos familiares, cita el etnólogo Jesús Chamorro Cortés en el libro “Los orígenes del culto en México” (1998).

      Desde sus inicios, la cultura mexicana ha mantenido una relación cercana y hasta reverente hacia la muerte, relación que con el tiempo se convirtió en un culto que llegó a extenderse por muchos rincones y civilizaciones del México antiguo, entre ellos la de los mexicas.

El culto a la muerte existe en México desde hace más de tres mil años. Los antiguos pobladores de lo que hoy es la república mexicana concebían a la muerte como algo necesario y que le ocurre a todos los seres en la naturaleza. Tenían por seguro que los ciclos en la naturaleza como la noche y el día, la época de secas y lluvias eran el equivalente a la vida y la muerte.

Comenzaron a representar a la vida y la muerte en figuras humanas descarnadas por la mitad. Estas imágenes simbolizaron la dualidad entre lo vivo y lo muerto, lo que llevamos dentro y fuera, la luna y el sol. Podemos decir que es entonces cuando comienza un culto a la muerte que se extiende por todos los rincones del México antiguo y son devotos muchísimas culturas.

Según Malvido E. en Crónicas de la Buena Muerte a la Santa Muerte en México, sustenta: “que en algunos lugares de la Nueva España, nuestra esquelética muerte ya había sido bautizada durante los siglos XVII y XVIII, por algunos grupos como San Pascual Rey, Justo Juez o Presagiadora; actualmente se le llama San la Muerte, la Santa Muerte, la Santísima, San Bernardo, San Pascualito Bailón, la Blanca, Niña o hermana Blanca”. Desde estos siglos, el culto a la muerte  se ha  perseguido permanentemente por los representantes de la iglesia cristiana o sea el poder de la derecha mexicana, haciendo prevalecer el triunfo de la Santa Cruz sobre ella y sus seguidores.

En este sentido, la colonización española logró disminuir el culto a la muerte, pero no erradicarlo de las tradiciones y costumbres, de manera que permaneció oculto hasta el siglo XIX, cuando ocurrió un resurgimiento de los aborígenes respecto a su devoción. Al principio del siglo pasado diferentes personas, entre ellas católicas, mandaron a quemar toda imagen de la Santa Muerte en América, principalmente Centro y Sudamérica, para acabar con dicho culto. Una de las imágenes que sobrevivió a dicha destrucción es la que se encuentra en Chiapas, le rinden culto a un esqueleto de madera el cual tiene su templo, según el relato de los creyentes es una réplica del esqueleto de San Pascualito, quien va por las personas antes de morir, según la tradición oral.

El culto contemporáneo a la Santa Muerte apareció en Hidalgo, en 1965, aunque algunos dicen que fue en Catemaco, Veracruz, Actualmente está arraigado en el estado de México, Guerrero, Veracruz, Tamaulipas, Campeche, Morelos y el Distrito Federal. Últimamente en Nuevo León, Chihuahua y Tamaulipas. La Santa en México ha tomado vuelo y se encumbra a las alturas de la Virgen sagrada de Guadalupe.

  1. Origen del culto moderno a la Santa Muerte.

Las leyendas, cuentos, tradiciones o costumbres, se originan por causas, hechos insólitos o por la tergiversación de lo ocurrido, que al generalizarse entre la gente común del pueblo, da lugar a interpretaciones equivocadas, que el populacho se encarga de transmitir mediante la oralidad del mensaje, donde cada emisor le anexa un sello particular, como lo es el caso  de la temática sobre la muerte, como lo sucedido en el año de 1960, cuando en Catemaco, Veracruz, México, un local vio la figura de la Santa Muerte dibujada en las tablas de su choza. Presto, fue a pedirle al cura local que lo acompañara, verificara la imagen y luego la canonizara, aduciendo que era un milagro, pero éste, se negó rotundamente tachándola como rito de satanismo, de ahí que este culto se difundiese de persona a persona, sin tener una organización fija, por el temor a ser visto como satánico. Por lo menos, hasta el día de hoy.

Nace la Muerte y se mece en su cuna cuando los pecadores Adán y  Eva le dan origen.

Según la Biblia, la muerte nació cuando Dios castigó a los primeros hombres: Adán y Eva, y los expulsó del paraíso en donde hubieran sido inmortales. Por lo tanto, para recrear dicho dogma junto al más importante de los misterios de la religión católica, la “Pasión de Cristo” por la redención de los pecadores y su resurrección al tercer día, según Malvido (2005:22) “los teólogos utilizaron el cráneo cruzado ´por dos fémures para simbolizar al padre Adán y con él la mortalidad de todos los hombres y el “moment mori” o momento de la muerte; la calavera comenzó a ser entonces el ícono en todas las cruces simbolizando el triunfo de la Santa Cruz sobre la muerte”.

El cráneo cruzado por dos fémures significó peligro de muerte

y amenazaba a todos los que se acercaran a los que lo portaron.

Desde ese entonces, nació el culto a la Santa Muerte, siendo  adorada o venerada sobre todo, por personas que cotidianamente ponen en riesgo sus vidas; sin embargo, los habitantes urbanos como los del Estado de Hidalgo, donde hoy en día, invocan a esta figura para la protección y la recuperación de la salud, de artículos robados, incluso para rescatar a miembros secuestrados de la familia. La similitud con el  culto que se celebran en los países sudamericanos, se orienta con la misma intención, por ejemplo, se pide a San Muerte en la Argentina, por un deceso no violento ni doloroso.

La Muerte puede ser representada como una figura masculina o femenina; de forma masculina lo visten de manera tenebrosa, con guadaña y un rosario. En otras ocasiones, la Santa Muerte es femenina, vestida con una túnica larga blanca de satín y una corona de oro. Con la misma intención, también se visten los niños como muertos simulando el esqueleto que representa el final de la vida, en estos días dedicados a los ya fallecidos.

