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La Voz de Motul

Editorial

SILUETA DE POLIDOR.

JOSÉ JUAN CERVERA. 

La vitalidad que cada escritor transmite a su obra puede favorecer la apreciación subsecuente de ella, aun cuando en su tiempo no hubiera logrado prodigarse entre las cubiertas de un libro, diseminándose apenas en publicaciones periódicas y opúsculos de tiraje reducido. Si su impulso original toca alguna fibra profunda de sus postreros lectores, poco importa si ellos van a su encuentro uniendo fragmentos esparcidos de su esquiva presencia.

Mientras no se consolide un programa concertado, sistemático y generalizado de recuperación de la memoria literaria, sólo queda asomarse a ella desde los resquicios que brindan notas dispersas y referencias eruditas, las cuales a veces prolongan su cauda en citas de segunda mano que pasan por alto el texto de origen, de tal modo que su perspectiva se funda en la intermediación de juicios ajenos. Este hecho, a pesar de ser frecuente, no siempre se reconoce con franqueza.

Más arduo resulta escudriñar impresos antiguos y seguir la pista de la información que contienen para transformarla en unidades coherentes que ayuden a despejar dudas en un ámbito valorativo más directo, a fin de lograr alguna imperfecta familiaridad con trayectorias como la de Joaquín Pasos Capetillo, que merecen despojarse de las brumas que las envuelven.

En su edición del 15 de enero de 1920, el periódico yucateco El Correo recordaba con pesar la desaparición física de Joaquín Pasos Capetillo, acaecida un año antes, señalando el seudónimo con el cual se hizo más conocido: Polidor. En su obra Anécdotas yucatecas (Reconstrucción de hechos), el doctor Eduardo Urzaiz Rodríguez lo evoca como protagonista de una tentativa de incendiar el Circo Teatro Yucateco, por oponerse firmemente a la realización de corridas de toros. Alude a él como “poeta bohemio y escritor sentimental”.

Acerca de su quehacer poético, circunscrito a lo que convencionalmente se sitúa en los términos formales de este género, suele destacarse la mención de honor que su oda a Andrés Quintana Roo obtuvo en los Juegos Florales de Mérida en 1910. Sin embargo, su prosa manifiesta la vena lírica que tanto ponderó el movimiento modernista en la época de su desarrollo.

Aun sin haber publicado algún libro, Pasos Capetillo impuso su huella artística en numerosos periódicos e incluso en la revista cuyo título se identifica con el seudónimo que le dio notoriedad. Textos suyos pueden encontrarse en El Eco Literario, Diario Yucateco, Gráfico, La Cucaracha, Mamá Carlota y Polidor, entre otros medios impresos. En sus páginas figuran varios de sus cuentos, crónicas y artículos satíricos. En estos escritos desliza vocablos extranjeros, neologismos, enclíticos y galicismos, un tanto a la manera de Enrique Gómez Carrillo, a quien menciona en uno de ellos correspondiente al número 7 de La Cucaracha, de 1915. Incluso aplicó el nombre de “Siluetas” a la columna en que daba a la luz perfiles literarios, tal como el escritor guatemalteco subtituló su primer libro. También comentó jocosamente varios acontecimientos políticos de aquellos días, como las reformas que emprendió el gobierno del general Salvador Alvarado.

La elegancia y la sugestión que encierran sus frases, robustecidas con los elementos esenciales para expresarse, lucen en varios de sus cuentos, como el que reproduce la revista Cervantes de enero de 1919, que había aparecido dos años antes en Gráfico, el cual se refiere a un circo de seres deformes en que un bello eunuco acaba por conmoverse al admirar los encantos de la mujer del propietario de la empresa; también en la historia de la joven inocente que cree haber sido preñada con un beso; en la del artista humillado por un aristocrático rival de amores y en la de una adolescente que se sumerge voluptuosa en las linfas estivales de un estanque. “Desaparece un momento bajo las ondas y cuando vuelve a surgir, chorreando agua por todas partes, las gotas adheridas al oro de su pelo semejan una diadema de brillantes. Se tiende en posición hierática sobre la orilla mientras un fauno de bronce parado junto a ella creeríase sonríe viendo una Afrodita tan hermosa”.

Los manuales y prontuarios que orientan el conocimiento histórico de las humanidades en esta región tendrían que ser un punto de partida para investigaciones metódicas, cuyas directrices logren desembocar en esfuerzos efectivos por divulgar la variedad temática y estilística de la literatura creada en Yucatán.

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