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La Voz de Motul

Editorial

PAPAGAYOS

A mediados del siglo XX(1950), los varones jugábamos papagayos, los confeccionábamos nosotros mismos, utilizando papel periódico, engrudo y unas varillas de palma de coco, pedazos de tela cortada para la cola e hilera, esto es para los niños de 7 a 12 años, que podían salir al campo deportivo del centro para elevarlo.

Para los jóvenes de 15 años, preparaban su papagayos de 1.60 a 1.80 mts., de altura. Utilizaban varillas de cañuto seco, para el esqueleto, dos varillas largas en forma de “X” y otra más corta que cruzaba por el centro de la “X” y se sujetaba fuertemente y en la periferia se amaraba con cordel de sosquil— con la que elaboraban las hamacas— en donde se pegará o forrará la estructura con “papel botica” —ignoro donde conseguían este material— se cubría el esqueleto y en donde terminaban los extremos de la “X” se reforzaban con pedazos de tela con cola.

Este pegamento se obtenía de la resina de la corteza del tronco de la mata de cedro, se despegaba una lágrima— de aproximadamente 8 cm., de largo y 4 de ancho— de la resina de este árbol, se ponía en una lata y un poquito de agua y se ponía al fuego, se derretía y se producía una cola más efectiva que la cola loca actual. En la parte superior de la “X”, se hace una joroba, para instalar “Un Zumbador”. En la parte inferior de la “X”, se adaptaba la cola, hecha con una soga de henequén, con pedazos de tela.

Para elevarlo no se necesitaba ir al ex campo deportivo, sino que en las calles de la ciudad. El hilo o cordel que se utilizaba, era de sosquil corchado que tenía aproximadamente medio cm., de diámetro—mismo que servía para la confección de hamacas, para los campesinos, que no tenían la suficiente economía de adquirir una hamaca de hilo, las personas que se acostaban en la hamaca de sosquil, manifestaban que les picaba la espalda, los brazos y las piernas, por la dureza de la fibra de henequén, pero los campesinos estaban acostumbrado a ello, dichas hamacas en la actualidad, ya no existen —. Se necesitaba más 150 mts., de cordel y dos personas, para elevarlo que se hacía de la siguiente manera, el cordel estaba enrollado en un pedazo de cañuto, que tenía un volumen bastante considerado, con el peso suficiente para lanzarlo a través de los cables de electricidad, que cruzaban de un lado para otro, para suministrar la energía eléctrica de los domicilios.

A unos 20 mts., de distancia el auxiliar para elevarlo, levanta el papagayo y el dueño jala con fuerza el cordel y por la altura de los cables el papagayo sube y libra los techos de los domicilios, en donde hay bastante aire y el papagayo se eleva, el dueño del papagayo le suelta más cordel y el objeto volador va descendiendo, y luego el dueño jala de nuevo con fuerza y el papalote se eleva a mayor altura, esta acción se realiza una o dos veces más, hasta que el objeto volador se sostiene asimismo y el cordel ya se agotó comienza a “Zumbar” orgulloso de dominar la altura. En muchas ocasiones el dueño lo dejaba volando toda la noche y al día siguiente lo bajaba.

Cuando lo elevaban en el campo deportivo, el dueño invitaba a los niños a jugar el “Chuc maché. Que consistía en atrapar la cuerda del papagayo, que previamente ataba el rollo de cordel, varias matas de yerba e invitaba a los niños a que atraparan el rollo que soltaría y el que lo atrape, le tocará el turno de soltarlo, muy rara la vez que se escapara, pero cuando esto sucedía, seguían la cuerda, pero al encontrar al papagayo, ya estaba bastante dañado, porque en varias ocasiones se quedaba atrapado en las ramas de los árboles y era muy difícil rescatarlo ileso. Autor Filiberto Chiyéan, Editor Valerio Buenfil, La Voz de Motul.

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