  1. Ideales de los creyentes.

Son muchas las representaciones que existen de la muerte, así como nombres que tenido a lo largo de la historia, ya que muchas culturas la han adorado; en la actualidad es la imagen esquelética vestida con una túnica la imagen que la representa, se puede encontrar de diferentes colores en el que cada uno simboliza algo en particular.

Dependiendo de la petición del fiel, es el color de la muerte que se debe de escoger para colocar en el altar: Blanca, salud; negra, fuerza y poder; morada, para abrir caminos; café, para embocar espíritus del más allá; verde, para mantener unidos a los seres queridos; roja, para el amor y la amarilla, para la buena suerte.

Se dice que su día oficial es el 15 de agosto, declarado como “Día de la Santa Muerte” por sus fieles.

Aunque la Iglesia Católica condena esta veneración, denominándola como “pecaminosa”, algunos asocian esta práctica con la Iglesia. Mientras tanto a la mayoría de sus seguidores parece no importarle la contradicción entre su religión y el culto pagano a “La Santa”.

Por ello, se organizan rituales similares a los cristianos, incluyendo procesiones y oraciones con el fin de ganar su favor.                 Muchos de los creyentes llegan a erigir su propio altar en el hogar, oficina o negocio, para sentirse protegidos por ella. El altar suele consistir de una estatuilla cuyas medidas va de 15 centímetros a tamaño humano, rodeada de distintas ofrendas, entre las cuales se encuentran arreglos florales, frutas, inciensos, vinos, monedas, dulces y golosinas, además de velas, cuyo color varía de acuerdo a la petición.

La gente acude a ella para pedirle milagros o favores relacionados con el amor, la salud o el trabajo. Por otro lado, también se le pide por fines malévolos, tales como la venganza y la muerte de otros. Sus simpatizantes suelen identificarse al portar algún dije o escapulario de su imagen, mientras que otros optan por llevar su figura de manera indeleble, al tatuársela en la piel. Como elementos indispensables se exigen los puros, los cuales deben estar constantemente encendidos, y el imprescindible pedazo de pan. El escritor y poeta mexicano Homero Aridjis, autor del libro “La Santa Muerte”, ha seguido y ha documentado este fenómeno desde muy cerca.

Inicialmente su devoción era exclusiva de criminales, incluyendo contrabandistas, pandilleros, ladrones y prostitutas, quienes suelen hacerle peticiones, tales como el librarles de las balas de la policía o de cualquier otro mal, como por ejemplo, la cárcel.

Contradictoriamente, es fácil encontrar devotos del otro lado de la ley, entre ellos militares y policías, quienes piden una bendición para su pistola y sus balas. Incluso, la devoción a “La Flaca” se ha convertido en algo popular dentro de la elite política y empresarial. Aquellos que acuden a su altar la veneran como si fuese una santa, persignándose y rezándole para que se cumplan sus peticiones.

El apego a esta creencia o superstición tiene fundamento en causas sobrenaturales o desconocidas, tan difíciles de explicar. El culto se ha extendido a todo el territorio estadounidense por la inmigración de miles de sus discípulos, quienes afirman haber entregado su travesía a su “Santa”, llevando entre sus ropas imágenes de ella para mantener su continua protección. Debido a la creencia de que prefiere no ser llamada por su nombre, se dice que la muerte agradece si es nombrada con cariño con el uso de alguno de sus apodos favoritos, tales como “La Comadre”, “La Catrina”, “La Bonita”, “La Flaca”, “la Señora” o “La Niña”.

La Santa Muerte es venerada y aún cuando ha sido criticada y rechazada por la Iglesia Católica, su imagen la cual se representa con la escultura de un cuerpo esquelético envuelto en una túnica; recibe ofrendas como puros, alhajas y hasta vestidos de novia de quienes la invocan para conseguir marido. El misticismo es una doctrina filosófica y religiosa que admite la realidad de una comunicación directa y personal con Dios por intuición o éxtasis. Hoy la veneración a esta deidad se extiende por varias regiones del territorio mexicano, siendo narcotraficantes y otros delincuentes sus más fervientes creyentes.

Los fieles creyentes de la Santa Muerte están en descontento, pues el gobierno mexicano canceló el registro al grupo religioso bajo el argumento de que violó sus propios estatutos.”Al haber registrado un objeto de culto y dedicarse a otro, se afecta gravemente el objeto de la asociación religiosa y se les retira el registro en garantía de las personas que profesan esta confesión”, argumentó Armando Salinas Torre, subsecretario de Población, Migración y Asuntos Religiosos de la Secretaría de Gobernación. (Barranco, Bernardo, 2005).

A pesar de que la Iglesia de Roma siempre ha repudiado esta práctica, que antecede al conquistador español Hernán Cortés, actualmente está integrada por 15 parroquias en Los Ángeles, California, y una en México.

El culto pagano a la Santa Muerte, que recientemente ha cobrado popularidad, cuenta con dos millones de creyentes en México y es venerada en el barrio de Tepito, en el centro de la capital mexicana.

Entre los centros de adoración recientes se encuentran la del Altar callejero, de la colonia  Tepito, la de la parroquia de La Misericordia, a cargo de los misioneros del Sagrado Corazón y San Felipe de Jesús, en la colonia Morelos de la ciudad de México, mejor conocida como santuario de la Santa Muerte, la del convento de Yanhuitlán, en Oaxaca, así como la que resguardan los indios “Zoque”, en Tuxtla Gutiérres, Chiapas y la que se localiza en el templo católico de San Agustín, en Tepatepec, Hidalgo.

El esqueleto de Yanhuitlán fue uno de los “pasos” que desfilaron durante la Semana Santa en este poblado, aunque la Iglesia católica, desde el siglo XVIII, lo tiene prohibido. También está el caso de “La Canica” de Sevilla, que sigue con sus andanzas anuales sin ninguna represión. Carro de la Muerte. Madera tallada y pintada, siglo XVIII. Exconvento de Yanhuitlán, Oaxaca.

