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La Voz de Motul

Editorial

Alux´oob.

Hace ya muchos años (1990-1991), estando en una temporada de trabajo de campo llevando a cabo excavaciones en el sitio de Uxmal, Yucatán, uno de los colegas arqueólogos cumplió años y nos fuimos a celebrar (con comida y alguna que otra bebida espirituosa) junto a la estructura que lleva por nombre “trono del jaguar bicéfalo” por supuesto después de una ardua labor y de resguardar el equipo de trabajo en el campamento; obvio que tuvimos que esperar que termine el espectáculo de luz y sombra. Pueden ustedes imaginarse ver el espectáculo de noche sobre el Palacio del adivino ¿?? Algo inigualable…

    

Quien suscribe, desde hace ya muchos años no bebe nada de alcohol y por esa cuestión es que me sorprende contarles la siguiente historia.

Estábamos a gusto (valga la redundancia) degustando de nuestros víveres y alimentos a plena luz de la luna y en eso –eran como las 11 de la noche- me sentí cansado y un poco aburrido de la reunión y opté por regresar sólo al campamento (junto al Palacio del Adivino) para descansar y emprender las labores del día siguiente. Caminé de regreso, pero al llegar al campamento recordé que no tenía la llave para entrar, y con una enorme flojera de regresar por la llave, así que opté por quedarme dentro de mi carro que estaba estacionado cerca del mentado campamento a esperar a que lleguen los demás compañeros. Lo recuerdo muy bien, era un Volkswagen caribe 1982 (un lujo para mí en aquel entonces). Me senté en la parte de adelante –junto al volante- y comencé a dormitar (había un fresquito agradable) y solo se escuchaba a los lejos las risas de los colegas y el cantar de los grillos y otras especies nocturnas rastreras y de algunas y muchas patas. De pronto en la parte de atrás del carro algo o alguien dejó caer su peso (como si alguien se parase en la defensa trasera) y sentí que el auto se hizo para abajo, de inmediato pensé que eran los amigos que me querían hacer una broma. Me bajé del carro y –para mi sorpresa- no había nadie de ellos; me volví a meter y a los pocos minutos pasó de nuevo lo mismo; empecé a tener algo de temor y subí los cristales del carro, -eso que les cuento sucedió en aproximadamente media hora) posteriormente empecé a escuchar pasos y risas como si mis compañeros ya habían terminado de charlar y regresaban al campamento a descansar; me sentí un poco aliviado y tranquilo, pero ellos no llegaban y no llegaban… y me volvió a entrar esa sensación de miedo; posteriormente (alguien; -supuse que eran algunos seres míticos y fantasiosos llamados aluxes o en lengua maya alux’oob- la terminación ’oob es el plural) comenzaron a tirar pequeñas piedras en el cristal de atrás del carro y en ese momento ya tenía parados los pelos y me c… de miedo fue cuando cerré por completo los cristales del carro, encendí el motor (para intentar distraerlos y que dejen de jorobarme).

      

Conecté el estéreo para escuchar música. Y no me bajé para nada del carro; de hecho cuando mis colegas arqueólogos llegaron al campamento –horas después- me encontraron dormido en el asiento de adelante, con el motor y aire acondicionado conectados, (muriéndome de miedo y frío a la vez) la música que se repetía a cada momento (pues era de cassettes que solo le cabían seis canciones) y con los seguros en las cuatro puertas y por obvias razones con los cristales hasta arriba. Me preguntaron qué había pasado y la verdad no les dije nada para que no se burlasen de mí.

Ahora yo me hago la misma pregunta de hace ya muchos ayeres; que fue lo que pasó ¿?? en realidad fueron seres diminutos denominados alux o alux’oob que querían “jugar conmigo” haciendo bromas ¿?? Pero, si somos científicos sociales (y tenemos un gran bagaje cultural obtenido en las aulas de la Facultad) no se supone que no debemos de creer en esas cosas ¿?? En fin lo dejo a su consideración.

Mérida, Yucatán septiembre de 2019

ANÓNIMO

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