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La Voz de Motul

Editorial

EL LADRÓN DESAFORTUNADO.

LORENZO COHUO. CRONISTA DE DZIDZANTÚN.

Era alto y delgado, se mostraba bastante ágil, sigiloso y precavido en todos sus movimientos. Como todo un profesional de la materia, vestía completamente de negro, un viejo pasamontaña le cubría el rostro y llevaba sobrepuesto unos grandes lentes obscuros, que lo hacían hasta cierto punto verse muy elegante para tan arriesgado y despreciado oficio.

Las sombras de la noche le favorecían siendo sus aliadas, hasta cierto punto para cometer aquel robo que tanto había esperado con paciencia durante varios días. Las noches de luna no eran aptas y no lo dejaban trabajar tranquilo. Así que había esperado ansiosamente ese momento. Todo esto era bastante serio, no era de “chentetús” (1)

Caminaba muy sigiloso, sus elegantes movimientos simulaban al de un gato angora. Solamente lo delataba su forma peculiar al caminar, pues cojeaba del pie izquierdo, esto debido a un pequeño accidente de trabajo. Consecuencia de una mordida de “Plutarco”, un perro de raza bóxer  que para su desgracia no le habían cortado la cola, la cual le pisó un día en su rutinario y arriesgado trabajo. El canino no obedeció a la voz de “biki” (2)

Su experiencia le permitió con suma facilidad quitar la “chapa” (3) de una de las ventanas de la casa, para entrar con toda la seguridad del mundo, como si fuera su propia casa, donde se sentía como pez en el agua.

La luz tenue de su vieja linterna de mano pasó alumbrando el piso, pasillos, paredes y techos del lugar. Parecía una luz salida de ultratumba, porque en ese momento había un silencio absoluto y el miedo comenzó a recorrerle todo el cuerpo. En ese preciso instante el antiguo reloj de la sala dejó escuchar una sonora campanada que le estremeció toda el alma y comenzó a sudar frío.  Eran las doce y media de la noche. Era una gran oportunidad para “emplumarse” (4)

El ladrón, respiró profundamente y volvió a sentir la calma. Se detuvo frente a un rústico mueble de madera pintado a brocha gorda de color azul, que lucía  decorado con calcomanías de varios superhéroes, desde luego los que estaban de moda. 

Por razonamiento imaginó que esa habitación pertenecía a un niño, así que la tentación le hizo acercarse al modesto mueble. Sabía por experiencia  que la gente despista a los ladrones inexpertos guardando cosas de valor en lugares absurdos, creyendo así engañarlos. Era “abusado” (5), no era cualquier ladrón, intuía que ahí había algo de valor ahí. Tenía que comenzar por lógica, por aquel modesto mueble.

Encima del mismo, había un papel tamaño media carta doblado por la mitad, con un mensaje escrito e impreso en computadora con letra de mediano tamaño y color rojo, poco usual en este tipo de documentos. 

El ladrón alumbró con su linterna el mensaje y comenzó a leer lento, a medida de sus posibilidades porque apenas había cursado el segundo año de primaria. Su condición económica y su estrato social lo habían orillado a trabajar en este emocionante pero tan peligroso y criticado oficio.

“Destanteado” (6), comenzó a deletrear aquel mensaje: -“Señor ladrón, sea usted bienvenido a mi casa”.  Me he enterado por la prensa y por mis padres que han ocurrido una infinidad de robos en el pueblo. La inteligente Policía Municipal de Zuizantún, el terco y experimentado Juez de Paz y los chismosos del pueblo han llegado a la conclusión de que se trata de una misma persona, por las características al cometer los robos. No sería difícil que una noche visitara mi casa. De ser así quiero decirle por favor que se lleve todo lo que quiera, pero menos mi osito de peluche.

Estoy enfermo y es mi único compañero, ya que no puedo caminar ni salir a la calle a jugar con otros niños. En el último cajón se encuentra mi alcancía, donde he guardado algunas monedas que me regaló mi padrino Espiridión, llévesela si quiere. Pero por favor, no se lleve mi osito de peluche, se lo ruego”.                Muchas gracias. Firma: Manuelito

 

El ladrón se sintió “turulato” (7), pues no era de palo, su corazón comenzó a latir acelerado sintiendo un nudo en la garganta. Se le humedecieron los ojos y sus lágrimas rodaron por sus mejillas. Rápidamente, como una película pasaron por su mente los recuerdos de su infancia, cuando era muy pobre y jugaba con muñequitos de cartón y latas vacías de leche que llenaba de piedras para arrastrarlas simulando un pequeño ferrocarril.  A veces con un aro de alambre que empujaba con una madera a lenta velocidad, pues no podía correr porque carecía de zapatitos. Santa Claus les traía juguetes a sus vecinitos, pero de él no se acordaba, a pesar de que se portaba bien.

Su papá siempre le decía que Santa Claus trabajaba “muy correteado” (8), por eso se equivocaba de dirección.

Recordó todos sus juguetes cuando era niño, cuando era bueno, cuando se portaba bien, cuando era un angelito y orgullo de sus padres y padrinos.   Se vio a sí mismo recostado en su dura camita de madera, abrazando su muñequito de cartón, con que se tapaba porque no tenía un cobertor para hacerlo.  Se limpió las lágrimas que ya llegaban hasta sus labios. Sin darse cuenta ya se había quitado los lentes oscuros, así como también el viejo y deshilachado pasamontaña…

Entonces el ladrón retornó a su verdadera personalidad de malo y abrió de un “jalotón” (9) el último cajón.  Comenzó a deslizar su mano derecha en busca de la preciada alcancía… y de manera involuntaria volvió a llorar. 

Pero esta vez dando fuertes alaridos de dolor, porque una trampa ratonera de doble resorte le fracturó tres dedos al instante.   Inmediatamente se encendieron todas las luces de la casa, se accionaron las cámaras de los pasillos y el sistema de alarma comenzó a sonar a todo volumen.

Manuelito reía sin parar y con muchas ganas desde su cama. El ladrón pudo darse perfectamente cuenta que no estaba enfermo, ni tenía ningún osito de peluche, sino que era un gran experto en electrónica y computación como lo son todos los niños nacidos en este nuevo milenio, aquí en Zuizantún, como  en la gran China.

REFERENCIAS.

1) De juego, de mentiras.  2) Palabra para asustar a los perros. (3) Pasador

4) Enriquecerse.  5) Listo, astuto. (6) Confundido, desorientado. (7) Atontado

8) Apresurado, rápido. 9) Jalar con mucha fuerza.

 

 

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