La muerte es algo innegable en la vida, una ley natural que determina el final del ciclo de la vida, por tanto, tiene que aceptarse llegado el momento, como algo natural. Se le conceptualiza por los feligreses, como un ser sufrido que se encarga de un trabajo penoso, al cual se le dio un gran poder pero con una carga aún más grande.  Se considera que recibe su poder de Dios, a quien obedece, al ser la muerte un elemento indispensable para la vida.

Bajo esta perspectiva, se ve a la Santa Muerte como un ángel, más que cualquier cosa demoníaca o tenebrosa.

“La muerte es justa y pareja para todos pues todos vamos a morir”. Este es el ideal principal de la personalidad que se entiende de la Santísima (como también se le conoce) por lo que, cuando se pide algo, se sobreentiende que no es recomendable pedir nada negativo para una persona.

Al pedir algo a la Santísima se puede o no ofrecer alguna ofrenda a cambio, mismas que pueden variar en todo sentido, pueden ser desde algo material como veladoras o mejoras al altar o cosas simbólicas como el cantarle, “echarse un tequila juntos”, sacarla a pasear o vestirla de fiesta, también son válidas cosas como hacer las paces con algún familiar, cambiar algún habito o cualquier cosa que dicte el corazón e imaginación del orante.

La Santísima espera que se le cumpla lo que se le dice, por lo que es más recomendable no ofrecer nada a cambio del favor, que ofrecer lo que no se tiene por la inseguridad de cumplir o que podría ser olvidado, lo que tendría consecuencias en los creyentes.

Cuando una persona se informa sobre el culto, la primera recomendación que recibe es que debe retractarse antes de iniciar, si es que tiene algún temor al respecto y que nunca deberá faltarle el respeto a la Santísima. El trato que debe de recibir debe ser el mismo que se le da a una persona real, por lo que es muy común poner dulces en los altares, se platica con la imagen en voz alta, o se tome junto a los altares. Se trata de hacer con la Santísima lo mismo que con los amigos más respetados que tenemos.

Un venerador debe tener como ideales, el evitar toda actitud que límite la vida humana, como los miedos, las tristezas, el odio, envidias, etc., psicológicamente, desde que se empiezan a analizar los miedos e irlos perdiendo, ya sea confrontándolos o aceptándolos, como lo es el hecho de que vamos a morir, la persona tiende a reflexionar más sobre lo que en verdad quiere de la vida y las cosas que lo hacen feliz.

  1. Símbolos y significados de la imagen

El atuendo que viste la Santa Muerte, tiene según los creyentes un significado especial. En primer lugar está la túnica que la cubre de la cabeza a los pies; su simbolismo es sencillo pero profundo. Es la forma en que ocultamos nuestra verdadera apariencia tras otra, así como la tela cubre al esqueleto que representa a la Señora, así nosotros ocultamos con nuestra carne el interior, aquello que nos delata como humanos y que tratamos por todos los medios de disfrazar.

Con ropaje elegantemente decorada y del tamaño de una persona, la imagen de la Santa Niña Blanca, muestra su guadaña mientras sostiene al mundo sobre la palma de la mano izquierda, en una vitrina colocada en la entrada de la Parroquia de la Misericordia, ubicada en la Colonia Morelos.

Pensemos que una cara bella lo es por la piel y el color de la misma. Pero si escarbamos hallaremos la calavera que en poco se distingue de la que trae nuestro vecino, nuestro compañero del trabajo, nuestro mejor amigo o nuestro más odiado enemigo. De allí que la túnica de la Santísima sea la cubierta, la envoltura o el disfraz con que la Santísima oculta el destino que todos llevamos en nuestro cuerpo, el cual cumplimos al momento de fallecer. En la mayoría de las representaciones la túnica de la Señora es blanca.

La Guadaña, es como el instrumento de labranza, representa la justicia implacable en cuanto a lo que merecemos, no de ella si no del ser supremo que gobierna y rige la vida cristiana de todos, físicamente es la naturaleza misma que nos impone morir un día para cumplir con el ciclo iniciado al nacer. Todo cae finalmente bajo la guadaña de su muerte. y su vez esa hoz larga y siniestra, nos indica que en el camino de la muerte no hay distinciones. Es signo de equidad y armonía.

El Mundo, su significado es claro y preciso, pues “La Señora” o “La Flaquita” no tiene fronteras, está en todo lugar y no distingue colores, credos y razas entre los diferentes hombres que habitan la tierra, pues toda esta es suya.

La Balanza, este instrumento representa una clara alusión a la equidad, la Justicia y la imparcialidad. También significa la voluntad divina, quien sopesa nuestros actos al final. Normalmente la balanza se usa para realizar un trabajo o para indagar la verdad sobre un suceso desde la perspectiva mística filosófica.

El reloj de arena, representa la medida o el tiempo de nuestra vida sobre la tierra; es un reloj porque marca el final de un período de vida terrenal, pues solo basta con girarlo para volver a comenzar, desde la perspectiva religiosa espiritual cristiana. Esto es importante ya que nuestra vida, como la de todos, es cíclica, la muerte es solo un cambio, algo semejante a voltear el reloj y comenzar de nuevo, pues siempre llega puntual a la cita, pues es del dominio popular que el fin de nuestra existencia siempre llega de manera puntual sin importar sexo, edad o condición social así como la esperanza de renacer en la otra vida según los preceptos religiosos del cristianismo.

El culto a la Santa Muerte ya es un fenómeno social que espera ser estudiado a profundidad. La creciente devoción se ha nutrido de un vastísimo sincretismo religioso mexicano que entreteje las raíces prehispánicas con el catolicismo barroco español y trazos de santería con marcada tendencia hacia el ocultismo.

La identidad de la Santa Muerte es heterogénea y ambigua porque esta deidad refleja y es expresión de sectores excluidos por la sociedad como es el mundo de la economía informal. Particularmente en los últimos 15 años se ha generado una multiplicación de centros de veneración, casas y templos improvisados y, sobre todo, alto consumo de artículos relacionados con imágenes, fetiches y representaciones que se venden en mercados populares, como el de Sonora en la ciudad de México, y en tianguis. Ahí se pueden comprar yerbas, veladoras y artículos religiosos para combatir el “mal de ojo” y brujerías inimaginables.

  1. Legislación sobre el culto.

En el ocaso del siglo XX, específicamente durante el período Salinista, se emprendió reformas a la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público con la finalidad de mejorar las relaciones entre el Estado y los distintos tipos de religiones, otorgando mayores libertades por medio de modificaciones que les permitiría gozar de personalidad jurídica.

La mayor libertad de ejercer un culto desde el año de 1997 y la crisis económica de México de 1994, desencadenaron el deterioro de las condiciones sociales provocando la pérdida del poder adquisitivo de la clase obrera,  marginación extrema de las comunidades de grupos indígenas, un significativo aumento de la pobreza y sobre todo, de la delincuencia, mismos que dieron como consecuencia, un notorio aumento de la feligresía de los distintos cultos de adoración existentes, aunados al fervor hacia otros que respondieran a las expectativas de la clase necesitada para solucionar sus problemas, se considera que estos fueron los elementos que  permitieron a la Iglesia Católica Tradicional mediante el culto a la Santa Muerte, emprender su crecimiento  de manera independiente, extendiendo así, sus congregaciones en muchos Estados de nuestro país.

Durante el año 2000, la Santa Iglesia Católica, Apostólica Tradicional MEX-USA(ISCAT MEX-USA), solicita formalmente su registro a la SEGOB, omitiendo en tal solicitud el culto a la imagen de la “Santa Muerte”. El registro es otorgado el 4 de abril de 2003, empezando a mostrar un crecimiento considerable en los medios de comunicación a lo largo de todo el territorio nacional, valiéndose de la imagen de la Santa Muerte, misma que declararon como figura de veneración en una fecha posterior a la obtención del registro,  un 15 de agosto de 2003.

Tal adopción ideológica por parte de la ISCAT MEX-USA, según algunas hipótesis,  puede deberse a que la separación de la imagen de la advocación mariana (Virgen de Guadalupe) de la psique del mexicano es tan difícil de lograr por parte de las religiones que niegan la Inmaculada Concepción o la Asunción Mariana, que para poder competir con la Iglesia Católica en México, tuvieron que encontrar en la Santa Muerte una especie de sustituto femenino para penetrar en la población. De hecho, es tal la confusión que muchos creyentes también le llaman de forma cariñosa: “virgencita”.

El 29 de abril de 2005,  la Dirección General de Asociaciones Religiosas de la SEGOB emitió en su boletín número 87 que el culto practicado por la Iglesia Católica Tradicional infringió los estatutos dispuestos en el Artículo 29, fracción VIII, de la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público de México, haciéndose acreedores del retiro del registro por parte de tal dependencia.[4] Oficialmente tal disposición fue el resultado de una denuncia expuesta por Noé Guillén Ibáñez, anterior ministro del mismo culto, quien había sido expulsado por sus propios compañeros debido a confrontaciones de índole personal con otro ministro de la misma congregación.

En este sentido, el retiro de tal registro tendría las siguientes consecuencias para el culto:

Pérdida de la personalidad jurídica que a su vez conlleva a:

El derecho de poder integrar patrimonio propio.

El derecho denegado para celebrar actos jurídicos.

El derecho de que entren al país ministros de culto de nacionalidad extranjera a ejercer.

El derecho de transmitir y/o difundir actos de culto religioso a través de los medios de comunicación

Pese a lo anterior, según datos registrados y los estudios realizados por investigadores sobre el culto moderno a la muerte, éste va en aumento entre la población mexicana de todos los estratos sociales, pues las iglesias y centros de adoración se han multiplicado significativamente aun con su prohibición.

Según la revista semanal del diario Milenio, en el año 2006, los líderes del culto volvieron a solicitar su registro a la SEGOB, la cual ésta dio a conocer a través del oficio AR-02-P/1442/2007, que de acuerdo con la ley, a partir del 23 de julio, se contabilizarán cinco años para volver a considerar la probabilidad de otorgar el registro nuevamente. No obstante, las iglesias de esta denominación pueden realizar cultos.

De acuerdo con el diario La Jornada, del 22 de noviembre de 2007, p. 46, “la Secretaría de Gobernación otorgó ‘toma de nota’, como agrupación religiosa, a la Iglesia Santa Católica Apostólica Tradicional MEX-USA, identificada popularmente como la “Santa Muerte”, según declaraciones de David Romo Guillén, considerado “arzobispo primado de esa agrupación”.

Por otra parte, el diario El Universal, en su sitio de internet del 22 de noviembre de 2007. La Secretaría de Gobernación (SEGOB) afirmó  que la iglesia de la Santa Muerte carece de personalidad jurídica, por lo que advirtió que de ostentarse como asociación religiosa podrían hacerse acreedores a sanciones; precisa que: “no cuenta con personalidad jurídica alguna y de hecho la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público, prevé sanciones a quien se ostente como asociación religiosa, sin contar con el registro constitutivo correspondiente”.

Tales declaraciones emitidas por los dos diarios se pueden ver en el boletín número 314 de la subsecretaría de población, migración y asuntos religiosos de la Secretaría de Gobernación.

Al operar iglesias de esta denominación sin tener registro, David Romo G., líder del culto, anunció que la Santa Muerte tendrá su catedral en el Distrito Federal para el año 2010, teniendo una extensión de mil 200 metros cuadrados, dos niveles, capacidad para 500 personas sentadas y lugar para criptas con un costo total de 38 millones de pesos, lo cual demuestra el poder que actualmente tiene entre la feligresía, que cada día crece.

El líder de tal agrupación dice no poder aclarar la localización específica de tal templo, por temor a sabotajes por parte de la iglesia católica y al temor de la destrucción de altares, animando a sus feligreses a defender el culto, motivo por el cual, los medios de comunicación han nombrado a este llamado como “La Guerra de la Santa Muerte”.

Tanto lideres como seguidores del credo, mencionan que el Arzobispo Primado de la ISCAT MEX-USA, cuenta con la Sucesión Apostólica de la Iglesia Brasileña, mismo título que le confirió la facultad para canonizar a la Muerte y convertirla en Santa.

  1. La feligresía del culto.

En la región norte del país el culto a la “Santa Muerte” está acompañado con la veneración a Jesús Malverde, el “Santo de los Narcos”, cuyas imágenes aparecen continuamente en los domicilios que catean las autoridades cuando se detiene a grupos por tráfico de drogas. En los mercados populares de México, se pueden comprar yerbas, veladoras y artículos religiosos para combatir el “mal del ojo” y todo tipos de “brujerías”, la Santísima Muerte aparece junto con las imágenes de los Santos y Vírgenes tradicionales del catolicismo, que también se veneran con fervor como algo natural.

También se pueden encontrar en estos lugares al igual que las tiendas y librerías católicas, todo tipo de oraciones y rezos para pedirle favores, fundiéndose en un sincretismo religioso con el catolicismo. Todo lo anterior, ha  provocado que la Iglesia católica de México saliera a condenar el culto a la Santísima Muerte como una secta pagana e idólatra.

En su publicación oficial “Desde la Fe”, la iglesia católica rechazó que forme parte de los santos de esa religión y advirtió a sus feligreses con excomulgarlos si participaban en su culto.

“Los narcotraficantes siempre han sido muy religiosos, no son individuos ateos, pero también son en grado sumo, temerosos. Por consiguiente, son muy fanáticos a lo “supersticioso”, aseguró José María Infante, doctor en psicología y director de Investigación en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Nuevo León.

Este psicólogo, agregó que: “los narcos” siempre han tenido cultos muy particulares y encontraron en la Santa Muerte una imagen que los represente, pues a diario se juegan la vida.

“Es una figura que está muy acorde a sus actividades donde la vida y la muerte están estrechamente unidas”. Comentó también que los narcotraficantes son conscientes que en esa actividad en cualquier momento pueden morir, para ellos la vida y la muerte es una experiencia cotidiana, porque saben que a veces tienen que matar o ser asesinados.

Actualmente la figura de la Santísima Muerte aparece en locales del comercio popular junto con las imágenes de los santos tradicionales, se manifiesta así como una advocación contendiente y alternativa al catolicismo popular a través de un sincretismo religioso donde se funden elementos antiguos de cultos mesoamericanos a la muerte con chamanismos o hechiceros, oraciones y rezos para pedir favores.

La revocación del registro como asociación religiosa a la Iglesia Católica Tradicional México-Estados Unidos, dio como consecuencia que los Misioneros del Sagrado Corazón y San Felipe de Jesús, volviera a colocar como tema prioritario, el debate sobre la veneración a la Santa Muerte. Según la Subsecretaría de Asuntos Religiosos de la Secretaría de Gobernación, dicha asociación cambió su objeto religioso de catolicismo tradicional con culto tridentino por la advocación a la Santa Muerte, violando el artículo 29 de la ley de asociaciones religiosas.

“La base social del culto está integrada por personas de escasos recursos, excluidas de los mercados formales de la economía, de la seguridad social, del sistema jurídico y del acceso a la educación, además de un amplio sector social urbano y semirural empobrecido. Por lo general, la mayoría de los creyentes se dicen católicos y no tienen edad ni sexo específicos, ya que la imagen es portada por adultos o menores”, según Malvido, (2005).

Hay que destacar que parte importante del mercado religioso de la Santa Muerte está constituida por los ambulantes, sobre todo del Centro Histórico de la ciudad de México, así como por los circuitos del narcomenudeo, redes de prostitución, maleantes y carteristas.

Homero Aridjis, destaca a propósito de su novela “La Santa Muerte”, que en ella se evidencian los dos grupos de mexicanos que concurren ante este fenómeno: “El de la gente que pide favores o milagros para tener trabajo, salud o comida, y el de los hombres del poder económico, político o criminal, quienes curiosamente le solicitan venganzas o muertes”.

Existe, pues, una plurifuncionalidad religiosa. Los actores que viven al margen de la ley se han posesionado de la dimensión simbólica de la deidad: no se trata solamente de la devoción popular de sectores socialmente marginados de la sociedad, sino de actores emergentes de la exclusión social. Muchos investigadores tienen la percepción de que la devoción por la Santa Muerte sustenta religiosamente a aquellos sectores delictuosos dominantes que actúan al margen de la ley, creando códigos propios de organización y de poder simbólico que los legitima en ciertos sectores de la sociedad.

Narcotraficantes, ambulantes, taxistas, vendedores de productos piratas, niños de la calle, prostitutas, carteristas y bandas delictivas tienen una característica común: no son muy religiosos, pero tampoco ateos; sin embargo, abonan la superstición y la chamanería. Crean y recrean sus propias particularidades religiosas con códigos y símbolos que nutren su existencia, identidad y prácticas. Así como los narcos han tenido cultos particulares, como Valverde, muchos otros grupos delictivos, como la Mara Salvatrucha, se han refugiado en la Santa Muerte, imagen que los representa y protege porque es una deidad funcional, acorde con sus actividades, ya que violencia, vida y muerte están estrechamente unidas.

El factor religioso es, entre otras, expresión de la vida cotidiana. Las creencias reflejan de manera nítida las diferentes expresiones culturales, políticas y la organización social vivida o deseada. El culto creciente por la Santa Muerte manifiesta el tipo de país bipolar que hemos venido construyendo; la Santa Muerte revela, asimismo, prácticas sociales subterráneas que existen muy a pesar de lo que Pablo González Casanova denominó en los años 60 “las buenas costumbres”, es decir, la moral católica occidental predominante.

El crecimiento del culto

Se atribuye el crecimiento del culto a que “la gente no está preparada para morir y está buscando aliados para que los cuide en ese último trance”. Las personas de la delincuencia organizada no se acercan a la Iglesia ni a otras instituciones que tengan que ver con un carácter político legalizado, aunque cabe mencionar que este culto se ha tratado de legalizar mediante la obtención licencias en Gobernación y Hacienda.

La iglesia Católica ha tenido una importante caída en las preferencias de los acapulqueños: Mientras en la década de los años 90 al menos el 90 por ciento de la población profesaba dicha religión, en el 2000 solamente 74.67 por ciento se decía ser católico, según datos del INEGI, en tanto que el número de sectas y cultos no católicos han ido en aumento.

En ese contexto, en los últimos años el culto a la Santa Muerte ha ido en ascenso, el número de seguidores de esta creencia ha aumentado considerablemente.

La Santa Muerte tiene muchos fieles entre los presos. En el Reclusorio Norte, el de mayor población del Distrito Federal, los reclusos jóvenes la han elegido como “madrina” protectora por encontrarse en un lugar “lleno de pecados”, desesperanza y riesgos.

Los muros del Reclusorio Norte niegan la libertad de 8 mil 300 hombres, en su mayoría menores de 30 años. Ellos no pueden salir. Con restricciones, sí se puede entrar, y sin pasar aduana alguna, lo hizo la Santa Muerte. El señor Fernando de Nova Luján que es celador del Reclusorio Norte desde hace 22 años constató cómo desde hace 15 años, tímidamente, se pintaba la imagen de la muerte en la pared de alguna celda. Pero desde hace tres años se dio “un auge terrible con los altares; la mayoría ya la tiene tatuada y es una devoción igual o más grande que la Guadalupana”, platica alarmado.

El celador, considera que este auge va ligado al incremento de la violencia, sobre todo entre los jóvenes: “Cada vez es más peor, y lo que pasa afuera pasa adentro. Por eso aquí la utilizan para protección”.

La directora del reclusorio, Marcela Briseño López, tiene 20 años de experiencia en trabajo carcelario. Ella ha respetado las diversas creencias religiosas de los internos y considera que los reclusos recurren a dos figuras femeninas, la Virgen de Guadalupe y la Santa Muerte, “porque es una forma de hacerse compañía de la figura materna: aquí se sienten desvalidos”.

El culto a la Santa Muerte o Santísima Muerte, es una forma de adoración, que recibe peticiones de amor, afectos, suerte, dinero y protección, así como también peticiones malintencionadas y de daño a terceros por parte de sus fieles. Sin embargo, diversas iglesias como la católica, Bautista, presbiteriana o metodista, entre otras, rechazan y condenan su veneración, considerándola demoníaca.

En ocasiones, su culto es vinculado a distintos tipos de delincuencia como el narcotráfico, asaltantes y personas de distintos estratos sociales que se dedican al comercio informal, ambulantaje o piratería. El principal líder del Santuario Nacional del Ángel de la Santa Muerte, David Romo Guillén, se encuentra actualmente preso y sujeto a proceso penal por el delito de secuestro. Es un error pensar que el culto a la Santa Muerte es sólo practicado por personas o grupos que están fuera de la ley.

Sin embargo, es el culto predominante en las cárceles mexicanas así como entre los delincuentes más nocivos, como los sicarios y secuestradores.

La historia del culto tiene un largo proceso de evolución que se puede dividir en dos etapas. Una larga etapa de gestación donde se fueron conjugando los distintos elementos que va desde la época prehispánica, pasando por el catolicismo de la época colonial, llegando hasta la mitad del siglo XX.

El esqueleto con algún instrumento de cosecha o destrucción-arco y flecha, guadaña, hoz, mosquete o cápsula del tiempo-significa que a todos no llegará la hora y ella recogerá los bienes, sin dejar de incitar a los vivos a orar por los muertos. Giuseppe Carnelli, pannelli macabri. 1909, Bergamo, Italia.

  1. Formas de culto en el mundo

Las estatuas tenebrosas se hacen en colores rojo, blanco, y negro (para el amor, la suerte, la protección, respectivamente). Las ofrendas a la Santa Muerte incluyen flores, tequila, comida e incluso tabaco, entre otras ofrendas. Las capillas públicas a la Santa Muerte se adornan con rosas y botellas de tequila, y se encienden velas en su honor.

En México, los principales elementos característicos de la estatuilla de la “Santa Muerte”, son una balanza que representa la justicia, una guadaña con la que cosecha las almas y un pequeño mundo que carga en una de sus manos representando su impacto en el mismo, y un reloj de arena que señala el paso del tiempo. La figura es humanoide andrógina, aunque tiende a tener más semejanza con la figura femenina, esto debido a la idea de que si nacimos de una mujer, morimos por una. Es un esqueleto cubierto con una túnica que cubre todo menos la cara y las manos. Las personas que practican el culto se refieren a la imagen de varias formas que tienden a ser apodos cariñosos, tales como: Flaquita, Niña Blanca, Santita, Chiquita, aunque algunos le llaman también “Parca”, entre tantos. Esto es, según la personalidad de cada orante.

Por otra parte, puede representar simplemente una reinterpretación religiosa de la gente tradicional de los católicos u ortodoxos, ya que todos practican el rezo para recibir una muerte bendecida en un estado de tolerancia. Sus rezos, oraciones y novenas contienen a la Santísima Trinidad, es decir, Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo, como parte de una buena muerte o morir con Dios, según los principios cristianos.

. Así mismo, también se dice que existe una visión de la Santa Muerte como figura principal o aliada de la magia negra,  la cual es utilizada para realizar exorcismos para alargar la existencia o quitarla. De ahí que el culto a la muerte, sea algo misterioso desde tiempos en el que la oscuridad de la noche era el aliado de los hechiceros que supuestamente se escondían  en grutas o cuevas para hacer pactos con “Yun Kimil”, el Dios de muerte y así tener poder sobre la vida utilizando rituales tan llenos de misterio y esoterismo utilizando el “Akab Tucul” o pensamientos ocultos y el “Suyú Tan” o lenguaje secreto, que hasta nuestros tiempos aún perduran desafiando el tiempo.

En la portentosa vida de la muerte, texto del siglo XVIII, se ve como se podía vencer a la muerte por medio del pacto entre un hombre y el diablo, para que este no lo deje morir.

Una plegaria breve, pero significativa en su esencia es la que se recita, especialmente antes de algún evento abrupto y peligroso, la cual dice:

“Santísima Muerte de mi adoración, no me desampares de tu protección”; esta oración puede tener la variante: “Santa muerte de mi corazón, no me desampares de tu protección.””Santísima Muerte de mi salvación, no me desampares de tu protección”.

Desde tiempos inmemoriales, la iglesia católica ha condenado su devoción por una cuestión teológica basada en una cita de la Biblia en Apocalipsis donde se menciona que la “Muerte” será lanzada a un pozo de lava hirviendo:

“Y el mar devolvió los muertos que guardaba. La Muerte y el Hades, devolvieron los muertos que guardaban y cada uno fue juzgado según sus obras…. La Muerte y el Hades fueron arrojados al lago de fuego, este lago de fuego es la muerte segunda”.

Apocalipsis”, 20, 13-14. O bien, se debe a las oraciones del rito del sacramento de la Unción de los Enfermos, en la que se pide a Dios una “santa muerte”, es decir, “morir en amistad con Dios”, en el caso de que el enfermo se encuentre en estado terminal.

Así mismo, desde el punto de vista materialista, la muerte no es una persona, sino un estado de los seres vivientes cuando por alguna circunstancia fallecen. Otros autores identifican a la muerte no como una entidad susceptible de adoración sino como un evento u ocurrencia del devenir del ser, que en su momento tiene que ocurrir, sin importar edad, tiempo, lugar o forma y circunstancia de como se dé el deceso, con este sentido, no son adeptos del culto.

Actualmente, según Malvido (2005:27), “los adoradores de la Santa Muerte, pueden informarse por medio de dos revistas catorcenales donde se publican crónicas de sus milagros, sitios de los altares viejos y nuevos y las celebraciones en cada uno de ellos, recetas y conjuros, consultas, así como oraciones e información por números telefónicos y cuentas por internet, pues sus ritos se han modernizado”. Principio del formulario.

Con este sentido, el nuevo culto a la  Santa Muerte representa una muestra más de los tiempos cambiantes en cuanto a sus perspectivas de vida, sus temores, seguridad y creencias ante el futuro incierto y los acontecimientos que ahora suceden, la cual irrumpe la paz de las familias y la sociedad misma.

Así mismo, se considera que la supuesta idolatría que ahora representa esta adoración, según la iglesia católica, es analógicamente, la interrelación de principios ancestrales, católicos y modernos, que de una u otra, responden en su momento a las necesidades de la gente, que busca de manera permanente, ese algo en el que  crea, y sobre todo, en lo que realmente responda a su espiritualidad, a ese YO interno, que siempre ha buscado lo místico y poderoso al que ha venerado y ofrecido presentes, desde la aparición del hombre como parte de su evolución social.

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CONCLUSIONES

      La muerte o fallecimiento del ser humano, conlleva en su culto, la esencia mística con la que los pueblos prehispánicos la interpretaron, pues sus rituales tienen signos o elementos particulares, como los dioses que los representaban y el respeto que prodigaron a las almas en fechas específicas, según fueran los calendarios que utilizaron para medir el tiempo, lo significativo es que siempre se conmemoraban en las mismas fechas, destacando así, la inmortalidad del alma, ya sea en el paraíso maya o en el  inframundo donde se encuentra el reino infernal  del diablo, motivo por el cual, las familias se preparaban ante tal acontecimiento, como hasta hoy lo siguen haciendo los pobladores del medio rural, del México contemporáneo, con un marcado sincretismo, en nuestro caso, maya-cristiano por la inclusión de cánticos y oraciones, con orientaciones católicas que buscan la salvación del alma.

Sin embargo, cabe señalar que de aquel misticismo ancestral, solo quedan algunos elementos básicos, por la influencia, primero del cristianismo y luego por la injerencia de otras culturas y rituales como la noche de brujas o Hallowen, costumbre de la cultura Celta, que paulatinamente se está haciendo presente en los altares de veneración con imágenes de calaveras, esqueletos, fantasmas, diablos o momias, que también bailan recordando la llegada de los muertos, sin recato ni respeto, es decir, se burlan de la muerte o simplemente a los niños les permiten hacen travesuras a los vecinos o piden dulces como parte de una tradición, que en nuestro medio no existe.

Algunos elementos, aparecen ya en los altares de nuestro tradicional “Hanal Pixán”, que, al menos en nuestra comunidad no son significativos en lo místico del evento dedicado a los muertos o a las almas, que acuden puntuales, según la creencia, a nuestros hogares donde son recordados con respeto y tristeza.

Así mismo,  desde tiempo atrás, el temor a la muerte o más bien, la forma de cómo morir, era garantía de que las almas estarían en el paraíso como los que se ahorcaban o fallecían en la guerra, no así, los que morían en desgracia por haber llevado una vida pecaminosa, como también mencionan las iglesias cristianas de cualquier agrupación, con el sustento de las sagradas escrituras contenidas en la Biblia, es decir,  una buena vida es garantía para ir al cielo, tal como lo concibieron nuestros ancestros mayas al interpretar el mundo en tres niveles: el cielo, la tierra y el infierno, en el legendario “Yax Ché”, el árbol de la vida, que curiosamente otras culturas prehispánicas mencionan, como fuente de vida eterna donde también florece la abundancia.

La dualidad vida muerte entre nuestros pobladores mayas, era mitológicamente, la razón de la veneración del alma de aquellos que habían fallecido, cuyos restos reposaban en altares o nichos, donde flores, oraciones y ofrendas, eran casi permanentes por considerar que aquellos que murieron, también estaban presentes, es decir que vivían con ellos y que sus almas regresaban al hogar; su respeto y creencia fue tal, que las ciudades prehispánicas tenían un lugar específico donde adoraban al Dios de la muerte y en los hogares, tenían nichos para depositar las cenizas o partes de los cuerpos y hacerles ofrendas, como lo hicieron los antiguos Cocomes.

En este primario altar de muertos, cuya forma rectangular nos recuerda los cuatro bacabes o sostenedores del mundo en los puntos cardinales, conlleva también en su significado, la concepción filosófica  particular de otros pueblos de ayer; por ejemplo, para unos significa las cuatro eras o etapas de la vida por la cual transitamos: infancia, juventud, madurez y vejez, también la advertencia de que los cuerpos enterrados, deben permanecer cuatro años antes de ser exhumados, ciclo en el que aun el alma está con nosotros y es el tiempo en que debe partir al más allá, el arco al frente del altar, para unos significó el cielo y para otros, la entrada al mundo de los muertos y los adornos en el mismo, que deben ser doce, lo cual significan los meses que tardan las almas en retornar a sus hogares en las fechas específicas, el 31 de octubre o “víspera de todos los santos”, cuando regresan del más allá, el uno de noviembre, que es la fiesta conmemorativa de las familias en sí y el dos del mismo, que es cuando conviven en los camposantos u hogares de los dolientes, según el grupo cultural al que pertenezcan.

Curiosamente en nuestra comunidad, los altares con el símbolo de la cruz o de alguna imagen católica, siempre tienen una veladora encendida, flores del momento o la fotografía de algún familiar, en cambio si son de otros grupos no católicos, el lugar tiene un mantel, un ramo de flores y la Santa Biblia entre abierta, con el salmo o la cita bíblica que corresponda al día o a los tiempos estipulados.

Se considera que la necesidad del ser humano por alcanzar la vida eterna desde tiempos ancestrales, lo orientó a concebir un lugar donde vivir en el más allá, según sus creencias, donde yacen las delicias de la vida eterna, sin sufrimientos, ni tormentos. Sin embargo, actualmente, la fe de cada uno de los grupos de creyentes de cualquiera de los grupos cristianos, entraña la práctica o la perspectiva de vida en el más allá, por ejemplo, el catolicismo  ante la cercanía de la muerte de algún creyente, aplica los santos óleos, da la comunión, a fin de que el agonizante tenga una buena y santa muerte, además de las misas y oraciones por su eterno descanso.

Con este sentido, el ritual de la muerte o el culto a los muertos, al igual que las costumbres y prácticas de los grupos sociales ha evolucionado a través del tiempo, como lo es el caso del culto moderno a la Santa muerte, cuya veneración profunda va ligada a las necesidades de protección y seguridad de la sociedad actual, ante el aumento de asesinatos, torturas y extorsiones generadas por los zares de las drogas, que ante su rivalidad, han causado en los últimos años, miles de muertos entre los simpatizantes de cada grupo delictivo, además de los incontables inocentes que caen por los enfrentamientos. Los estudiosos de la materia argumentan que las personas de la sociedad actual, le temen a la muerte, por lo que han buscado la protección de esta imagen, como su aliada para lo que aun no esperan a fin de que les conceda más tiempo de vida, la cual ha proliferado por la esperanza que representa, tanto en las ciudades como en las cárceles del México contemporáneo, donde en el ambiente tenso puede respirarse el olor a muerte, pues la “parca” deambula de manera silenciosa, en espera de su oportunidad. De ahí, que los que se la “juegan”, como dice el populacho, porten dijes, tatuajes o hagan ofrendas para pedir protección por sus vidas y la de sus familias, en las iglesias que ahora existen en las república.

La muerte de algún miembro entre la familias de la comunidad, siempre será motivo u ocasión que cause profundo dolor y tristeza, por la pérdida irreparable de aquel ser querido que emprende el camino hacia otra vida, si se es cristiano, en compañía del Señor  o en su defecto a purgar sus pecados en el lago del fuego eterno, como lo señalan los testimonios sobre su existencia.

Algunos espiritualistas conciben a la muerte como la liberación del alma, ya que nuestros cuerpos son una prisión para ella, pues aunque haga que nuestra carne se pudra y con el tiempo nos convierta en polvo, nuestras almas se liberan y viajan hacia la quietud del sempiterno Ser.

Lo cierto es que la muerte o la hora de morir, siempre llegará puntual sin necesidad de aplicar la eutanasia, pues según creencia, la vida llega a su final sin importar edad, color, sexo o posición social y sobre todo, yacerán en el mismo cementerio donde el orgullo y los convencionalismos sociales no cuentan, pues las frías tumbas donde duermen los cuerpos el sueño eterno, serán olvidados por los dolientes directos de esta generación y más por las que vienen, quedando en el silencio de la noche eterna lo que un día fue.

Aquello, es común observarlo cuando se ven los nichos del camposanto con flores marchitas, vasos de veladoras con residuos, telarañas, pintura corroída, muestra inexorable del paso del padre cronos y testimonio lamentable del olvido de lo que ayer causó gran dolor y tristeza, pero en fin, la maravillosa  naturaleza humana tiene la capacidad de amar con todo el corazón, pero también la de olvidar con gran facilidad aquellos ayeres que le fueron gratos y también a las personas que fueron parte de sus vidas.

Aunque debo reconocer que la mayoría recuerda a los familiares fallecidos con cariño y respeto, sobre todo cuando llegan los tiempos en que vuelven a nosotros las almas, como suave brisa que acaricia nuestros rostros, en aquellas tardes opacas cuando se escucha el trinar de aquella avecilla que anuncia estos tiempos o en las noches otoñales pletóricas de luciérnagas, que representan, según algunos, a los espíritus de los fallecidos, los cuales jubilosos, se hacen presentes para convivir una vez más con sus familias, que ya preparadas para tal ocasión, también los esperan con los manjares de su preferencia, además de los tradicionales, en esa hermosa costumbre llamada “Hanal Pixán” o comida de las almas, parte fundamental de la concepción sobre la vida y la muerte de nuestra cultura, la cual debemos preservar como patrimonio para nuestros hijos.

                                                        ORLANDO MUÑOZ CANTO.

 

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